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domingo, 30 de enero de 2011

El Manifiesto Bloguero

    
     Miles de fantasmas recorren el Mundo: los fantasmas del bloguerismo. Todos los Grandes Escritores del Orbe se han unido en Informal Alianza para ahuyentar esos fantasmas: Ken Follet y Millás, Pérez Reverte, Almudena Grandes y la Sgae, entre otros. Ha llegado el momento, companieros, de que los blogueristas mostremos con orgullo al mundo nuestra faz: la ilusión que nos agita, sí, la injusticia que nos oprime, también.
    
     La historia de la Escritura hasta nuestros días no ha sido hasta ahora sino la historia de la lucha de clases entre escritores: los del Establishment, de un lado, a quienes todo galardón parece pequeño y que con avaricia de agiotistas  acumulan uno tras otro –más las argénteas recompensas que les van anejas- sobre sus augustas plumas y cabezas, incluso navajeándose entre ellos en el empeño, tal es su avaricia desatada, que hasta les roba el sueño y todo, y las hormiguitas del Inframundo bloguero, del otro, que sólo de las migajas del desprecio y del cruel anonimato se mantienen, que se hacen entre sí, en bien tierna estampa, seguidores los unos de los otros, como caritativa mancomunidad de apostólicas insignificancias. Sigámonos, blogueros del ancho mundo,  todos a todos de verdad y ahora en esta lucha semifinal.
    
     Tienen unos, ya se ve, patente de corso para publicar cuanto les pete y en los más privilegiados escaparates, facilidades mil para dar rienda suelta al lujoso caletre de su mollera y llevar el boato de su voz a todas partes, cotización al alza para subastar la más peregrina de sus ocurrencias y apalancarse muy generosos anticipos. ¿Qué tienen los otros sino la negrura de su infortunio, la amargura de su ostracismo, el perpetuo revés de la invisibilidad a que vénse aherrojados? Sí, ¿por qué a unos se les ve tanto –y hasta el plumero, que ya incluso estragan- y en tantos saraos y fregaos envueltos y revueltos, mientras a los otros, sin importar siquiera el rigor extremo del más crudo invierno alrededor, con la misma puerta en las narices se les arrea, en cuanto osan asomarse un poco, como taciturnos niños del hospicio, a ese club de los negocios raros?
     
     Almacenan los unos sobre sí mismos –a despecho encima de un mensaje de airado tono redistributivo- mil y unas colaboraciones periodísticas, literarias, mediáticas, conferenciantes, en las mil y una suertes con que la Industria Cultural favorece a sus primas donnas, que son otras mil y una formas de multiplicar sus crasas plusvalías, y otras mil y una patadas en las posaderas de los oscuros blogueros, que nada en claro le extraen a su desvarío, que tanto tiempo y afanes se dejan en el cuidado de su blog, al que sin embargo aman tanto como a un hijo propio, pues como éste, extensión de su misma carne y sangre es. Y si hasta hace bien poco le daban hasta dos mil quinientos euros a cada niño que viene al mundo, ¿no debería en igual forma subvenirse a esos hijos preciosísimos de la imaginación y la ternura que son la inmensa mayoría de los blogs? Y no digamos ya los blogs de los poetas, que derraman gratis et amore un elixir de belleza no recompensada cada día sobre el mundo.  ¿No podría en todo caso un poco repartirse la pitanza?
    
     ¿No merece tanto desvelo aunque fuera sólo una mínima subvención de la Innombrable sociedad de los Autores, que lo es hoy sólo de los Autores encumbrados? ¿No se cansan de repetirnos los propagandistas estos tan pesados que todo trabajo merece ser retribuido? Hágase entonces. ¿No se jacta acaso uno de los príncipes de este perro mundo de que la Tierra no pertenece a nadie sino al Viento, (y qué es un blog, sino simple escritura en el Viento, que raudo se lo lleva al piélago del desamparo, al fondo tenebroso del mar de los sargazos desconocidos) que hay demasiados pobres (blogueros, blogueros) y muy pocos ricos (los de arriba, los de arriba nominados, entre otros).
    Entonces, adelante, blogueros, adelante, y como dicen los sindicalistas “liberados” (¿y por qué los ínfimos blogueros que nos dejamos los ojos y la vida en la escritura, que ponemos en ella el alma, habríamos de ser menos, por qué no habríamos nosotros, creadores inmersos en la niebla fría del olvido, reclamar la igualdad?) si esto no se arregla, GUERRA, GUERRA, GUERRA.  
    
     ¿Es acaso justo  tan desigual reparto de elementales bienes? ¿Hemos de soportar además que posen y pasen encima los grandes Acaparadores de libros, de pasta y de honores por inmaculados santones revolucionarios? ¿Pero que contradiós es éste? Despertad, blogueros del mundo, no creáis los piropos envenenados que de cuando en cuando os regalan los escritores consagrados. Abandonad la mansa resignación. Cuestionad sus privilegios. No les riáis las gracias. Discutidles la desmesura de su rango. Os copian las ideas además, sabedlo. Sed bien conscientes, en fin, de nuestra verdad: no residimos en las brillantes estrellas de la Ciberesfera como quieren hacernos creer. Esas galaxias aparatosas las copan ya los bien afamados escritores, son ellas el negociado de sus intereses, que siempre han venido ellos a hablarnos de su libro. Es lo nuestro el inframundo, las sombras de las catacumbas, los senderos municipales de los parques de un barrio triste. Mirad allí un hormiguero, divisad esa hilera animosa e incansable que de cuando en cuando el capricho de un gigante juguetón desbarata y aplasta. Eso somos, blogueros del mundo, hormiguitas alrededor de olímpicas estatuas (como la real de Follet en Vitoria) que ni se inmutan a nuestro paso y que todas las guirnaldas se cuelgan.
    
     Despertad, borrosos blogueros del subsuelo, heroicos escritores de la humildad, dulces escribanos sin nombre casi, hermanos-hormiguitas de la fraternidad del blog. Enarbolad ahora el blog, la flor que destila vuestro desamparo, como una espada justiciera. Puedo casi ver ahora mismo el calibre de vuestro desconsuelo, el prodigio incalculable de ilusión con que elaboráis vuestros escritos, el latido de belleza que os sacude por dentro y que queréis en el blog estampar también para el mundo entero, la franqueza de vuestros ojos radiantes ahora. Son los míos, también, camaradas. Ponéos en pie como una formidable marabunta: Guerra a la Opresión, ya. Blogueristas del mundo: fundíos. Adelante. Adelante. No tenéis nada que perder, sólo vuestras condenas. 

sábado, 29 de enero de 2011

Poessía tres


    
    
     Indómita amazona del Greenpeace,
     bajo el dintel de Downing Street,
     deteniendo  a su paso un instante
     el  rigodón del tratado de Maastricht,
     compareció ayer, tan campante,
     una ratita infeliz.
     Oh, my God, clamó desde los cielos
     hasta la misma lady Di.

     Entregábanse también
     los laureles del Planeta,
     en ese loor de cenorrio
     elitista y de opereta.
     Que este año por el lomo  
     a Millás pasábanle  la pandereta,
     pues tocábanle al Señor, al cambio,
     cien millones de pesetas.
     Ya tiene él para  los pobres
     unas cuantas metralletas,
     como las que tuvo Mr Equis
     contra los hampones de la Eta.

     Iba ya el Gran Escritor
     a platicar desde el atril
     tras los aplausos y las toses
     y los flashes más de mil.
     Mas un camarero emboscado
      a poco me lo descalabra allí.
     A la cara en un descuido
      le ha arrojado un borceguí,
      y  ¡Justicia para los blogueros! 
      a gritos venía así a exigir,
      que hasta un vahido y todo
      le ha dado a Ferrergim.
    
      Ya les llevan apresados,
       ya les llevan bajo arresto,
       que ratita y  camarero
       habíanse compinchado en esto,
       en dar la nota como fuera  
       y hasta en salirse del tiesto,
       en soltarle al mundo entero
       con valor y ya muy presto,
       antes que la Di y el Millás y todos
       mucho más tuerzan el gesto,
       aflojarse de una santa vez
       su jodido y muy rebelde Manifiesto.



      
 
      

      
   
     
       
 
      

      
      
     
    
     
     
    

    
    
   
     
    
     
     
    

    
    

viernes, 28 de enero de 2011

Padeleando-pa-padeleando

    
     Anoche tenía a las diez entreno de padel. Eran las nueve y media de la night, y en la mesa de trabajo en que yo laburo, con la chicharra zumbando calorcito entre los pies, aunque los dedos de las manos andaban un poco entumecidos, lo último que apetecía era moverse. Como que más allá de mi mesa se cortaba un frío del demonio. Tras la ventana, la calle vacía y oscura parecía heladora boca de lobo antártico. Inevitable entonces rendirse a la voz de la conciencia, a ese deshilachado fluir que nos enseñó un poco Joyce, pero, vamos a ver, tío, qué me estás contando, dónde cojones vas a estas horas, con la que está ahí fuera cayendo, con lo a gusto que se está en casa, envuelto a la manta zamorana que te regaló Botín, de cuando Mr Botín regalaba algo, viendo un documental de las dos, of course, tener ahora que quitarte toda la ropa, que en verano es un gusto, pero que ahora da hasta miedo,  quedarte en bolas por instantes, esa pinta que los espejos recogen entonces tan cabrones como inflexibles jueces de línea, rilar durante un buen rato, ponerte a toda leche los ropajes esportivos medio tiritando, la horrible camiseta limón reflectante que os dieron al pagar la cuota, ese chandalón como de chavalote de Lanzarote que te queda intergaláctico, y para qué, te piensas acaso que en esto del padeleo tienes tú alguna esperanza, esperanza de qué, estás tronao, tío, a estas horas, con el frío que hace, a tus cuarentainueve castañas en calzones correteando como un pipiolo, echando vaho como un indio trastornado, aterido sobre ajigolado,  para que encima el monitor, encima que tú le pagas, te sermonee como un instructor de marines de peli chunga, a tus añazos, so nenaza, y es que es verdad, joseantonio, fallas más bolas que una escopeta del pulpo a la feira, sí, sí, es verdad, es que la cagué, la próxima verás, profe, el pulpo Paul se murió, tío, entérate, sopitas y buen vino, un soneto de Petrarca todo lo más, si estás tiritando, tío, si te pillarás una pulmonía, si no vas a entrar en calor en toda la hora, si total qué más da, qué coños piensas ganar, de qué vas a estas horas, que terminarás cerca de las once y cuarto, por aquel andurrial siberiano, y el jodido frío sabañonero éste, anda, anda, vete pa casa, olvídate, si vas en el 135 de 200, que le den mucho por el pulpo Paul al pádel esta noche, si es que es lo último, si se te cae el moquillo congelado sólo de pensarlo, la manta, mi reino por una manta botiniana… sólo que, como nos enseñó también Woody Allen, la comedia es tragedia más tiempo, y sólo media hora después de tan penosas cogitaciones, resistiendo de mala gana la llamada de la manta y el mordisco momentáneo de la helada, tras cuatro carreras, aunque sean desmañadas, el cuerpo ya no siente los alfileres del frío, al contrario, los pulmones se ensanchan, el ánimo se expande, el júbilo que el ejercicio regala al cuerpo se traduce en una euforia inexplicable que te invade, casi ridícula por inapropiada, por inesperada, pero muy real en medio del polígono industrial, ya lo creo, como  un indio guerrero entonces por la pradera de la cancha pacá-y-pallá, oh manitú, ostias, esa volea me ha salido bien, la clavé, la noche qué guay, las estrellitas me guiñan a mí,  el bienestar que el mismo movimiento asegura, el sudor, diamantes calentitos resbalándote por el cuello, profe, mañana ganaremos el ránking ya verás, y te vas para casita contento como un niño exultante, el viejo que vino del frío hecho un chaval, el viejo que venció al frío, el viejo y el buen humor, es el puto pádel, que te ensancha el pecho en medio de la noche invernal, que te pone en  órbita casi gratis, el galope desbocado de endorfinas, será, no sé, soy un Pavarotti resucitado y en plena forma, ti amo tanto, oyes, casi cincuentón alopécico, que no estás del todo mal, cómo flipa esto de soltar paladas a las tantas en medio de la noche, y luego en la cama tan… a gustito, como el otro, ahora sí, estoy seguro, el domingo colocaré in mío blog El Manifiesto Bloguero, el que pondrá de Algeciras a Estambul el mundo patas arriba, para que luego lo pintes tú de azul, sí, en las largas noches de invierno, prepárate, que el domingo, día del señor del blog, va a estallar el obús.        

jueves, 27 de enero de 2011

Teddy 250.000 Superstar

          
     Hace poco censuraba uno aquí -y quise yo, como el Otro, sin acritud decirlo- la que me pareció una malhadada actuación en las Navidades últimas del enorme cantante  que para mí existirá siempre bajo el nombre de Camilo Sesto. Nobles incondicionales del Sesto me hicieron llegar su disgusto por el exceso de mordacidad en que habría disuelto yo mi comentario. A la postre, venían a reconvenirme en verdad dolidas esas fans, Camilo está ya en la historia de la canción pop, y ha sido y es un sobresaliente Artista. No les falta razón. ¿Ha de ser acaso a lo sumo un error en la recta final de su carrera  la imagen última y esencial que de él guardemos? Puse yo aquí, pretendiendo sugerir eso mismo, un video del monumental Jesucristo Superstar que sólo alguien con sus portentosas facultades fuera capaz de levantar.
    
     Vino a mi chola todo esto el otro día, cuando alegremente Teddy Bautista, presidente de la Innombrable, Judas Iscariote cuando aquello, reveló el grosor de sus emolumentos. Quería Teddy salir al paso de la leyenda urbana de forretis-en-oro que sobre él váse poco a poco tejiendo entre la plebe. Me alegro que me hagas esa pregunta, Bartolomé, vino a decirle con muy estudiada fórmula en un chat al casual inquisidor. Supimos así de su propia mano que quien en el Teatro acusaba entonces a Camilo Superstar de haber renunciado a la Revolución –incluso de aceptar los bálsamicos perfumes de María Magdalena, con cuyo coste a tantos pobres podía socorrerse- apaláncase ahora un mínimo de 250.000 euros anuales, y de que será su pensión no menor a los 150.000 euros al año cuando Bautista tenga a bien jubilarse, y hasta jubilearse, que buen colchón no ha de faltarle para ello. Que incluso tuvo el que fue Judas ofertas mayores, según él mismo aclaró al santo Bartolomé que le inquiría, haciéndonos a todos ver de paso cuánto con su renuncia a tan golosas tentaciones habríase él sacrificado por la Revolución de los Autores, de los autores en staff, vamos.
    
     Consta en el haber de quien una vez fue el Iscariote que cuenta él con una bien airosa mansión en una floreada finca de una urbanización de pobres, de pobres elitistas de las boadillas madrileñas, quiero decir. Ah, lo que es el retorcido rencor social de los descamisados, según nos adoctrinó en tiempos don Alfonso Guerra. Porque no-seré-yo, como decía en “Público” Sabina acerca de Zp, el que a Teddy le haga las cuentas, pero su Fortuna (no vamos a indagarle ahora en otros cuantos ingresos que con su status a todos se nos ocurren, tras quince años en la Poltrona) debe por fuerza sobrepasar los varios milloncetes de euros.
     Claro, al lado de este capitalito, Camilo Sesto ha tenido a sus años que volver a pisar los escenarios, váyase a saber por qué verdaderos motivos, seguro que nada gratos de contar ninguno. Teddy B sólo canta hoy, ya se ve, la Traviata, y bajo los dorados grifos de su jacuzzi. ¿Es, lector mío, pecado grave el sostener  que al traidor Judas del musical le ha ido en la vida muuuucho mejor que al mismísimo Cristo? ¿Quién al cabo se ha desvelado auténtico Superstar? ¿Qué meritos han puesto uno y otro en el candelabro para tan desigual suerte? Cuando Bosé, de los nervios, pedía en público cárcel para los manteros ilegales, cuando Víctor Manuel, airado, reclamaba a la Guardia Civil contra los mismos, cuando Teddy B sentenciaba, inmisericorde, como un Caifás de hoy, que el Canon se paga y punto, cuántos ciudadanos normales, cuántos propietarios de bares mediopensionistas, no se sintieron entonces puestos de rodillas por los mandamases de la Ceja Nostra?
    
     La parábola de Teddy B revela, lector, lo que acaso ya un poco sabíamos. Claro, la vida era eso: Javier Solana, de barbudo activista Anti-OTAN a secretario general de la misma, Mercedes Milá, de radiante promesa del periodismo más inconformista a Gran Hermana 24 Horas, y Teddy B, de muy celoso y revolucionario zelote a acaudalado patricio del Establihsment que ni a su sombra perdona la vida. Y sus conciencias tan, pero que tan requetelimpias.
     Y para no faltarle la nota entre bíblica y dickensiana a esta fábula increíble del Bautista, anótese también que vagabundea por las calles la sombra de una muy desmejorada ex-mujer suya, a quienes los medios airearon un poco hace unos meses, abocada ahora a la mendicidad y acaso presa de alguna tóxica dependencia, - una María Magdalena extraviada, y causaba muy honda tristeza ver su estado, anda Sabina, tío, házle una gran canción de las tuyas- muy quejosa al parecer de la  cruel indiferencia hacia ella de Teddy, tan sgae el pobre. Claro, cómo no entonces, a la vista del ejemplo soberbio, cómo no arrodillarse ante Camilo Sesto, y también ante el amor con que a pesar de todo le siguen queriendo y con el que le salvaguardan de cualquier infamia sus ardientes incondicionales. ¿Cuántos en cambio no temen hoy a Teddy Bautista?

       

miércoles, 26 de enero de 2011

En...Sabina...dos

    
     Entenderás, lector, que si Sabina a la hora de sentar cátedra en “Público” habla de “la Izquierda y YO”  pueda permitirme yo a mi vez aquí,  en esta covachuela que a ningún sitio va, enarbolar también el “Sabina y yo” al principio de mi nada. Pero es que además es así: Sabina y yo coincidimos en considerar  el reciente relevo de Gabilondo por Milá y su Big Brother en la tele amiga un hecho más que trascendental. Ya lo he dicho. Signo de los tiempos, Reinado de la Mugre, dije entonces yo, como un amargo notario del que nadie levanta acta. Leamos en cambio como vivió la cosa el gran Sabina: “el día que busqué la CNN+  y salió GH24horas… fue como escupirme en la cara. Me lo tomé como un insulto personal y pensé que había que hacer algo, y el único lugar en prensa donde se puede hacer algo es en “Público”, y por esto aquí estoy”. Claro, bien pronto se ve ahí la importancia de la famosa nariz –y del Ego que le sigue- de Cleopatra, de D. Joaquín en este caso, para variar el curso de la Historia. Señores del Progresío Mastercard, estas basurientas liquidaciones por derribo, sin siquiera consultarle, a Sabina no se le hacen, que coge él la pluma pública y pronto la lía parda.
    
    Sí, pero ¿en “Público”?. Veamos: “dejé de escribir en Interviú por aburrimiento… el único aliciente que me quedaba era escribir en las mismas páginas que Millás”. ¡Vaya por la lucha de clases!, pensé al leerlo, mira que hay escritores Planetarios por el mundo y va a mentarme a la Bicha, que parece que la Izquierdorra los cría y ellos solos se ajuntan , hay que ver con el aliciente cesante de los 600.000 euros del Planet Hollywood de Lara (goodfather en la División Azul, memoria histórica, plis) que quiere que tomemos las armas contra la crisis, y al que Sabina suelta aquí Público guiño. Escribir al lado de Millás, ooohhh. Cuanto mejor, Sabina, escribir en esta covacha a mi vera, te lo digo yo, que estoy tejiendo ya el Manifiesto Bloggero que hará temblar deprisa hasta las estructuras mismas de Prisa.
    
     Le preguntan, claro, por los sindicatos y por la Huelga General, que Chiquilicuatre y Él tanto auspiciaron, y aquí el de Úbeda plega un poco velas: “¿qué van a hacer? ¿llamar a la insurrección civil? –lo dice él, eh, ponte el pinganillo Millás-, “lo intentaron un poquito en la huelga y no salió tan bien” –pena, Millás, mucha pena-. Aunque la severidad del diagnóstico, oiga Doctor, subsiste: “la batalla en Europa es brutal, contra la socialdemocracia, contra los sindicatos, y la están perdiendo”. Sabina, yo que tú devolvería el premio a la cólera fachosa de Aguirre. Y si entonces, según dijo, había descubierto Sabina una palabra “sagrada” (¡HUELGA!), ha obrádose ahora en Él una transferencia de sacralidad: “para mí un PERIODICO es una cosa sagrada, hasta el más infame. Cada vez que cierran un periódico me pongo de luto”, caramba, con que unción de enfermo se nos pone ahora el cantautor de las batallas brutales, y con los periódicos no nacidos qué es lo que Él hace.
    
    Le sacan también en la interviú el dudoso nombre de Zp, a quien él con tanta alegría alabó: “No seré yo quien se ponga a estas alturas a defender a Zapatero… –cómo mola verle al genial letrista con esa retórica de politicastro decimonónico del no-seré-yo- ...es un gobernante limpio que creía en lo que decía, creía demasiado. Mi decepción es que no tenga margen, que lo que tiene que inventar la izquierda son márgenes.  Claro, D Joaquín, creía tanto y con limpieza tanta que ahora, antes que largarse a su casa, ha preferido seguir en el Poder y aplicar la política contraria. ¿Inventar márgenes? Mejor inventar logomaquias nuevas para seguir dando la charla, dirá usted. ¿Y Cuba? Pues, ná, paso adelante y paso atrás y un pase de pecho monumental, ni José Tomás oiga: “No tengo que pedir perdón por los movimientos de mi corazón”. Y olé.
     
     Y bueno, con el toro ya en suerte, toca entrar a matar, el quiz de la cuestión, la identidad, el quest-que-cé. Veamos como se perfila el Artista: “antes de ser comunistoide (obsérvese el brillante despectivo usado, que relativiza, distancia y humoriza, tres en uno, el diamantino concepto de ser comunista) fui anarquizante (otra vez lo mismo, como si fueran las ideologías citadas, la propia identidad, como los relojes blandos de Dalí, poco serias y cambiantes, porque interesa ahora que así se vea, que la traca viene ya) y ahora no sé bien que soy (Sabina, lost in traslation), pero en lo único que coincido con los liberales puros (algo es algo, en medio de la brutal batalla, mon amí) es en que hay un montón de cosas, (¡un montón!) sobre todo relacionadas con las costumbres (mejor no recordarle en este punto, Señor, las bondades esas del Incesto  que quería usted convencer a sus hijas allá por el september pasado, ver El MUNDO)  en las que el Estado no debería meterse: desde el tabaco a los toros”.  Si fuera uno la Aguirre, pronto le daba otro más grande premio.
     En fin, como le veo yo, sr Sabina, es sobre todo versionando mejor que nadie la canción que abajo le pongo. Hago votos, desde mi covacha, por ello.

martes, 25 de enero de 2011

Sabina tiene sed... de calle

    
     Si se sacara uno aunque fuera sólo el tan nombrado salario mínimo interprogresista ese a cuenta del blugymery éste -¿y por qué no, bloggeros del inframundo, por qué no habríamos de unirnos y alzarnos en tunecina revolución (tampoco son precisas las armas que pedía hace poco desde EL PAÍS el planetario Millás en su interviú con Mr X) en demanda de una mínima subvención al trabajo y al sudor de nuestro arte, si nada tenemos que perder excepto nuestras condenas?- , retomo, que me he liado, si me sacara un jornal con esto del bló, con gusto le pagaría yo un vermú al gran Sabina, por darme tanta ocasión de glosar sus andanzas y llevarme yo así las lentejas de cada día a la mía cazuela.
    
     Con la izquierda intelectual de capa, y aún de ceja, caídas, parece haber asumido el cantautor jiennense la primogenitura de la magistratura progre, a la vista de lo que se prodiga, y de lo serio que ahora se pone para explicarnos a todos las cosas del Estado y el estado de las cosas, en grave y ceñuda pose de filósofo existencialista, después del valsecito que se marcó con la cólera siempre un poco fascista de la Aguirre, que le dio un premio ella y todo.
    
     Es la cuestión que el gran Sabina anuncia ahora periódicos artículos –“por poquísimo dinero”, dice él riéndose picarón, como si más que la pasta fuera el ineludible imperativo moral más urgente el que a él le sacude- en el muy progresista diario “Público”, dirigido como todo el orbe sabe por el multimillonario trotskista señor Roures. Y con ese motivo ha concedido Sabina una entrevista explicándose, levantando acta de su compromiso, que no tiene, si queremos saber los terrenos que pisa ahora la Izquierdorra de cinco estrellas, ni miaja de desperdicio. (Hiperión, léeme esto, plis, él, y no nosotros, tristorros bloggeros del inframundo ciberesférico, sí que es en verdad un genio genial).  
    
     El previo que de la entrevista se nos muestra: qué casa la de Sabina, qué delicada estancia, qué primor de orden y de buen gusto progre derramados con pródiga amplitud, que quietud acogedora la de esa  pulida y extensa tarima  del color mismo de la avellana, desde la que él se nos explaya. Quizás el conductor del Sálvame debería para la mansión suya zarzuelera echarle un ojo, aunque acaso Jorge Javier lidere el “nuevo mester de progresía”, que consigo trae gustos más… más estrepitosos, diríamos. Claro, se nos hace luego un poco cuesta arriba creerle a Sabina cuando asegura categórico que “sin duda la izquierda en general y yo en particular, que no la piso demasiado” que se debe volver a la calle. Y nos deja ya atónitos ese fifty-fifty con que Sabina, con pinturera floritura, cual Moisés separa las aguas de la progresía, de un lado la Izquierda, de otra Yo, como antes, cuando se decía aquí mi señora aquí un amigo, esa portentosa confluencia entre el colectivo y el líder, subsumido ya de paso el pecadillo de uno  -que con semejante casa, la verdad de Murcia,  quien no va a disculpar- en el pecado que de rondón se le imputa a todos, contra la verdad que los irredentos sindicalistas murcianos et altri por las vías públicas luchando sin cesar contra el fascismo atestiguan.
       Y empieza ya a desplegar Sabina su interviú… sólo que, es ya demasiado para seguir abusando de ti, amable lector, que al final acabarás por mandarme al cuerno con tanto rollo, así es que lo dejo ya para la próxima –también me apunto en el tarro para otro día la confección del Manifiesto Bloggero que (éste sí que sí, Javir) hará crujir de revolución el mundo mundial-. Continuará, pues, el chequeo a Sabina, que se le ve al Hombre fenomenal, emblema presente de la Izquierda ahora Ambulante, que, como veremos, sigue guardando su corazoncito para el Coma-andante, total, como mucho va a ser otro vermú… See you tomorrow, honey.

    

lunes, 24 de enero de 2011

Historia de Manuel López Santamaría, cirujano

     
     Bueno, Ibai Uriarte, un niño bilbaíno de cuatro años muy enfermo, necesitaba a vida o muerte un trasplante de cinco de sus órganos vitales: el hígado, el estómago, el duodeno, el intestino delgado, también el páncreas. Los padres, como una última providencia, trasladaron a Ibai al Hospital de la Paz de Madrid, el centro pionero en España de multitraplantes. Los plazos se agotaban. Los pitiditos intermitentes de una UVI infantil, esa extraña música sintética que a veces se acelera a golpes de miedo. ¿Se puede estar preparado para ese peor?
     De forma providencial, la muerte en accidente cardiovascular de un niño portugués hizo posible la donación. Una muerte que ofrenda en otra parte vida, sí. Las agencias no mencionan –acaso nunca se sepa- el nombre de ese niño portugués. Nos gustaría conocer cómo era ese niño, llenar como fuera ese hueco irrellenable. Todo el proceso vertiginoso y necesario para el trasplante, como si se transportara en volandas desde tierras muy lejanas una simple vela prendida que no pudiera un instante apagarse, se puso en marcha. Manuel López Santamaría, el cirujano que dirigió la hazaña, debió para sus adentros entonces decirse, “vamos allá, ostias”. No sé, dicen que los cirujanos sueltan palabrotas, divinas palabrotas quizás, que charlotean de tías, de tíos, de jueces de linea cabrones,  para procurarse así la necesaria distancia.
     La operación empezó a las dos de la madrugada y terminó a las nueve y media de la mañana. A Ibai ya le habían extirpado antes las áreas necrosadas. Luego contó el doctor López que Ibai había luchado como un jabato, que ellos eso lo notan. Ibai salió con bien, aunque las complicaciones serán largas, dolorosas e inevitables. Puede que terribles. Sus padres, con todo, están felices y agradecidos. Tienen a Ibai consigo.
    
     Sí, la proeza de ese extraordinario equipo médico multidisciplinar capitaneado por Manuel López Santamaría durante las pasadas Navidades ha aparecido en los mass-media. ¿Lo suficiente? ¿Se le han otorgado el espacio y el tiempo justos? ¿Se ha valorado en su dimensión precisa la dedicación, el saber hacer, el empeño, las experiencias previas acumuladas que han hecho posibles una tan buena nueva? ¿Tienen personas como el doctor López Santamaría, que cumplen con rectitud indesmayable a diario un cometido trascendental, el prestigio y el reconocimiento social en los medios de comunicación social que merecen? ¿O más bien aparecen estos apabullantemente dominados a todas horas por gentes –hagamos una estadística- insufriblemente vacuas, precisamente preclaros modelos de irresponsabilidad social, cuando no de nada dudosos embaucadores inmorales? ¿No están la sociedad, y los niños, que cada día se socializan a través de la televisión y del Internet, acaso necesitados con urgencia también, por el bien de ellos y de todos, de recibir y asimilar ejemplos así?
    
     Por eso no vale decir, “es que yo no pierdo el tiempo con la telebasura”, pues en ignorar su radical nocividad para el destino de la sociedad estriba su principal éxito. Y a los muy pagados directivos televisivos que la dan cuartelillo, debería como mínimo llegarles nuestra repulsa, y que no tuvieran la conciencia tan tranquila cuando tan orondos y lirondos recogen los premios que se dan a sí mismos y a los patéticos “doce meses, doce causas” que les sirven de tapadera. No vale decir que son empresas privadas y que pueden hacer lo que les dé “la gana” -terminología odiosa donde las haya y muy de moda, qué pueril razón añaden a algo las “ganas”-. Son medios de comunicación social y tienen una responsabilidad, igual que la tiene el tendero de la esquina, que en general la demuestra, y mucho más que ellos.
    
     En esta covacha me quedo yo para mí, y para ti, lector, si así lo quieres, con la imagen de la larga madrugada en ese gélido quirófano de la capital española, con esa complejísima intervención, a la vez obra de arte y mecano de matemática precisión, hígado-estómago-duodeno-intestino-páncreas, así, en racimo trasplantados, y con ese pelotón de hombres y mujeres íntegros de verde hospital a las órdenes de Manuel López Santamaría, aplicados a su deber, brazos en alto, bisturí, tijeras, patatín, acaso contándose chistes verdes de tanto en tanto sobre la mascarilla, escuchando sus músicas, pensando en la vecina, en los bíceps de un bombero, guantes, en la hipoteca por pagar, en el frío que hacía esta mañana, en si luego el Astra me va a arrancar, lo que sea, para no reparar demasiado en su afán por prolongar en Ibai, un jabato bilbaíno, los trocitos de vida preciosa que a toda prisa les llegaron desde Portugal.

       
    

sábado, 22 de enero de 2011

Poessía dos

    
     Te escribo, amor mío, porque no sé hacer música.
     Y sé bien que nunca así te alcanzaré como esta,
     Que no pueden palabras competir con sones
     en anegarte el alma, en ocuparte hasta el pozo de tu ser,
     en remover en lo más hondo la diadema celeste de tu pelo.
     Miro mis dedos, averiados ya para aprenderme la guitarra,
     Para invocar siquiera en torno a ti 
     La lluvia sosegada de tu voz naranja
     Soplándole a una armónica que me regalara de golpe el Viento. 
     No valgo para componer la balada de tu empaque
     Son ya mis dedos torpes y ásperos zoquetes de intemperie
     Me sirven sólo  para aporrear este otro teclado
     Como si fuera  el piano de un borroka
     Que tembloroso aún anhela
     Incluso en lo más cerrado del Invierno
     Que las palabras por ensalmo ahora se deshielen
     Que cobren súbitas vida y vuelo
     Que te exploten de armonía contra la cara
     Y que sólo como una canción resistan en tu memoria
     Y me las susurres el mejor día frente a frente:
     Amarantas, Grímpolas, Caléndulas…
     Más la rapsodia inverosímil de tus ojos, claro.
     
       
      

viernes, 21 de enero de 2011

Gregorio Ordóñez, siempre (16 años ya)

    
     Imposible olvidar a Gregorio Ordóñez, imposible olvidar su arrojo, imposible olvidar todo lo que a él y a los íntimos suyos todos debemos. Aunque de poco sirva mi escritura, aunque no pueda devolvernos nunca la estampa viva de su bravura, tan descomunal y homérica que ni las más certeras palabras podrían jamás apresarla, imposible olvidar al héroe. Le leí hace poco a W Allen una frase acerca de que, más que en el corazón y en el alma de las generaciones venideras, preferiría él vivir en su propio apartamento. Sí, vale, es una broma cínica, que finge desconocer la más elevada dimensión de sacrificio que el valor de un hombre, superior y mejor por ello que el resto, puede arrostrar. Se insiste mucho hoy en la básica igualdad de todos los hombres: ¿y un mismo género constituye a Gregorio y a Txapote? ¿Atesoran acaso idéntica dignidad la plena alegría de vivir libre y el torvo y purulento odio? Permítanme dudarlo, pues hasta repugna escribir juntos esos dos nombres. Qué tiempos estos, centrifugados como vamos todos y a rastras de la epiléptica vomitona incesante de noticias, que lo que sólo hacen es robarnos la memoria y la inteligencia, incapaces de separar el grano de la paja, ciegos y sordos a la semilla y a las más esenciales gestas que nos mantienen en pie.
    
      Soñaba Gregorio con una plaza de toros para su ciudad. Y qué elocuente era ese dorado sueño: como un torero de la libertad, con su flequillo rebelde, a pecho descubierto y sin engaño, armado con la palabra sólo, cuando a todo el mundo le temblaban las canillas, delante de los hocicos del bárbaro Minotauro él mismo se plantó. Hay en el toro una nobleza que las alimañas etarras jamás conocerán y había algo en Gregorio, siendo tan donostiarra,  de radiante maletilla cordobés, intrépido de luz y desparpajo ante los bufidos siniestros de la terrorífica Bestia. Era tan arrolladora y chispeante su figura, que a los mismos tendidos atenazados por el miedo, alcanzaba y contagiaba el rompiente de su ilusión indómita. Qué murallones de terror no derribaba el sólo carisma de su coraje ¿Qué podía hacer un simple joven, diminuto y solo, tan solo, ante el ciclópeo  Monstruo y sus zarpazos de muerte?
    
     Consiguió que fuera una vez la suya, en el más aterrador de los ambientes imaginables,-te quemaban el coche, te amenazaban de muerte, se concentraban ante tu domicilio coreándote encima de ¡asesino!, se mofaban de las víctimas- la lista más votada de la ciudad. Algo que las podridas meninges de los criminales y de otros nacionalistas un poco menos salvajes, no podían literalmente soportar. Por eso le asesinaron mientras comía, por eso destrozaron con saña su tumba muchas veces, como si mil veces quisiese la cobardía afirmarse en su vileza más atroz, como si a las ratas descompusiera el simple recuerdo tanta hombría.
    
      Eligió Gregorio, no de boquilla sino de verdad, no vivir de rodillas en su tierra ante la barbarie. La espita  que su hazaña abrió, todo lo extraordinario que en Gregorio rebosaba, convoca por sí sólo a lo más alto. Soñándolo él nos hizo y nos hace soñar a todos con abrir de par en par el portón de la libertad, con la promesa en él anunciada de un vendaval de libertad en el País Vasco, es decir, en España.
    
     En la Historia de España está, al lado de los mejores de sus mujeres y de sus hombres, en una de sus más conmovedoras  páginas. Si Manrique, si Garcilaso, si Lope, si Cervantes, si Quevedo, si Galdós aquí estuvieran, sin duda a Gregorio rendirían el más acabado de sus tributos.  Si todas las naciones dignas de sí celebran y guardan siempre gratitud y admiración a la memoria y a la vida de sus héroes, porque en buena medida  prenden y  avivan ellos el fuego y la antorcha perpetuas en que consisten, qué hermoso sueño sería que algún día los corazones de todos los niños españoles, con la misma delicada unción con que los escolares que pintaba Edmundo de Amicis escuchaban las historias de amor a su patria,  palpitaran de  pureza al aprender la gesta de Gregorio, su infinito manantial. 

(Post-post: no soy nada fanático de celebrar en forma especial la onomásticas, la mía la que menos, pero sí me gustaría, lector leal, lector mío, que si a mi se me olvida, el año próximo y los siguientes, si seguimos los dos respirando el aire azul  bajo esta covacha, que me recuerdes tú siempre poner este mismo escrito, que no voy a ser capaz de hacer nunca mejor, que me sirva siempre de perpetua bandera mía –ojalá que tuya también- de muy especial remembranza y agradecimiento, y un hito permanente en mi vida, como un árbol eterno, como una roca milenaria, como una llama inextinguible siempre amigo, que es lo que yo quiero que sea) 







jueves, 20 de enero de 2011

Cruz de navajas sobre un señor de Murcia

    
     Decíamos ayer que con cuatro millones y medio de parados, con tasas del 40% de desempleo juvenil, con el encarecimiento desbocado de precios que revela la inflación más alta de Europa, con la congelación de las pensiones contra el Pacto de Toledo, con la histórica rebaja en el sueldo a los funcionarios, con el marasmo de angustia y desesperanza que como una pesadilla se extiende por toda España, de hallarse un gobierno liberal-conservador al frente del poder con semejantes credenciales, no existe la más mínima duda de que la sangre y las barricadas atravesarían las calles. Más con un gobierno que hubiérase muy gallito ufanado encima de ganar ya mismo la Champion-li de la economía planetaria. Es que  hemos visto ya hace años esa tirria desencadenada con muchos menos “merecimientos” contra gobiernos “fachas”.
    
    Pues bien, la indecible fullería del socialismo gobernante consigue que sea precisamente contra los cargos electos de la derecha contra quienes ahora mismo la violencia física estalle. Es para pellizcarse. Debería estudiarse desde luego en algún observatorio de esos que se dedican a examinar los más estrambóticos fenómenos paranormales. Es a la vez también toda una lección de cómo maniobran unos y otros en política, de cómo encauzan y se mueven entre esas turbias aguas, de cómo orientan a placer unos el descontento ciudadano por muy al borde del precipicio que nos pongan a todos. Qué tíos.
    
    A Pedro Cruz, consejero de Cultura murciano le han ahostiado –inevitable el acordarse, qué curioso, de las que jactábase hace poco de repartir entre sus fratellos el Big Gabilondo- de lo lindo el otro día: “fractura del arco cigomático, fractura del suelo de la órbita ocular y fractura con hundimiento del maxilar superior”. Sangres que tiñen de malva el amanecer, sí.  La derecha murciana, acollonada, no sabe reaccionar, no está acostumbrada a esos usos y costumbres, apenas balbucea incoherencias. La derecha nacional se arruga y murmura dudosas quimeras. No se planta. No saca, como haría la Izquierdota, al Hombre Elefante –la cara dolorida de Pedro Cruz magullada y quebrantada, llena de vendas y mercromina- para ganar la batalla de la Opinión Pública y exigir protección e investigación. El gobierno central remata por él la jugada: es la víctima la culpable, es el PP quien quiere aprovecharse de la crispación, es la Derechona crispadora (como Gabilondo y Zp  bisbisean por las esquinas) de siempre. ¡Im-presionante!  
    
     Difuminada queda, como casi siempre, la verdad esencial de los hechos: un minúsculo gobierno uniprovincial que decreta medidas de ajuste, similares a las de Zp para toda la nación, con principal responsabilidad de éste en las mismas, claro, la indigna y reiterada falsificación en sede parlamentaria de la lideresa socialista murciana al motejar, con pleno conocimiento de la infamia, de “sobrinísimo” al consejero, una sucesión de violentísimas manifestaciones bajo un mar de banderolas sindicales que pretendieron invadir la sede legislativa murciana, con la participación en las mismas de renombrados cargos socialistas, una personal persecución en algarada callejera y tirahuevos contra los cargos electos, una tumultuosa manifestación ante el domicilio familiar del presidente murciano, -¿existe precedente?-, una doble agresión a su hija, en fin, una bárbara agresión con puño americano y de desconocida autoría precisamente al grito mismo de “sobrinísimo” contra el susodicho Cruz, que de haber sido llevada a cabo por un borroka como terrorismo hubiera sido considerada.
     Vaya tomándose, señor Rajoy, una tacita de este caldo tan rico, de esta variedad cultivada y ensayada con primor de veneno revolucionario en un feudo… ¡en el que gana el PP por más de veinte puntos porcentuales de ventaja en apoyos electorales! Tómeselo, que creo que le tienen preparadas dos tazas.

       

miércoles, 19 de enero de 2011

Jorge Javier Vázquez y los Ochocientos mil

    

     Te juro por el Sálvame, lector mío, que iba a hablarte yo hoy del marrón exhausto  de esas pocas hojas que contra viento y marea resisten en las arboledas la hosca acometida del General Invierno. Parecen ya casi harapos gastados, membrillos marchitos que cuelgan apenas de las ramas, y cómo se aferran, con qué dignidad de preseas envejecidas perseveran hasta que ya no pueden más, incluso entre la niebla, medallones chuchurrios, en defender de la total desnudez al árbol que engalanaron. A veces, como nos enseñaron los cantautores protesta, la poesía es un lujo inútil.
     Fíjate, lector mío, que parece este blog la demostración de la teoría de catástrofes, que nunca vienen solas según ella postula, y si ayer le escribía yo esperanzada carta a Lydia Lo, la urgencia de la rabiosa prosa de la actualidad no me da respiro ni tregua. Tengo que escribirte algo, Jorge Javier, que no me habrás copiado tú en un examen, pero en otro más importante hiciste trampa, y no es eso, no es eso. Además, que ayer, con tu “caso” ya en el candelabro, recordé también que el otro día  la Trapote te acusaba ahora, ofendida por algo que la encaraste, de utilizar “negros” para un “libro” tuyo, y anda uno… cómo decirte, digamos que un poco sensible a estos negociados. De forma que invocaré pronto una vez más a Ken Follet y juntos los tres apareceremos triunfantes y piafantes por este inframundo, ya verás.
    
    He leido ayer tarde en el yahoo que el Estado reclama al muy progresista (así se ha reclamado él a menudo y con muy aparatosos desplantes en la pantalla berlusconiana) conductor del Sálvame 800.000 euros a cuenta de sus declaraciones de la Renta de los años 2005, 2006 y 2007, cuando el por la profesión galardonado con el Premio Ondas era presentador del “Aquí hay tomate”. Voy a tener que de una vez por todas aprender a enlazar blogs y liar esta covacha mía a la web oficial del revuelto de higadillos ese. Y es que siendo uno como es fan total del Sálvame –y del de la versión de luxe ya ni te cuento-  resulta obligado al menos dedicarle unas líneas a esos ochocientos mil del ala, del ala del pollo, y a esas declaraciones… fallidas, diríamos, que más que declaraciones de renta al parecer resultan ocultaciones fraudulentas, Jorge Javier, no mientas.  Sí, cuántas chanzas fáciles podrían hacerse con el titulito premonitorio del tomatito de marras.  Y más sobre un Señor que con frecuencia reclama sentido del humor y del buen rollo y del mejor orgullo a todo el mundo. Muy gracioso, señor Vázquez, muy gracioso lo suyo. Acaso la viejecita que el otro día se le durmió en el graderío para su contento y el de su cámara voraz debería hoy meterle la punta del paraguas que llevaba ella… justo por el agujero negro del Sálvame mismo.
    
     Se dice a veces que quienes no lo somos con desprecio infinito catalogamos el término “progre”. De todo habrá sin duda, pero más cree uno que se desprestigia la realidad que esa palabra quiera designar con conductas como las que hoy nos ocupan que con el en todo caso simple desahogo verbal de cuatro hormiguitas insignificantes –como el que suscribe- ante espectáculos tan poco edificantes y que sólo dudoso progreso pueden suponer. Vaya usted, siendo un don nadie, a afearle en algo la conducta a uno de estos santones progres… es usted, amigo mío, un fascista insolidario, un racista cavernario, vamos, un enemigo del género humano, de ese que tantísimo proclaman –se ve que son las proclamaciones más que las declaraciones verdaderas lo suyo- amar ellos.
    
     Dice la noticia que el gran Jorge Javier se acaba de comprar un chalé de 2,3 millones de euros en una elitistísima urbanización de la Zarzuela madrileña, zarzuelero impulso, digo yo,  que prueba una vez más cuánto ansían ellos la comunión total con los más humildes estratos de esta “podrida y clasista sociedad”. Qué bonita debe ser su nueva casita, sr Vázquez, enhorabuena. Qué patio tan particular no tendrá esa casita, qué singular alquimia no se dará allí, que transforma la basura de la Tele en el Oro de la Zarzuela. Como los Albertos, como la Camorra, que con el tratamiento de la basura hácense de oro. Pártase usted luego la crisma a hacer bellos sonetos, ande. Ah, sí, y con cuántas oenegés seguro que labora usted, y con qué devoción sobre todo.
    
     Abunda el yahoo de la infamia en que tiene Jorge Javier cuatro propiedades más en la capital, un apartamento en el centro, un pisito mediano y dos más en Barcelona. Caramba, señor Vázquez, qué afortunado ha sido usted en la vida, vaya, vaya. Dice su abogado que es que lo que ocurre es que factura él a través de su empresa, que se llama Jorge Javier SL. Y ele que sí, y ele otra vez, y el que no se ría, el que no se ría… pos eso.
     
     …Señor Vázquez, señor Vázquez, que digo yo que creo que a la señora que se le durmió el otro día en directo bajo sus focos, porque según dijo la pobre “ que…es que se había levantado a las dos de la mañana” para poder estar ahí, quizás sobre todo a ella le deba usted una explicación, ¿no? Es que no pega ella ojo desde que hemos sabido lo de los ochocientos mil, ¿sabe usted? Es que se le ha puesto ya cara de mala follá, del mismo color marrón exhausto de esas hojas heroicas, ¿sabe usté?
       
    

lunes, 17 de enero de 2011

A la atención de Lydia Lozano (El curso en que amamos a Lydia)


    
 Querida Lydia:
      Es seguro que para nada te acordarás de mí y que menos aún que nada te dirá mi nombre. “Jo-se-An-to-nio-del-po-zo, y éste quién cuyóns es”. Es lógico. Si pasamos aquella vez más de un año entre cuatro paredes juntos -aunque no revueltos, aclarémoslo de inmediato, no vaya esto por estratosférica carambola a caer en manos de la Gemio y te la líe ella parda- y ni siquiera entonces advertiste mi penosa presencia,  cómo habrías ahora, encaramada a la espiral de tu enorme éxito, ya toda una reina del periodismo y de la televisión, reparar en un blog inmundo de este inframundo, por mucho que en las estrellas ciberesféricas pretendamos los bloggeros residir. Y sin embargo, Lydia, cruzo los dedos porque una extravagante conjunción de asteroides y demás cuerpos celestes, la más fantástica que se diera nunca, hiciera posible que esta carta llegara a tus manos. Leerías entonces esto que ahora mismo estoy escribiéndote: ¿te acuerdas, Lydia, de aquella encrucijada en la que yo tanto te ayudé? He pensado que quizás estés ahora tú en condiciones de devolverme aquel favor. No hay más que verte en la pantalla, siempre dispuesta a colaborar en las más benéficas causas de los desfavorecidos por la Fortuna, o sea, para qué irse más lejos, yo mismo con mi triste mecanismo, Lydia.
     Sí, seguro que de sobra habrás ya caído: yo, mejor dicho, la torva sombra que me constituye, estudié contigo durante los dos primeros años de la carrera en la Complutense madrileña. La mayoría de los que entonces eran mis compañeros más cercanos han acabado de funcionarios, y cuando de Pascuas a Ramos nos juntamos en tabernones rústicos llenos de humo de Legazpi y por ahí, para ponerle algo de brillo a nuestras rutinarias existencias te rememoramos todos en muy similares términos: es que Lydia, y sus  amiguitas, es que se veía ya… Lydia era otra cosa, joder. Tendrías que ver, Lydia, cómo entonces por un momento fulguran esos mustios semblantes, como si el mismísimo pincel de Velázquez, de bruces ya en el túnel del tiempo, tuviera que venir quinientos años después a pintarnos de nuevo, contagiándonos todos un poco vicariamente de tu triunfo. Chocamos siempre los vasos de cerveza rubia bien altos en tu honor, como en la polka de la cerveza, aquella del año la polka, claro. Brindo a solas yo ahora porque sea capaz esta misiva, impropia en extensión para la ley de hierro del Internet, I know, de atraparte en los efluvios de su seducción, y que no puedas soltarte de ella hasta el mismo punto final. Me va tanto en ello. Al fin y al cabo versa la misma sobre todo de ti, de refilón de mí, de soslayo un poco de los secretos y mentiras de todos, creo.
    
     Y es que,  acaso para la clase entera, desde luego para nosotros lo eras en aquel año de gracia, en efecto, eras otra cosa, eras… el glamour personificado, que me parece que entonces ni conocíamos esa palabra. Pero al lado de nuestras pellizas que debían oler a establo, de nuestra ropa de baratillo y sin gusto, de los trasquilones de las crenchas infames que gastábamos, venga a fumar Ducados todos como condenados en algún penal del buen gusto, al lado de todo eso, tus finos jerseys policromados sobre una piel bronceada hasta en febrero, tus pantalones fruncidos con los últimos cuadros escoceses, el cascabel de tus pulseras, el ingenio de tus peinados, el elegante antifaz de tus Rayban, el aroma british de tus colonias…  todo un emblema de la sofisticación coleando en el aire de una chavala rumbosa y rubicunda que a aquella partida de pueblerinos dejaba petrificados.
     Y lo más: es que eras un glamour en vendaval. Flameaban el escándalo de tus risas interminables que llenaban ellas solas el aula, el dinamismo de ajetreo con que ibas y venías, ese taconeo decidido de botas caras, el tono extravagante de tu voz estruendosa –a veces, perdóname Lydia, poblada de roncos ecos de cantina-  que a menudo se rompía como una porcelana, no sé, ese crujido y ese cóctel informe de distinción y vehemencia algo truhana a aquel atajo de paletos nos resultaba irresistible.  Ibas ya como quince años delante de nosotros, que sólo empollábamos aparatosos manuales uno tras otro entre la niebla de los Ducados mientras te bastaba a tí tu estilo –éste sí en verdad ducal- para saber con nitidez abrirte ya entonces tu propio camino. Claro, te contemplábamos fascinados, pero a distancia, como intimidados por la tempestad de tu empuje. Tenías mundo y rimmel. Nosotros teníamos pueblo y algunas películas de cine.
     No, no te hacían falta los libros, quizás es que te los machacabas todos por las noches. Aunque debía eso en todo caso ser muy de noche en la propia noche, porque hasta nuestros sitios, como olas rompiéndose contra un archipiélago, llegaba el fragor alborotado de tus risotadas cuando muchos días les contabas ya entonces, a las compañeras que a tu lado se arremolinaban haciéndote círculo, la última disco que la misma noche anterior a las tantas habías frecuentado, y a que no sabes quién estaba allí y con quién está liado… ¡No me digas!, clamaba alguna, y su pasmo y el estrépito de tu risa eran todo uno. Ya te movías de lujo en la cosa esta de las agencias del cuore. Recuerdo que tenías un hermano de profesor en la Facul, que me daría  más tarde a mí clase, una auténtica lumbrera que se lo sabía todo de la Semiótica. Y algo en suma de icono deseado e imposible a la vez tuviste aquel año para nosotros, que eras nuestra Kim Novak particular, y podías tú, discúlpame la menudencia, Lydia, muy a gusto rivalizar con la Novak también en la turbadora firmeza de tus turgencias, tan pujantes.
    
     Bueno, pues hubo un día, Lydia, imposible que te acuerdes, claro, -cuántos años han pasado ya, por favor- hubo un día, digo, en que, como dirían los antiguos folletones, nuestros destinos más aún se entrecruzaron. Llegabas tarde al examen de Introducción a la Economía y tu sitio habitual estaba ya ocupado, así que tuviste que sentarte en cualquier lado. Sí, aquel melenas borroso y con la cara atiborrada de espinillas que apenas se movía a tu lado era yo. Dios mío, lo recuerdo ahora y todavía, por encima de las paletadas inmisericordes de tierra que nos echan encima los años, al punto me viene aquel anonadante perfume tuyo ese día. Olías a… serían violetas violentadas, no sé, en mi vida había olido yo algo con ese poderío, que más que una colonia parecía un imán, de cómo tiraba de uno hacia ti aquel olor centrifugándote a la vez el cerebro. Ostias, había que rellenar el examen y estaba yo como un bobo, con los ojos entrecerrados e inclinado hacia ti como la torre de Pisa con sonámbula intención nada más que de adherirme a ti, tal era el sortilegio diabólico de aquella fragancia. Recuerdo que paseó por allí el profesor, el mítico Sánchez-Ramos, su mostacho de morsa canosa, seguro Lydia que de él si te acuerdas, y mientras a ti te sonrió, me largó a mí un bufido que al menos me sacó de mi sopor zombie.
     Empecé a escribir como loco, loco por recuperar todo el tiempo perdido en el éxtasis pituitario. No es por nada, Lydia, pero la curva de Philips y la ley de los rendimientos decrecientes y la utilidad marginal del último bien consumido, todo aquello me lo sabía yo de carrerilla. Zas, cuatro folios en un pis-pás. Levanté luego la vista hacia ti. No llevabas ni medio folio escrito. Me sonreíste pícara y me hiciste una mueca de película de espías después. Empezaste a arrimar tu silla (con aquellas odiosas… manoplas, creo que se llamaban esas tablas adosadas a la derecha para escribir sobre ellas) a la mía. Reconozco que por un momento, trastornado por aquella soga de violetas esenciales alrededor de mi cuello que sólo hacia ti me tironeababa, pensé… pero Lydia, leches, si estamos en medio de un examen, cómo nos lo vamos a montar aquí y ahora, quizás luego, luego. Otra mueca tuya y ya lo entendí bien. Puse mis folios a tu vista y te dejé copiar todo. Ahhh, aquel perfume tuyo como un remolino de vértigo justo encima de mis napias, qué turgencia de curvas, qué utilidades crecientes y anti-económicas me estaban a mí entonces aguijoneando.
     Yo creo que el profe, Sánchez-Ramos, aunque éramos en el aula más de ochenta, toleró tu copieteo. Te le habías, con la onda desarmante de tu simpatía, ganado antes, claro. El resultado de todo aquello, lo que son las cosas ahora que las repienso, tuvo valor anticipatorio y simbólico de nuestras posteriores trayectorias. A mí, por esas cosas de Kafka que tiene la Universidad, aquel cabrón me cateó, y a ti, no podrás jamás decirme a la cara que miento, Lydia,  te aprobaría, digo yo, porque te llevó ese día a casa en el Dodge-Dar que el muy marxista gastaba por entonces. No me diste, ni entonces ni después, las gracias, Lydia, pero yo lo entiendo, que andabas siempre liadísima con no se qué inaplazables inauguraciones de antros de perdición, que eran para ti, ya se ve, trampolines de salvación. Además, que yo muy bien lo comprendí, y el vernos alguien a ti y a mí, tan disímiles, charloteando, hubiera sido como contemplar en vivo una profanación. Tampoco yo habría sabido bien qué decirte, y si hubieras llevado puesto otra vez aquel perfume, yo que sé, igual se hubiera abalanzado sobre tu espalda el Cro-magnon que entonces uno un poco era. O sea que hiciste bien. Además de esa forma es como puedo ahora cargarme de razón histórica y con justicia pedirte el favor de que al principio te hablé, el único que de verdad me mueve a escribirte esta larga carta, que con todo el alma anhelo que como sea  te llegue y que hasta aquí te tenga en vilo.
    
     Así es que, Lydia, yo me alegro mucho de tu éxito. Los lectores de mi inmundo blog saben que soy yo fan total del Sálvame, muy principal programa donde descollas tú sobremanera. Hasta el baile Chuminero  que has puesto tan de moda, que en cualquier otra quedaría indecoroso, -la otra tarde te ví en la tele bailándolo sobre un cajón en plena calle Preciados, a ver quien más es capaz de hacer eso delante de la gente y sin avisar- reviste en ti perfiles de elegancia. Te dejo ya mi son:
     Verás, Lydia, tengo yo escritos más de cincuenta relatos de románticas hechuras casi todos y  vagan los pobres como almas en pena por mi covacha, condenados a una cruel oscuridad. Como no tengo yo contacto alguno, las editoriales ni se dignan siquiera a contestarles algo. Soy su autor: sé que no son del todo pésimos. No quebraría su penuria tanto mi moral si no viera uno publicados a diario, es decir dados a luz con plena bendición editorial, toneladas de incalificables engendros que por libros pasan. He pensado que tú, Lydia, si levantas un teléfono, podrías bautizar los míos, aunque fuera en parroquia de barrio, y sería así menor mi pena, y las violetas violentadas de la memoria como violines estradivarius en la misma seguirían sonándome. Sálvame, te digo yo a tí ahora.
     Y nada más, Lydia, que esto  era cuanto quería yo transmitirte. Que te dure de verdad el éxito y consigas tú también muy pronto un Ondas. Que sobre todo seas tú feliz. Oye, y un abrazo, de parte de este indocumentado que una vez estudió a tu vera. Tuyo siempre, José Antonio del Pozo.