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viernes, 30 de noviembre de 2012

El Esplendor y la Gloria... en la peluquería (Fragmento de Mío Libro) CUATRO



     Y sin embargo, a contrapelo de lo que yo percibía, que puede que esos quince días a solas en mi cubil me hubieran trastornado, el índice húmedo de Mari Gloria recorrió por sorpresa, desde una de mis patillas, todo el envés cartilaginoso de mi oreja hacia abajo, el dorso de campanilla de mi lóbulo rozado al pasar, el borde inferior de la nuca, esa piel como de mazapán recién horneado que todos tenemos ahí, la media luna del cuello por detrás, de nuevo otra vez para arriba ese índice como por una nieve ardiente hasta arribar al puerto de la otra patilla.
     Luego Mari Gloria se disculpó, “vaya, se me ha ido un pelín”. Lo que son las cosas, casi agradecí la herida, porque ella, con desvelo de enfermera atentísima, aplicó bálsamo allí, y fue la excusa perfecta para tener por más tiempo sus dedos sobre mi piel, como si dos mínimos trocitos de piel en contacto, con su lenguaje cifrado, pudiesen   desencadenar por sí solos un alud de sugestión entre dos enemigos.
     Y ahora soy yo quien te ruega, por si aquí sigues, niña, interrumpe ya la lectura, no traspases esta línea roja, lo que viene ahora no vale nada, no te va a gustar, una chorradita banal, no sé si acaso escribiré para mí lo que a continuación ocurrió.
      
       -Perdona si he dicho algo que te haya molestado, es que a veces soy muy burra.
       -Ya está olvidado, Mari Gloria,  también yo me pasé.

     Del brazo me llevó a otro sillón. Echó mi cabeza hacia atrás, y como si los llevara de la mano, cientos de hilillos de agua tibia se me vinieron encima y acariciaron mis neuronas en punta. Además, ella aplicó oloroso champú y lo frotó con suavidad por los recovecos de mi testa. El jabón formó una blanca cabellera en pompas que de súbito me hubiera crecido, y de nuevo vino la caricia de los mil chorros cosquilleando los   centros de mi sentir, que yo quería que cesara nunca, nunca.
     Rodeó mi cabeza rapada y limpísima con una toalla, amarilla, claro, y la secó con primor. Entonces me susurró al oído, “anda, recítame una de tus poesías, porfa”  y yo desperté, ostras, y ahora cómo salgo de ésta. No la veía del todo bien y me arranqué pensando en ti, tú lo sabes, “aunque ya nada podrá devolvernos la hora del esplendor en la hierba y la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza perdura en el recuerdo”.
     
     Mari Gloria suspiró, “qué bonito, qué bonito”, y dios mío, juraría que ella se había soltado el botón de arriba porque, de pronto, arrimó mi cabeza contra su cuerpo y, como un apache, escuché sobre la trémula embocadura de sus pechos, la marejada violenta de su corazón. Definitivamente aterrado, y ahora qué va a ocurrir, me dije, vaya con mi corte de pelo, con lo a gusto que estaba yo en casita, ahora esta panterota, con su escarola y su paella a cuestas, se deja caer la bata, se me queda aquí en el tanga rojo pasión que le regaló su chulo, y para qué queremos más, qué hago yo entonces…
EL DESENLACE… MAÑANA


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

Post/post: gracias a Mateo, a ^, a CLAVE, a Mónica, a Neuriwoman, por bloggear a mi lado ayer, GRACIAS.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Incluso entonces me acordé de tí (Fragmento de Mío Libro) TRES


    
      Empezó Mari Gloria su faena reconociendo el terreno y sus daños como un fiscal implacable. Tomó en sus manos mi cabeza como si la misma fuera el Planeta azul. Constató la creciente deforestación, el avance del desierto. Deshizo de un plumazo mis espejismos. “Hum, la cosa está muy mal” sentenció. “Vale, Mari Gloria, pero no me toques más las... la cabeza quiero decir, y no te ocurra nombrar la palabra maldita, lo que no se nombra no existe, ¿lo comprendes? Ah, y sube esa música, que Camilo mola mazo”.
      
   Cómo contarte lo que estaba ya a punto de suceder, casi mejor no contártelo, aunque desde la gresca inicial noté activarse dentro de mí la alarma, esto tienes que escribirlo, y eso que estaba a la vez seguro que te resultaría insufrible, que dejarías de leerme ipso facto, y entonces qué iba a ser de mí. El caso es que tras mi réplica durante un buen rato la gorgona de la escarola rubia no dijo ni mu. Volteó con ira mi cráneo hacia todos los ángulos posibles y raca-raca, raca-raca, raca-raca, circunnavegó aquel planeta, mondó a conciencia mi melón, igual que pelamos una manzana o una pera de agua dulce.
    
     -“Como no tienes bollos, como la tienes bastante redondita, no te va a quedar mal del todo la pelota” me dijo al fin.
      -“Ya, la armonía y la limpia simetría de las esferas y todo ese rollo, ¿no?” contesté.
     -“Vaya palabrotas, majo, pero te vas a quitar de encima unos cuantos añitos, igualito que mi padre”.
     -“Oye, guapa, vamos a ver, que tú eres más tarra que yo, a mí no me compares con tu padre, que seguro que está el pobre para sopitas y buen vino, qué pasa, que el chulo que te magrea es un melenudo con pelos hasta en el culo, ¿y no has oido hablar nunca de la descomunal potencia sexual de  los...?, de ésos, tú ya sabes”.
      
     La oía resoplar  muy cerca de mí. Con un torniscón de izquierda proyectó mi cabeza hacia abajo.  Hubo un silencio de calma chicha, y luego escuché un ruido sordo, como el que hace una espada al envainarse y desenvainarse. Achinando los ojos pude ver, santo dios, que esa leona afilaba contra el cuero una enorme navaja barbera, zas… zas, zas… zas, mascando sin duda la afrenta que yo le acababa de infligir. Ella me miraba mal. Y toda la extensión de mi cuello de corderito pascual en Ramadán allí, bajo su filo.
     
     Los periódicos andan llenos de breves así, que nos amodorran después de un minuto, de psicópatas anónimos a quienes confiamos cosas vitales, yo ahora mi cuello. Incluso entonces me acordé de ti. Esto si que tenía palpitación de drama truculento, esto sí que se salía del realismo mostrenco de cada lunes, tan real para mi desdicha, esto sí que te encantaría leerlo hasta el final. Aunque, maldición, otro habría de ser quien te lo escribiese, que a mí estaba a punto de degollarme la rubia de la navaja… CONTINUARÁ MAÑANA



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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Post/post: gracias a Chela, a benjamíngrullo, a Mateo, a CLAVE, a Mónica (¡exacto! gracias), a Napo, a Neuriwoman por hacer mejor con sus palabras este blog, por bloggear conmigo ayer, THANKS.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tu imaginación enfebrecida (Fragmento del Mío Libro) DOS



   ...Había iniciado en vano decenas de relatos (costureras asesinas, heroicos inválidos acosados por nazis, yoncarras descerebrados que apiolan a su vieja sin remordimiento…) yo que sé, esas tramas trepidantes trufadas de malvados exóticos que secuestran tu imaginación enfebrecida, niña. Pero nada me cuajaba. Cómo contarte entonces esta mañana tan banal en que salí a cortarme el pelo, en que buscaba yo un harakiri light. Está bien, me dije al fin, rápate si quieres, que te vas a agarrar una pulmonía, anormal, pero al menos que lo haga una mujer, igual quedan retales narrativos por ahí, aunque sean de géneros en rebajas.
     
   ¿Y si la realidad gris se transformaba en un reality? Algo así prometía ahora el microcosmos amarillista que tenía delante. Yo creo que la blonda tiparraca de la pelu me caló desde el primer momento. Vió con claridad el panoli que yo era y tras descender el último peldaño, como si fuera un fardo molesto, me arrojó contra un sillón marrón.
     
    Tras sendos pisotones a un pedal que empequeñecieron mi figura más y más, dejó bien claro ya que la única Sansona allí era ella. Al momento, con una fulgurante revolera, maniatándome de paso, apretó contra mi gaznate un mandilón a cuadros de unos colorones intolerables. Aún podía verme en la pared de espejos biselados, una cabeza de chorlito con gafotas que asomaba por encima del tapizado ideal de un maricaplayas.
     -Oye, Mari Gloria, ¿no tienes otro baby?, que uno es medio poeta, por favor.
     
    Aquella arpía lanzó una risotada. “¿Poeta? pues abróchate la bragueta, ja, ja, já”. Bueno, pensé, al menos hemos roto el hielo del odio que nos atenaza, Mari Gloria me hará un buen rapado y punto, aquí paz y después… y después Mari Gloria. Sólo que ella ya había recobrado su rictus desabrido. Me arrebató las gafas y las dejó en algún lugar lejos de mi alcance. Cautivo en esa nebulosa, ignoraba por dónde podía salirme aquella fiera...
     CONTINUARÁ MAÑANA


 LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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Post/post: como decía, pondré solo un capítulo, que despierte de curiosidad el alma de las masas lectoras hacia el Mío Libro, y me lo compren. Solo inserta en la totalidad de la obra cobra su realce y significación, creo, este episodio. Gracias a CLAVE, a MAMUMA, a Andrés, a Mateo, a Mónica, a Winnie0, a Chela, a Zambullida por comentarme, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Ya empezamos mal (Fragmento del Mío Libro)


     
      Ya empezamos mal. Yo no había mirado la hora que era y luego comprendí que, cuando traspasé el umbral de Mari Gloria Peluquería Unisex, la tía aquella estaba deseando cerrar. Y a santo de qué iba a mirar yo el reloj, si para mí el tiempo sólo era una montaña de plomo sobre mis espaldas vencidas por tu desdén. “¿Qué quería?”, me ametralló una anchurosa rubia con bata blanca que acababa de chasquear la lengua allá abajo. Fue como si a la vez también me lo preguntaras tú, aunque no estabas allí. ¿Que qué quería? Sólo que te gustara lo que escribo, tan sólo eso. Había sobrevivido a las navidades hibernando en mi cubil, como un osezno enfurruñado con la Humanidad, lleno de los peores deseos, como si pudiera así ignorarlo todo. Yo llamaba todo a tu rechazo.
     
     -¿Y tiene que ser ahora? 
     -Pues claro, señora, sólo son las dos menos cuarto. 

    Creo que abrí demasiado los brazos, que lo dije un poco rígido. Lo que pretendió ser ofrenda de paz resultó amarga gasolina que avivó la discordia. 
     -Al dos es muy corto, se lo aviso, ¿ha visto las caras que se les quedan? ,me insistió la peluquera. 
     -Tranquila señora, ¿dónde le tengo que firmar el consentimiento? Nadie le pedirá cuentas por el crimen, respondí. 
   
   “Baje de una vez” me ordenó aquella recia gobernanta, que parecía llevar sobre la cabeza una no muy limpia escarola, tintada de un amarillo estrepitoso que quiso ser oro y se quedó en paella achicharrada.
     
    No conseguía escribir cosas que te entusiasmaran, que disfrutaras leyéndolas en voz alta sin contrariedad. Algo mío en el escapulario de tus labios. Algo que releyeras también más tarde, en algún rincón apartado de tu casa,  que se pegara a tu piel como un tatuaje marinero, que penetrara en tu cerebro para no salir ya nunca más, como sólo lo hacen la música que de verdad nos gusta y algunos recuerdos infantiles. Algo que  me recitaras de frente algún día. Si no te gustaba ni siquiera a ti, cómo les iba a gustar a los demás. 
   
     Pero ahora estaba allí, en el umbral de Mari Gloria Peluquería Unisex, y un poco aturdido por el ozono pino, que era el medio ambiente que reinaba, y por la canción de Camilo Sesto que en ese momento sonó y que casi me hipnotizaba –el amor de mi vida has sido tú, qué bonita- bueno y también porque tras mi fracaso contigo todo me daba un poco lo mismo, y raparme al dos era sólo eso, hacerme un poco más de daño, el caso es que descendí para poner mi cabeza en las manos de aquella rolliza Dalila del hondo sur alcorconero... CONTINUARÁ MAÑANA




Post/post: con permiso de los 12+1 que compraron ya mi libro, como si fuera un Escritor consagrado voy a poner un capítulo de mi libro, para que quien por aquí pase pueda hacerse una idea de lo que le espera, GRACIAS a cada uno de vosotros por darle sentido a mi blog.



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lunes, 26 de noviembre de 2012

Por qué autoedité mi novela


   
   Durante mucho tiempo pensé, José Antonio, si lo que escribes no le gusta a las editoriales, es decir, a los que entienden de esto, desengáñate, es que no vale. ¿Para qué entonces imponer con el poder de tu dinero –por limitado y obtenido de tu trabajo que sea- la existencia de algo fútil? ¿No sería el hacerlo la mejor prueba de una soberbia arrogancia fuera de lo común? Tardé sobre todo demasiado tiempo en comprender la perfecta estupidez de pensar así.
  
   Nunca como ahora, creo, la suerte de un libro –de un producto artístico cualquiera- más que de su valor intrínseco depende de que tengas la potra de que Ronaldo o Pérez Reverte te guiñen un ojo. Pasa en ese mismo instante la más tétrica invisibilidad a centellear de éxito y oportunidad por todo el orbe. Nada ahora se va haciendo. Es o no es. Parménides derrota a Heráclito en este extraño tiempo de celebrities.
    
   Veía las toneladas de excrementicias publicaciones que a todo lujo casi a diario se imprimen y me llenaba de una desazón inconsolable. Envié distintos tomos de relatos a diez o doce editoriales, grandes, regulares y menestrales. Suficiente, con esa amarga medicina tuve ya bastante. Detesto dar la barrila. Qué curioso resulta el mundillo de la Literatura. Los supuestos dominios sagrados del quehacer humanista, ocupados a menudo en sus puestos estratégicos –ejecutivos- por idealistas filántropos con la boca llena de la insobornable defensa de los valores humanos… ni siquiera se dignan contestarte. Perdón, señores literatos de las editoriales, pero en el bingo de mi barrio no se trata así a nadie.     
        
   Ese cruel silencio, peor mil veces que un portazo en las narices, fue para mí humillante durante mucho tiempo. El blog me dio entonces el mínimo vuelo necesario para poco a poco ir creyendo en mí y en lo mío. Sigo siendo nada, sí, pero una nada con ínfulas, -entiéndeme-  y ya no les reconozco a las editoriales autoridad alguna para decidir sobre la calidad de lo que yo hago. Se lo digo a las claras: buena parte de lo que publicitan es pura ful de Estambul. Y mi libro algo vale, estoy bien seguro.
     
   Pueden darse mil carambolas, desde luego, y no hago yo de mi caso regla general por más que sea la estricta verdad mía,  pero siendo nada, sin contacto alguno, sin tiempo ni ganas ni carácter para hacerle la rosca a los fantasmas de ese negociado, qué mejor entonces que al menos por mi cuenta intentarlo, arriesgar uno –pequeño héroe en este tiempo de crisis tan pavorosa- los propios cuartos y dar luz de libro verdadero a lo tuyo, y en lo que crees a muerte, hasta tenerlo entre las manos. Y en éstas estamos.




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domingo, 25 de noviembre de 2012

Un libro íntimo, una mano tendida



     
     Porque a mí parecer un libro íntimo, no tanto porque nos revele interioridades escabrosas, sino porque sobre todo consiga con desnudez hablarnos como al oído de los paisajes esenciales del alma de quien lo escribió, es también uno de los más acabados símbolos por los que alguien ofrece al Otro –a quien físicamente no tiene delante, al que de otra forma difícilmente podría hacerlo- la propia mano. Esto soy. En estas historias –no en un discurso, sino con destreza encarnadas en personajes vivos a los que les ocurren cosas, a quienes sorprenden los avatares amargos o alegres de la vida- late la urdimbre sentimental que hasta aquí me trajo.  Quiero ponerlas en común contigo. Quiero revivirlas a tu lado. Puede que te reconozcas también en ellas. Aquí tienes mi mano, tómala. Estréchala. Entrelaza la tuya con la mía.    



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)



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sábado, 24 de noviembre de 2012

Historia de dos libros



   Azar o necesidad, a la vez que mi libro, el de Jorge Javier Vázquez, estelar presentador de Tele5 (y muchos otros también, ya, pero para el maniqueo simbólico que quiero hoy levantar quizás es el que más al pelo me viene). Dos libros nacen pues al mundo. Si fuéramos aficionados a esas estrepitosas construcciones dicotómicas tan caras a muchos izquierdistas (los Ricos y los Pobres, el Bien y el Mal, los de Arriba y los de Abajo), qué no cabría decir aquí. Algún escritor con garra podría incluso, a lo Dickens, enhebrar en otro vibrante tomo la paralela historia de ambos libros, su nacimiento, desarrollo y muerte, las circunstancias que a ambos envuelven,  simbolizando solo en ellos dos miles de similares casos.
      
     No, no reclamo nada. Es sólo que luego me hace gracia cuando se pone Jorge Javier redentorista y justiciero en prime time. Alegrémonos pues el día, hombre. Veamos: a JJ se lo publica Planeta, y un Señor de su caché por fuerza ha de haberlo dejado caer también aquí. El mío me lo he autoeditado yo, y un piernas como el muá a lo que más aspira es a no perder pasta en la aventura. Del parto de JJ retumbaron ecos de sociedad hasta en las peladas cimas del Annapurna. Del mío, a base de dar y dar yo la tabarra, -que alguna vez me han de mandar al cuerno, lo sé-  me han felicitado no más de dos docenas de muy piadosas gentes.
      
     Contaban los cronistas de la cosa que en la mañana del sábado 17 del corriente, a pesar del huraño cielo con que se presentaba el día, una cola de sufridos ciudadanos rodeaba las inmediaciones del madrileño Corte Inglés –la metrópoli del capitalismo, sí- con horas de antelación incluso a la llegada del Autor, para que se diera así inicio a la tradicional ceremonia de la firma de ejemplares. En fin, después de escribirles yo hasta a mis amigos del parvulario, lleva el muá colocados 12+1 ejemplares de su Bobo con ínfulasJJ se ha explayado a gusto –y muy emocionadamente- en su principalísimo Programa acerca de su rorro, mientras el resto del elenco hacíanle alrededor la ola. Bueno el muá un poco lo mismo, pero en la covacha de su blog. En fin JJ es el estandarte del pensamiento más avanzado, solidario y progresista, mientras en mí solo se agolpa el estéril resentimiento de un faccioso.
    
     A pesar de todas estas estratosféricas condiciones desiguales –la vida es así, no la he inventado yo- lo grandioso de la Literatura es que ante el folio en blanco, ante la pantalla del ordenata, JJ y yo –y tú, lector, que lees esto, y todo quisque- somos en esencia iguales y unos similares demonios internos nos empujan desde dentro a conjurarlos en el vértigo y en la zozobra de la escritura. Lo que luego salga, lo que se aprecie, hasta donde llegue, eso es ya… otra historia.
      La de Dickens –su monumental Historia de dos ciudades- empezaba así –y parece que hoy mismo nos hablara-: “Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos. Es la edad de la sabiduría y también de la locura. Es la época de la fe y también de la incredulidad, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Lo tenemos todo pero no somos dueños de nada. Osti, tú, JJ, ¿por qué no aprendemos los dos a escribir sólo un poquito como Dickens?


Post/post: gracias a Winnie0, a Mónica, a Zorrete Robert, por sus palabras de ánimo que tanto estimo, por bloggear a mi lado ayer, GRACIAS.

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viernes, 23 de noviembre de 2012

El correo que ayer me llegó


    
    De sobra sé que resulta algo presuntuoso el hacerlo, y que un Escritor de los Consagrados, aunque fuera un millón de veces más fatuo que uno, ni por asomo descendería al penoso valle de estas confesiones, pero habrás de disculpar, lector, una vez más, que la discreta vanidad de este fracasati se revista por hoy de un muy legítimo orgullo. Y es porque me ha llegado una carta… preciosa.
      
   Viene de alguien, Esmeralda reza su nombre, a quien de nada conozco. Quizás por eso mismo sea, aunque sobre todo es por lo que el inesperado regalo de su insólito contenido me deja. Alguien que compra tu libro, que lo lee y que se molesta en escribirte su entusiasmado parecer. Es difícil que vuelva a sucumbir a la gozosa tentación de poner algo parecido aquí, pues es un poco –mea culpa- como si uno a sí mismo se besara, pero es que la oscurísima existencia de los anónimos escritores, a quienes el más mínimo reflejo de gloria literaria les está vedada, que sólo conocen el desahucio editorial, anda vitalmente necesitada de estas mínimas concesiones al sentimiento, que son rubios rayos de sol en las cercanías del Invierno, vivificantes como el tesoro soñado en la mente ilusionada de un niño.
      Aquí la dejo –muchas gracias, Esmeralda- y te pido para ella, lector, el mismo respeto que para cada uno de nosotros exigimos:
    
   Estimado don Josean!

Me he terminado su libro! (Digamos que, lamentablemente, tengo demasiado tiempo libre...)

Bueno, qué decirle del suyo libro? no soy nadie... pero este nadie se ha MUERTO de risa, para empezar. Tanto que a veces me planteaba si estaba bien que me riera tanto de la desgracia ajena. Pero no me puede negar que usted es el primero, evidentemente, que se ríe... y eso que no tiene sentido del humor!

El último capítulo es para enmarcar. Creo que es la primera vez en mi vida que me río con carcajadas sonoras leyendo un libro, jajajajjaa. Es brillante.

Al margen, por supuesto, de esos trazos de belleza extrema que usted maneja de forma tan natural. En su libro, he viajado con usted en la alegría, la soledad, la tristeza, el amor y el humor. En su forma de ver la vida, como hombre (aunque heme aquí escandalizada con algunos fragmentos, no aptos para señoritas like me, jeje), como niño, y como adulto que se ríe de su sombra y se soporta.

Enhorabuena, de verdad.

Un abrazo enoooorme!





    
(Y bueno, que van ya 12+1 ejemplares vendidos, y a todos nos queda ya menos para el fiestorro de la celebration)



Post/post: gracias a Juante, a Winnie0, a CLAVE, a Ruth Bermo, a Bucan, a Mateo, a El Fugitivo, a Jaime, a Mónica, a Cesar 

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jueves, 22 de noviembre de 2012

¿Y por qué en forma de libro/libro?


     
 De manera deliberada elegí para Mío Libro la forma, para mí sagrada, de libro impreso. Sé que el libro electrónico, como ahora la razón económica impone, está muy en boga. Sé que la diferencia de precio es considerable, y que eso mismo ahuyenta a mucha gente del libro impreso, y que ello es muy comprensible. Sé también que no es desdeñable el motivo generacional que a los más jóvenes atrae hacia el libro electrónico, y que todo este conjunto de causas puede alejar a muchas personas de acercarse a mi libro. Sin embargo, desde el momento mismo en que soñé escribir este libro, obstinadamente me lo representé en forma de, para mí, libro/libro. Otro libro no lo sé, pero estas Historias de un bobo con ínfulas por fuerza tenían que necesariamente adquirir la forma de libro impreso. Porque son demasiado valiosas para mí, porque son un trozo real mío, porque quiero que ocupen un espacio de verdad en la casa de alguien, como lo ocupan en mi corazón. Ya lo escribí en otra ocasión, y con más motivo ahora, deseo de nuevo explicitarlo.
      
   ¿Y no es eso, se dirá alguien, la confesión de una íntima insatisfacción hacia el soporte de las pantallas?  No lo sé; el blog es lo que tengo. ¿De dónde esa predilección por el objeto físico concreto que convencionalmente llamamos libro? De razones en parte generacionales, es seguro, y de otras de índole personal.
   Soy algo tarra ya, yes, y no acabo de asimilar del todo en las entendederas esta zarabanda fantasmal del Internete. Tengo la sensación cada mañana de esparcir hacia no sé donde ni siquiera agua, poco más que un puñado de polvo en el Viento, dust in the wind, eso. Como si perpetrara algo irreal, no del todo verdadero entonces, como si fuera uno no sólo un escribano fracasati, espectral además, por si lo anterior fuese poco.
    
   Amo los libros, su simple factura de producto real, tangible y acabado, indiscutible. Siempre me ha encantado tener entre las manos los libros que más he venerado, llevarlos conmigo, estrecharlos junto al pecho y gastarlos con el trajín de mis dedos, manosearlos, subrayarlos, pasar sus páginas, acariciarles el lomo, recorrer con las yemas su portada, aviejarlos conmigo. Creo apresar mejor así el propio alma de quien lo escribió, como si con el objeto libro se sustanciara la misma.
    Cualquiera  de esos libros escogidos pasa a ser así la propia extensión física de uno mismo, el mix y la unión que uno hace entre la persona del escritor admirado y la propia, esa simbiosis mágica entre lo que te da y lo que tú le pones a una obra, que se materializa en el roce con el libro, que conserva así el tacto y las huellas dactilares de quien lo lee, y lo vive, latentes entre sus hojas, y como tales los aprecia. “Tengo entre las manos…”, casi sin darnos cuenta decimos de un asunto que en verdad nos conmociona.
 
    Imposible en cambio abrazar la fría pantalla que soporta un blog. Pues la querencia por el libro es prueba también de la especial predilección que siente uno hacia el sentido del tacto, como si las cosas que más nos entusiasman, sí, nos pasaran primero a través de los ojos, claro, pero la prueba del nueve de la auténtica confirmación de su valía ha de pasar por el fielato del tacto y del contacto al acariciarlos, al acunarlos y hacerlos así un poco nuestros, cautivos  entre las amapolas de las manos.


Post/post: gracias a Winnie0, a Juante, a Napo, a Antonio, a Sergio Galmés, a Dessjuest, a El Fugitivo por colaborar conmigo, por bloggear a mi lado ayer, GRACIAS.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tenía tanto que contarte


     

     Encontrarás en mi libro, lector, humor y amor, alegrías y tristezas, encuentros y desencuentros, presente y pasado, trozos de vida al acecho, un cuarentón abandonado, discotecas dudosas, fatales mujeres, rollizas peluqueras, un sofá misterioso y abrazador, un cartel de Comisiones, un buzón en el que ya no figura tu nombre, la dentadura perfecta de Burt Lancaster, el fiasco de una noche de verano, una chinita que hace como que toca el violonchelo en el metro, una niña que juega en el patio a la rayuela mientras otro niño la observa tras las cortinas y un tercero  enchufa triples como un descosido, lo que entre ellos tres sucede, una tía y su sobrino en la sagrada edad de la iniciación erótica de éste, Nocheviejas agridulces, risas y humo, ginebra y música, un amigo fiel, una mujer solitaria, otra mujer bella y propagandista, los malentendidos en que consiste a veces la existencia, alguien del pasado que reaparece para bien y para mal, un héroe local, el lío de un sms enviado por error, unas navidades tristes, una Venecia imaginaria, un vikingo fenomenal, la fuerza del sol, la memoria de la emigración, un juego de dardos al límite, un padre y un hijo paseantes y ofuscados, un ascensor y una comunidad de vecinos estrafalarios, una patata frita elevada hacia el Cielo como una hostia, un cumpleaños insólito cantando a lo Sabina entre polacos, todo eso, como un baúl de la Piquer muy revuelto, como un arca de Noé para  el diluvio sentimental del protagonista, de este Armando que  está, en efecto desármandose y rearmándose al paso duro de los días, tras la estela todo de su particular sensibilidad… todo eso y más, lector, y cuantas cosas compartiremos como un secreto, entregándonos a través del libro lo que tenemos, tanto amor y desamor que tenía yo guardado para ti; todo eso en mi libro hallarás, lector. 


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)


  

Post/post: gracias a Bucan, a Sinretorno, a Carlos, a El Fugitivo, a Juante, a CLAVE, a Napo, a Zorrete Robert, a Antonio José, a Laura Caro, a Zorro, a Xad Mar, por su inmensa generosidad conmigo. Estoy muy contento y muy emocionado -de verdad- por contar con el apoyo y el cariño de personas como vosotros, a quienes sólo conozco de leídas cibernéticas -con la excepción del nobilísimo Zorro, compi de taller literario, a quien no veo desde hace cuántos años, y que me ha seguido como la gran persona que es en mi blog-. Os informaré de como van las ventas y me comprometo ya a si obtengo beneficio con mi libro -cosa improbable al 99%, y admito por supuesto sugerencias todas- a invitar a todos los que puedan acudir de los que me siguen a un fiestorro de bebidas y tapas en alguna tasca de los madriles. GRACIAS de corazón. 

martes, 20 de noviembre de 2012

Bueno, vale, pero tu libro de qué va


     
   Me preguntaban ayer, “bueno, vale, ¿pero tu libro de qué va?”. Me hubiera gustado contestar lo de Woody Allen a propósito de “Guerra y Paz”: “Va de Rusia”. Decirle yo a esa persona: “Va de las ilusiones”. Pero esos lujos le están vedados al bloguero anónimo que va por los ríos desbordados del Twitter mendigando aquí y allá su desconocida mercancía.
     
    Tuve entonces que pensarlo. Mi libro cuenta la historia de un cuarentón al que su mujer le señala la puerta de salida de la casa. Descubre entonces su minusvalía emocional. De cuanto le ocurre después, cuando ha de salir al mundo, ajeno y anchísimo, para superar su zozobra, para engañar a su desconcierto. De lo duro que se le hace ese aprendizaje elemental de la supervivencia afectiva. De cómo hallará en la propia escritura, a trancas y barrancas, la brújula que le permita hallar al cabo una imagen aceptable de sí mismo, y levantar así el muro de la obturación interna que le impide ver la belleza y el propio absurdo del mundo y de la vida, que es lo único que tenemos. De eso, de esas ínfulas.
    
     Claro que el Libro Mío es por encima de todo las historias que lo van hilvanando, los sucesivos dibujos –y el temblor que los pespuntea- que conforman el caleidoscopio de esa ilusionada desesperanza. “Vamos, que vienes a contarnos tu vida, básicamente”, me contestaron entonces.
   
    Tuve de nuevo que pensarlo. Sí… pero no. No son unas memorias; es un relato –un haz de ellos- tenso y denso, repleto, creo, de episodios humorísticos, sentimentales, existenciales, absurdos, poéticos si se me permite decirlo.  Además, los efectos microscópicos y telescópicos a la vez que sobre la gris realidad lo literario permite, engrandecen, amplifican y llevan a un plano diferente, transfigurándola, la simple peripecia individual, y es eso lo que posibilita la identificación y el arrastre emocional de quien lee hacia lo que se cuenta. Más la dosis de imaginación, y de rabia y de expresividad que haya sido capaz uno de meterle a las historia que “recrea”.  “Vale, vale”, fue lo que al cabo escuché. Y eso.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)



lunes, 19 de noviembre de 2012

El precio, mi error, mi inmenso error


    
      Nunca pensé escribir la amarga nota de hoy. Decía Machado, en célebre frase mil veces oída, que confunde todo necio valor con precio. ¿Necio? Yo el que más. Cuando acudí el sábado temprano a la oficina de correos, presto a certificar, como hice, mis primeros dos libros ya abonados –para María, para Cesar- y pagué el importe correspondiente, caí entonces en la cuenta de mi error, de mi estúpido error. Me sentí como el famoso torero Cagancho en Almagro –y como Almagro (Nico) anoche en Praga, añado ahora-, del todo abatido.  
     
    ¿Por qué? Porque había calculado el precio de mi libro con los pies. Tenía muy claro que debía ser el mismo siempre bajo, por ser yo un perfecto desconocido y por cómo andan ahora las cosas para todos. Lo dije siempre: con no perder pasta me daba con un pedrusco en mía bocaza. Podría decir ahora que en Correos me engañaron con el precio de lo que cuesta enviar un libro certificado, o que les entendí mal. No sería verdad. Simplemente, por increíble que parezca, olvidé el coste que el propio libro me ha supuesto, 3,5 Euros, del que adelanté al encargarlo la mitad. Total, que aun vendiendo todos los libros por mí encargados –lo que asumo no va a ocurrir- perdería dinero.
   
     Joooder, pensé, ¿y ahora que hago?... Pues contarlo. Es la verdad. Me equivoqué y pido perdón. El precio del libro es desde hoy por todo ello de 15 Euros. Por supuesto, a cuántos me habían manifestado ya su intención de adquirirlo les costará doce, y muy agradecido a ellos que para siempre quedo. Si siempre es odioso hablar de dinero, en este caso para mí especialmente lo es, confío en que me comprendas. Cometí un penoso error de cálculo y lo lamento. Para mí es  motivo para odiarme un poco más.
     
    Ya comprendo que podrá cada uno ahora pensar lo que quiera, y estará en su derecho. Con mayor motivo en los fragilísimos dominios del internet, donde tanto cuesta ganar la confianza de las personas que no te conocen, y donde con tan facilidad, al mínimo traspié, la puedes perder. Si no he conseguido con mi blog obtener tu confianza en cuanto a mi persona, es que entonces no sirve este para nada. No hablo de comprar o no mi jodido libro. Comprendo que es horrible en literatura iniciarse así. Mi pequeño desastre que hoy expongo me servirá, claro, para engordar mi propia leyenda de fracasati, y qué se le va a hacer. Los poetastros, algunos al menos, así de desastrosos somos.
    Esa es mi verdad lector, tómala o no, tú veras. Me siento lleno de amargura, por culpa de mi error. Sólo un resto de convicción me mantiene en pie: nada se me ha subido a la cabeza, todo lo contrario, si te aseguro, lector, que mi libro de sobra vale esos quince putos euros. Y pido tu perdón por mi estúpido error.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)




Post/post: gracias a Campurriana, a Hawai05, a CLAVE, a Napo -gracias por la historia que escribes,así es la vida-, a Winnie0, a SergioDS, a Laura Caro, por bloggear a mi lado ayer, GRACIAS.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Invocación de Umbral y de Enrique Urquijo



     

   Claro, y por qué no invocar en auxilio de mi libro, tan vivito y coleando ahora, a los mejores de entre los ya muertos. Que sean ellos, allá donde se encuentren, vivos en mí que tanto los llevo dentro, quienes soplen a favor del balandrucho mío, que porfíen con el duende de su genio porque no se desguace mi barca contra las abruptas rocas de la incomprensión y el silencio. Quizás me procuren ellos la Fortuna que los ilustres vivos no quisieron concederme. Francisco Umbral y Enrique Urquijo, ellos serán quienes desde las alturas de su talento auspicien y amparen lo mío, quienes, por mía elección, le escribirán su prólogo invisible al esquife en el que persevera entre el agua fría mi llama atormentada, los que animarán su impulso y le harán perder el respeto a la ley severa del anonimato. 
    
     Cuántas veces se habrá comprendido mal el célebre “yo he venido aquí a hablar de mi libro” del grandioso escritor que fue Umbral. ¿Y de qué carajo piensan que desea hablar un escritor verdadero con su criatura recién nacida todavía entre las manos? ¿Qué se piensan que es un libro para un genuino cultivador de las palabras? La extensión misma de su persona, su fruto vivo, la encarnación de sus desvelos. Al margen de aspectos más discutibles de su “personaje” lo que queda –y con qué fuerza-  para mí de Umbral es la maravilla y la destreza expresiva de su escritura en sus libros más íntimos, el manantial en el que bebió uno hasta saciarse y de cuya lectura salió uno nuevo, prendado de toda la hermosura –también el dolor- que cabe en el mundo y que antes había sido incapaz de ver. Le leí varias veces en distintas partes esa frase para mí definitiva –que quizás no sea suya- que proclama que hay más belleza en la vida de la que somos capaces de resistir.
    
     ¿Y Enrique Urquijo, el compositor y cantante de Los Secretos, me dirás? Porque sueño con que mi libro sea música y se pueda volver a él sin fatiga, de la misma forma que tarareamos mil veces gozosos las melodías que nos arrebatan. Y él era –y es- uno de mis favoritos, y su voz tan peculiar, velada y como arrastrada en melismas y pedruscos de tristeza, la voz que imaginas a ciegas en un niño Rico a la vez apaleado por la vida como un perro, se alojó para siempre en lo profundo de mi sensibilidad. Y de entre todas sus canciones quizás ésta, “No digas que no”, con sus acordes tan desolados como logrados, sea la que más admiro: “No soy el mejor, eso está muy claro… no digas que no… estoy en tus manos”.
     Francisco Umbral y Enrique Urquijo, en la discreta covacha de este blog quedáis invocados, y yo os encomiendo que mano a mano veléis la singladura de “Las Historias de un Bobo con Ínfulas”. Sea. Y gracias.

Post/post: gracias a Tamara, CLAVE, Bucan, a Winnie0, a Zorrete Robert, a BEGO por su impagable ayuda y aliento, por bloggear a mi lado ayer, GRACIAS.

LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 12 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)


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sábado, 17 de noviembre de 2012

La cara B de mi libro





 (Quería aquí reproducirla, pero como no tengo ni zorra de cómo descargarla, no he sido capaz de hacerlo. Bueno, amplía sólo la extensión del paisaje otoñal de la portada, tan chulo para mí, que lo elegí.) Y en la que puede leerse, entresacada del Mío Libro con intención de llamar a su completa lectura, la siguiente exégesis:

“Hace tiempo le dije eso a una chica que llevaba un piercing en el labio inferior en una discoteca rara –a qué sitios tiene uno que ir- le dije, mira, yo no tengo sentido del humor… sólo tengo sentido del Amor. Quería impresionarla con esa chorradita elemental… Como si hoy las palabras pudiesen impresionar a alguien. La chica hizo una mueca de espanto y se largó al trote. Debió pensar de mí sin duda que era un sátiro.”



(Ya me disculparás, lector, que dedique los próximos días en el blog a dar un poco la brasa cibernética con el Mío Libro, esto es, a esforzarme por hacerle ver al mundo entero –je,jé- la maravilla que el mismo atesora. Creo honradamente además que no podría hacer algo mejor, algo en lo que pudiera poner yo mejor voluntad e intención. También porque, la verdad, es que necesito como sea difundir su buena nueva: precisa el bloguero anónimo, sin contactos ni padrinos editoriales algunos, acercar hasta donde pueda, a riesgo de resultar cansino –cosa que detesto- su mercancía, su obra, el fragmento vivo de su vida, en la esperanza al menos de no palmar pasta en la discreta aventura que el libro de un don nadie conlleva. Así es que, lector, recibe mis disculpas de antemano. También te digo que no por ello, si por aquí pasas, te habrás de aburrir. Ven y verás.)   




Post/post: gracias a cada uno de vosotros por ayudarme, especiales, claro, para quienes me han manifestado su voluntad de comprar mi libro, a los que jamás olvidaré. Gracias a Mateo, a Dessjuest, a Hawai05, a Zorrete Robert, a Juante, a Jinquer, a Mónica, a Winnie0, a Cesar, a Sonja, a CLAVE, a Napo, a George Orwell, a Jaime, a posodo, a Carolus, a Fran, a Xad Mar, a Zorro (que casi consigue hacerme llorar) , a Andrés Ruiz -no he recibido el correo que me anuncias, plis-, a todos GRACIAS.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 12 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)


viernes, 16 de noviembre de 2012

Que viene, que viene... (¡El Mío Libro!)



  
    De repente un timbrazo. Quién coño será ahora. Abandono el notebook. Abro la puerta. Un señor fuertote, de mediana edad, con gabán pardo, barba desigual y una gorra azul en la cabeza, con borla y todo. Trae un gesto neutro en la cara y una voz algo ronca. En Navidades podría hacer de  Papá Noel, pero ahora es sólo un adusto transportista. “Traía aquí unas cajas”. No caigo. Me extiende una hojita amarillenta… Hostias pedrín que ya está aquí, barrunto. Empieza a brincarme el corazón. El pulso se me dispara, claro, el habla se me acelera, mi cuerpo se convulsiona como el de una parturienta primeriza, sí. “Eh, eh, si, si, sí, es aquí, es aquí… vaya dejándolas ahí”. El tío me mira raro. Se rasca el cogote por encima del gorro azul. Casi seguro que piensa: “¿y a este menda qué le pasa? Suspira: “Voy viniendo”, me dice. Se vuelve hacia la furgo, que la tiene algo alejada de allí. “Mi libro”, me repito por dentro, como el ET en la peli aquella. Al fin. Sólo que el transportista tarda demasiado. Veo que se ha metido en el interior de la furgo, dentro de aquella boca oscura, como si se adentrara en la Caverna Platónica, a rescatar de entre sus muros rezumantes las más puras Ideas. ¿Y si allí un extraño alien le hubiese devorado en tan para mí crítico momento, en el mismo en que se materializan mis más fervientes sueños? Es que no sale, joder. Bueno, al fin de un torpe salto se proyecta el auriga al exterior. Coloca el carro al borde de la puerta y va dejando caer, como si apilara sacos de cemento, unas cajas contra otras. “Ten cuidado, mastuerzo hideputa”, le grito yo a distancia, pero para mis adentros, claro. Son mis libros, joder, son mis libros. Tampoco son tantas cajas. Hace rodar al cabo el carro, que viene ya hacia mí. Qué momento. Ha asomado justo entonces su carita rubia el tímido sol de noviembre entre las nubes matinales, esa gracia impagable, como si alguien quisiese que fuese  todo perfecto. “Sí, déjelas ahí, por favor”. Las arrastra con los pies delante de mis narices, como si llevaran dentro melones, antes de volver a lanzarlas unas sobre otras contra la pared. Mis libros. Le hubiese de buena gana propinado una patada en el trasero a mi particular Papá Noel, pero me vence más el deseo –cómo me retumba el corazón- de que de una santa vez desaparezca de mi vista. “Me firma aquí”.  Increíble, porque me sale un garabato histérico que ni yo mismo reconozco. Se larga al fin Papá Noel con viento fresco, de vuelta a su platónica covacha. Solo ya ante las cinco cajas. Por inverosímil que a mí mismo me parezca, antes de nada, forcejeo por sostenerlas entre mis debiluchos brazos. ¡Por un instante lo consigo! Las suelto. Abro la de arriba y… voilá, como el bebé más maravilloso del mundo, se me aparece allí mi libro... Se detiene el tiempo… Contemplo su portada tan solo…qué color más bonito tiene… es precioso. Con delicadeza suma le tomo entre mis manos, le olfateo los lomos acres, acaricio su cuché entre las yemas de mis dedos. Le beso, sí, yo le beso.


“LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS”, 154 pgs, formato de 210x150mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 12 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Interesados en adquirirlo, por favor, escribidme a josemp1961@yahoo.es

“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)  
GRACIAS a cada uno de vosotros.


jueves, 15 de noviembre de 2012

El Jefe de la CIA, su mujer y otras cosas de meter




   Tras la primorosa declaración pública de amor de Obama a su mujer en la celebración de la victoria electoral (“No sería el hombre que hoy soy sin la mujer que quiso casarse conmigo.  Michelle, nunca te he querido más ni me he sentido más orgulloso que al ver al resto de los Estados Unidos enamorado de ti”),  que de alguna forma lo vincularía a las “bárbaras” palabras de Boadella que el otro día espolvoreábamos aquí –excepcionales hombres de teatro ambos- , el revelado lío del generalote americano Petraeus, nada menos que ex –jefe de la CÍA, con su hatajo de suripantas, nos devuelve de bruces al Sálvame nuestro de cada día en este Reinado de la Mugre
     
   Es por un lado la historieta más vieja del mundo: tío de 60 años, casado y en prominente puesto de Poder; arribista tiparraca de 40 tacos y de buen ver, casada también, que con la excusa de querer hacerle una biografía lo que le hace es… casi una biopsia. Vamos, que se le arrima, le roza un par de veces como el que no quiere la cosa los pechos contra la espalda y… tiarrón que muerde el polvo. Aparecen luego en el cacao más rabizas, y más generalotes salidotes, pero the essential ahí está, como la Puerta de Alcalá.
    
   Esas armas letales de algunas mujeres fatales y esa vulnerabilidad extrema de todo varón que se precie de serlo. Qué patéticos monigotes debemos resultar los tíos, vistos desde el punto de vista supremo de estas sabias hurgamanderas. Ya se sabe, el sexo, tan fascinante, que diría Elisa Beni, bueno no, que ella me diría que es que se lo pasan de cuyóns y tal. ¿El que haya por medio cónyuges traicionados y acaso sufrientes? Bah, resabios moralistas del conservadurismo más caduco. Bah, pelillos a la mar de la post-modernidad, bizarras pleitesías a lo que Tom Wolfe llamaba “la marea del Sexo”, auténtica divinidad de nuestra Era ante la que todos nos postramos. Hablamos de sexo, claro, pues a ningún sentimiento hondo, de esos que engrandecen a las personas, arribamos tras estas vulgares historietas. Descubierto el fregao,  sin dignidad ni grandeza alguna, cada figurante escapa por su lado, y si te he visto… maldita sea la hora.
     
   Claro, si uno de los generales más laureados del ejército de EE UU, si la principal cabeza de los servicios secretos más poderosos del Planeta, con toda su ejemplarísima trayectoria a la espalda, con las ingentes capacidades de autodominio y de madurez emocional que la crucial responsabilidad de su puesto le requiere y exige, resbala y hoza, a las sesenta castañas, en ese banal lodazal, entonces… es que los del Sálvame cada tarde tienen razón y son ellos los mejores cronistas de estos tiempos bajos y desdichados en los que está ya todo y del todo perdido. 
  
    (Y MAÑANA, fiel lector, mientras el mundo a nuestro alrededor pareciera derrumbarse,  como para Armstrong aquel día en la Luna, como para Félix Baumgartner en el espacio interestelar ayer, mucho, mucho más que para el general Petraeus con su hetaira en su  punto G, ha de ser para mí un gran día. Y creo que a estas alturas del blog, tú ya sabes por qué. Ven, anda. Gracias a todos y a cada uno de vosotros, amigos)