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miércoles, 31 de julio de 2013

Historia del Abuelo chisposo que a Princesa Leticia abochornaba



   Es una escena deliciosa. La cuenta en su libro el primo felón, y si non e vera, como pocas merece ser pero que bien trovata. Ocurrió en Palacio, en el Palacio Real por todo lo alto engalanado, con ocasión de las nupcias que al Príncipe Felipe y a Leticia Ortiz en real matrimonio unieron. Presentes allí, de un lado, las egregias criaturas de todas las dinastías reinantes europeas, incluso de las no reinantes, el Gotha de la rococó Aristocracia universal en tiros largos, esa merdé del abolengo y de la sangre azul envuelta en el frufrú de sus carísimas sedas y afeites, y del otro, el menestral puñado de los Ortiz Rocasolano, qué pasa.
   
   Preocupaba al parecer mucho a Princesa Leticia, delante de tan refinadas y principales presencias, un derrape protocolario de alguno de los suyos, por qué. Con femenina intuición centraba la Princesa su inquietud en el abuelo Paco, taxista de noble profesión -pues no hay título en la vida que más alta dignidad conceda al hombre que el recto y perseverante trabajo-, hombre afable y rumboso, inclinado, eso sí, con ocasión de los ágapes, y de las bebidas espirituosas que a los mismos se asocian, a la naturales expansiones a que la franca bonhomía del pueblo llano y trabajador en esas situaciones propende, sólo que… ¡ante tanta vizcondesa!
  
   Aleccionó Leticia al abuelo. Prometió éste a su nieta, con algo de tristeza asomada ya al noble y entrecano rostro plebeyo, que nada de él debería temer. Encargó además Leticia, que no debía ni así tenerlas todas consigo, a su primo, ese palomino luego traidor, que estrechamente vigilara en el convite al abuelo Paco.
     
   La ropa de estreno, la luz deslumbrante de esas arañas palaciegas, la alegría que todo casamiento disipa, no digamos si se trata el de la propia nieta tan querida, las viandas soberbias e innúmeras del real banquete, la calidad afrutada de los vinos tan variados, la obsequiosidad maliciosa de los camareros reales venga a llenarte la copa, todo eso junto a la altura de los postres hizo inútil el ideal propósito de autodominio en el abuelo Paco. Además, el primo palomino, como en un anticipo de su traición, puede que secretamente regodeándose el muy, rehusó su encomendada misión de celador y dejó al abuelo Paco al pairo de sus efluvios vitivinícolas.
  
   Lo bueno habría de venir al son de la música y con la liberación que el baile procura, cómo no. El abuelo Paco, aflojado ya un punto el corbatón, sólo un poco achispado, lanzóse raudo a la pista de baile. Es fácil imaginarle las trazas berlanguianas, a lo López Vázquez, como un Quique Camoiras desmelenado, natural producto del pueblo trabajador español, las piernas algo arqueadas por tanta patada echada, su frenesí entre aquella pléyade de ociosas y aburridas marquesonas, repintadas como monas de diseño, emperifolladas como rosas de pitiminí y plexiglás.
  
   In vino véritas, se dirá, y la verdad, en viendo todas aquellas ricashembras tan a la mano, puede que al abuelo Paco, es natural también, otros apetitos verdaderos se le encabritaran. Sugiere el primo lechuguino que a cuantas condesas, baronesas y vizcondesas allí lucían título y palmito, a todas el abuelo Paco piropeaba y casi pellizcaba, a todas los tejos con gracejo les lanzaba.
     
   Y asombroso fue que la natural espontaneidad del abuelo Paco a muchas de aquellas marquesonas encantara, y que con su picardía verbenera del bobo amuermamiento las arrancara. Pues foránea princesa una al menos hubo, al decir del primo traidor, que de lo lindo con el abuelo Paco bailoteó, anotando, meticuloso el primo, el libidinoso impulso con que en el lance el abuelo, si con una mano bien contra su cuerpo por donde la espalda termina a la princesa ceñía, por el frente con arrojo le arrimaba la propia yesca a los principescos bajos.
     
   En éstas llegó Princesa Leticia para, con diplomática y televisiva sonrisa en los ojos, al primo por lo bajini susurrarle horrorizada su orden y su enojo, “Tienes que parar esto. Llévate al abuelo a dormir. ¡Ya!”, pues mucho al parecer el despendole que en la pista de baile acontecía a ella abochornaba. Cumplió órdenes el pérfido primo y, mientras el Gran Baile proseguía es fácil también imaginar la pesadumbre y el demudado abatimiento culpable, como de niño castigado en mitad de la fiesta por haber hecho gran trastada, del brazo del primo preso, con que abandonaba cabizbajo el abuelo Paco, con seguridad el más noble ejemplar de todos los allí presentes, las reales estancias en día tan señalado.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

  

martes, 30 de julio de 2013

La juez Alaya, Jodie Foster, El silencio de los reptiles

    



   Investiga la juez Alaya sin mancharse, rosa en el fango, la ciénaga apestosa de un fondo de reptiles, ese fétido chapoteo de saurios mayores y menores. Las primeras entregas hablaban de fiestorros, de gin-tonics, de cocaína, de fulanas, so capa de socialismo. A Juan Lanzas, Ruiz Mateos y Zarrías en el cuadro falso de las lanzas negociando Eres falsos vimos luego, ahí es nada. Envió a mazmorras a unos cuantos de aquellos cocudrulos, que batieron con fuerza las poderosas mandíbulas. Graznó Guerra entonces, escupiéndola un lío sentimental con Zoido. Si Alaya no mira a las cámaras, menos aún miró a Guerra, ese camarero del veneno. Siguió a lo suyo. Bien hecho. Siempre nos la sacan en las teles,  hierática y majestuosa en el porte, arrastrando el maletín de la Justicia al entrar en el juzgado, antes o después de un interrogatorio.
     
   Podíamos sin esfuerzo imaginárnosla, cinéfilos averiados que un poco somos, como a Jodie Foster cuando aquello, tan bien arreglada como siempre ella va, descendiendo las escaleras hasta las sentinas de aquellos calabozos, de aquellas zahúrdas atestadas de oscuros reptiles coruscantes en su cloaca, que despiertan de su letargo y de su barro al oír el descorrer de rejas y cerrojos, al percibir el lejano reflejo también de la luz roja que la Juez consigo trae, su taconeo decidido por las baldosas del lóbrego corredor, las miradas torvas, los susurros acezantes, las difusas imprecaciones, los jadeos ahogados, las pringosas eyecciones que desde la celda le llegan y le alcanzan el rostro, aquel recorrer del sórdido pasillo subterráneo que parece no tener fin hasta llegar a la casilla final, frente a frente ya ante ¿Aníbal Lecter?, no, … ante Magdalena Alvarez, y aquí se nos caía el drama y nos venía la bufa comedia, “ay, con la cabeza que yo tengo”, apuntaba Maleni, y ni aún así a la Juez se le descabala el rostro.

Oiga, que este bloguero ya antes (post de 29-4-12) la cantó. Fiat:

Rosa audaz en medio del desierto
Espiga de grana en el baldío
Mecida por un viento de levante
Que a su paso se serena y enmudece.
Amapola en el estercolero
Cariátide escarlata y pudorosa
Que sin esfuerzo sostuviera la Justicia.
Sílfide tenaz de la pesquisa
Sola en la cueva del chapapote
Candela de sus ojos bajos
Que encabrita a los Polifemos
Clavel de luz en la gruta pringosa
Arquitrabe glorioso de sus hombros
Esa hoguera de claridad que abrasa
Ménsula breve de sus pechos
Artesa florida de su vientre
Música que entre el pelo se le adensa
Palidez que le estalla en belleza
Una dignidad que la hermosea
Aromas de heroína que emergiera
de una borrascosa pintura romántica
Porte majestuoso de mujer
Que no quiere ser un mito
Que solo persigue sin desmayo
El prestigio viejo de la verdad
La gesta de una simple rosa
Que porfía como una niña muy seria

En lo más crudo del desierto.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

lunes, 29 de julio de 2013

¿Nunca más Nunca Mais?

     



  A propósito del espantoso accidente ferroviario de Santiago pronostica Carlos Herrera la reaparición de un nuevo “Nunca mais”. Es un error: no hay elecciones a la vista. De haberlas, por supuesto, haylo. Salvo que pueda extenderse el caso hasta entonces, claro. Esa falta de elecciones a la vista explica, creo, la contención, que es cálculo, de los líderes políticos de la oposición a la Derecha española, culpable y criminal por naturaleza en el imaginario simbólico de una buena mayoría de los que a la publicística se dedican en España. No hace falta que sobrevengan catástrofes para diseminar esa especie, pero cada vez que una de estas ocurre, con más ganas se espolvorea el prejuicio, claro. Ese testigo acusador sólo lo han recogido esta vez tertulianos afines de segundo nivel y el ancho mundo de los amateurs opinantes en las redes sociales.
     
   La idea de fondo es nítida: la culpa del accidente, de los muertos, es de los recortes, es decir, de Rajoy. Algunos andan ya pidiendo, encantados de conocerse,  el Tribunal Internacional de la Haya, el destinado a los Grandes Genocidas, para Rajoy. Claro que si Antonio Gala hablaba en periódico principal simplemente de “pegarle un tiro”, casi habrá que convenir que vamos progresando.
     
   Se tantean las líneas de resistencia que ofrece el Gobierno para entrar a saco: se trata ahora de defender al maquinista, mandado detener por el juez y por la Policía. El maquinista primero dijo “la he jodido”, luego, claro, ante la policía se negó a declarar. Parece que ante el juez ha admitido el hombre una imprudencia, y eso mucho le honra. El sindicato de maquinistas, “elitista, reaccionario, amarillista” cuando a la gente de Progreso conviene, le defiende, y es lógico, y los opinantes antigubernamentales –a Cándido&Toxo, tan dolientes de consuno con el sufrimiento humano, por allí ni se les vió- no le hacen ascos ahora a hacer causa común con ellos. Salvar al soldado Ryan, es decir, al maquinista del Alvia. Si por casualidad fuera éste simpatizante del PP es seguro que las cañas hubiéranse tornado lanzas, que siempre es lo mismo.

     
   Una penúltima consideración sobre las grandes tragedias y los media cabe: la fenomenal prerrogativa con que cuentan los dodecafónicos Grandes Programas de Televisión en este meollo es que, a diferencia de los políticos, que “van a lo suyo”,  se presentan ellos en sociedad con todo el arsenal expresivo que permite la televisión: esa suerte de dolientes y conmovedores videoclips que con músicas, imágenes tratadas y palabras escogidas envueltas y revueltas subsumen en una difusa espiritualidad la catástrofe.  Atiborran los programas de héroes anónimos, de abnegados voluntarios, bomberos, psicólogos, médicos, cruces rojas y demás, a los que solemnemente los Conductores de esos programas rinden homenaje y dan las GRACIAS. Es decir, se nos presentan los media como una suerte de depositarios absolutos y preminentes del Bien Social que ellos detentan y administran desinteresadamente. Y por ósmosis, por contaminación icónica y simbólica, por asociación y aproximación metonímica nos entran casi ganas de abrazar con fuerza a… Jordi González, póngote por caso. 



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

domingo, 28 de julio de 2013

Lo que más (Poessía)




Me encanta ganar el tiempo
buscándote los ojos
pendiente sólo de ese oleaje

Es bonito buscar las pecas de tu cuerpo a ciegas
pepitas de oro alborotadas
por entre tu cuerpo montuno

Y me encanta fabricarle una diadema
con mis dedos
al bosque vivo de tu pelo

Y medir con las yemas sólo
las extensiones inabarcables de tu espalda
que es gualda

Y me pasma el engarce tan sinfónico
con que se unen tus piernas a la cintura
en semielipse de diablura

…hablaría aquí sobre todo de tu nuca
y de cómo elevo con mi mano
la mata toda de tu pelo
y admiro en vilo luego
esa playa tuya tan ignota
tan de azúcar

Pero lo que más, lo que más, lo que más
es olvidar mi mano entre las tuyas,
y que con tus dedos en lenguaje sordomudo
me dibujes en los míos
la cifra de todo lo que yo te quiero.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS (Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor ajosemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

sábado, 27 de julio de 2013

Una historia del Bronx, ahora sí

    


   Y es que la estupenda peli de Robert de Niro, a los veinte años justo de su estreno, conserva intacta, sobre una envolvente peripecia dramática, una más honda propuesta ética. Una historia del Bronx nos atrapa y entretiene con maestría, desde luego, pero además sigue interrogándonos a la postre acerca de los verdaderos valores sobre los que la sociedad y las personas deben orientar sus existencias. Y la  tácita interpelación de la película, hoy en día, tan en vilo como andamos todos con el éxito o el fracaso –la salvación o la condena, el ser y sentirnos ganadores o perdedores- en que angustiados pareciera que debemos obligatoriamente resumir nuestras vidas, acaso resulta más pertinente que nunca.
    
   En un barrio dominado por mafiosos, hay un chaval, Calogero, iniciándose en los entresijos de la vida adulta. Calogero está creciendo, está formándose, y lo hace dividido por un peliagudo dilema moral: el ejemplo vital que de un lado le ofrece la monótona y humilde  honradez de su padre, un simple conductor de autobús, diríase que un perdedor, y la fascinación de lujo, mujeres y vida aventurera que la figura del exitoso gángster al que admira, pone también ante sus ojos.  
     
   La habilidad del guionista anuda ambos mundos cuando, de resultas de la peripecia, el chaval encubre al gángster, ganándose así los regalos y el afecto de éste, a pesar de los reparos morales que sobre la cuadrilla de mafiosetes su padre siempre le opone. El arte del guionista, para que la contraposición de caracteres se cargue de interés dramático, consiste en presentarnos a un padre honesto, trabajador, cumplidor, sin glamour alguno, con una vida ajustada por las estrecheces materiales, casi rayante en su obstinación moral, aburrido e incluso un punto frío en la demostración de los sentimientos de cariño ante su hijo, frente a un seductor gángster, vividor y violento, sin duda, pero que más allá del dinero y de los regalos que proporciona al chico, también le brinda emocional y físicamente verdadero afecto paternal, pues Calogero es también para él el hijo que no tiene.   
    
   Diríase, pues, que el autobusero tiene en esa guerra por el querer filial todas las de perder.  Al final el gángster muere, como es lógico, víctima de una venganza entre bandas. Calogero, que ha flirteado con las bandas, con sus códigos virulentos, comprende que el camino de la violencia forzosamente termina con una muerte antes de tiempo. Entiende entonces la lección moral que la vida recta de su padre encierra: los verdaderos ganadores son quienes actúan con criterio propio, sí, pero fieles a un deber de honradez.

     
   A la vuelta de tantísimas películas que se derriten y buscan el derretirse del espectador ante el morbo deslumbrante del Mal y de la violencia, esa artística reivindicación que la obra de Robert de Niro lleva a cabo de la modesta integridad, de la decencia y de la rectitud calladas, del valor moral que para un hijo, pero también para la sociedad, ese ejemplo de vida buena que tantas vidas sin brillo mundano consigo transportan, sin duda resulta emocionante.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
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viernes, 26 de julio de 2013

¿Una historia del Bronx? Una historia de Carabanchel, primero

   


   El suceso me trajo a la memoria, claro, la preciosa película de Robert de Niro, y a aquel honrado conductor de autobús, en medio de un barrio de mafiosos,  que también –y tan bien- él interpretaba. Sólo que de este otro intrépido conductor de autobús madrileño –es seguro que tan apuesto no es-  que quiero hoy traer al mío blog ni su nombre sabemos. Sí, que lo suyo no fue película, sino cruda realidad. Que con su arrojo se jugó de verdad el tipo para salvar a un desconocido. Que merece por ello también que alguien –por fracasati que este escribano sea- inscriba en algún lado su no menos valiosa historia. Que se vea ensalzada así además, en estos tiempos de podridas flores bárcenas y griñanas, el limpio y nítido aroma de la virtud y del Bien.
     
   Llamadle Roberto, vale. Conducía Roberto un autobús de la línea 118 de la EMT, con siete pasajeros a bordo, por la calle General Ricardos. Eran las 21, 45 h y el crepúsculo malvascente, como un chal de fantasías morunas, amalgamado entre los dijes de las luces de coches y escaparates ya prendidas, envolvía las calles madrileñas de una magia digna de ser cantada. Puede que fuera Roberto tarareando algo, algo de Peret, vaya usted a saber. Quizás, a la vez que atendía al volante, iba pensando en su hijo, como el de Niro, que no sabemos siquiera si lo tiene.
    
    Observó Roberto, unos metros delante de su autobús, que un peatón irrumpía en su carril. Era un hombre tambaleándose, del que podía apreciarse además que iba perdiendo abundante sangre, avanzando como podía hacia su autobús. Se percató también Roberto de que, más atrás, alguien –que luego resultaría ser un sicario que buscaba el rematarle- perseguía al hombre tambaleante que sangraba. Entonces Roberto sencillamente actuó.
      
   Frenó y cruzó primero un poco el autobús para evitar el atropello. Abrió las puertas ante el hombre malherido, y con apremiantes gestos para que subiera éste como fuera, le ofreció así refugio. Con el herido a bordo, aceleró el autobús para alejarlo de allí. A salvo ya, avisó luego Roberto a las emergencias.  Se supo luego que se trataba la persona lastimada de un ucraniano de 45 años, con un balazo en el hemitórax derecho. Merced a la descripción aportada,  una patrulla municipal arrestó más tarde al presunto autor del disparo, al parecer un ruso al que se le ocupó una pistola.  El ucraniano permanece ingresado en el Gregorio Marañón con pronóstico grave.
    
   Nuestro “Roberto” salvó, arriesgando el propio pellejo, al ucraniano. Hizo el Bien. ¿Por qué ni siquiera sabemos su nombre? ¿Ha sido su valeroso gesto tan promocionado socialmente como merece? ¿Resulta tan difícil para los redactores-jefes, capaces de dar con el demonio oculto en el mismo sexto pino, mandar a los periodistas seguir esa historia, presentarnos a ese Roberto, promocionar ese impulso tan noble como bondadoso? ¿Es que la seducción del Mal es la sola droga que alimenta a los media en el relato diario de la mugrienta actualidad?

      
   No sé. Tienen tanto público hoy las cosas morbosas que, como en los seriales cursis, fantaseo con que en el desenlace de esta Historia de Carabanchel  los siete pasajeros del autobús de la línea 118, ganados por la emoción y el agradecimiento, de corazón ovacionaran allí mismo a Roberto, y por qué no, que incluso uno de esos siete fuese una moza rumbosa que en las mejillas allí mismo a nuestro héroe besoteara. The end.  



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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jueves, 25 de julio de 2013

Triste Santiago

   



 Por mucho que sea un blog anónimo el envoltorio de la nada, por escasas que sean las personas a quienes consiguen interesar los sueños y la  materia que conforman éste, por perfectamente inútil que entonces resulte el hacerlo, pese a todo esto sólo cabe hoy relegar cualquier otro afán escritor y dejar sitio para el estupor y la pena negra que a este bloguero con ínfulas de poetastro embargan tras el espantoso accidente ferroviario de anoche en Santiago, a esa ristra de pobres víctimas y a sus deudos desconsolados, a la conmoción que en vísperas tan señaladas y festivas la terrible tragedia y su infernal huella nos deja por dentro, esa espeluznante visión del convoy de lo horrible tan cerca de la maravilla y el milagro de la piedra acariciada por la lluvia alzándose que es la Catedral, a condolernos en todo el pesar y el penoso infortunio en el que casi un centenar de españoles, semejantes nuestros, encontraron la muerte. Triste Santiago.

miércoles, 24 de julio de 2013

Cuadro de Millet (y de Artur Mas)




   En “Las espigadoras” a la vez recreó Millet como nadie, sin siquiera mostrarnos sus caras, velándonoslas, la dureza de esa labor y la vigorosa dignidad que pese a ello atesoran las campesinas pobres espigando. Refleja así el cuadro el derecho secular de las mujeres pobres y de los niños para llevarse el grano abandonado –las sobras, diríamos- en los campos tras la cosecha.
  
   Otro Millet, artista de la “ingeniería financiera contable”, genio de la factoría convergente de los Pujol&Mas, nos deja ahora, según revelan autos, un muy creativo cuadro de grandes Espigadores de la corrupción, en el que al cabo es al contribuyente a quien en el fondo se manda a espigar.
     
   Según el juez, que, en medio del Oasis convergente tan inmersor de niños pobres sorprendidos falando en español durante el recreo, al cabo finalizó la instrucción del caso Palau, son 26,5  millones de euros los que, en beneficio propio, partidario o de terceros ha supuesto la “obra” de este Millet. (EL PAIS CATALUÑA 16-7-2013) Se conoce ya la cosa como “El Expolio del Palau”, y a propios y extraños deja maravillados. Qué fino arte el de este archifenicio Millet.
     
   Como propina el otro día, a costa del mutismo rajoyano sobre la Barcenada, se creyó con derecho Artur Mas a dejarnos su enésima lección de democracia. Espetó Mas, casi con desparpajo andalusí en el recrearse, que Rajoy debe, cuando hay dificultades, “dar la cara, como yo mismo hice cuando las tuve”. Sólo que Mas no soporta en su Oasis ni una décima parte de la presión mediática, política y social que persigue a Rajoy. Sólo que su “dar la cara” consistió en negar las evidencias, en tratar de machacar a los fiscales y en envolverse bajo su bandera favorita. Sólo que mientras Bárcenas paga cárcel, los ex –gerentes de CiU, responsables de la trama de “El Expolio del Palau” andan por la calle, tan ricamente. Sólo que CiU, a más a más, se ofreció a respaldar la moción de censura rubalcaba contra Rajoy siempre que, eso sí, se garantizara su referéndum separatista.

   
   ¿Y eso es “dar la cara”, sr Mas? Eso quizás sea tener mucha cara, y ya digo, en el fondo mandarnos a espigar a todos, mientras los grandes Espigadores se aseguran sitial preferente entre los más egregios forjadores de la Nación Catalana, que es que España nos roba que es una barbaridad.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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martes, 23 de julio de 2013

Y Antonio Gala cogió su fusil (la Izquierda Ultra, nuevo capítulo)

    


   Para hacer esta muralla tráiganme todas las manos, sí. ¡No pasarán! Así, Almudena Grandes, un día, que si nostalgia del molotov, otro, que si cada mañana se fusilaría ella misma a unos cuantos. Y así la Ceja Nostra de cada día, que vamos aquí agavillando –con nulo éxito, la verdad- sus extremos exabruptos. Espera, espera, que nos faltaba don Antonio Gala en la gala. Ganadores siempre todos ellos, o finalistas del Premio Planeta, doloridas conciencias todos ellos de la Humanidad, ahítos epítomes de depuradísima sensibilidad ellos todos.
      
   Despáchase nada menos don Antonio Gala, esa alhaja del escribir, en EL MUNDO (17-7-2013) con aquesta perla: “Que en estos momentos el primer ministro, o lo que sea Rajoy, diga que España es una democracia seria, es para pegarle un tiro o para mandarle a un circo a hacer de payaso en un trapecio”. Como lo lees, lector, sin matizar después ni un celemín su aserto.
   
   Lo de payaso en el circo tiene un pase, por más que esté la imagen más sobada que las jóvenes extasiadas de los sanfermines, que hasta a un escolar de la logse se le ocurriría. Pero, señor Gala, lo de literalmente… ¡”pegarle un tiro”! al presidente del gobierno, cómo se come esa no se sabe si más infame que idiota apelación a la violencia. Si semejante pasote no lo suscribiría ya ni el mismo De Juana Chaos.
    
   Desde luego esa cosa la escribe un bloguero anónimo y lo empuran. Se transparenta en ella la nítida fascinación por la violencia que en no pocos preclaros cráneos de la “intelligentsia” dizque progresista aletea. Esa galana estupidez merece mármol, que no la olvidemos así como así. Recordemos que otro presidente afín a éste en un tris estuvo precisamente de ser partido en dos tras un atentado.
     
   Más abajo remataba su artículo don Gala con otra genial machada: “… en general estamos de unos y otros hasta los mismos huevos”. Hombre, don Gala, que así se abra de capa un camionero gañán y testicular, pues, en fin, pero que lo haga su cursilonga latiniparla lo que produce es sobre todo pena. No, yo creo que los camioneros se pronuncian con mucha más templanza y ecuanimidad que la estelar estrella de la literatura y del articulismo hispanos.
    
   Qué les ocurre a estos santones progres, los amos de la Palabra, para que justamente se produzcan peor que los más chocarreros carreteros. Qué les pasa en la cabeza para ir, en medio del indignado clima social que todos conocemos, pidiendo “pegar tiros”. ¿A qué hooliganización social incitan estos intelectuales con sus extremistas regüeldos? Qué más premios de esta podrida sociedad capitalista quieren. Cuánto le pagan por escribir cosas como esa. ¿Es justo?

    
   Desde luego al joven que le guste escribir y lea hoy cosas tales en gentes tan principales, a buen seguro que le asaltará la tentación de simbólicamente volarse la tapa de los sesos. Vaya Gala, o sea.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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lunes, 22 de julio de 2013

Solidarios fariseos



   Esas bellas almas que a nuestro cotidiano alrededor, encantadas de conocerse encima, abrazan las ideologías más igualitaristas y colectivistas, esos campeones teóricos del humanismo que claman por el compromiso y la solidaridad más radicales para todo y para todos en “esta podrida sociedad”, a quienes de sobra conoces en su diario actuar, pues les ves,   les constatas, les certificas, implacables en realidad como tiburones de Wall Street para sablearte si pueden, despiadados en arramplarse y acaparar cuanto privilegio material les cae de paso, interesados para el vil metal más que  hebraicos usureros de cliché, esos grandes corazones filántropos que con cada uno de sus actos diarios desmienten de cuajo sus fabulosas proclamas, esos seres sin escrúpulo alguno para sostener y no enmendar su mentira constitutiva, crueles sin remordimiento llegado el caso para a toda costa defender su pasta, en qué hipócrita basura humana consisten, esas bellas almas, sí, qué almas más falsas son.  Malditos sean.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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domingo, 21 de julio de 2013

¿Son los blogs para el Verano?




   A veces, lector, ciego de rabia y de fracaso, hubiera deseado vivir en uno de esos países luteranos de las Escandinavias que no ven el sol ni en las  pinturas de Van Gogh. No puede allí nadie casi salir a la calle en todo el año y enciérranse así en sus casas todos como suecos venga a leerse unos a otros los blogs, y cuanto más malditos y anónimos con más ardor leídos en la penumbra de esos cuartos todavía. El blog de Van Gogh le pondría yo al mío, sin llegar como aquél a cortarme la oreja, que mi chaladura mediocre no es ni por asomo la genial del pintor de los girasoles. Mejor cortarle las dos a Bretón.
     
   En los países meridionales del hemisferio Norte, like Spain, durante las cuatro quintas partes del año el astro rey  derrama, providencial maná que otorgara la vida misma, sus rayos hechiceros sobre la ciudadanía, absorbiéndoles por completo el seso. Son ellos súbditos del Sol más que de ningún otro gobernante, y a su reclamo acuden jubilosos, atestando playas y plazas, cuadras y galpones, por muchas quemaduras en el lomo con que aquel como todo premio les pague. La tropa agarra la bicicleta y se larga eufórica a… ¡vivir la vida!, no te jode, total, si son cuatro días los que estamos por el mundo. Sobreviene así il dolce far niente, ese celestial racimo de palabras que designa el tumbotearse bajo alguna sombra para desganadamente tocarse el cimbel.
       
   ¿Cómo competir con sólo palabras contra el aluvión de imágenes sensacionales que el Sol,con el desenvolverse de las parábolas propias de su Imperio, procura?  En estas condiciones “estructurales” escribir acá es quimera de tronados. Lo dijo Larra mucho antes que yo, escribir en España es llorar. Qué será entonces escribir en un blog, ¿acaso berrear? ¿Y qué entonces, descendamos un peldaño más en la escalera de la locura, escribir en un blog… cuando el Verano, como una Revolución exultante, estalla por todos los rincones y exige inmisericorde a todos su tributo de máxima atención?
      
   Llega el Verano y el blog languidece, mengua, se viene abajo toda esa rabia nutricia suya que el resto del año le afirma, aquejado ahora de invisibles ausencias que le merman, que debilitan su impulso, como un oleaje doblemente bastardo que a nadie siquiera roza. Perfectamente inútil en su vacío. Escribe uno para cuatro, y tres de ellos se han pirado a tomar los baños.
      
      Escribir para uno mismo, me decían ayer los coleguis blogueros. Sí, y es verdad, sólo que está ya uno algo cansado del mismo onanismo del mecanismo, ¿no oyes como rechina hasta su nombre?, fatigado de asomarse uno, como la madrastra de Blancanieves, sólo y solo,  al embustero espejo de la incomparable belleza propia. Quiere uno, orate total, loco de maniatar, rivalizar con el mismo Sol, y alcanzar con el rayo de su prosa hermosa –toma castaña- la piel y hasta el alma del penúltimo bípedo implume –mejor bípeda, claro- que pulule por las postrimerías de la Patagonia.
    
    Y es que detrás de los blogs que se escriben incluso en Verano, bajo el rejón del cruel ferragosto, oh criaturas en verdad desdichadas, se agitan las hormiguitas blogueras, que incluso en este mes despiadado los manuescriben haciéndolos posibles. Puedo verles afanarse, pulsa-que-te-pulsa, dale-que-dale-, teje-que-teje el naif tapiz diario de su anónimo infortunio. ¿Acaso no soy yo uno de ellos?
    
    A pesar del Inmenso Vacío a su alrededor, como niños castigados a quienes la Vida cateó el resto del año, como lastimosos seres esclavizados por una extraña adicción, bloguerheridos, ahí siguen aferrados al banco de su blog, que es sólo el globo amarillo de su espuria fantasía. ¡Cuánta ternura inadvertida en ellos se agolpa!
     
     ¡Blogueros del ferragosto, hermanos ciberesféricos escribientes bajo el inclemente Estío que nos roba incluso el triste público que somos sólo nosotros mismos, juntemos nuestras manos, unamos nuestros afanes, fusionemos nuestras ilusiones achicharradas y abramos, dentro de la universal fraternidad de los blogueros, una nuestra más particular, la que vincule y suelde unos contra otros a los más desesperados entre los desesperados, hagámonos así seguidores todos de todos, hagamos crujir con el estruendo de nuestros vozarrones amplificados los dominios del Internete, sólo por ahuyentar esta cósmica soledad y luego, que salga el sol por Antequera, no te jode!