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sábado, 31 de agosto de 2013

Contra Tiempo



                                 SONATA DE VERANO (VIII)


Sé que entonces la vida
era una playa más que infinita
un páramo inacabable
un estanque sin márgenes a la vista
y que sólo un mes por delante
era la inconcebible eternidad.

También me encorajinaba,
no creas; el alevín nunca
rasgaba la crisálida,
empantanado 
en el garabato de su rostro por hacer.

Sólo sé que ahora
es ya todo
cuesta abajo en despeñadero,
un áspero Tourmalet a tumba franca,
sólo el remolino turbio
de un agua sucia
que se pierde a toda prisa
para la vorágine de
las pirañas sin alas
que graznan sedientas bajo el fregadero.

No hay mariposa que nos manche ya,
que nos alcance de color
ni las manos ni los tubulares gastados.
Vamos  con la cadena fuera.
Montamos sólo el vértigo
y la ola en caída de una  montaña rusa
despiadada
que en cualquier retortijón
nos escupirá hacia la nada

Por eso antes yo rezo
rezo, no me avergüenzo,
y chasco mis dedos,
a ver si todo se detiene un segundo
y tú y yo, sí, tú y yo,
aprovechamos el impasse
y nos emigramos de la mano
a un planeta sin nombre,
en el que no se respire tanto
el anhídrido del Tiempo.

Tú y yo, sí.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)


viernes, 30 de agosto de 2013

Máximo Pradera, cuesta abajo


   Se pone luego ya en frío Máximo Pradera a razonar sobre sus dudosas bromitas macabras a propósito del accidente de Cristina Cifuentes y más parda aún la lía. Mas desnudo queda su malpensar. Escribe así en su blog días después el artista herborescente:
  
   “es evidente que los miles de personas que han deseado, botella de champán en mano, que el ingreso hospitalario de Cifuentes –motivado, recordémoslo, por su propia imprudencia- culminara en su fallecimiento no estaban añorando la muerte de un ser humano, sino la desaparición de un torturador callejero”.
     
   No sabemos que nos asombra ya más, si ese especie de Autoconciencia Hegeliana que Pradera graciosamente se concede, atribuyéndose el saber de la secreta intención de las “miles” de personas que en público deseaban la muerte de Cifuentes,  si el sádico añadido simbólico -¿o lo sabe también Hegelpradera de veras?- de la botella de champán, la alucinante acusación de la imprudencia, o el delirio filoterrorista que le lleva a convertir a Cifuentes en torturador callejero. Debe ser que la Policía bajo mando del PSOE reparte poemas de Rilke. Los escribanos batasunos no lo hubieran hecho mejor. Así razona Pradera, ese humanista.
   
   A la manera de Jaime Chávarri con los Panero, es posible que las modernas técnicas cinematográficas permitieran elaborar otro peliculón como aquel, espejo y reflejo de la atribulada Historia de España, que ensartara en abracadabrante diálogo a tres generaciones de Pradera. Veamos: Comparecería primero su abuelo paterno, Javier, fusilado, como su bisabuelo Víctor, por la izquierda radical en el 36. A continuación vendría su abuelo materno, Rafael Sánchez Mazas, de los primerísimos en Falange, coautor del Cara al Sol, que escapó vivo de milagro a un fusilamiento en masa de izquierdistas. Nos hablaría, antes de llegar a Máximo, su propio padre, Javier Pradera, socialista y brillante editorialista de EL PAÍS durante muchos años.
   
   Quizás pocas pruebas más palmarias de la regresión cultural, del progresivo deslizamiento en el Reinado de la Mugre que, bajo el mantra de las-generaciones-mejor-preparadas-de-la-Historia-, vemos ante nosotros que el simple contraste de todo lo que va desde Javier Pradera, padre: culto, teórico brillante, sólido y sesudo argumentador,  moderado y tolerante, a este Máximo Pradera, hijo, que nos ocupa: chisposo, sectario, radical hasta el flirteo con la muerte del adversario, botarate evanescente. Sí, esas cosas que propala encantado de conocerse Máximo Pradera  son propias del “homo gañanis” del presente.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
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jueves, 29 de agosto de 2013

La Manifestación de la Vergüenza

     


   La marea negra del odio en su pleamar, sí. Si habremos visto desmanes en 35 años de democracia. Si habrán pasado por los hospitales asesinos, terroristas de masas orgullosos de sus crímenes cobardes, narcotraficantes, violadores de niños, crueles maltratadores, psicópatas retorcidos, en fin. Jamás, sin embargo, vióse  una estampa tan siniestra.
   
   Cuentan que en el País Vasco un comando etarra, que acababa de liquidar a una pareja de guardias civiles, recibió de pronto, antes de abandonar el lugar del crimen, la inestimable colaboración de algún lugareño: oye, que uno de éstos aún se mueve. Allá que acudió el etarra a rematar al civil. No consta que diera las gracias luego al atento vecino filoetarra que le avisó.
     
   A un barranco de indignidad parecida descendieron esos “sanitarios” de La Paz (¿?), que con Cristina Cifuentes, intubada y con respiración asistida, en estado grave, acudieron a gritar en público… que de allí se la retirara y que a un hospital privado –como hiciera Bardem con su madre- se la llevara. Esa impensable e infame manifestación pública –con algo en sus perfiles de siniestra sesión de castigo polpotiana-  por sí sola demuestra mejor que cien discursos el especialísimo rencor con que una parte de la Izquierda española –no hablamos de lumpen, no, de parados en situación desesperada, hablamos de personas con trabajo fijo, bien integrados socialmente por tanto, criaturas palmarias de la socialdemocracia, atiborradas de buenísima autoconciencia- distingue a la Derecha española, contra la que literalmente vale todo (escraches, cerco a las sedes, desearles a gritos la muerte,  vituperarles mil veces de asesinos).

     
   ¿Qué será lo próximo? ¿Jalear al héroe que le arranque el respirador a Cifuentes? Las famosas “mareas ciudadanas”, nítido germen de maoísmo totalitario, ofrecen además la perfectísima coartada para, so capa del más egoísta interés particular y gremialista, presentarse como los más altruistas defensores de lo humano… que a los representantes derechistas hasta el agua niegan. Pero tan brutal manifestación no sería concebible sin los medidos tics de odio que los líderes políticos, mediáticos y sindicales azuzan entre sus hooligans naturales. 



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

miércoles, 28 de agosto de 2013

Llamazares, soleares del rencor



   Otro que con el grave accidente de Cristina Cifuentes aun sobrevolando la tragedia se lució en el quite fue Llamazares, gran esperanza de los oprimidos del mundo también él. Médico por la vía cubana para más inri el Señor. Ya hemos visto con qué unción felicitan ellos el cumple a los Castrones, señorones de horca y cuchillo, de vidas y haciendas de todos los cubanos, desde hace ya 54 años. Hemos leído el mal disimulado asco con que despidieron a Rosalía Mera, esa gran mujer trabajadora, y el viático, simbólico y baboso a la par, con que auguraron para el Comandante Chávez la inmortalidad. En éstas llegó el serio percance de Cifuentes. Corto sí, pero para nada perezoso Llamazares al momento tuiteó:
    
   “Cuando se juegan la vida, saben que su garantía es la sanidad pública. Cuando se trata de hacer negocio con la de los demás, la privatizan”.
     
   Anótese cómo, a pesar de no haberse aún descartado la posible muerte de Cifuentes, como el tuit en su literalidad revela, aprovecha Llamazares el infortunio para, con retórica calculada, arrimar el ascua a su más egoísta sardina. Cómo además desdibuja justo en ese peliagudo momento la concreta figura de una mujer con toda seguridad maltrecha y doliente para embutirla en un plural genérico que dibuje el cliché de un enemigo malvado y odioso a más no poder.  
   
    ¡En ese momento una de las cabezas principales de IU escribe precisamente eso! Sólo que eso, claro, meridianamente revela la conversión del rival político en enemigo personal. De haber llevado a Cristina Cifuentes a un centro privadísimo, como para su madre hizo Bardem, qué no hubiera tuiteado Llamazares.
     
   ¿Será entonces éste el momento adecuado para recordarle a él, tan suelto en mitad del drama para hablar de negocios y de privatizaciones, el suculento fondo de inversión privadísimo y personal que, como reveló la prensa, Llamazares acumula?

     
   Pero el desprecio miserable que por soleares Llamazares en tan penosa tesitura se sacó revela algo mucho más preocupante para la sociedad española: la batasunización y la radicalización extrema a que quieren llevar la confrontación política destacados prohombres, y tras ellos sus círculos adyacentes, de la Izquierda española. Esa desmesura impropia que aquí glosamos de Llamazares, salvo en los proetarras del ¡ETA, MÁTALOS!, hubiera sido hasta estos últimos años sencillamente impensable.  


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
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martes, 27 de agosto de 2013

Máximo Pradera y Cristina Cifuentes, el accidente y la lumbrera

     



   Acababan de arrollar contra el asfalto la moto que conducía Cristina Cifuentes. Su estado era grave. Era muy sencillo imaginarse el golpetazo que sufriría ese cuerpo, lo magullada, lo dolorida, lo quebrantada que ella, como cualquiera en esas, estaría entonces. La angustia que en esos instantes críticos rodearía también a sus íntimos y amigos. Pues justo entonces, ese edén de sensibilidad, humanismo y cultura que en Máximo Pradera se agolpan, vio la ineluctable necesidad de promulgar su glorioso tuit:
     
   “La vida de Cristina Cifuentes no corre peligro. Ojalá muchos madrileños pudieran decir lo mismo”.
     
   Es, como puede leerse, para esos tan delicados momentos, el mensaje de una hermosa persona, por dentro y por fuera, desde luego, de esas a las que no les cabe el corazón en el pecho.  Es capaz Pradera, con frialdad pasmosa, de aprovechar el accidente, neutralizarlo en primera instancia, y establecer luego un paralelismo nauseabundo que induce a culpabilizar a Cifuentes de no se sabe cuántas muertes, es decir, a sugerir una suerte de “justicia social” en el grave e inmediato accidente de Cristina. El mensaje de un humanista, ya te digo.
     
   No sólo eso. Reunió más tarde Pradera el valor de acudir a una de las teles que él llama de “la Caverna” –tan cavernarias que encima con asiduidad le contratan- para, genio y pradera, “sostenella y no enmendalla”. Más aún: afirmó allí “humanamente comprender” el vendaval de odio que a través de Tuiter la izquierda Ultra a raíz del accidente desató, deseando a grito pelado la muerte de Cifuentes, como ya deseó a voces la aceleración mortal del cáncer que padeció Esperanza Aguirre
     
   Que los cafres sean cafres es lo suyo. Que los cafres se afirmen además en su cafrería tiene mucho que ver con que prominentes líderes sociales les “comprendan”. Qué esperar luego de sus propios hooligans, deseosos de por sí de ir más allá que su “crack”.
   
   Es probable que Cifuentes y Pradera, personajes públicos ambos, incluso coincidieran en algún debate en ese estudio o en algún otro acto público. Cómo entender entonces en el mismo momento de un grave accidente puñalada tan trapera, vale decir ya, puñalada tan pradera. Que encima la propine persona tan SUPERINSTALADA y de tan elitista prosapia  te deja a cuadros.

  
   Puede que duela mucho más ese vil proceder que el espeluznante castañazo de un cuerpo de mujer atropellada contra el asfalto. Cómo encajar tan maleducado desprecio. Qué pensar ya de este Máximo Pradera, de esta lumbrera.


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lunes, 26 de agosto de 2013

Las Confesiones de Willy Toledo

     

   Conocíamos hasta ahora, sobresalientes en el vasto campo del humano elucubrar, las Confesiones de San Agustín y las de Rousseau. Tenemos ahora las Confesiones de Willy Toledo (Público 17-8-13), acaso destinadas a una similar gloria en la Historia del Pensamiento. Leámosle:
    
   “Estoy acostumbrado a vivir muy cómodamente porque mi familia han sido profesionales, burgueses y nunca me ha faltado de nada… luego como actor he tenido la oportunidad de trabajar mucho, y por lo tanto, de ganar mucho dinero”.
    
   O sea que nuestro Héroe confiesa nada menos que la costumbre, ya en él ahormada, de un cómodo vivir desde siempre, durante el que “nunca” le ha faltado “nada”. Para una inmensa mayoría de españoles este cándido “nunca me ha faltado de nada” resulta, por simple comparación personal, un insulto. Es decir, en el ardiente imaginario mental de la hispana progresía, Willy sería a las claras un objetivamente odioso y privilegiado enemigo de clase a laminar… excepto que trátase ahora de él.
   
   Si aseguraba Marx que la existencia determinaba la esencia, es decir, que la forma de vida dicta las ideas de uno, comprobamos en Willy una fenomenal refutación del dogma marxista –por lo demás ya negado en la vida que llevaba el propio Marx- pues en vano buscaríamos hoy un más decidido revolucionario que él. Como actor, además, ha trabajado mucho él, y “por tanto ha ganado mucho dinero”: es fenomenal esa lógica que él solito establece entre el duro trabajo y la consecución de riquezas, desmitiendo el sobado tópico espetado a tutti plen en España sobre que “trabajando-nadie-se-hace-rico”.  Pues parece que Willy, como el polígrafo famoso, dice que sí.
    
   Despejado el terreno biográfico, prosigue el confesar toledano sobre el régimen castrista. “Yo creo que la gente está más contenta que la primera vez que vine porque tienen más posibilidades de depender de sí mismos económicamente”. ¿Más contenta todavía? ¡Si eso era imposible! ¿Y todo porque pueden en algo mejorar individualmente su suerte? Pues, claro, alma de cántaro, has dado con la fórmula de la iniciativa privada, te das tu cuén. ¡Saca las conclusiones, Toledo!
     
   Y parece que se anima a hacerlo y todo: “el hecho de tener dinero abre ciertas puertas hacia ciertos tipos de comodidades, pero te puedes pasar días buscando una sartén y no la encuentras por mucho dinero que tengas”. Ahí diste, Willy, con la síntesis más fabulosa de la locura castrista: el más forretis amigo del Régimen buscando como loco una sartén… que no encuentra. Si iba por la vida el gran Diógenes con un candil, si Descartes encomiaba una estufa, si al final Goethe imploraba más luz, ahí tenemos a Willy, rico turista del Ideal, buscando una sartén.  
     
   Tras tanta y tan sabrosa confesión habría de venir, claro, el resacón: Por primera vez en 521 años América Latina decide su destino sin injerencias europeas y sin injerencias norteamericanas”. Eso no es confesión, San Willy, eso es pastoso cliché, y donde pone 521, podemos poner la fecha de cualquiera de las muchísimas intentonas caudillistas y populistas allí experimentadas.

     
   Y tras el resacón, el bordón: “Acabo de venir de Bolivia. Estuve en una Cumbre anti-imperialista, anticapitalista”. Acabáramos, Willy, aquí toda la vasca fiel imaginándote viviendo como un cubano más de a pie (nunca mejor dicho) y resulta… que es que viene el Señorito de una Cumbre. Tócate los castrones, Willy Toledo, que San Agustín y el otro, en el más allá, pasmados ya están.


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domingo, 25 de agosto de 2013

Himno a la sandía


   
                                         Sonata de Verano  (VII)
   
   Si buscamos, fiel lector, en una cosa sola la Apoteosis del verano, la culminación del Estío, la consumación de este tiempo impetuoso, entonces hemos de mirarle cara a cara a una sandía. El más acabado de sus frutos y a la vez el más precioso de sus alivios, tan sólo una sandía de dulce agua. Si en uno anidara una brizna  del don de la música, ese lenguaje superior, sin dudarlo le compondría un himno a la sandía. También a esa gitanilla con ojos de charol relimpios que en la furgoneta ambulante de su padre me la dio a probar una mañana de la estación ardiente en la plaza de mi pueblo. Intentemos al menos un pobre remedo de ese himno, con sólo palabras hecho.
      
     Crecida y generosa de hechuras, pone de entrada ya la sandía su  estampa de fruto colosal y esférico, el propio de un estado de buena esperanza con inminencias de cumplirse. Se ha formado en el interior nutricio de la tierra, apenas sin dejarse ver hasta su estallido final, y viene a nosotros cubierta de polvo, como un último chal que la tierra le prestara en el adiós. La limpiamos luego entre las manos, al tiempo que la sopesamos, y la humilde sandía se deja cachetear, tan confiada. Nos intriga ya ese verde tan profundo, ese verde abisal tan terso que ahora luce, como si del mismo fondo del mar oscuro viniese, con sólo un ramalazo de luz amarillenta a un costado. Queremos saber lo que la sandía lleva consigo, claro.
     
      Y cuando al fin la abrimos, cuando entramos en su corazón, con ese crujido seco suyo como un movimiento de tierras, con ese dolor del parto como una inútil protesta, dios mío, es como si avistáramos de pronto la arista enorme de un rubí arrebatado, tal es el brillo de las sandías mejor cuajadas. Casi hemos de cerrar un poco los ojos a tanta luz líquida del color de la púrpura. Tiene algo la sandía, su súbito grito de luz roja en la penumbra, de adolescente al que se le hubiera de golpe subido el rubor a la cara al ser sorprendido en un apuro. Brillan entonces, en ese firmamento encendido en color escarlata que chorrea, sus pepitas negras, estrellas oscuras ahí, que relumbran como si de un inaudito oro negro fueran, y apetece, pese a que nada son, pasárnoslas una a una por la punta de la lengua.
     
      Si con destreza sacamos entonces de la redonda sandía no menos de doce magníficas medias lunas purpuradas, dime, lector, cómo evitar, si el calor aprieta, si su soberbia figura tamaña turbación nos procura, si es tan cercana su promesa de frescura, cómo evitar, por qué y para qué evitar tener esa carne y esa pulpa entre los labios, tan tierna que anega de un agua carmesí  nuestra boca, hasta resbalarnos barbilla abajo.
     
   Bendición y maravilla, pues, de la sandía, de su íntimo agua tan exquisito, en el clímax de su sazón en el corazón del Verano, revelación gloriosa y dulce remedio a la vez del mismo. Ah, aquella gitanilla que de la mano un día me la dio a probar, iniciándome ya en su misterio, “¿a que sabe dulce?”, me dijo medio riéndose. Y uno, medio atontolinado por la leyenda del mal de ojo, que sólo acertó entonces a contestarle, como si le devolviera una maldición, “y tú más”.



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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sábado, 24 de agosto de 2013

¡EHHH! ¿HAY ALGUIEN AHIIÏ?


   
                                Sonata de Verano (VI)

Recuerdo que, en medio de esos veranos dichosos de la infancia, ya le asaltaba también a uno de vez en cuando el tenebroso ogro  de la soledad. Tiende uno a la misantropía, como tantos otros basculan por instinto hacia el cachondeíto fino, y qué se le va a hacer. Me iba yo solo entonces a una dehesa apartada que había en mi pueblo, me internaba en aquella rara espesura de árboles y de sombra, hasta llegar a un caserón abandonado, la casa de la Joaquina, el típico escenario de románticas y fantasmales habladurías. Nunca había nadie allí. Se encaramaba la trasera de aquel caserón sobre una quebrada natural del terreno en cuyo fondo rebrillaban las aguas de un río, que debió alguna vez  ser caudaloso, pero que entonces era ya sólo riachuelo.
     
   Me asomaba yo desde allí a todas aquellas feraces soledades, como un eremita niño, me abismaba un momento,  y sin saber bien por qué lo hacía, ahuecaba mis manos sobre la boca e interrumpía con mi grito un instante el parloteo incesante de las aves: ¡EHH¿HAY ALGUIEN AHÍÍÍ?!
     
   Nadie contestaba, claro, y reanudábase luego el habitual cotorreo piafante de los pájaros, incluso acelerado ahora, como si a sus estrofas de siempre acompañaran las notas de un nuevo trino, ¿habéis-visto-este-zagal-lo-tronao-que-está-lo-habéis-oído? Le daba yo entonces la espalda a todo aquel histérico canturreo.
     
      Pero un día, desde el alma de aquella hondonada una voz contestó a la mía. ¡ESPERA, CHAVAL, AGUANTA AHÍ! Me giré sobresaltado y, después de algunos instantes, entre los matojos que poblaban el fondo de aquel despeñadero, emergió la figura de un hombre barbado y sudoroso que llevaba un saco al hombro y que hacia mí venía, agitando con una oleada  su velludo brazo libre.
     
   No, no era el Hombre del Saco. Era vecino, según me explicó, de un pueblo cercano, Cabañas, que se había allegado por la dehesa para acortar el camino de vuelta a casa. Eso me dijo. Caminamos entonces un buen rato juntos, de vuelta yo ya también. Sin hablar apenas, qué frescor en esta dehesa, eh, cuál es tu pueblo, sólo eso, pero en compañía. ¿Me llevas un rato el saco? Me lo colocó sobre los hombros durante un breve trecho. Pesaba. Mientras, él liaba un cigarro de picadura y se lo fumaba, saboreándolo mucho. Yo miraba sus sandalias de cuero negro polvorientas. Al llegar a una encrucijada donde terminaba la dehesa nos separamos en direcciones distintas. Pero antes, aquel hombre rebuscó en su saco de tela marrón áspera y rezurcida y me dijo: toma chaval, por darme compañía. Gracias, le contesté, por inercia capitalina, aunque mi abuela me aconsejaba rehusar siempre el regalo de un extraño.  
     
      Me costó unos instantes, caminando ya en solitario hacia el pueblo, obturado aún mi corto entendimiento por la simpleza ocurrida, comprender que lo que aquel hombre me había regalado era sólo… una sandía, una pequeña sandía. Me la acomodé, como un Hamlet infantil bajo el atroz agosto, sobre la palma de mi mano izquierda, y bajo la solana, la sandía, su rotunda esfericidad, como la cabeza de un negrito recién cortada, un poco me hechizó. Apenas podía apartar los ojos de ella. Le voilá, la sandía.
     
   Tuvimos que tirarla, claro, pues la mayoría de las sandías pequeñas salen insulsísimas, pero al menos aquella vez de mi grito ante el vacío, algo el mismo vacío me devolvió. ¿Era sólo cuestión de tiempo, era cuestión de insistir e insistir?
     
   Y ahora, a la vuelta de una torrentera ya desbordada de agostos inclementes, hoy como ayer, es como si cerrara yo una vez más el circulo de la mía misantropía, y siento que es la entera ciberesfera un poco como la casa de la Joaquina aquella, y asomarse en este agosto al balcón del blog es también asomarse, viejo y más Hamlet aún, a aquel hondo despeñadero, sólo que pobladas estas estelares vastedades de miles de rutilantes cuerpos celestes titilando al unísono sobre la universal bóveda del Internet, y cómo brillan en la Noche inmensa, por más que, ahuecando también las manos, sea idéntico mi grito al de entonces: ¡EHH, ¿HAY ALGUIEN AHÍÍÍ? 

(Yo que tú, lector, por nada me perdería el Himno a la sandía que mañana, de no pasar algo raro, aquí levantaré, en esta Sonata mía de Verano que para tí y para mí los finde de agosto vamos de la mano desplegando)



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viernes, 23 de agosto de 2013

Ceguera de Sean Penn



   

   Habíamos dejado (post de 14-1-13) a San Sean Penn de Malibú embutido en el flamígero chándal bolivariano, posando de viuda doliente durante las últimas horas del Comandante Chávez. Murió el Caudillo, vinieron las trifulcas y sucesiones del postchavismo, arribó inmaduro Maduro… pero ya de la rabia del multimillonario actor yanqui nunca por el momento más supimos.
   
   Así es que cuando el otro día me llegó el dvd de una peli por él mismo dirigida, Cruzando la oscuridad (1995), volví a afilar mi más retorcido colmillo faccioso, bien predispuesto a poner a la cinta y a su director a caer de un chávez. Claro que, como con Saramago me pasó lo que pasó (ver post de ayer), me dije entonces “detente bala”, no vayas a deslumbrarte de nuevo y ante Sean Penn hayas simbólicamente de retractarte. 
    
   Pues bien… desde los primeros compases no dejé de burlarme de la película. ¡Qué soberbia estupidez más presuntuosa sin cesar allí! Verás: un guaperas recupera la libertad, tras seis años en prisión por el atropello accidental de una niña. El padre de ésta ve llegado el momento de la venganza. Penn pretende hacer con eso todo un desgarrador drama acerca de la culpa, y de la necesaria redención y del humano perdón, y lo que consigue es todo un irrisorio engrudo.
       
   Nada está bien elaborado en esta grandilocuente película, nada resulta creíble sino grotesco y forzado. Pone en escena Penn a Nicholson y a Angélica Houston, atormentados padres de la niña, tratando de aprovechar la metacinefilia que sobre su relación personal todo el mundo conoce, y hasta el ridículo les fuerza en personajes hinchados de nada y en enfáticas escenas romas de verdadero contenido, que queriendo ser dramáticas, por infundadas dan risa.

     
   El clímax del despropósito estalla al final, en la incalificable –por insostenible- persecución entre Nicholson y el guaperas que accidentalmente atropelló a su hija, y la estulta resolución que le da Penn a la misma… casualmente sobre la misma tumba de la niña muerta. En fin, San Sean Penn de Malibú, que mucho me reí con tu bobo bodrio y que comprendí mejor al cabo –al menos por esta Cruzando la oscuridad- por qué le das tú de esa manera al chándal bolivariano y a esas cosas.   


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jueves, 22 de agosto de 2013

Ceguera de Saramago, ceguera mía



      No había antes leído ninguna otra novela de Saramago. Conocía, claro, sus opiniones, la profesa ideología comunista del célebre Premio Nobel portugués ya fallecido. Bueno, el comunismo, en tanto que venenosa ideología totalitaria camuflada bajo nobles aspiraciones idealistas, me parece, en sus distintas formas, una espantosa amenaza para la Humanidad. De manera que, cuando una persona muy amiga me regaló su “Ensayo para la ceguera”, afilé mi más faccioso colmillo retorcido para por todos lados ver desde el principio esa novela como horrible.
       
   Y bien… ya desde las primera páginas me pareció un libro del todo fabuloso. Una misteriosa epidemia de ceguera azota un país. Los primeros afectados son puestos en cuarentena e internados –de ahí toma Saramago a sus personajes- pero la masiva propagación de la ceguera hace incontenible la crisis, devastando la sociedad y volcando patas arriba la existencia de todos, en un angustiosísimo descenso a los infiernos colectivos que mostrará los más crueles mecanismos de la supervivencia.
       
   De alguna manera basada en las anteriores Diario del año de la peste de Daniel Defoe y en La Peste de Camus, -que le aproveche el dato a cualquier profesional que me lo copietee- consigue levantar Saramago un relato vibrante, desazonante y atravesado de emoción como pocos, dotado de un vigor narrativo y de una fuerza dramática de difícil comparación. Cómo consigue esto Saramago, a pesar de utilizar un narrador omnisciente, en apariencia distanciado de la acción, que cuenta casi siempre de forma indirecta, queda a beneficio de  la maestría y la pericia plenas con que sabe el autor exprimir los mejores mecanismos narrativos: extraordinarios y estratégicos diálogos, destreza multiangular del narrador, sabia composición de escenas conmovedoras llenas de ternura, el rebosar de detalles humanísimos y poéticos, el buen alternar de la acción junto al jugoso reposar de la misma.
     
   Aunque quepa ponerle serio reparo a uno de los nudos medulares del argumento (cómo, estando tan maltrechos, dolientes y enfermos los ciegos, pueden los “ciegos malos”, que no son cuatro, erigir el espeluznante Terror que sobre todos los demás aplican),  la intensidad emocional y la riqueza narradora de la formidable y espantosa parábola que Saramago enhebra y construye, resultan literariamente deslumbrantes, absorbentes, una verdadera gozada de lectura para cuantos reverencian la palabra escrita. Chapeau, en suma, para este Ensayo sobre la ceguera, mago Saramago. Pues como te digo una co, te digo la o.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

miércoles, 21 de agosto de 2013

Comunistas ante la Muerte: siempre hubo clases

     


   La Nomenklatura comunista, esa élite, se arrodilla fervorosa para felicitarle mucho los años a los Castrones, esos autócratas, deseándoles larga vida, para luego, ante la muerte de Rosalía Mera, co-fundadora desde la más absoluta nada –sin apenas estudios- de Inditex, ese mismo día despacharla con la más desdeñosa acritud:
     
   “El hueco que deja Rosalía Mera (DEP) en la lista Forbes ya ha sido ocupado por otro/a. Que también se morirá tarde o temprano”.
     
   Así dijo CC OO de Castilla La Mancha. Se entiende bien el maleducado desprecio en la misma hora de la muerte: el ejemplo de una mujer tenaz, creadora de riqueza y de empleos por doquier, capaz de construir desde las manos vacías algo muy grande –material, pero también espiritual, sí- sin duda es ejemplo que a esa casta de burócratas instaladotes debe reconcomerles las meninges.
      
   La mala conciencia les hizo borrar el mensaje. Quiso la Dirección Nacional entonces, pretendiendo arreglarlo, ponerle poesía al asunto:
       
   “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar… pasando o no por la lista Forbes. DEP Rosalía”.
     
   Mejor se hubieran callado. Abusar de Jorge Manrique, mezclarlo en su burda añagaza, ignorar que eran sus Coplas sobre todo el conmovedor encomio de cuánto fue e hizo en vida el grande Padre del Poeta ronda lo imperdonable. Qué digan así quienes no han creado un empleo en su pura vida, qué digan así los que trincan vil metal de los ERES, de los falsos y de los más falsos aún, que así en el mismo momento de la muerte estos torvos chupatintas se produzcan, sólo puede producir repugnancia.
      
   Diríase que para la Nomenklatura comunista es sobre todo la Muerte una cuestión de clases. Véase si no el ditirambo a lo progre Rambo con que, consternadísimos, hace cuatro días despidieron, asegurándole la inmortalidad, al Comandante Chávez:
      
   “Te has ido para quedarte siempre con tu Pueblo. Hasta siempre, Comandante”.

     
   Siempre hubo clases, sí, y donde esté un Comandante, que se quite una mujer de pueblo sin estudios y trabajadora, capaz de crear algo grandioso, desde luego. Ah, y larga vida a los Castrones, esos otros Coma andantes. 


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
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martes, 20 de agosto de 2013

Con flores a Fidel Castro ...vaya Centella

     


   Sentenciaba el otro día don Cayo Lara, con esa voz de acero, como de mariscal zarzuelero que parece Natura haberle dado: “la Familia Real tiene los días contados”. Oh, un hombre justo y en verdad democrático, parecía colegirse de tan severa virtud. Mas llegó a los dos días la onomástica de Fidel, 87 ya, y ante esa otra real familia en el poder, los Castrones, 54 años dando matariles, que se dicen pronto, tanta democracia, tanta justicia, cual pringoso souflé al punto se derrengaron.
     
   Por la boca chancla del señor Centella, a la sazón Secretario General del PCE y diputado estrella de IU, promulgó una de las más lacayunas genuflexiones ante el Tiranosaurius Rex caribeño que imaginarse pueda. Pista que va el artista:
   
   “En nombre de toda la militancia del PCE (véase a un solo hombre, por muy Centella que sea, arrogándose el Poder de en nombre de TODOS falar) he felicitado al compañero Fidel Castro Ruz (el compañero, ya, el compañero) deseando (eso, eso, el vivo deseo en acción, di tu que sí, el deseo centelleante) siga presente (camarrrada Fidel ¡PRESENTE!) en su lucha (en su Kampf) contra el Imperialismo (voilá el fetiche que, por más sobadote que esté, nunca falla)”.
     
   Fin de la centellada, sí. Solo que esas flores a un Déspota tan longevo, sólo el más arrastrado de los serviles cortesanos podría igualarlas. Le faltó si acaso a Centella, de Llamazares y Cayo Lara acompañado, puestos ya, sobre la memoria doliente de todos los fusilados, asesinados, encarcelados, torturados y con saña perseguidos por los Castrones, como los otros habérselo canturreado a Castro:
    Feliz, feliz en tu día
    Fidelito que Marx te bendiga
   que reine el cinismo en tu día
   y que cumplas mil más.

¡Bieeeeeen!



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
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lunes, 19 de agosto de 2013

¿ZP? Cada vez me gusta más

   


   Pero es que también en el follón este de la Política muéstrase a sus 73 jugosa a rabiar nuestra impar Chica de la Ceja Roja. Ya en la antedicha entrevista de EL PAIS (1-8-2013) habíase destapado doña Concha con una sensacional revelación: “Si llega a triunfar el 23-F me matan, estaba en las listas”. Se queda uno al leerlo no se sabe si más abstruso que patidifuso. Se ve que aquellos golpistas aborrecían el mogollón de películas infumables que la Doña bajo Franco se apalancó y que tenía entonces la Velasco más peligro casi que la famosa Tigresa etarra. 
     
   En la de EL MUNDO (7-8-13) se explaya a sus anchas. “Yo soy socialista… (¡bien!)… El partido político ya sabemos que ha fracasado. Ojalá levantemos cabeza. Bueno, que la levante el partido, porque yo, como socialista de pro (¡bien!) no he perdido ni la cabeza ni la razón. Ha sido el partido el que la ha perdido (uff, qué lío de cabezas perdidas, todas las cabezas de huevo del Partido confusas menos la de doña Concha, la cabeza que ella tiene, que nos recuerdan sus palabras a las más célebres de Magdalena Álvarez).   
      
   Entonces, si el Partido ha enloquecido, alguna responsabilidad recaerá sobre sus galanes máximos, digo yo. Pa chasco, con la Velasco: Rubalcaba es un señor al que quiero y respeto mucho”. Le quiere y le respeta una barbaridad, vale. ¿Entonces? ¿Y a Zapatero? Pues, “visto lo visto hizo muchísimas más cosas buenas de las que yo creía cuando se fue. Ahora que lo comparo, es como lo de San Agustín, cada vez me gusta más”.

  
   Bueno, Santa Teresa del socialismo de pro, deje vuesa merced a San Agustín en paz, que lo del “cada vez me gusta más” es más bien del Príncipe Gitano, obí, oba, que cada día me gustas más. La cabeza y la razón no sé, pero aquellas cejitas que en su día hiciérale doña Concha en compaña de otros al Líder Máximo Zapatero, ese auténtico Brad Pitt de la Política, ahí siguen, ahí perduran, ahí están viendo pasar el tiempo. Qué pro, jó, doña Con.


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
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