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viernes, 28 de febrero de 2014

Cosas que nadie te dijo sobre el Debate



   Pues ninguno, al menos que yo sepa, de esos tan afamados OPINADORES, que tantas tribunas sobre su egregio nombre acumulan, ha reparado y puesto en su justo valor el que, en el transcurso del Debate sobre el Estado de la Nación, Rajoy explicitó en las Cortes con cristalina nitidez el brutal chantaje que… ¡invitado y en el mismo Palacio de la Moncloa!... Mas, el presidente de la Comunidad Catalana a las barbas le arrojó. O me apruebas el Pacto Fiscal –en medio de las las peliagudas condiciones económicas que entonces el país atravesaba- o atente a las consecuencias, reveló Rajoy que Artur Mas en esos exactos términos le espetó.
     
   Ese “atente a las consecuencias”, de corte tan prepotente como mafioso, esa inadmisible y destructiva amenaza que el presidente de una comunidad autónoma con mayoría relativa escupió sobre el recién llegado Presidente del Gobierno con mayoría absoluta a sus espaldas revela mejor que nada el verdadero talante de Mas. Esa crucial y textual confirmación de lo que ya se comentaba en mentideros, en boca ahora de Rajoy en la sede de la soberanía nacional apenas suscitó escándalo o mayor comentario. Ni el schettino Durán i Lleida, a quien Rajoy se la había dirigido, se esforzó, que yo sepa, en negarla. 
     
   Obsérvese entonces la elocuente secuencia: “preparan” los muy superburguesitos separatistas la grosera “ofensa” al Príncipe de Asturias, nada menos que negarle la mano, más, dejarle con la misma al aire. Se rebaja éste y vuelve sobre sus pasos, tratando de “amigo” al grosero cretino. “Yo no soy tu amigo”, le regurgita a la cara de nuevo el cafre. Va entonces Artur Mas, con el mismo Príncipe aún a lado, y… agasaja y cumplimenta y comparte sonrisitas con el cafre. ¿Hay palabras para calificar esto? Bueno, en eso consiste esencialmente el separatismo: en negarse a tender la mano a quien te la ofrece.

     
   Quedaba aún la guinda más repugnante: al día siguiente el capitán Schettino del Costa Concordia del Oasis, Durán i Lleida, EXIGE diálogo al Presidente español. Hombre, los Corleone tenían una grandeza trágica que estos mercachifles desconocen. Los Soprano tenían más gracia. Váyanse a tomar mucho por el Oasis, señorones hampones. 





LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

jueves, 27 de febrero de 2014

¿Operación Palace? ¡Operación Évole?


   Digámoslo claro: Jordi Évole es a Orson Welles como Belén Esteban a Antonio Machado. El Follonero quiso con su bromita sobre el 23-F imitar a Welles, pero la boba farsa a quien sobre todo pringó fue a la estulta comparsa, que vaya tropa con la que el artista se arropa. Su indudable éxito (arrasó a Risto con Zetapé, cuenta él los seguidores por millones, en fin, es Él el estandarte premiadísimo y pagadísimo del periodismo patrio) por supuesto describe bien estos tiempos ágrafos que vivimos, (no por casualidad a quien sobre todo se la pegó fue a… Beatriz Talegón, a lo que ella de símbolo de cierta juventud representa, “aún creía en algunos profesionales”, se ha dolido al sentirse estafada luego ella) en los que el supuesto periodismo de denuncia en clave progre (tan, pero que tan serio) desciende ahora encantado a la patochada más pueril sobre uno de los más espinosos temas de nuestra Historia. ¿Qué clase de postmoderno  Compromiso, qué Causa y por qué Verdad trabaja  Évole
     
   El principal mérito que a Évole es preciso reconocerle estriba en haber conseguido embarrascar y encelar a una impresionante nómina de viejas glorias (en alguna medida portavoces de una cierta cultura seria) que gozosos aparecen “empotrados” en la astracanada: Jose Luis Garci, Iñaki Gabilondo, Fernando Ónega, Luis María Ansón, Verstringe, Mayor Zaragoza, Joaquín Leguina, Rojas Marco, Alcaraz, Anasagasti, Azcárraga. Total nada, de esos monstruos la Parada. ¿Quo vadis, graciosillos carcamales? ¿Os rejuvenece algo hacerle la ola al más selecto Bufoncete de la Progresía? ¡Como que podía faltar Ansón en esa dudosa salsa, ¿monárquica, antimonárquica?, y qué más da. Pero asimismo el que tan voluntariosos como alegres se alisten Gentes Tan Importantes a la bobadita evoliana es pero que muy sintómática clave de cómo realmente es el Mester de Progresía quien parte el bacalao del Tinglado hoy en día: ahí vemos a toda esa vetusta tropa, mendigándole a rastras como sea un papelín al Señorito Évole.

   
   Ha dicho Garci, presentado como el spielberg encargado de filmar el Golpe falso, que la idea estupenda de lo de Évole es “que no te puedas fiar de todo lo que sale por la tele”. Ah, no habíamos caído, gracias, hombre… ¡Cómo que Évole es esencialmente televisión! Que el programa se grabó ¡en junio del año pasado! –¡mantenerse tantos deslenguados en ese secreto!- Resaltó además Garci … ¡que no había cobrado por su participación! Vamos, que gratis et amore encima se prestan ad maiorem gloria del Follonero Torero. ¿Es o no impresionante lo que rodea esta Operación Palace? A ver quién es el guapo artista que se atreve a hacer ahora una Operación Secta sobre San Jordi Évole. 




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miércoles, 26 de febrero de 2014

Helados Suizos de Granados



    Petrificados nos dejó el popular senador Granados con la sensacional mala nueva del millón y medio de euros que al decir de El Mundo tenía él a no tan buen recaudo en la superdemocrática Suiza, en un carro apalancaditos. Y es que, además del reloj de cuco (Graham Green dixit) ha dado Suiza, tiempo ha, singulares y sucesivas camadas de muy cantores cucos. Tiene uno ya años y memoria suficientes para anotar aquí que la evasión de pastizales a Suiza era la definitiva acusación con que la oposición democrática imputaba a los gerifaltes franquistas… ¡Qué colosal vergüenza entonces, 37 años después, el que partidos y personajes de casi todos los colores de la democracia, por allí aparezcan también, y con mucho más astronómicas cantidades, como sucios sisones. ¿Quién y por qué a cuentagotas nos descorre el velo que ocultan las inacabables cuentas suizas?
     
   Más congelados aún nos dejaron luego las inconsistentes explicaciones de Granados, sus medias palabras sin documentos al sol de los media como… eso, como un patético helado en churretes desmoronado. Dimitió de sus cargos al menos, sin guarecerse en el búnker legal que el Senado proporciona, aunque con elocuentes y penosas palabras aduciendo que… ¡allí mucho se aburría sólo apretando el botón!, con descaro reconocido y arrojado así ese dolce far niente de la Casta que a todos los españoles menestrales más y más entonces nos subleva.   
      
   Como rápido Helados Granados dimitió, la oposición quiso ese carro hacia Esperanza Aguirre apuntar, que bien se la tienen guardada. Sólo que también ella se adelantó, y más les subió la apuesta, al censurar como intolerable que un político tenga cuentas en Suiza y parecerle justa la dimisión del Helado achinado “por no poder demostrar su inocencia”.  

      
   Y acaso la guinda del mantecado Granados: que precisamente él, tan habitual en las políticas tertulias televisivas, que a tantísimas corrupciones, suizas y sucias, han atendido, él, que con tanto hervor demandara en las mismas cárcel y devolución de los pastizales afanados, anduviera en realidad tras el telón con su particular carrito de la tela suiza a cuentas, esa heladora impudicia si que nos dejó ya… como a Kafka el otro día, así.   



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martes, 25 de febrero de 2014

Cuento de los Verificadores y de unas nueces


   
   En las postrimerías del Gesto, una vez terminado el siniestro video para la BBC –aquel par de luctuosos encapuchados entregando ¡con guantes!  la hoja al negrito con gafas tras la mesa de un stand infantiloide, el abyecto cabezazo del negrito sonriente ante los terroristas-, cuentan que  uno de los Jefes etarras, guiñándoles antes un ojo a sus conmilitones en aquella zahúrda, como queriendo un poco más ganarse a los mercachifles que tenía al lado, de algún escondrijo se sacó una soberbia fuente rebosante de nueces, y que, ladino, se las ofreció gentil a los Verificadores… y cuentan que éstos, aunque lo que tenían delante era sólo una montaña de nueces tronchadas, mutiladas, extorsionadas… arrancadas a viva sangre de un nogal muy negro, allí mismo en un pis pás  todas se las zamparon y que, aunque les supieron un punto amargas, ni mú dijeron, tan obsequiosos los Verificadores eran. Qué gran Gesto, sí.




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lunes, 24 de febrero de 2014

La cucaracha de Garzón


   Cuando Baltasar Garzón despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado por la humanísima Idea de una Justicia Universal, se encontró en su bufete defendiendo los intereses de un insecto monstruoso: un capo de la Mafia Rusa, total ná.  Lo cuenta El Mundo (20-2-2014) y hasta donde este bloguero sabe el idealista Super Garzón (como ante las acusaciones de cobrante en dinero B que Guerra le asestara) no ha emprendido acción judicial alguna que repare su Justa Fama.
    
   Y es que a los intereses del capo ruso, don Víctor Kanaikine, llamada así la pieza, según leemos, como en un best-seller del Crimen, no les falta de ná: empresas inmobiliarias radicadas en paraísos fiscales, blanqueo de capitales, organización criminal, falsedad documental, cohecho. A más a más, Kanaikine, como Personaje de libro, es una joya: 70 años, químico, en silla de ruedas ahora, con la Orden de Lenin como “héroe del trabajo socialista” al cinto, durante más de 20 años director general de la empresa supervisora de los interminables gasoductos de Gazprom, donde labró al parecer su Fortuna, en fin, considerado por la Guardia Civil y por la Fiscalía como el Jefe de una organización criminal acusada de blanquear en España 56 millones de euros procedentes de actividades delictivas.
   
   Dice El Mundo que, eso sí, el nombre de Garzón por ninguna parte aparece, por más que sí lo haga el de las abogadas de su floreciente despacho. Precisa el diario que el ex –juez, dados sus saberes y contactos en la Audiencia Nacional, que es donde se ha de ventilar la buena estrella de Kanaikine, es el genuino director en la sombra del equipo legal que al ruso le lleva los papeles. Esto es, como si  cándido Super Garzón, al aceptar el caso, como el niño del chiste hubiérase dicho vale, pero que parezca un accidente.

   
   Nueva tras nueva, reciente aún el FASCISTA/TORTURADOR que en la Universidad le montó la izquierda independentista gallega y filoetarra, la Figura de Garzón, a despecho de sus incondicionales, -uff, vaya prueba a la fe que le guardan les hace tragar ahora, nada menos que verle adosado a la minuta de un mafioso ruso- es que no levanta cabeza, no puede ya caminar, sea porque le zancadillean y le faltan, sea porque él solito donde no debe mete la patita de atrás. 



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domingo, 23 de febrero de 2014

Kafka encabronado



   El jueves pasado fui al Teatro y en el clímax de la obra, para pasmo de cuantos allí suspirábamos, de entre la fila de butacas emergió una estridente cucaracha. Verás lo que pasó. Era en el madrileño María Guerrero. Me apetecía, y mucho, ver ese “Kafka enamorado”. Soy un ferviente admirador del grandioso escritor checo, sobre todo de sus Diarios y Cartas; tanto lo soy que, sobre esos textos inspirado, precisamente con el mismo título -no sé, lector, si algún día verá el pobre la luz editorial- tengo, desde hace un lustro escrito, un sentido relato de amor. Puede entonces, aupado sobre esa devoción y sobre esa coincidencia, calibrarse la exaltación de mi ánimo teatrero.
       
   A menudo tanta expectativa desatada sobre algo acarrea la inevitable decepción de lo real. No fue para nada el caso. Fue maravilloso ese tiempo  allí. La obra, la dirección, la interpretación, las palabras con esa fé vertidas, todo resultaba preciosísimo en esa pequeña sala, todo permitía disfrutar a lo grande –pese a la tristeza de algunas escenas- la expresividad y la intensidad únicas que puede sólo el mejor teatro traspasarte. Trataba, claro, sobre los desdichados amoríos que entre Franz Kafka y Felice Bauer hubieron, sobre la enfermiza timidez e inseguridad de Kafka, sobre la incomparable persona del atormentado y acomplejado escritor, que parecía andar siempre con una nube oscurísima sobre la cabeza pendiéndole, sobre su angustia y su inadaptación perennes a la vida real, y sobre cómo a tientas buscaba en la escritura, de la que también dudaba, un reducto ante los miedos íntimos que ante el mundo lo atenazaban; versaba, en fin, sobre la emocionante historia del amor mutuo que ambos indudablemente se guardaron, y sobre cómo tampoco Felice, para su dolor, pudo cambiar a Franz.
      
   Nos parecía tan hermoso cuanto sobre las tablas a ojos nuestros transcurría que mucho nos incomodaban las toses y gargajeos del respetable, que entonces lo era ya menos, pues empañaban con esas carraspas la tersura dramática de lo que demandaba respeto. Ya cuando un individuo de la primera fila, y al poco, otro de la tercera, se levantaron para vete a saber adónde carajo dirigirse, con gusto les hubiéramos tirado un peñasco a la cabeza, en justo pago al cruel menoscabo que al primoroso trabajo de los tres actores esos badulaques infligían. ¡Esa obra, ese actuar, exigían la suspensión de todos los apremios corporales, joder! 
   
   Pero es que en el apogeo emocional de la obra, cuando Franz y Felice  -los actores que tan bien los encarnaban- se cruzan los más hondos reproches y ternuras envueltos, cuando más desnuda y acabada es la pena por su desdicha, cuando, inmensos, el dolor y la amargura por el mutuo fracaso -ante todos- brotan y estallan, justo entonces, en ese mismo terrible y delicado instante, desde la cuarta fila del público emergió con estrépito de alarma el bullanguero tiroriro, los acelerados y pintureros sones de… la-cucara-cha-la-cucara-cha-ya-no-puede-caminar, y dale que te pego allí a toda leche la mecánica pachanga de la cucaracha con la que un teléfono móvil avisaba a su dueño sobre todo de lo cabrón que entonces era, Dios mío, qué momento, y es que el individuo en cuestión no se daba por aludido, o no acertaba a espachurrar la cucaracha, y la gente se removía y chasqueaba ya la lengua tras tanto piripipi-piripipi-piriviriviriví … mientras la obra no podía ni un instante detenerse, dios mío, que la cara de Kafka era un poema más y más horrorizado, pues tenía el pobre que hacer como que no escuchaba el jodido soniquete, la cucaracha y la madre que la parió, y seguir actuando, mientras Felice, más palida que la luna de los románticos, con los ojos desorbitados no sabía a qué carta quedarse, y la cuca-ra-cha-la-cuca-ra-cha que no paraba allí de repiquetear, que pensé, verás, ahora, el actor que hace de Kafka, de dos trancos en vivo agarra por la pechera al cenutrio de la cucaracha y le estrangula allí mismo, y Felice jubilosa le ovaciona, se besan y punto morcilla, hubiera sido genial…
  
   Hubiera sido asimismo demasiado para los pobres Kafka y Felice, que, heroicos sin duda, siguieron como si nada inmersos en su drama, que era ya tragicomedia, hasta que aquel mendrugo -¡habrían pasado a gusto al menos cuatro eternos minutos!- logró al cabo cortarle el gritito a la jaranera cucaracha,  momento tras el que a Kafka, al loro sin duda de todo, una amarga sonrisa aún más le ensombreció el rostro.
    
   Luego me dije, es, hay que joderse, como si el negro círculo de la maldición personal que sobre sí llevara Kafka, incluso en el tiempo –casi cien años ya- y hasta en el último rincón del globo al representarle se prolongara… aunque el brutal happening que acabábamos de presenciar era en el fondo un magnífico correlato –casi demasiado explícito, así es la vida- al propio infortunio del genio checo. Así lo debió también captar el Actor que hacía de Kafka pues, del todo recobrado y sobre ese necesario azar crecido, a los ojos mirándonos bordó poderoso el fin de la Obra, “Tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un insecto monstruoso”.

   Aplaudimos a aquellos tres actores, al Director, al Autor, a Felice Bauer y a Franz Kafka hasta que nos dolieron las manos, claro.




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sábado, 22 de febrero de 2014

Kafka y los libros de autoayuda

     


   El otro día fui al teatro, a ver y escuchar el “Kafka enamorado”. Mañana te contaré aquí, lector mío,  la fantástica historia que durante la representación allí nos ocurrió. Quiero hoy sólo hacerme –hacerte- una minimalista –lo que hoy se lleva- reflexión: si el tan grandioso como infeliz Franz Kafka, de haberlo tenido al alcance en su época, hubiera leído con provecho un buen libro de autoayuda, es probable que su existencia podría haber, en el orden práctico de la vida, algo mejorado, que hubiera sido quizás menor su infortunio, y que quienes lo rodearon hubieran a lo mejor tratado más y mejor a una personalidad tan atribulada como la suya, pero es también posible que en ese caso unos y otros, quienes con él convivieron y quienes con él en sus libros “convivimos”, en ese trueque hubiéramos perdido a Kafka.

   
   Si Kafka (“yo no tengo que comunicar nunca nada a nadie… tómame… tejido como estoy de necedad y de dolor… tómame, será la profundidad… “) hubiera sido sólo un intercambiable individuo más entre la inmensa mayoría, sólo un anodino –y modestamente feliz- ciudadano más, uno de tantos como nosotros mismos somos, habría sido a lo mejor más dichoso, sí, pero no hubiera sido Kafka. ¿Y a qué arduas interrogantes sobre fines y medios, sobre felicidades e infelicidades, sobre normalidades y singularidades nos remite esta consideración? Hum, me temo que al minimalismo reinante sólo el plantearlo ya le aburra. Lector, mañana te espero.




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viernes, 21 de febrero de 2014

No llores por él, Venezuela (Canción para Maduro, poessía 64)



¿Y por qué no darle un poco la vuelta al temazo de Nacha Guevara y hacerle unos arreglos, puede que infames, acaso adecuados al infame chándal  del a la sazón Maduro? Pues canturrea con nos, si así te piacce, lector. Va:


Será sencillo de entender
Que pese a chillar él así
Es chavista, nunca lo va a negar
Debéis ignorarle
Sus chándals son solamente un disfraz
Un truco de atrezzo, nada más
Copiar a Fidel el Carcamal

Quiso Él tragar, rehusó cambiar
Y dejar de Ordenar Él así
Siempre desde el Poder gritando como un mandril
Soñó con Chávez… para sólo a sus Hijas hallar
Y sólo alcanzó a reprimir… la Libertad en su país

No llores por Él, Venezuela
Maduro es un tarugo
Su alma entera, la de un borriko
Mas no te aflijas, le queda un pico

Sólo Poderes ambicionó
Patrañas que contó Él de sí
Que si el pajarico,
Que si en sueños siempre lo ve
Él solo quiso…
Imitar al eximio Coronel
Poderle clonar
Mirar a La Habana y acatar
Por siglos… el Mando perpetuar

No llores por Él, Venezuela
Maduro es muy tirano
Su afán completo… el de un malsano
Mas no te apures… será en vano

¿Qué podrá Él bramar
Para cegaros con más falsedad?
Si aún pretendéis dudar
Mirad su puño
Cómo se cierra en rencor

No llores por él, Venezuela
Maduro es un tarugo
Su alma entera, la de un borriko
Mas no te aflijas, le queda un pico


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jueves, 20 de febrero de 2014

Mugre en el Congreso de los Diputados, of course

     


   “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”, decía Wittgenstein, habrá que repetirlo, aunque valga para nada, muchas veces más. La “granhermanización” de la sociedad, ese morbo por lo escatológico y ese rebozarse en el légamo característico de las Sociedades de la Telebasura que venimos aquí señalando, esa regresión cultural que propicia el prototípico homo gañanis tan a la moda, consigue invertir los habituales cánones por los que se transmite la excelencia, que es ahora contagio de la inmundicia: si antes las personas que no habían tenido oportunidad de estudiar admiraban a las instruidas y procuraban ellas mismas, cultivándose en la lectura y en el arte a su alcance, mejorarse, ahora los líderes institucionales de toda índole pierden el trasero por reproducir las formas soeces del más chocarrero concursante televisivo. Va siendo toda la vida social puro reallity ya.
   
   Así, al Templo de la Palabra por excelencia, al Parlamento, al cacumen de esos Padres y Madres de la Patria llega también la inmundicia, que no se diga que tras los gin tonics tiraos no saben ellos gañanear un rato. Veamos la secuencia: irrumpieron allí las Femen, esas brigadistas en cueros del puño en alto cuya divisa fundacional rezaba “mis tetas son mis armas”. Graznaron su demenciado eslógan “el aborto es sagrado”, vale. El Señor Presidente de la Cámara con voz gonga musitó entonces, como un Santo ante el numerito: “tengan cuidado, no se vayan a lastimar, señoritas”. 
    
   Llegó el debate y una diputada de IU, blandiendo una dudosa poesía, desde la tribuna le espetó a la carreta de Gallardón: “¡apelaré con las tetas!”. En marcha ya la carreta, era cuestión de días que llegase esta hasta el fondo: “¡en mi coño mando yo!”, bramó la parlamentaria de Amaiur, tan obedientita ella al moño del Jefe etarra de turno. De Celia Villalobos, gran estrella en la votación, de su celebrado vídeo del chófer (venga, coño… no son más tontos porque no se entrenan, joder) mejor ni meneallo. Qué modales, qué gusto por la Palabra en esas parlamentarias, -¡si las mismas profesionales del fornicio hablan mucho mejor!- qué espejos de educación en los que mirarse la aperreada ciudadanía, a qué mundo más bruto contribuyen esas élites.

   
   ¡Al mismo Presidente de la Cámara, alcanzado de lleno por la ciénaga, en el interim, de beato en chusco tabernero vimos mudar: “Tírelo, coño”, se le oyó exclamar el otro día, cuando los amaiur querían darle un papel a la Vicepresidenta! “Se me transparentó lo que pensaba”, adujo como toda excusa. Pues qué poco autodominio, sr Posada,  y cuánta mugre Usted preside, ¿vale?




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miércoles, 19 de febrero de 2014

Italia, la Grande Vileza


   Ni a los idus de marzo el ansioso Renzi ha esperado. Qué opereta de codicia más desatada en la bota rota de Europa. Se pensaba que el completo bochorno de las comedias bufas de il Cavaliere Berlusconi habría vacunado para un largo tiempo a las élites políticas italianas contra los grotescos espectáculos de la ambición más obscena. Y no; en el principal partido de la izquierda italiana –entre los mismos camaradas- vuelan ya sangrientas las dagas más retorcidas por arramplarse el Poder, esa suma aberración. Se ve que en Berlusconi se quintaesenciaban –actualizadas al Reinado de la Mugre que vivimos- tarantelas atávicas en la “cultura” política italiana. Y es que el apuñalador de hoy, Matteo Renzi, con sus vagos aires de guaperas dilettante ganador de un Festival de San Remo, no es ningún carcamal de la Casta de Tangentópolis, sino un pipiolo parvenú loco por la música, por la música del Mando y la vendetta, se entiende.
     
   Ni diez meses le ha concedido el florentino Renzi a Letta, el hombre que consiguió desembarazar a los italianos del baldón berluscono. Maniobró Renzi en el Partido, se trabajó esa cúpula y contra la yugular apalancóle a Letta la faca. En nada le han detenido al aventurero los riesgos explosivos de la situación italiana ni el mínimo sentido de la responsabilidad o del Estado. Será Renzi, oh, señores Indignados del mundo mundial, el tercer presidente italiano consecutivo no elegido directamente en las urnas.
     
   ¡Y qué elocuentes proclamas las de Renzi al arribar hace un año a la política nacional, prometiendo acabar con las viejas costumbres, con el sórdido chalaneo en la oscuridad, juramentándose a no llegar jamás al Poder sin el voto popular.  “Conmigo de secretario general del PD, Letta será más fuerte”, había declarado en este octubre a La Stampa

    
   “Abrir una nueva página”, a lo Madina en Navarra, dice ahora el ávido y triunfante Renzi sobre el fiambre de Letta. Puede que Berlusconi, entre atónito y admirado, desde algún lugar ande partiéndose la caja de las risas, pero a buen seguro que los Borgia, los Andreotti, tantos condotieros de la eterna conspiración italiana, incluso el grande Maquiavelo, habríanse sentido consternados ante vileza tanta.



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martes, 18 de febrero de 2014

Y Usted, aparte de despotricar contra los Goya, qué cultura impulsa

     

   Tan estúpida e injusta me resulta la terca obstinación en negarles el talento y el trabajo a muchos acreditados creadores de la Ceja y de los Goya como la contumaz denigración que estos mismos arrojan sobre la Derecha española  como franquista y criminal.  Es un diálogo de besugos en bloque, imposible del todo. Ni el Cine es toda la cultura, ni son los Goyicejas todo el Cine, ni se puede tampoco negar que algunas creaciones de éstos sean cultura, su “cultura” si se quiere.
     
   Podrá censurárseles a los de los Goya su implacable sectarismo cuanto se quiera, pero es indudable que ellos, y sus seguidores,  aciertan a conformar una, en términos sociológicos, muy sólida “comunidad”: esa amplia organización de individuos dotada de una férrea y duradera solidaridad interna, por tanto perdurable en el tiempo, en la que predominan los vínculos afectivos y emocionales a la hora de defender y consumir unos objetivos y unas creaciones que sus miembros, sean autores o clientes, consideran como propias y comunes, dotadas de sentido, de significados y creencias de las que se sienten todos partícipes, es decir, una vivencia compartida de “símbolos” (en torno a los que con habilidad va incorporando sucesivas generaciones de miembros y de líderes informales),  un interdependiente y vivo mundo propio en la permanente realimentación simbólica que el consumo y la defensa de esas producciones significa.  
     
   Enfrente de los, a veces grotescos, progres goyescos qué es lo que hay, qué vivencial comunidad alternativa (sobre valores no izquierdistas) de creadores y consumidores se le opone: la nada. Cuatro figuras aisladas que a lo suyo van, y que a no recibir las coces de la hostilidad del mester de progresía dominante a lo sumo aspiran. Si sabe de sobra que con la tirria enemiga del Mundo del progreso cuentan, qué alternativa global de creadores y público en torno a los propios valores compartidos ha tratado la Derecha española (la política y la sociológica) de auspiciar, qué han hecho los cuatro gatos de Autores no izquierdistas célebres por unir y vincular y apoyar y dinamizar y promocionar a su alrededor un movimiento de creadores más amplio que pueda erigirse como opción válida y permanente frente al izquierdismo reinante.   

   
   Y también usted, señor, señora, ciudadanos del común que tanto despotrican y denuestan a los de los Goya, qué cultura defienden, qué autores anónimos no izquierdistas impulsan y difunden. ¿Consiste su “culta” actitud en algo más que un persistente y desconfiado NO a toda creación artística, a todo producto intelectual que se les ofrece? Los de los Goya triunfan y duran y duran (también entre los apolíticos, que les veneran) sobre todo porque enfrente hay la nada. No pataleen tanto entonces.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)





lunes, 17 de febrero de 2014

Garzón, garzoneado

    

   Con lo que Él les “comprende”, con lo cerca que se halla Él de ese mismo  rebelde y antisistema sentir, con todo lo que Él ha hecho por las mejores Causas Izquierdistas… y de manera tan cruda revolverse allí contra él, ¡esos alucinantes gritos de “FASCISTA” a él dirigidos!, esas delirantes pancartas incriminándolo como… ¡“TORTURADOR”!, esas proclamas torvas que de allí lo expulsaban,  ¡“FUERA DE GALICIA”!, vamos hombre, lo nunca visto, lo impensable, qué piélago de ignorancia e ingratitud los de esa docena de antifascistas mozalbetes. Es tan injusto.
     
   Ni siquiera la reciente “comprensión” garzoniana al lío de Gamonal de algo le sirvió. “A la fuerza tendremos que hacernos oír en las calles, eso sí, dispuestos a pagar las sanciones derivadas de la grotesca política de criminalización que este gobierno ha aplicado a uno de los derechos fundamentales, como es el de manifestación”, proclamó flamígero en prensa Super Garzón por entonces. Y a la fuerza se le han manifestado a él ahora, en homeopática dosis que al planetario Superjuez le hicieran probar los pelanas borrokas, reventándole la conferencia… en las aulas de una universidad.
      
   Andaba el Señor Superjuez, recuperándose del rodillazo en los gabilondos hondos que a costa de los pagos en B Alfonso Guerra hace poco le asestara, en tourneé ahora de conferencias por las Españas, esas que le procuran quienes manejan el cotarro en decanatos y rectorados, -esas mismas que a otros, o no se las dejan dar, o ni se les invita a darlas- sin reparar en los lazos cuasi mafiosos que a los borrokas independentistas gallegos unen con los abertzales, que a su vez a Garzón se la tienen por sus niños jurada. Y mira que con los filoetarras ha templado últimas gaitas Garzón, para al menos asegurarse su neutralidad en las ambiciones políticas que con Llamazares y cía se trae.  “Estamos en una fase de reacción de la justicia en la que sí se pueden plantear mecanismos para finalizar ese conflicto”, declaró poco ha Garzón.  Pues nada. Es posible que teman los bilduetarras que una candidatura garzonita pudiera robarles votos, así es que a reventarle el acto encomendaron a sus peones para estas bregas.
   
   Y así, en típica –tantas veces repetida en la Historia-  pugna interfacciones de radicales izquierdistas,  vinimos en ver la estampita del contradiós que ahora nos faltaba: para incrédulo pasmo del dorado Mundo del Progreso, nada menos que el planetario Super Garzón en público cruelmente infamado ahí es nada… como fascista y torturador… él, ¡Él!  

P.D. (¿te gustó, lector, el relato que puse ayer?


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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domingo, 16 de febrero de 2014

Una linternita con llavero



   Tenía que acudir el otro día en la mañana a solventar un papeleo en la  ciudad. Me metí en el metro, bastante concurrido a esas horas, pese a no ser de las que llaman punta. Lo habitual ahora allí: semblantes sombríos, miradas graves y concentradas, frío ambiente, y también esa fugaz sensación de comunidad que, pese a ser todos para todos extraños, el viaje en un vagón compartimentado proporciona. Ni un sólo libro, ni un sólo periódico, ni siquiera los gratuitos allí, un par de readers y muchísimo palpoteo de teléfonos móviles, eso sí.
   
   Llegamos a una estación principal, tras la que nos esperaba a casi todos el habitual itinerario a paso medio a través de largos y grises pasillos en tramos ascendentes. A la vuelta de uno de aquellos trechos, el rítmico estruendo de la percusión de una batería cercana anegó con trallazos de samba carioca el discurrir del grupo suburbano por aquellas galerías, como si de una batucada pretendiera transportarnos al mismo Río de Janeiro. Lo querría, quizás, pero no iba, claro, aquel golpeteo de tambores a conseguir ese improbable pasaporte. Se ve que estaban aquellas gentes muy habituadas, maleadas por tanto, a la invasión allí a esa hora de los vibrantes sones brasileiros, pues, que yo viera, nadie lo más mínimo ante el trepidar de timbales  se impresionó, si es que no, alentados en parte por la propia música, aceleraron muchos el paso en busca de la salida.
     
   Por razones que no sé –bueno, que sí sé, punto- decidí, como andaba además sobrado de tiempo, desde un sitio discreto por un rato observar aquello. Mereció desde luego la pena y resultó bien curioso el tiempo gastado, pues la ringlera de tambores, cajas, platillos y timbales que contra la pared en semicírculo se disponían, tenían el aspecto, el envoltorio, el tamaño y el colorido chillón de simples juguetitos infantiles, de los que parecía del todo punto imposible que pudiesen elevarse unos sones tan rotundos y en perfecta escala acompasados como los que desde los mismos se levantaban. Asemejaba, ya digo, una batería de juguete en colores naranjitas, lo que más aún resaltaba y focalizaba el mérito sobre el músico que aquella cascada rítmica conseguía allí desenvolver. Joder, quienquiera que fuera, centrifugaba la mañana de una limpia alegría, y por impostada que la misma fuera, le añadía algo mejor a aquella grisácea tristeza.
   
   Y es que, como a juego con todo aquel pueril instrumental, quien con manos y baquetas lo aporreaba y galvanizaba, era, enseguida se veía, no un brasileiro, sino un pequeño centroeuropeo –calculé por las trazas que sería magiar o así-  de mediana edad, de pelo rubio ya ralo, con una permanente expresión de risueño cómico como estampada en el rostro al tiempo que tocaba y tocaba sin parar. Pasó el grupo mío y el rubio carialegre siguió dándole a lo suyo. Se vació el auditorio,  pero muy pronto pasaron y se fueron, en ambas direcciones, se fueron y pasaron nuevos grupos de suburbanos viajeros. Seguía él tocando.
    
   Hasta que, en un momento en que se quedó aquello de nuevo desierto –no podía, donde yo estaba, verme él a mí- sin apenas dejar de palmotear los timbales, inclinó el cuerpo para ver las monedas que dentro de un jarro, contra el que descansaba el cartelito de GRACIAS, podrían quizás haber florecido. Y por un instante también, yo lo pude ver, al descubrir él el hondo fondo de la nada, el rostro del rubio carialegre se agrió en un rictus de indefinible desolación.

   
   Cuando abandoné río arriba aquel vestíbulo, el estruendo de esos sones vibrantes, que salían de las manos de aquel magiar carialegre, continuaba anegando los corredores. Y entonces, sólo entonces, subiendo ya los últimos peldaños hacia la luz del día, recordé a la mañosa joven, bajita, resuelta, con anatomía de buen ver sobre todo ataviada, que, en el luengo convoy que nos había traído, rompió con su voz melosa el marasmo de aquel monacal silencio para decirnos a todos que simplemente ella se ganaba la vida vendiendo por un euro esta linternita con llavero que aquí pueden ver, y que muchas gracias, y que si podíamos ayudarla, y oye, comprobé que, más que menos, la cosa a ella le funcionaba. Al menos a ella sí. Contra toda lógica, un poco avergonzado, en la gélida ciudad ya, a mí mismo me sorprendí fantaseando… ojalá los dos, la chica melosa y el percusionista magiar, formaran en realidad una muy ilusionada pareja de novios, que pronto estarían nada más que besándose.  




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