jueves, 23 de septiembre de 2010

Audrey Hepburn y Antonio Ordóñez in love

    
     El otro día leí en el blog de Santiago González ( una de las cabezas mejor amuebladas y una de las más finas ironías en el panorama periodístico, y no por ello -eso que él se gana- entre las masas mundialmente conocido) , a cuenta de las muchas relaciones amorosas que conoció la Hepburn, el romance que en su día mantuvo Audrey con Antonio Ordóñez, el célebre torero rondeño. El pálido mitómano que a veces le habita a uno (tiene uno en el móvil, por si le pasara algo, el número de Audrey en el cielo -que en el internet se encuentra todo- en el AA que Tráfico recomienda) se llenó de envidia retrospectiva hacia Anthóniooo Ordóñez.
     
     No conocía esa historia, testimonio cierto de una época en el que las más rutilantes estrellas de Hollywood peregrinaban en masa a la España de entonces acaso buscando en los toreadores el contacto carnal con el reducto último de vaya a saberse qué mistérico heroísmo macho. Qué pensarían aquellos hirsutos y a menudo toscos ganapanes, arrojados artistas en el ruedo, cuando entre sus manos hallaran, como un metereorito resplandeciente que del cielo sólo a ellos les hubiese caido, los cuerpos más renombrados de la Galaxia. En Audrey sobre todo admirar a un palmo aquel increíble rostro, emblema de la armonía y la gracia chispeantes e inmarchitables.
    
     También me preguntaba si en la Hepburn, quien al decir de sus biógrafos encerraba una enfermiza inseguridad interior por detrás de su éxito mundano, habría podido más en el lance la personal pesquisa de la figura protectora que al parecer anduvo siempre ella buscando, o la rendida admiración hacia el hombre que expone su vida sobre la arena con una sonrisa en los labios al tiempo que prodiga belleza a su alrededor. Por el veneno ése de los celos en flash-back llegué a preguntarme incluso si no habría sido la simple y un poco patética emulación de Ava Gadner lo que hubiera llevado a Audrey a poner un torero en su vida. Y si acaso Ordóñez, dándole una vuelta de tuerca más al penoso afán de emulación, como Luis Miguel Dominguín en aquella histórica ocasión nada más yacer junto al "animal más bello del mundo", no habría salido corriendo, corriendo, corriendo...¿adónde? A contarlo, naturalmente.
   
      Concluí entonces, llegado a este punto crucial, que a los mitos, cuanto menos se les manosee, mejor. Y vine aquí corriendo corriendo a contarlo, naturalmente. Y a soñar un poco con esto.
    
 

3 comentarios:

  1. Al ver esta escena, de ciencia ficción por supuesto, por supuesto y por supuesto, me he quedado pensando si me gustaria que mi mujer me dijera estas palabras. Viendo el resultado final, creo que voy a conformarme con el:" ¿ de donde vienes? ", " baja la basura" y el consabido " a ver si haces algo ".
    ¡No tengo yo muchas ganas de arrojar la flecha!
    ¡ Todavía !

    ResponderEliminar
  2. No me imagino a Audrey Hapburn con "muchas relaciones amorosas". Siempre me ha parecido la novia del instituto.

    Otra cosa es Ava Gardner. No solo la imagino, la fantaseo.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. Neo,permíteme una broma,dos mejor: si tu mujer te dice eso de la basura, es que lee a escondidas a Carver, que es fan de él, de su dirty-realísm, digo, y si también te dice "a ver si haces algo" es que por las mañanas escucha la radio: el descacharrante anuncio del Boston Medical Group y los ruiditos de los vecinos dándole a la cosa, "es otro hombre", dice la señora.
    Javir:yo tampoco imagino a la Hepburn muy enfollonada en líos de ese jaez, pero.Vale, para tí Ava, que yo me quedo con Audrey.
    Gracias a los dos por estar ahí

    ResponderEliminar