viernes, 3 de diciembre de 2010

Y-ganar-y-ganar-y-ganar-y-volver-a-ganar-y-ganar


    
     ¿Sabes? De sobra sé que escribir aquí es un poco como escribir en el aire. Sé que tiene algo de ademán inútil que a ningún sitio va, salvo al corazón de mis “seguidores”, a quienes, como diría una folklórica, llevo yo en los centros mismos del mío sentir. Quiero decir con ello que no tiene lo que aquí ponga yo la más mínima trascendencia pública,  aun cuando sea para mí, eso sí, lo más preciado que yo pueda darte, querido lector.
     Y viene esto a cuento porque no ha dejado de mortificarle a uno todo el día la áspera reprobación que hice ayer aquí de unas palabras de Ana María Matute, por más que reprochara yo en ella  más un gesto concreto que la dignidad de su  persona. Pensé luego en sus ochenta y cinco años. Me dije, y qué sabras tú lo que ronda por la cabeza entonces, so berzas. Quizás presienta ella cercana la Parca, con todo lo que eso debe desazonarle a uno, y se aferre al gran Premio como forma de negarla, para asegurarse en todo caso, de la mano que la popularidad internacional del Cervantes otorga, una más extensa pervivencia en la memoria de cuantas más personas mejor. Quién eres tú para hacerle el proceso de sus intenciones a una anciana de ochenta y cinco –ojalá cumpla cien más- inviernos. No sé.
    
     Yo creo que censuraba sobre todo la moderna religión del éxito, que a todos nos perturba el entendimiento. Me acordé luego del conocido verso Machado que tan bien musicara Serrat: “Nunca perseguí la Gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción, yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón”.  No nos imaginamos, verdad, a Machado tan desazonado por los premios como los escritores de campanillas hoy, aunque vete tú a saber, que la pátina del Tiempo todo también lo embalsama. ¿Sería sincero Machado al escribir eso? Porque si no lo era, mayor delito que todos los modernos tiene. De nuevo, lector, no sé.
    
     Pero es cierto que le repugnan a uno los estrictos códigos binarios –ganar/perder- en los que se cifra hoy el ser y el sentirte, y el no ser ni sentirte, en la vida. Hay numerosas pruebas al alcance de todos de lo que digo. Incluso en pachangas padeleras del suburbio madrileño, se persigue el ganar con insólita fiereza. Le preguntaban, por ejemplo, a Luis Aragonés qué cosa era el futbol, y era muy triste, en persona tan baqueteada también, ver como a su través fluía, más que su propia opinión matizada,  el Espíritu bárbaro de estos tiempos aciagos: el futbol es ganar, y ganar, y ganar, y volver a ganar, y ganar, y ganar, y volver a ganar…, que casi atragantábase hasta el síncope el hombre, de tanto atracón de ganancias. Y notaban los periodistas que estaba Luis expresando la verdad contemporánea.
    
      Cómo negar que la ilusión por mejorarnos y por competir, y por ponerle tensión de pasión a la existencia, nos hace también mejores. Me tengo además yo por liberal en asuntos ideológicos, aunque sin fundamentalismos. Todo tiene su medida. Cómo no añorar también un mundo más plácido, en el que no hayas cada día de medirte el ego y el público triunfo, en el que no se te conceda tregua ni para respirar en paz y mirar durante dos horas a las nubes sin pensar en nada.
    
     Cómo chirría entonces el ver precisamente a los escritores –que se dicen los más inconformistas y al margen del Sistema y del cálculo burgués- enfangados ellos hasta las trancas en la neurótica obtención del público oropel. Por lo demás, por si de algo valiera, volveré ahora mismo, señora Matute, a releerle ese cuento suyo que tanto me encantó. Y a mentalmente darle las gracias por el mismo.
    

4 comentarios:

  1. Hola Jose Antonio.

    Eternamente agradecido al Ogro del Culo Pelao, verdader artífice de los éxitos de nuestra selección; el único que tuvo los cojones de decirle a Raulito: "tú, fuera", y aguantar el chaparrón. ¿Los resultados? a la vista están, campeones de Europa y del Mundo.

    Por supuesto no tengo ningún interés en leer nada de la Matute. Ninguno.

    Espero las traducciones de lo último de Houllebecq y de Eco.

    Saludos tron.

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  2. NO es inútil escribir aquí, es un foro abierto, desconoce cuantos le leen y si son pocos, no importa, nos tiene a los que le seguimos diariamente, eso es útil.
    ¿La moderna religión de éxito? Sí. Estamos educando a los jóvenes que ganar es lo importante. Ganar un Mundial de fútbol, ganar un partido de tenis de nuestro número uno, ganar la partida de parchís, ganar, ganar y ganar. Eso es lo que estamos enseñando. Pero, querido escritor, no siempre es los importante como usted sabe, pero aunque para usted no sea importante, seguro que le gustarla ganar un Premio Cervantes ¿verdad ? sentir ese instante de éxito cuando escuchamos: “Y el ganador es..” Verdad que sí, querido escritor que debe ser maravilloso ese momento. ¿No le gustaría sentir ese nudo en el estómago y ese rubor en la mejilla al escuchar su nombre? aunque no sea el ganador de un Cervantes, sino el ganador de un pequeño premio del ayuntamiento de su pueblo(quizás tenga en su cv más de un premio y sabe lo que es esa sensación) Por eso, aunque siempre no se puede ganar, es satisfactorio hacerlo alguna vez y a lo grande.
    De pequeños placeres está hecho el mundo.
    Como usted,añoro esos placeres de observar caer las hojas de los árboles y me apunto a la observación durante dos horas de las nubes, prometo no decir palabras, el silencio será la compañía.
    Por cierto le recomiendo de lectura Cuentos de la Infancia de Ana María Matute, disfrutará.
    Saludos

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  3. Yo tengo una duda. ¿Matute se alegra por el reconocimiento del premio, o por el conocimiento del precio del premio?

    No es ninguna afirmación, solo una pregunta. Porque para que una persona de ochenta y cinco años sea capaz de dar botes de alegría, la alegría debe de ser inmensamente proporcional al premio recibido.

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  4. -Kufisto:musho Luis. Saludos, tron.
    -Paula:gracias por sus ánimos.¿Si me gustaría a mí ganar un Cervantes? Si hubiera ganado tantos como Ana María M, creo que no.No he ganado premios ni en mi pueblo. Me gustaría, sí, que un editor se interesara por mis relatos, que creo que no están del todo mal, pero no se me arregla ni patrás, si conoce usted alguno recomiéndeme, por favor. Pero querer ver publicados los relatos de uno -cuando salen a la luz y con todo lujo toneladas diarias de bazofia mugrienta- poco tiene que ver con acaparar hasta el último Premio. No se puede pretender decir que se aborrece una sociedad y trincar luego sus más preciados chollos, en detrimento, claro, de miles de indocumentados sin padrino. Le recuerdo la obscena cocina del último Planeta, que ya ilustré en this blog. Sí, es bonito mirar las nubes y las hojas posándose, y el silencio. Y gracias por su recomendación de esos cuentos, eso sí es importante.
    -Neo:esos botes, -como antes, que el camareta en los bares cantaba... ¡BOTE! cuando alguien dejaba propina- también a mí me extrañaron, pero se ve que a poquísimos más. Un abrazo

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