viernes, 17 de enero de 2014

¿Hollande? Un Pichurrín más

    



   Es un asunto privado, y de lo privado se habla en privado, vino a decir ante la prensa muy suelto de cuerpo Hollande, pretendiendo así cerrar del todo las cuitas sobre sus desmadradas correrías. Oiga, señor Hollande, que no hablamos del concejal de un pueblajo, ni de un rey decorativo y ocioso, que se trata del Presidente de la Republique, uno de los 5 países principales del mundo, un Cargo con formidables poderes ejecutivos a cuestas, con un maletín atómico a la espalda entre otros, dando decenas de peligrosos y clandestinos tumbos por ahí, en bolas en un picadero de gentes a las que relacionan con la Mafia Corsa. ¿No cabe entonces ni siquiera una reflexión moral sobre la conducta de los Poderosos? Qué tiempos éstos. ¿Le callarían hoy la boca al pensar sobre el asunto de Séneca, de Platón, de Maquiavelo, de cuantos en la Historia del Pensamiento –casi todos los principales- han abundado sobre los valores que subyacen a las conductas, privadas y públicas, no digamos si de las de los Príncipes se trata?
   
   Es que Hollande, cuando en la prensa salpicaron los devaneos de Sarkozy con la Bruni, con quien acabó casándose, con severa acritud los censuró. Es que prometió que sería su comportamiento ejemplar. Es que la mujer con la que convivía en el Elíseo –desde hace también poco tiempo- se halla hospitalizada del dolor. Es que al parecer “colocó” a su favorita actriz en una oficial prebenda. Es que ésta podría andar embarazada. Es que es el ejemplo que a los ciudadanos, quiérase o no, se les proporciona, Hollande.
     
    ¿Qué subyace a mi parecer entonces tras el affaire Holande, sólo uno más en el marasmo de chabacanas procacidades y estultas gansadas que nos rodea? El comportarse de Hollande, de una irresponsabilidad supina, es la propia de un concursante del Gran Hermano, prueba de cargo por tanto de las Sociedades de la Telebasura bajo las que vivimos. Sería así Hollande, bajo su anodino rostro, un ejemplar más del Homo gañanis que estas sociedades de desperdicios procuran, caracterizadas por el más descarado de los cinismos y por un exacerbado hedonismo,  por el imperio del capricho banal que apenas oculta el profundo sopor que sigue a esas burdas y momentáneas exaltaciones sensoriales. La Telebasura ha conseguido que las infidelidades, es decir, la deslealtad, nos parezcan no ya algo banal, sino la propia sal de la vida. ¡Basura!

     
   Dudo mucho que, pese a todas las leyendas habidas, se alcanzasen en épocas pasadas cotas de espantosa vacuidad insensata equiparables a las de ahora. Mientras antes esas conductas merecían general censura, hoy son muchos –ciudadanos y élites- los que afirman envidiar esos pasotes presidenciales, que se han convertido en muy claro modelo de deseo para la mayoría. ¿Suena entonces a estrafalario sermón de predicador ultramontano el sostener que la conducta de Hollande , en cerdito babeante, es la de un miserable? ¡Y a mí qué! ¡Ultramontanos predicadores entonces la casi totalidad de los grandes pensadores y moralistas de la Historia!


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

2 comentarios:

  1. Pero cómo Hollande, con la cara de boniato que tiene, puede ser un macho, qué pueden ver en él las mujeres? Bueno, creo que un hombre incapaz de pensar en la familia, algo que está en el credo sociata.
    Saludos.

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  2. Otra prueba inequívoca de la falta de clase en la casta gobernante (sociatas o no) de la falta de altura de miras, al anteponer su yo al nosotros. Una falta absoluta de responsabilidad al colocarse al servicio de la bragueta en lugar de al servicio de la nación. Quien alcanza el honor de presidir un país debe saber que durante el período que gobierne su tiempo no es suyo. Lo menos que se le puede pedir es responsabilidad y prudencia. Porque dicen que mantener una amante quita mucho tiempo y es estresante.

    P.d., con su permiso.

    D. Xesús, hombre de Dios, que tener amantes no es patrimonio de los sociatas. Antes bien, no hace mucho, no era un hombre de derechas que se preciase quien no tuviese una querida. La diferencia radica simplemente en las apariencias.

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