sábado, 6 de septiembre de 2014

Truman Capote y Philip Seymour Hoffman

   


   Hace poco tuve ocasión de ver “Capote” (2005), la película por la que su actor principal, Philip Seymour Hoffman, recientemente fallecido a causa de los estragos de las drogas, consiguiera un Oscar. La película me pareció estéticamente muy bonita pero, en lo que se refiere a su nudo argumental, desigual y más bien malograda. Descollaba, por supuesto, la extraordinaria interpretación que de Truman Capote desarrollaba Hoffman, con una expresividad, basada en microgestos faciales sobre todo, de una intensidad devastadora. Recreaba de maravilla allí Hoffman el tormento interior de Capote, escindido entre la superficialidad arribista y la íntima vulnerabilidad que como fuerzas opuestas dentro de él se batían con denuedo. No se veía en la obra mucho al escritor, pero esa es otra historia.
     
   Lo que me resultó desconcertante, hasta el punto de dejarme noqueado, sobre todo por el contraste con su estúpida muerte a los 57 años de edad, fue el contenido de los “Extras” que acompañaban al dvd. Aparecía en uno de ellos, impresionante, más si la comparamos con la que “fabricó” para el personaje, la grave voz de Hoffman comentando a la perfección la película. Un actorazo inteligentísimo, con pleno y consciente dominio  de su trabajo, diríase, y más allá, tal era la perspicacia y la concentrada  sabiduría con que se expresaba, una persona juiciosa y lúcida, sensata y sagaz, que dimanaba como una celeste serenidad interior que enseñoreara de prudencia las riendas maestras de su vida.
   
   Esa clarividencia le llevaba a Hoffman irónicamente, desde la superioridad que da el auto-control personal, a parodiar incluso la desmesura personal de Capote: esa ególatra excentricidad, ese maquiavelismo cínico y diletante que a veces supeditaba todo a la popularidad o a la obra, las manías y el alcoholismo vergonzante… en fin, los desparrames en que a veces el escritor caía.

     
   Claro, al observar luego, difundidos a raíz de su trágica muerte, los propios “desparrames” íntimos de Hoffman, un actor tan dotadísimo como incapaz de gobernar en un mínimo lo esencial de su existencia, esos “EXTRAS” se me llenaban de una radical impostura tan misteriosa como desasosegante. Es muy triste, pero Capote y Hoffman, geniales ambos, acabaron casi igual de mal. ¡Y con el agravante para Hoffman, de que las entrañas de ese monstruo autodestructivo, con el que tanto daño causarían a íntimas personas suyas que sin duda mucho les habrán querido, las estudió y por tanto las conoció con pericia de entomólogo! ¿Y fue incapaz de hacer nada?  




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

2 comentarios:

  1. Manuel:

    En primer lugar quiero felicitarle por su blog; me hace pasar buenos ratos frente a la pantalla de mi ordenador. Por cierto, ¿ha considerado escribir una tesis doctoral acerca de "El reino de la mugre"?

    Por otra parte, me gustaría recomendarle -aunque tal vez ya la haya visto- "Historia de un asesinato" Otro biopic sobre Capote y que comparte el mismo escenario que la que arriba comenta.

    Si Hoffman le parece maravilloso -que lo está- Tobey Jones poco tiene que envidiarle.

    Ánimo con su cruzada. No deje de escribir.

    Un saludo.

    Manuel

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  2. Gracias por sus amables palabras, Manuel T. Palabras como las suyas, más, jejé, el libro que tengo yo escrito y al que ruego atención, es lo que dan sentido al blog.
    Tomo nota de su sugerencia cinéfila, que no conocía.
    Un saludo y un abrazo

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