lunes, 23 de febrero de 2015

Varoufakis y Tsipras se toparon con una mujer




   

   Si ya sorprendiera que, para asegurarse el Mando, en sólo unas horas el líder de la izquierda radical griega se encamara con la derecha dura y antieuropeísta, más aún asombró al mundo civilizado, conocida la tradicional reivindicación izquierdista de cuotas y listas-cremallera que aseguren la presencia femenina en todos los ámbitos del Poder, el que en pleno siglo XXI ni con una sola mujer contara Tsipras a la hora de conformar el histórico gabinete que habría de reconciliar al Pueblo griego consigo mismo y con su humanismo. 
     
   Muchos de sus progresistas admiradores –mujeres incluidas- ese yerro le disculparon, pues habituados ellos a la melopea de la congénita superioridad moral propia, cuando así lo deciden encierra algo la condición de símbolo crucial… o no, según les convenga. Da gusto así. Puso además Tsipras el destino de la economía griega en manos de un pinturero Varoufakis, que muy pronto en las sedes europeas sentó plaza como auténtico ejemplar metrosexual, tales era la galanura, el apresto y las mediáticas sonrisas que en mil y una rutilantes interviews el pollo dispensara. Parecía Varoufakis, casado con una ricachona de muy ricachona familia, más una emergente estrella del celuloide que el atribulado gestor de un crudísimo drama social.
     
   Tsipras y Varoufakis, Varoufakis y Tsipras habían prometido y prometido en la oposición, y siguieron prometiendo y prometiendo una vez en el Poder: que si fuera la Troika, que nada de austeridad, que ni hablar de privatizar, que venga promesas de más y más funcionarios públicos contratar… hasta que, ironías de la historia, giros de la tragedia que a veces deviene comedia, hasta que se toparon… con una mujer, una tal Merkel, como ellos elegida por el Pueblo.
      
   De poco le valió a la pareja de griegos guaperas todo su vistoso gallear, todo su sirtaki gestual, con la alemana seria (y con su ministro de Economía, curiosamente un hombre en silla de ruedas, anótese la sobrecarga simbólica con que a veces la realidad se satura). De manera que, at the moment, no quiso Merkel seguirles el baile, un poco les bajó los humos, y un mucho les puso a hacer los deberes de las inevitables reformas… como ya hiciera –memorable aquella imagen- con nuestro inolvidable galáctico, Zapatero de nombre. Una mujer, sí, una mujer, par de presumidos.

          



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1 comentario:

  1. Si señor, muy bien resumido este entuerto que se esta jugando en la querida Grecia. Lo siento por los griegos, que muchos de ellos reconocen que se deben hacer esfuerzos...y que el cambio tambien debe venir de ellos, de la manera de vivir y de "gestionar" el estado los recursos financieros y humanos...
    Naturalmete que se debe ayudar a ese pais, pero como siempre, y como del Pozo dice, haciendo y poniendo la sensatez donde debe de estar. No se puede tirar del carro de la demagogia...Lo que se puede se puede; Buena similitud al reflejar la falta de una mujer en el gobierno griego...Enfin!! esa es la democracia de participation que tienen! Un saludo!

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