sábado, 3 de agosto de 2019

El regalo de Anabella



 Las propias redes me recuerdan hoy, y hacen muy bien, el maravilloso regalo que tres años ha Anabella Rodríguez Reyes , psicóloga, humanista y amiga aquí, a propósito de mis VEINTE RELATOS DE AMOR Y UNA POESÍA INESPERADA me dejó, y como me encantó muchísimo, con su permiso, aquí lo revivo. GRACIAS, AMIGA.

"VECINOS"
"Así se llama uno de los relatos del estupendo libro de José Antonio del Pozo, "Veinte relatos de amor y una poesía inesperada". Sensible y bellamente escrito, en su libro, José Antonio nos maravilla con detallistas y poéticas descripciones especialmente de lugares y paisajes, pero también de las situaciones y la complejidad psicológica de sus personajes, los que en esos parajes, mixtura de realidad y fantasía recreados por su fabulosa imaginación, viven sus pequeños grandes dramas cotidianos.
“Vecinos” es uno de esos relatos. No escribo sobre él porque considere que se trata del mejor de todos ellos; siendo quizás atrevida e injusta, me animo a decir que no es el que está mejor escrito, ni el que habla del tema más conmovedor de todo el libro. Y sin embargo, me conmueve
Obviamente se trata del tema o la situación que plantea, como de la manera que encuentra José Antonio de hacerlo, y de la resolución que le da a la historia, pero también de mí, algo me es dicho, o yo me dejo decir por él. 
No voy a contar el relato, quien lo quiera leer, tendrá que solicitarle a José Antonio su libro, solamente transcribiré unas líneas a modo de pinceladas que acicateen las ganas de leerlo, y diré que casi todo el relato exceptuando el comienzo se desarrolla en un viaje en coche desde un vecindario hasta un lugar llamado “Las Rocosas”.
Lo que acontece entre los personajes desde el comienzo del mismo, sugiere varias preguntas sobre la condición humana, la esencial para mí, referida tanto al poder que puede tener para el ser humano la sexualidad por sobre el amor y la lealtad, como su opuesto, o sea, el poder que otras veces tiene éste y aquella por sobre el desenfreno de la pulsión sexual, lo cual va obviamente a depender de muchísimos factores, como ser los valores de las personas envueltas en posibles triángulos o cuadrados amorosos ,pero también y muy especialmente de las circunstancias de la pareja y de las que rodeen a la misma, del estado de amor o desamor en que se pueda encontrar una pareja en el momento en que los caminos de los vecinos, o no vecinos, se cruzan. 
El relato nos enfrenta al dolor, el sentido posible o no del rencor o del resentimiento, y de la posible o imposible venganza. Y también a la posibilidad de que la conducta de los personajes pueda no estar determinada por esos sentimientos complejos, sino quizás y sobre todo por la posibilidad de plegarse simplemente a las circunstancias, forma de actuar tan común por otra parte en nuestros días, total…, y la elección que cada quien es capaz de realizar. Solamente nos son planteadas en la historia algunas de estas cuestiones de forma directa, las otras surgen de ella y de la riqueza del relato, que está precisamente en promover en los lectores la reflexión sobre las mismas o sobre otras.
Y especialmente me conmueve de todos los relatos de José Antonio la capacidad para crear climas emocionales mediante descripciones del paisaje que devienen poesía, y la sutileza para evocar las emociones de los personajes mediante la narración de gestos y miradas que apenas se nos insinúan, y por eso mismo producen ese efecto de conmoción. Efecto que también me lo promueve, la enorme ternura con que es capaz de adentrarse en sus personajes, y hacérnosla sentir a sus lectores. Dejo unas muestras, va:

“Joder….yo te cuidé cuando estuviste enferma, nena, ¿es esto lo que merezco? 
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Al fin ella y el niño se durmieron de placidez. Ahora podía contemplarla a placer. Qué guapa… Se atrevió, inclinándose sin que ella notara nada, un mínimo y sonámbulo encogerse sólo, a apenas besarle el moratón de la frente.
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Cuando ella abrió los ojos amanecía.
-¿Sabes? Me gustaría no llegar nunca, dijo ella.
-Ya, pero me temo que eso no es posible, mira, ya casi es de día.

…Contemplar, demorarse ante aquellos colosos inmóviles de siglos, abiertos a la grandiosidad inexplicable de cuanto les rodeaba. Aspirar el olor a espliego y romero que traía el viento; mirarse a los ojos sin rozarse las manos.
…En el atardecer alrededor de un fuego ya en rescoldos, bajo un cielo que parecía una bóveda pintarrajeada de grafitis rojizos por ángeles gamberros, ella le quiso decir con los ojos, “nunca podrás saber todo lo que me has dado en estas treinta horas, con los ojos, pues no le salieron las palabras… …
- ¿Qué vamos a hacer? 
- … No podemos ser como ellos
- ¿Continuamos el viaje?”

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