lunes, 12 de octubre de 2020

QUEREMOS TANTO A NADAL

 


  Y mientras las personas en España conserven la razón y la memoria, y la obligada gratitud que se debe a uno de los Mejores de entre los suyos, así seguirá siendo. Decimotercera Sinfonía de Nadal ayer en Roland Garros, de nuevo el himno de su alegría, que es también la nuestra… contra este año tan triste por culpa del virus criminal. Apabulló, desarboló y desesperó al serbio soberbio con dos tandas iniciales que fueron magistrales tundas, para certificarle en la tercera. Con el coraje y la velocidad propias sólo de un Titán, increíbles a sus 34, reinó una vez más Nadal sobre la rojiza arena batida de París. Vivimos y sobre-vivimos con Nadal. Vibramos al unísono con Nadal. Con él suspiramos, en su vuelo nos lleva, a su lado nos sentimos. Queremos a Nadal, por más que en la vida lo hayamos tocado, de la misma forma en que acariciamos nuestros mejores sueños, más reales así que la realidad gris que nos rodea.

   Hubiera perdido ayer y en nada, ni en una infinitesimal molécula siquiera, hubiera menguado la admiración que hacia él guardamos, pero mejor celebramos aún la Victoria, claro. Más ahora, cuando cada vez las victorias son más caras, y cómo eso se ve, y cómo se sufre y se disfruta eso. Y rezuman las mismas -el fruto de mil emociones a la vez batidas, el desembocar de todos los tiempos pasados estallando de golpe en las sienes- el dulcísimo regusto que llevan, la íntima conciencia de saber que son ya éstas las penúltimas y que conviene a fondo paladearlas antes de que todo se nos esfume y sólo sombras nos queden.

   Gracias, Don Rafael Nadal, lo vuestro sí que es un don, por regalarnos ayer otro momentazo de un alborozo indescriptible, de esos en los que espontáneamente agradeces a las alturas el estar vivo y haber tenido la oportunidad de coincidir y de convivir con el empuje, con la garra y la fortaleza mental que hallan en tu persona la mejor representación imaginable. Aventamos en tu honor nuestros pobres laureles, los mejores que somos capaces de entretejer. Nos sentimos más fuertes y poetas contigo, con tu ejemplo grandioso. Queremos mucho a Nadal.

 

El vértigo del puma

La garra de la pantera

El coraje de un tigre

El pundonor del Viento

El batallar de un Aquiles

El tesón del elefante

El corazón de un león

La rabia del navajo

El coraje incontenible

de un Hijo de la Selva

que entre ellos hubiese nacido

amamantado con ellos

a su misma sangre aliado,

que su impenetrable fuerza contuviese,

esa jungla que en su pecho brinca

y que a su lado ruge

a cada nueva victoria.

 

Oh, Nadal, hijo único de España,

indómito Titán nuestro,

cómo mil veces dibujarte

cómo celebrarte

cómo agradecerte

si sólo con palabras

flores mustias

muletas gastadas

juguetes viejos

para cantarte contamos.

Cómo pueden salvo en sueños

dar las hormigas cuenta

de la hazaña de un ciclón

que de sólo una raqueta

brota, brilla y se alimenta.

Un Universo limpio

una música nueva

una playa nunca vista

compondríamos con las manos

para ti si pudiéramos.

 

Oh, Nadal, héroe de nuestras vidas,

recoge la Copa marsellesa

escápate a Lesotho

trepa la Gran Roca

convócales allí a todos

a los lobos, a los depredadores felinos,

a los gorilas y a las hienas,

a las águilas y a los caimanes,

iza el Trofeo para ellos

elévalo hacia la Luna golosa

que retumbe la Selva en tu honor,

que todos los españoles

ya te llevamos preso

presos de ti también

en lo más dulce del corazón.

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