domingo, 7 de noviembre de 2010

Ken Follet, Almudena Grandes, yo mismo


    
      Verá, Mr Follet, no me cuelgue todavía, please, no creo que el importe de esta llamada haya de suponerle mucho a su también descomunal Fortuna, que aún no he terminado yo de hacerle relación y escrutinio suficientes del cúmulo sin fin de espirituales refinamientos del que hacen gala los principales feriantes de la intectualité patria, mucho más divertida y sabrosa, dónde va a parar, que la plúmbea trilogía que tiene usted proyectada. Y es que el cloqueo del folleteo dragoniano, Mr Follet, como la uva arrancada de un racimo precioso, háse traido consigo otra, que lleva consigo el todavía reciente runrún del caso de la aguerrida miliciana Almudena Grandes, que no sé si a sus excelsos oidos terminó por llegar. A los sindicatos de Telemadrid y a los izquierdistas de postín que ahora acometen a lanzazos a Dragó herido, lo de Almudena ni les inmutó, claro. Como dicen ahora los loritos a la última, Mr Follet, le cuento, es decir, si tú así me lo permites, Ken, te comento: 

     Es Almudena Grandes conocidísima, y laureada entre las que más, española escritora.  Participa además en muy principales tertulias radiofónicas y es señera columnista del periódico de mayor difusión nacional. Sus públicas y reiteradas tomas de postura, su conocida rúbrica e impulso a los habituales manifiestos de abajofirmantes hacen de ella muy destacada figura de lo que estos mismos promotores autotitulan –colándonos de matute al paso unas cuantas presunciones ventajistas- como “el mundo de la cultura” (…y de la prosperidad, le añadiría yo, Mr Follet, si me permite usted ponerle algo de británica guasa a la cosa). Arribó Almudena a la Fama de la mano de una muy picante novela, Las edades de Lulú, galardonada con La Sonrisa Vertical, cuyo contenido, con protagonistas menores de edad, convierte a las lolitas chinas de Dragó en ursulinas de la Contrarreforma. (otro ejemplo más que avala, Mr Follet, mi aviesa intención de darle una vuelta de tuerca puerca a mi relato del Antro, a ver si así Editores y  Fama, como lolitas dragonianas, asáltanme a mí también, y con ansias de devorarme.)
    
     Bueno, pues es el zumo de la dichosa uva que tuvo a bien no ha mucho doña Almudena, coincidiendo, vaya por Marx, con la promoción de su libro “Corazón helado”, de en efecto dejarnos a todos el citado músculo tiritando, al proclamar sin más ni más ella a los cuatro vientos que “cada mañana fusilaría a dos o tres voces de la derecha española que me sacan de quicio”.
    
     Era en verdad inaudito ese desquiciado ánimo fusilador (o trajinador, que diría Dragó, que mezcla el castellano curiosas anfibologías para el Eros y el Tánatos, por qué será) en tan insigne representante del dorado mundo de la Inteligencia y el Humanismo sin Fronteras, máxime en un país como el nuestro, azotado desde hace cuarenta años por los más cobardes asesinatos terroristas. Almudena quería cada mañanita fusilarse ella sola dos o tres. Pues vaya toalla, ¿no, Mr Follet? 
    
     Mas no termina ahí, sr Follet, la cima de la espiritualidad almudena. Porque a finales de 2008, en la contraportada del más importante periódico nacional, a propósito de una monja –para los católicos además santa, sor Maravillas- Almudena G se preguntaba: “¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una patrulla de milicianos jóvenes, armados y ¡mmm! sudorosos?”.  ¡Ahí estaban, en la cabeza de la escritora, primero, transcritos después como ideas propias, los más sórdidos prejuicios que atiborran las podridas mentes de los violadores más reincidentes! ¡Si eso de una mujer hubiera escrito Dragó! Ni las raspas quedan de él a estas alturas. Ese ¡mmm! incalificable, como esencias de Aníbal Lecter que la Grandes se echara encima tan ricamente.

     Bueno, sr Follet, no le entretengo ya más, pero  dígame si no merece acaso Almudena Grandes estatua colosal como la suya, a colocar en la sede de la Sgae  frente a la de Ian Gibson, que no encontrará el tío la tumba de García Lorca ni para atrás, pero que no se corta el muy intelectual en pedir ¡una bomba! para la basílica del Valle de los Caídos. Dígame también si no es la intelectualité hispana mil veces más morbosa, y por lo mismo con éxito asegurado de ser por vos novelable, que la saga que quiere endiñarnos. Dígame, please, por último, Mr Follet si no le interesaría a usted subvencionarme mi relato del Antro, aunque haya yo de darle al mismo, si es que me sale, una puerca vuelta de tuerca, a la “Grandragoniana maniera”.   

5 comentarios:

  1. Como yo no manejo el lenguaje con las artes de usted, estimado José Antonio, y nunca fue la diplomacia una de mis virtudes, entro a saco y grito y aplaudo como una vulgar e ignorante asistente a sus geniales "discursos". Y le digo, lo que esta "peña" cultureta, todos ellos acólitos del poder, está haciendo con la lengua y la cultura es para hacerse el haraquiri. Almudena, "la más grande", me ha dejado patidifusa en varias ocasiones mientras leía sus textos... son gran cantidad de ellos de una ordinariez, vulgaridad, simpleza, descaro... Es que por más que la lees no encuentras que de esa "prodigiosa" cabeza haya salido un mínimo de humanismo. ¡Por las barbas de ZP!, que está a la cabeza de nuestra cultura contemporánea, por algo será, digo yo.
    Me despido hasta dentro de un par de meses, tengo que centrarme un poco en mis tareas, pero volveré, no le quepa duda.
    Hasta pronto.

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  2. Almudena Grandes se merece una estatua. Concretamente un mojón de tres metros de alto.

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  3. Muchísimo arte en tu post
    y además
    directo al punto vital,
    ¡que parece que tienen bula!
    y eso que no quieren nada con el clero.
    ¡cuánta hipocresía, mi arma!

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  4. En esta última minifase histórica hemos avanzado un pasito más hacia atrás y hemos pasado de la perversión del lenguaje a la perversión de los conceptos.

    Conviene recordarlo de tanto en tanto. Gracias por hacerlo. Un abrazo

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  5. Mercedes: vuelva por Navidad, please, gracias.
    Neo:pues nada, pronto haremos pública suscripción para el mojón de la Grandes
    M Teresa: gracias, anda, niña, que tu arte se queda atrás, ojú
    Javir: y tanto... de momento son ya CONCETOS. (Blanco, Aido, Montilla, Pajín, bocetos de concetos)

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