miércoles, 23 de mayo de 2012

Enamorados, de nuevo


    
    Hace unos días volví a verlos, a los Enamorados que saqué en el Mío blog, digo. ¿Los recuerdas (post 14-2-12)? Sí, aquella pareja de cuarentones con niña, cogidos ambos por la cintura y besoteándose con alevosía y sin premeditación en medio de la vía pública.  Esperaba yo, igual que aquel día, a mi hijo a la salida del Instituto, cuando, por la misma acera que yo pisaba, los vi acercarse a lo lejos.
      Demonios, ¿cómo les iría lo suyo? Habían pasado tres meses desde entonces y en los tiempos que vivimos, para los pantanosos terrenos del Amor, más aún que para los de la Bolsa, es esa una distancia inabarcable en la que es todo más que posible. Sólo por hacerles quedar mal a la mayoría de los escritores y creadores triunfantes, que rinden complacido culto a la seducción del Mal y de la Infidelidad, con todas mis fuerzas deseé que perseverara en ellos si no la fuerza de ese Amor, al menos sí la del cariño.
    Deseaba por tanto observarlos con detenimiento sumo, escrutarles los rostros y los cuerpos hasta llegarles al alma, adivinar sólo por la muestra exterior su más profundo interior. Claro, debía disimular un poco la mirada, para no resultar a ojos de mis Enamorados lo que a todas luces parecía, un descarado fisgón. No me sentía sin embargo en nada un sucio voyeur, al contrario, era entonces yo sólo  el emocionado notario de una fenomenal contienda que en el Mundo libraran a través de los humanos las brumosas fuerzas del Amor y del Desamor universales, de cuyo resultado dependiera la propia descomposición del sentido de la Vida y el establecimiento de un reinado de confusión y de sombras errantes.
    Me las apañé como pude, lector. Eran las primeras horas de una tarde luminosa y los pájaros cotorreaban su jolgorio entre las acacias. Observé que venían sin niña, caminando muy juntos y bien erguidos el uno al lado del otro, un indicio ya. Claro que,  tampoco era esto prueba definitiva. Cuántas aparentes uniones encubren los témpanos heladores de la conveniencia. Traía ella de nuevo, como la otra vez, -y a mí esa continuidad me agradó- el pelo recogido en moño, que le dejaba muy airosa la nuca al aire. Llevaba unos vaqueros azules ya gastados y una camiseta blanca reluciente. Él iba también en vaqueros bajo una camiseta gris. No podía ver, de frente como venían, sus brazos, qué extraño. Tuve entonces que bajar la vista, pues llegaban ya a mi proximidad. Y cuando me daban la espalda y pude a placer observarles… sin quererlo me tuve que sonreír.
     Por todos los demonios… ¡es como si fuera la parejita de enamorados la misma corporeización andante de mis mejores ilusiones, y que como maniquíes míos desfilaran ahora delante de mí, su creador! Pues, ¿no llevaban acaso ambos tras la espalda y sobre dónde esta pierde su nombre los cuatro brazos y las cuatro manos entrecruzados, cada uno de los de él trabado con el opuesto de ella, formando así una simbólica celosía del Amor, la trama inseparable que a ellos fervientemente enlazaba?  
   Era una composición de los cuerpos muy romántica, pre-adolescente, y a la vez un poco forzada y antinatural, que me hizo recelar por un instante de si no estarían ellos –los amantes de Alcorcón, en lo sucesivo- cachondeándose de mí, como si estuvieran al cabo de mis quimeras y se dijeran embromados, mira, ahí anda el tarambanas este, vamos a posar para él, vamos a darle carrete a la cometa que se trae, verás mañana lo que escribe en il suo blog.
   Claro que, esto era más extravagante y aún de más imposible probabilidad. Bobadas, es el Amor, me convencí, que todavía les conserva aéreos y soñadores, que les embadurna de toda la inocencia y la plenitud aladas que le son propia. Y como si estuvieran leyéndome entonces el pensamiento, los amantes de Alcorcón, alejándose ya de espaldas a mí, sin soltarse un ápice la enredadera de las manos sobre la trasera de sus cuerpos, se besaron como Di Caprio y Winslet en el barco aquel, solo que aquí con suburbiales trazas fisonómicas. Y ya no sabía yo si estaba viendo una película de serie B o qué, pues era el mismo día del catacrash de la Bankia esa, y estos solo hacían que besarse, y en esa posturita además.

  
             
Post/post: gracias a María, a Mónica, a Alijodos, a MTeresa, a NVBallesteros por bloggear ayer a mi lado y compartir así conmigo las cosas más importantes, GRACIAS.

5 comentarios:

  1. Esperemos que esta vez no se hunda en el mar frio....un abrazo.

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  2. Que no se hundan y que triunfe el AMOR jaja Un abrazo José Antonio....

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  3. Eso, que no se hunda como Bankia. saludos

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  4. Yo me quedo con la magia del amor, aunque todo acabe, siempre nos queda el recuerdo.

    Saludos.

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  5. Siempre habrá un barco que se hunde y una mano dispuesta a salvarnos....


    Besos

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