Tenía el muá la peli de Wyler en un altar de la memoria. Hace días tuve ocasión de volver a verla. Ya tú sabes, tengo escrito un libro “AMOR Y DESEO EN CINE” en el que no la había sacado y, me dije, quizás puedas ampliarlo con algo memorable sobre el asunto que en ella vea. En qué hora. Se me cayó hecha ciscos con estrépito por los suelos tan afamada “Obra maestra”. Ni como comedia, ni como romántica, ni como cuento maravilloso, ni como guión (del mítico Dalton Trumbo, algo diremos mañana sobre él), ni como historia... apenas nada en ella me convenció lo más mínimo. Todo endeble, sin gracia y poco creíble a más no poder. Peck como comediante… en fin, Grant lo hubiera hecho mucho mejor. Salvar sólo el mítico paseo de la pareja en Vespa, con las poderosas resonancias de liberación individual que el mismo suscita… y siempre salvar a la entonces desconocida Hepburn, su perpetuo recital en pantalla, esa irradiación continua e indefinible de belleza, candor, inocencia, distinción, gracia y armonía en reposo y en movimiento fundidos y confundidos, que todo lo eclipsa en derredor. Salvo la soldada Hepburn, ya te digo, estas “Vacaciones en Roma” revisitadas, de pena. Y da pena, no creas.

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