viernes, 17 de abril de 2020

BERGMAN EN PLENA PESTE (DÍA 34)




   Me gustó mucho en su momento “Fanny y Alexander”: me encantó la lograda carga expresiva y sentimental de la misma, a despecho de la fama de gélido plasta metafísico que Ingmar Bergman sobre sí arrastra. Llevado por esa grata sorpresa, me hice entonces con otras tres películas del sueco y me las zampé en un pispás, obnubilado por la estela de fascinación que la primera me había dejado. De manera que, en medio de este tiempo clausurado, me dije, ea, vamos a hacernos ahora un poco el sueco. Y me puse a volver a ver Gritos y susurros, Secretos de un matrimonio e Infiel (escrita por él, dirigida por Liv Ulmann). ¿Y bien? ¡Dios mío, qué ladrillazos más plomazos las tres! Y no porque no se entiendan, que son bastante simples las tres, en parte por su morosidad, que son más lentas que el caballo de este tiempo que malvivimos, sobre todo por la estupidez sin fin de los personajes que minuciosamente se empeña el sueco en que admiremos. Qué vueltas y revueltas, pretendidamente profundísimas, en realidad grotescas, malsanas, egoístas, caprichosas y superficiales, en esas existencias tan estultas como vacuas e irritantes. Qué mundo interior más retorcido, bajuno y obsesivo en su autor nos revelan las tres. Adiós, Bergman, adiós, que te den.       

2 comentarios:

  1. Bueno es saberlo para no verlas
    Gracias señor escritor

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  2. Gracias. Se pueden ver. Hay opiniones para todo, legítimas, siempre que sean fundadas. Además, sólo viendo pelis malas se aprecian bien las buenas.

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