jueves, 30 de septiembre de 2010

Sabina se sostiene

    
     Quería Sabina a principios de este mes, según declaró a EL MUNDO, instruir a sus hijas en las bondades del Incesto (“estoy tratando de convencerles de que es una cosa natural, los animales lo hacen y no pasa nada”). Transgresor Mayor del Reino le proclamamos entonces en primerísima instancia (véase principio del blog, please). Cantautor favorito de la Princesa, añadimos allí, visto su fantástico relato de Cantautor en Palacio: contra sus letras premonitorias resultó que las niñas progres muérense por ser Princesas. Intuíamos ya también entonces que, ávido acaparador de títulos, el de Úbeda querría siempre más y más. A mediados de mes en pública declaración aventó Sabina, en mero amago de finta distanciadora, el penoso ripio ese de “Zapatero rima con Bombero Torero”. Ja, já, le reímos la coña, y como Tío más Enrrollao de la Comarca al punto le postulamos. En éstas llegó la Huelga General de Candy&Toxo. Y el de Úbeda debió notar sobre sí el veneno de los celos chiquilicuatreros: también tenía que posar él ahí.  
    
     Es propio de los grandes prohombres del mester de progresía patrio el  querer mojar el dedazo en todas las salsas, siempre-siempre con la conciencia más reluciente que las melenas de Alberti, por raras que sean las contorsiones que se traen de un día para otro. Seguirles en su festival declarativo resulta bien aleccionador empeño: aprende uno lo mucho que, a despecho de las más peregrinas y a la vez calculadas imposturas, quiérense a si mismos estos sin duda Grandes Hombres. Sabina apoya a muerte la Huelga, claro: “no vemos posibilidades de que nuestros hijos vivan mejor que nosotros, esto… también es por nuestros hijos”. ¿Dónde, díganme ustedes, pacientes lectores míos, habránse visto antes   Padre más abnegado y  Paternal Amor más venerables y acendrados que estos que ahora nos ocupan?  Padre del Año le nombramos, pero que ya mismo.
    
     La fundamentación filosófico-política-poética que del lío de Candy&Toxo hace luego el cantautor es de tal calado epistemológico que reduce al cabo los videos del Chiquilicuatre a lo que tristemente son: una ramplona sarta de chocarrerías paleomarxianas de un Alfredo Landa picado de un prurito progre. Cree antes que nada Sabina en el derecho…al pataleo, que sin duda debe ser muy natural derecho, tanto como el antes citado al Incesto, y que a los más finos constitucionalistas debió escapárseles de teorizar. Es una forma también curiosa de no decir nada, porque esto del pataleo suena a excusa paternalista: venga, venga, patalead un rato, chavales, que soy uno de los vuestros, joer.
    
     Dice además Sabina que la HG sirve...”para decir algo que nadie dice”, a saber: que tiene que haber alternativas. ¡Pero si no hay desde hace cuarenta años murga más rallada e inmune a la realidad del desastre que siempre propicia la misma! Y descubre entonces en su razonar Sabina, y ante ello se postra solemne, que es la huelga para él… “una palabra sagrada”. Persignémonos entonces: siéndole al de Úbeda tan naturales nada menos que el Incesto y el pataleo, al menos aun queda en su noble corazón espacio para lo sacro: la palabra huelga. Siempre lo religioso exige sacristanes, claro. ¿Y no será acaso, sr Sabina, la Huelga el mismito opio del pueblo, que los Principales de la Progresía a propia conveniencia entre las masas embrutecidas  administran?
    
     “Cuando la huelga contra F Gónzález se apagó TVE. Fue una preciosidad: siempre quise escribir una canción sobre el tipo que desenchufó”. Se comprende entonces que, dada la proverbial facilidad compositora del cantautor, primó en él el manchesteriano cálculo mercantil sobre la pura emoción poética: en efecto, de cantarle al cierre de TVE, cómo hubiera podido el de Úbeda salir tantísimas veces en la misma desde entonces a anunciarnos siempre su penúltima mercadería. En esta HG, en pasmosa y elocuente profecía, la única tele que se vió desenchufada, qué casualidad, fue Telemadrid. Dice Sabina que a su palabrita sagrada “la están echando mierda por todos los lados… lo que está haciendo Esperanza Aguirre es un peligro tremendo. Se quieren cargar a los liberados sindicales, demonizan a los piquetes…”. ¡Adonde vamos a llegar a parar!, le falta acaso por clamar a nuestro sacrosanto héroe, travestido ahora en indignado y severísimo Padre protector. Quizás por eso los capitostes de UGT tildaran luego precisamente a E Aguire de... “bruja”, y es que va encajando todo en el lenguaje milenarista que ahora adopta la Progresía.
    
     “Yo sí fui de la ceja, y estoy orgulloso de ello… yo he respetado y sigo respetando mucho las buenas intenciones de Zapatero, que me parecen reales. Pero su discurso apoyando a Sarkozy fue realmente obsceno”. No me dirán que la cabriola del cantautor no resulta aquí en extremo fantástica: en sólo dos frases muéstrase a la vez  henchido de orgullo y arrobo con ZP y airadamente contra ZP, con los sindicatos y con la Huelga, con el gobierno y contra el gobierno, siempre consigo mismo.  Y es que no conoce Sabina ningún país “en que se ataque de esta manera a los escritores, a los cantantes, a los actores”, antológica bobada que no hay por donde cogerla con sólo mirar alrededor, como si pretendiera él, y con él los de la Ceja Futbol Club, participar a capricho y con mando en plaza  en el debate público, imponiéndonos sus cánones y su rancio leninismo de todo a cien, y encima que  hagamos siempre la ola a lo inmensamente guays que ellos son. Natural entonces la crítica, señor Cantautor favorito de la Princesa, tanto al menos como el Incesto y el Pataleo esos que usted, cuando le conviene a su negocio, reclama. 



    
    

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La ley de Cándido&Toxo


     Prueba de la verdad verdadera de la Huelga en la capital: a las 00 h de hoy la única cadena que vio interrumpida la programación, que se vio secuestrada para no poder ni lo más mínimo  informar y obligada  a poner una foto fija en pantalla fue, claro, Telemadrid. Debería ahorrar ya sólo ese hecho cualquier otro comentario sobre los móviles de la Huelga.
    
     En todo caso el escenario de una Huelga General, la violencia fáctica y simbólica que desde su génesis chorrea y rezuma impregnándolo todo, sí muestra a las claras la conculcación por la fuerza bruta del curso cotidiano de la vida, la obscena coacción a la voluntad libre de las personas y a sus cosas,  a lo que las personas creen y aprecian como inseparables de sí mismos y como extensión de su propia personalidad, por haberlo conseguido en buena ley, y sobre lo que ahora unos extraños malencarados disponen, obligándoles,  avasallándoles,  acogotándoles. Los piquetes “convencitivos” son la más patente e incivilizada demostración del arbitrario sometimiento por la fuerza a la libertad de las personas y a sus bienes, y sobre todo a su dignidad y a su estima, a merced de la voluntad de los energúmenos. Es muy difícil describir la humillación, la impotencia y la rabia que se sienten cuando una partida de mamporreros cafres, tan parecidos a los de la kale borroka, te ORDENAN que no trabajes, o que cierres tu comercio, y que para empezar te lo pintarrajean en tu cara.
    
     La Huelga General es el recordatorio y el anticipo bien nítido del retroceso a formas de vida retrógradas y aun bárbaras, depredadoras y de horda, en las que el atropello y el miedo constantes impiden las normas elementales que hacen factible la coexistencia entre personas que se respetan.
    
     De qué sirve oponerle a esa demostración de brutalidad el valor de la palabra y del argumento: cómo es posible que los GRANDES sindicatos se financien opíparamente con los expedientes de regulación de empleo, es decir, con el despido de los trabajadores, cómo es posible que no sepamos el número de liberados sindicales y lo que nos cuestan, cómo es posible el saqueo continuado que de los presupuestos generales del Estado, bajo mil formas y con la anuencia de los gobiernos locales, autonómicos y central, llevan a cabo, cómo es posible que no reconozcan aún que las ideas que les inspiran llevan a la miseria y a la dictadura en todos los países que las pusieron en práctica, cómo es posible que la nomenclatura general de sus cuadros vivan como marqueses, cómo puede ser que las empresas que ellos promueven sean ruinosas, cómo puede ser que los asalariados de las propias centrales tengan condiciones leoninas y precarias como tantos otros, en fin, cómo pueden tensionar de forma impune la normal convivencia de todos hasta extremos tan radicales.
     Despotrican, cuando toca, contra los díaz-merchanes y demás grandes empresarios: en realidad es con ellos con quien mejor se entienden. Se necesitan mutuamente. Conforman ambos el establishment del oficial sistema zetapeico –anterior también a ZP, que conste, aunque le haya dado él las últimas e incomparables pinceladas poéticas- que todos los demás, que no somos ni del gran empresariado ni de la gran nomenclatura político-sindical-cejicultural- mantenemos. Son, lo sabemos, y hoy nos lo soban además por los morros, los “liberados”.

martes, 28 de septiembre de 2010

Chiquilicuatre for President



     Existe un hilo de continuidad simbólica y argumental en que fuera Chiquilicuatre, en el principio discreto miembro de la trouppe de Buenafuente, el elegido, primero, representante de la España zetapeica ante Eurovisión, y ahora, supremo cerebro de la invocación a la Huelga General contra… el PP, violenta por su propia naturaleza violenta. Un común tufo de degradación empalma ambos acontecimientos, trasuntos bien expresivos a su vez de una más general degeneración de la textura ideológica y moral de la sociedad: el Reinado de la Mugre. No deja en el fondo de resultar Chiquilicuatre, con aquella guitarrita de pega, una parodia del mismo ZP en sus momentos de levitación poética, parodia éste a su vez ya de por sí de un presidente de gobierno normal. Así, resulta impresionante y muy revelador síntoma de estos tiempos el que la antiguamente llamada “cuestión social”, su expresión y reivindicación, haya quedado a la postre en manos de un rústico caricato, deseoso de dar rienda suelta a su más chabacana imaginería, aplaudida a rabiar incluso por los “intelectuales” adictos, reducidos ya, de ser dueños del “capital simbólico” a patéticos corifeos del graciosete “figura” de turno.
    
     De esta manera, si ya los capitostes de la huelga del metro madrileño apuntaron indicios de la Mugre que rebosa su cerebro posando ufanos ante aquella célebre pancarta que rezaba “ESPE, si no nos das el cinco, por el… te la hinco”, como ufanos figurantes del “Sálvame”, ahora el centenario sindicato socialista concede el sagrado espacio del esclarecimiento de la “justicia social” a una infame colección de videos, no se sabe si más burdos que ofensivos, o al revés, al elemental entendimiento de las cosas. Si la telebasura de luxe en buena medida ha envilecido para siempre el gusto de millones de espectadores, la grosera apelación sindical a esos mismos degradantes códigos persuasivos busca con descaro pescar en ese mismo río revuelto y turbio de la agitación y propagandas más zafia.
     Y en milimétrica correspondencia material, el aroma putrefacto de un mismo elitista way of life –la llamada “izquierda caviar”- , por encima siempre de la vil plebe, equipara y sazona a Buenafuentes, Cándidos, Toxos y demás ilustres Chiquilicuatres de la forrada progresía patria. Con toda la razón del mundo llámanse a sí mismos “liberados”.  Y tanto. 

domingo, 26 de septiembre de 2010

Sara Carbonero sostiene

    
     Lección magistral de Periodismo a cargo de Sara Carbonero en el Aula Magna del Centro Difusor del Moderno Saber por excelencia, el Programa de Ana Rosa. Como el Chiquilicuatre con su célebre "Cruzadito", esa otra excelsa cumbre de la música,  fue Simplemente Sara desgranando uno a uno los renglones derechos de su sabiduría superprofesional:
-Uno: “CLARAMENTE te das cuenta  que Ujfalusi fue a partirle el tobillo a Messi”. Como poco resulta problemático y sumamente imprudente, dada la juventud de la analista, y por tanto, la escasa experiencia que en la práctica y en la reflexión sobre la materia puede enarbolar quien tan alegremente pontifica, lo que la lleva a prejuzgar con llamativa osadía una muy  específica intención alevosa en el jugador citado, nada menos que la de "partirle el tobillo" , sentencia reforzada, por si lo anterior fuera poco, con el definitivo adverbio de “claramente”, cuando si hay algo claro en el susodicho lance es no resultar en absoluto claro, como lo prueba el que hablemos de una lesión de diez días. 
 -Dos: “Ronaldo SIEMPRE ha sido, es y será ASÍ: egoísta e individualista en el campo”
Vuelve a sorprendernos la categórica clarividencia caracterizadora, ese descarnado pesimismo antropológico, diríamos, en una tan bisoña analista, que graciosamente descarga sobre Ronaldo, no menos joven que ella, susceptible por tanto de cambio,  una suerte de fátum tan irremediable, que deja el de  las tragedias griegas en un simple juego de niños. Item más: sin duda mucha gente puede considerar a Cristiano egoísta e individualista en lo suyo; ahora bien, que tan gruesas palabrotas –por mucho que hablemos del desempeño en el trabajo- provengan de una supersónica triunfadora en la élite de su profesión, con las inevitables postergaciones de cientos de personas que la misma supone, y  con muchas menos horas de vuelo en la misma que el portugués, resulta ya ciertamente chusco y revelador de la fatua arrogancia que los mass media otorgan a sus agonistas, en los que para nada se perdona una reflexión matizada o compleja.
-Tres: “Mi opinión sobre Ronaldo se ha sacado de contexto, como pasa muchas veces, COMO HAGO YO LA PRIMERA, que soy periodista y CORTO UNA FRASE”. La desvergonzada confesión de la propia falta de ética en el trabajo, reconocida como práctica común en el periodismo reinante y millonariamente triunfante, vale por sí sola más que un tomo entero que pudiera escribirse sobre el tema. Sobre eso y no sobre otras chorradas es sobre las que el Colegio de Periodistas debería pronunciarse, si es que esta profesión significa aún algo. 
-Cuatro: “Manolo Lama y Manu Carreño son mi referencia periodística”. Acabáramos: el joven y bello autor de la vil mofa al indigente hamburgués, con regusto a secuela de La Naranja Mecánica, elevado a instancia canónica y a espejo en el que nuestra…cómo se dice… guapísima reportera gusta mirarse. ¿Larra? ¿Galdós? ¿Woodward y el otro? ¿García Márquez? ¿Julio Cesar Iglesias? ¿Jesús Hermida, por lo menos?  Ni hablar: Manolo Lama es lo más.
-Cinco: “Me gustaría escribir, lo estoy mirando”. A Sara le gustaría escribir y lo está mirando. Qué bien. Hay que ver los retos increíbles que Sara/ periodista se pone. Podría haberle pedido consejo a Ana Rosa Q, otra multimillonaria triunfadora del periodismo patrio. Cuando se descubrió que los libros que ella firmaba se los hacía por cuatro duros un “negro” que, harto de su explotación, decidió a su vez filtrar los plagios que de autoras americanas él mismo apañaba para los libros de Ana Rosa Q, el share de su programa subió y subió, lo que le permitió a Ana Rosa Q, para nada egoísta ni individualista -que colabora ella con no sé cuantas humanitarísimas causas-, renegociar aún más al alza su multimillonario contrato. Qué bonita historia a escribir ésa, siquiera como vibrante prólogo para el Reinado de la Mugre.
     Como las palabras de Sara C armaron revuelo, la misma Ana Rosa Q, al día siguiente en su programa, vióse obligada a esgrimir el supremo argumento irrebatible: “y yo me pregunto, si Sara fuera un hombre, si fuera fea, ¿mirarían con lupa lo que dice?”.  Pobre Sara C, tan guapa y tan exitosa, tan envidiada por todos los parias de la tierra. Ajo y agua, le faltó añadir a la Señora para el científico guiso de un recetario de periodismo inolvidable.

(Postblog: necesito, por favor, su opinión. ¿Es porno light este video? Para mí, sí. La foto de arriba en mi opinión, en cambio, sería erotismo)


viernes, 24 de septiembre de 2010

Prehistoria de Silvia (Adiós Verano, adiós)

    
     El Verano y el mar, y el viajar durante el verano en busca del mar son nociones tan asociadas en el imaginario colectivo que resulta obligado volcarlas desde el principio en cualquier memorial de estío, y éste quisiera extenderse hasta el infinito del tiempo perdido y más allá, que diría un Buzz Lightyear con ínfulas de poetastro. Salimos disparados hacia el mar en Verano, como si nos espoleara una necesidad tan acuciante que ni siquiera entendemos bien del todo.

     Es como si la naturaleza humana guardara una secreta melancolía de una anterior condición anfibia que con la irrupción del verano  estallara. Dejar de lado el orden cerrado de los días y simplemente plantarse delante de él. Contemplar el inmenso mar. Cerrar luego los ojos, ofrecerle el rostro entero y abrir bien los oídos al arrullo de su rumor, que nos alborota de caricias zalameras  los cabellos. Adentrarse luego en su entraña , flotar un instante sobre su arista, sumergirse en él y escuchar una vez más el oscuro latido  del mar desde su seno.
   
     Ahora que el viaje ya no es un avatar excepcional buscan los jóvenes en verano descubrir mares lejanísimos y transcontinentales. Pero todos los mares son el mismo mar, aunque a la vez nunca el mar es el mismo. Y acaso, de todos, el mar primordial sea el que de niños, antes de conocerle, nos forjamos un día en la cabeza, como un haz de ensoñaciones todavía inconcretas pero muy grandiosas. Por qué me trajiste, padre, a la ciudad, protestaba Alberti por haber sido separado de joven de su mar gaditana. A la inversa, qué no supondría para los más seriotes chicos del interior el subirse a un desvencijado autocar, que en viaje de fin de curso les conduciría por vez primera en sus vidas ante el mar. Llevábamos con nosotros una ilusión que casi nos dolía en el pecho.
    
     Recuerdo bien aquel interminable viaje hacia Alicante. Quizás porque además llevaba en el asiento de al lado a Silvia, mi compañera de clase, una rubia intrépida con los ojos verdes. Muchas tardes yo la ayudaba con las ecuaciones, sólo por verla con cara de bobo muy de cerca y durante más tiempo. Aquel infernal autocar dejó al fin de traquetear entre blancuzcos edificios y se internó por una de las ramblas que, como un tobogán cuesta abajo, tajan en perpendicular el casco urbano de la Playa de San Juan hacia la costa.
    
     Y entonces allí, hacia el fondo de la calle, con la forma de una gigantesca uve interminable, pude ver al monstruo. Sí, porque desde la perspectiva que llevábamos, aquella inmensidad vertical de un azul violentísimo que se agitaba sobre nosotros, pese a que el día era magnífico, a mí, que era la primera vez en mi vida que veía el horizonte revolverse delante mía, me pareció un monstruo. Un monstruo que sobrepasaba la altura de los bloques que lo antecedían, dispuesto además a abalanzarse sobre nosotros. Suspiré con toda el alma porque diera el autocar la vuelta y nos alejara de aquella descomunal aparición que nos envolvía más y más según nos acercábamos a ella. Pero entonces, Silvia, balbuceó a mi lado medio atontada: ¡MA-RA-VI-LLO-SO! ¿a que sí José Antonio?
    
     Claro, claro, maravilloso, qué otra cosa podía entonces yo decirle. Durante aquellos días descubrí también cómo el mar espolvoreaba de rebrillos azules el verde de los ojos verdes de Silvia.   De la mano de Silvia superé así mi pánico inaugural al mar, del que soy hoy, ya se ve, muy partidario.
    Y, como si este memorial de estío fuese sólo una simple caracola sobre la arena de la playa, algo de aquel remoto y a la vez eterno murmullo del mar, fiel lector, es el que se ha acercado en esta jornada al oído de tu memoria.
     
        

jueves, 23 de septiembre de 2010

Audrey Hepburn y Antonio Ordóñez in love

    
     El otro día leí en el blog de Santiago González ( una de las cabezas mejor amuebladas y una de las más finas ironías en el panorama periodístico, y no por ello -eso que él se gana- entre las masas mundialmente conocido) , a cuenta de las muchas relaciones amorosas que conoció la Hepburn, el romance que en su día mantuvo Audrey con Antonio Ordóñez, el célebre torero rondeño. El pálido mitómano que a veces le habita a uno (tiene uno en el móvil, por si le pasara algo, el número de Audrey en el cielo -que en el internet se encuentra todo- en el AA que Tráfico recomienda) se llenó de envidia retrospectiva hacia Anthóniooo Ordóñez.
     
     No conocía esa historia, testimonio cierto de una época en el que las más rutilantes estrellas de Hollywood peregrinaban en masa a la España de entonces acaso buscando en los toreadores el contacto carnal con el reducto último de vaya a saberse qué mistérico heroísmo macho. Qué pensarían aquellos hirsutos y a menudo toscos ganapanes, arrojados artistas en el ruedo, cuando entre sus manos hallaran, como un metereorito resplandeciente que del cielo sólo a ellos les hubiese caido, los cuerpos más renombrados de la Galaxia. En Audrey sobre todo admirar a un palmo aquel increíble rostro, emblema de la armonía y la gracia chispeantes e inmarchitables.
    
     También me preguntaba si en la Hepburn, quien al decir de sus biógrafos encerraba una enfermiza inseguridad interior por detrás de su éxito mundano, habría podido más en el lance la personal pesquisa de la figura protectora que al parecer anduvo siempre ella buscando, o la rendida admiración hacia el hombre que expone su vida sobre la arena con una sonrisa en los labios al tiempo que prodiga belleza a su alrededor. Por el veneno ése de los celos en flash-back llegué a preguntarme incluso si no habría sido la simple y un poco patética emulación de Ava Gadner lo que hubiera llevado a Audrey a poner un torero en su vida. Y si acaso Ordóñez, dándole una vuelta de tuerca más al penoso afán de emulación, como Luis Miguel Dominguín en aquella histórica ocasión nada más yacer junto al "animal más bello del mundo", no habría salido corriendo, corriendo, corriendo...¿adónde? A contarlo, naturalmente.
   
      Concluí entonces, llegado a este punto crucial, que a los mitos, cuanto menos se les manosee, mejor. Y vine aquí corriendo corriendo a contarlo, naturalmente. Y a soñar un poco con esto.
    
 

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Zarrías y Aido, solidarios en acción

     Empieza el tam-tam electoral socialista. El ruido y la furia, escrito no por Faulkner, claro, sino por Zarrías, como uno de esos extrordinarios artistas que pintan cuadros asombrosos con los dedos de los pies, en el hondo sur español de la gran Depresión zetapeica. Apelación, cuanto más grosera mejor, a las vísceras, remoción de los más turbios mecanismos del inconsciente colectivo: que viene el Doberman.
     Las campañas electorales son la savia y la sangre fresca que a ellos les devuelven la vida, el arma estratégica que les permite eludir el análisis estricto de la gestión, suplantado por un extenuante bombardeo emocional con el que darle la vuelta a los escuetos datos de la realidad: casi cinco millones de desempleados, gigantesca deuda que cortocircuita cualquier futuro, peligro de ruptura territorial, global desesperanza. Nos conviene la crispación, confesó en la intimidad ZP a Gabilondo. Ya lo creo, remachó éste, buen conocedor de las llamadas verdades como puños.
     Veamos la secuencia: De la Vega fulmina a la directora del CIS que le trajo la mala nueva de los sondeos desfavorables, mientras el PP mira para otro lado. Lo importante es la foto, se le escapa también en la intimidad a ZP con Mohamed V. Por eso tanto énfasis en censurar la famoso foto de familia con los Obama, tan elocuente.  Va entonces la Junta de Andalucía y da el pistoletazo de salida: 1800 euros para las mujeres que a través de una declaración jurada se consideren víctimas de la represión franquista entre... ¡1936-1950!
     ¿Es o no esto Hollywood, la California de España que juraron ellos hacer de Andalucía?  No importa tanto el despilfarro hacia atrás, cuando tantas carencias existen, cuanto agitar, una vez más, el cebo y el espantajo del franquismo. El franquismo cumple a la perfección el papel de mito fundacional, el maná fetichista en el que los capitostes socialistas se rebozan cada vez que ven el mantenimiento de sus privilegios amenazados.
     Hurgar en el pasado, perseguir "como sea" la fijación falsa y narcisista de la sociedad española en un relato embustero que permita justamente escatimar el presente: el desvergonzado intercambio de favores a cargo del erario público, en el contexto de un desempleo masivo, entre Aído y Zarrías, suerte de cacique fáctotum de la PSOE que en célebre instantánea votaba con los pinreles, por el que aquella "colocaba" a la señora de éste, mientras éste "colocaba" al noviete de aquella. ¡Solidarité y fraternité de los socialistas cinco estrellas! Igualdad, eso, Aido, igualdad. 
 

martes, 21 de septiembre de 2010

Sarkozy,ZP y su Romancero gitano

                                                                                                                                                                 
     Felipe G necesitó al menos cuatro años y unos tres mil “por consiguientes” para hacernos tragar, desde el “OTAN DE ENTRADA NO”, el “EN INTERÉS DE ESPAÑA VOTA SÍ” a la Alianza Atlántica. Pues Sarkozy dudará de la inteligencia de ZP cuanto quiera, pero lo cierto es que éste ha necesitado sólo unos meses y ni una sóla locución ilativa para pasar de rezar en alto junto a Obama, con el dramático énfasis que sólo él sabe ponerle a la cosa,  aquello tan bonito de “no explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habitan en tu tierra y en tus ciudades. Págale su jornal ese mismo día antes de que caiga el sol porque está necesitado y su vida depende de que le pagues ese jornal” a declarar en pleno Consejo europeo que “los asentamientos irregulares (de gitanos) son una mala práctica que hay que evitar que se produzcan”.

     ZP ha respaldado y justificado de palabra y de obra las expulsiones de gitanos decretadas por Sarkozy. También en la llamada política de gestos ha avalado al francés, haciendo como que con toda la atención del mundo le escuchaba y le asentía delante de las cámaras. Entiéndase bien: en absoluto es nocivo el ejercicio del realismo político, que suele preferir la prudencia y la moderación gradual en la gestión de los complejos asuntos públicos, antes que los radicalismos exaltados que, so capa de pretender utopías irrealizables, sólo muy reales desgracias para la mayoría siempre traen. Lo que asombra, una vez más, es el absoluto cinismo con que se utilizan los principios, según convenga al personal interés del momento y sin ofrecer siquiera una mínima explicación al respetable.

     El “aggiornamento” que ahora brinda a los centros mundiales de decisión ZP, rubricando la expulsión de poblaciones miserables, lo que pone de relieve es sobre todo el caudal de demagogia brutal sobre la que había afianzado su llegada y mantenimiento en el poder. ¿Qué queda ahora en ZP del famoso Discurso del Viento,  de aquel supuesto atormentado sentir suyo sobre los muchísimos pobres y los muy pocos ricos que pululan por este perro mundo que a nadie salvo al Viento pertenece? ¿Qué de aquel amejoramiento de la vida  de los más humildes que como una lección de vida su legendario abuelo le enseñó, tal como en el momento estelar de la investidura a todos nos recordó? Renovó ZP el mandato, conocidos ya los intríngulis reales del poder, y no por ello, en la misma noche electoral, se privó de revelar su preferencial opción por los que menos tienen.

     Luego, traicionando su palabrería, rebajó sueldos y congeló pensiones sin temblarle el pulso. Ahora no le importa tampoco pulverizar otra de las estampas más queridas por el copioso imaginario de la demagogia izquierdista: los errantes gitanos y la libertad, y el viento y las estrellas y la cruel sociedad y el bla-bla-blá. Brama Zerolo, a la misma vez que su jefe le salva la cara a Sarkozy, que “el gobierno francés estigmatiza a las personas por su origen étnico”. ¿Entonces?

     Si  antes que metamorfosearse de esta indecente manera ZP se hubiera largado a casa, como aquel presidente de la I República que dimitió por negarse a firmar una pena de muerte, hubiera merecido, si no nuestra comprensión, si al menos nuestro respeto. Pronto vendrán las elecciones, y de nuevo volverán entonces, impulsadas por el Viento, sí, las oscuras golondrinas de la izquierdista demagogia rampante, tan efectiva para mantenerse en el Poder, en el cristal con sus alas a llamar hasta en esos mismos campamentos lorquianos bajo la luna que ahora pisotean.     

domingo, 19 de septiembre de 2010

La otra noche

    La noche del jueves salía yo de un antrazo de la capital del Reino que a veces, sólo por airearme un poco, frecuento, y escuché al hombre que aparca los coches decirle a un cliente, "apúrese, Señor, que en poco tiempo va a caer  la Intemerata". Y como si el aparcacoches aquél tuviera mano con los elementos de la Naturaleza, al instante, en efecto, un viento antipático comenzó a azacanear las copas de los árboles y a remover un poco la hojarasca sobre las aceras, oscureciendo de golpe la noche con más noche. Bah, pensé, serán cuatro gotas, aunque me apresuré hacia el coche, izándome, como un Bogart venido a menos, las imaginarias solapas de la chaqueta que no llevaba.
    
     Cuando llegué hasta el coche aún no llovía, aunque en la esquina de un cruce sin soportales una prostituta rolliza y con minifalda roja había abierto ya su paraguas también rojo. Por el retrovisor vi como se detuvo a su lado un coche oscuro. Se bajó la ventanilla, quien fuera el que lo condujera cruzó con ella dos frases y se largó. Se ve que no hubo ni trato ni truco. Ella taconeó el asfalto con rabia, como si aquel anónimo bastardo encima le hubiese soltado alguna inconveniencia. Arranqué y entonces empezó a llover.
     Muy pronto llovía con furia. Los noctámbulos de la Gran Vía se apresuraban a recogerse bajo los edificios y otras gentes, con plásticos negros de bolsas de basura ensartados por la cabeza al cuello, como mosqueteros de la Orden Canalla, recogían a toda prisa sus dudosas mercaderías. La acera, el asfalto, los rostros, todo estaba mojado y reluciente, salpicado de destellos, y  aquella tropa agitándose en un palmo de la calle, unos de chunga y otros contariados, bajo la lluvia y a la luz artificial de farolas y neones, componían un cuadro de una extraña y a la vez tópica belleza. Me acordé entonces, claro, de Taxi Driver, de Robert de Niro haciendo a aquel zumbado, enfermo de soledad y de ignorancia, trastornado en psicópata justiciero de la noche. 
     
     Bajaba hacia la Plaza de España y ya diluviaba de lo lindo, y los limpiaparabrisas apenas daban abasto. Los coches avanzábamos un poco a tientas. Jodido Chamán-aparcacoches, pensé. Oh, Manitú, Manitú, y con lo que me gusta a mí conducir. Empezó a atronar y de pronto el resplandor cenital de un turbión de rayos y centellas que descargaran su ira al unísono bañó todo lo que nos envolvía en un colosal electroshock de una claridad quirúrgica. Uff, me alegré entonces de alcanzar al fin uno de los célebres subterráneos de la M-30 que te meten y te sacan de los madriles. Sin acelerar lo más mínimo, suspiré, puse música al tún-tún y como de un baúl viejísimo me salieron los sones de By the rivers of Babylone de los Boney M, fíjate tú. Me adelantaban algunos coches por la derecha y sin miramientos. Admiré entonces un momento la fábrica encofrada de los muros soterrados de mi ciudad y le di  una calada imaginaria al cigarro que no fumaba, otra vez como un Bogart de pacotilla. El tormentón se había esfumado allí abajo, aunque la claridad espectral -como si hubiera allí mucha más luz fluorescente de la habitual- era muy parecida a la de arriba. Yo tarareaba los míticos ríos de Babilonia, aunque no las tenía todas conmigo, la verdad.
    
     Primero fueron sólo unas filtraciones chorreando agua en varios tramos desde el techo del túnel. Pero cuando me acongojé de veras fue al observar -lo vi unos cien metros antes de llegar allí- que de un boquete en el lateral del muro izquierdo al lado del que yo circulaba, no es que manara, es que irrumpía a través del mismo -sería un colector desbordado, yo que sé- un violentísimo caudal de agua. El túnel, en mi ignorancia supina, en mi imaginería peliculera y de cultureta,  se me antojó entonces una presa presta a derrumbarse por la crecida salvaje del río Manzanares, que por allí habría discurrido siempre. La venganza de la Naturaleza, recelé. Dudé entonces, rehén de un indecible canguelo, entre acelerar el coche a toda leche o interrumpir los ríos babilónicos y pararme en seco allí mismo, antes de la implosión, y poner una queja en el libro de reclamaciones de la constructora.
    
     Ninguna hecatombe se produjo, claro, aunque lo que entonces me ocurrió allí fue mucho más… pónle tú mejor el adjetivo, paciente lector mío, cuando leas lo que ahora viene, que es, lo sé de sobra, un desenlace desinflado y caprichoso, no el que convendría al relato notable de un escritor sobresaliente, quizás sí el propio de la vida real , que es, creo yo, de naturaleza mucho más mediocre y azarosa, similar en eso a la endeble consistencia del blog de un don nadie.
    
     Porque, justo al pasar a medio gas por el boquete de agua en el muro, que tendría medio metro de diámetro y lanzaba agua turbia a propulsión contra la carretera, en mi cabeza, como el relámpago que antes les conté –ahórrense pensar, por favor, la  chanza barata de que yo había bebido, no era en absoluto así- se abrió paso hasta inundarme el cerebro, sin explicación posible a mano, como una pantalla que se despliega de pronto sin venir a cuento en nuestro ordenador, la imagen radiante de la pobre Marta del Castillo,su cara, sus ojos serios, su melena algo rubia y partida en dos, su juventud.

     Y en esos instantes tan sólo anhelé, con todas las fuerzas que yo entonces podía reunir, que Marta, aun empapada, aunque fuera muy desmejorada, emergiera  por entre aquella extraña riada y pudiera yo prestarle mis pobres ropas y secarle un poco el pelo.        


          

viernes, 17 de septiembre de 2010

Historia de Silvia (Postrimerías del Verano II)

     
    
     El Verano, las vacaciones escolares, el atolondrado despuntar de la adolescencia, la irrupción del otro sexo y... el temblor único del primer amor, ¿no? Sucesivos eslabones encadenados en el discurrir de la vida de casi todos. De acuerdo, pero… ¿y Verano y primer desamor? ¿No se dan acaso, en el mismo auge del estío, aguaceros terribles, como el de anoche en los madriles que todo lo arrastran consigo? ¿No se repite año tras año también el estruendo intimidante de las tormentas de verano? ¿Fue una de esas tormentas la que yo viví con Silvia, mi compañera de clase, durante el verano que siguió a la excursión del colegio a la Playa de San Juan?
  
  Mejor júzgalo tú, fiel lector. A Silvia le habían suspendido las matemáticas. Se quedó sin vacaciones. Yo no iba a marcharme a ningún lado tampoco, aunque, claro, no me importaba lo más mínimo. Vivíamos en el mismo portal y yo la veía cada tarde, con sus trenzas, jugando a la rayuela en el patio de enfrente. Bueno, sería más justo decir que yo la espiaba, agazapado tras los visillos de mi habitación, que daba al patio en que ella jugaba. Me moría de vergüenza sólo de pensar que ella pudiera descubrirme, porque ella era rubísima y algo más alta que yo, que era ya entonces un chico un poco birria.
    
     La veía jugar y cada tarde me decía, venga, valor, José Antonio,  ahora saldrás a la calle, te harás el encontradizo y le dirás, “ Chica Rubia de Celeste Diadema, si quieres, yo puedo ayudarte con las ecuaciones, ¿sabes?, no son tan antipáticas, te lo aseguro. Y luego, si tú quisieras, nos meteríamos con los logaritmos, no son tan horribles, de verdad. Estarías aquí, en este cuarto de estar, a mi lado”. Yo quería estar muy cerca de ella siempre. Pero nunca terminaba de atreverme.
    
     El sol, un oro fundido derramándose sobre su melena, la hacía  más rubia todavía aquella tarde calurosa. Silvia miró alrededor, como si adivinase que desde algún lado yo la observaba, como una cierva en alerta que abrevara en el aire el inconcreto rumor de mi pesar. Y fue como si el aire me devolviera también a mí entonces el boomerang de su ánimo . "No entiendes nada, Chico Birria. Hay veces que sólo quieres que te dejen en paz. Jugar tranquila en el patio, y nada más.Bueno... y mirar ahora mismo como encesta ese Chico tan Mono".  Glups, yo tragué saliva tras la ventana. 
    
     Por el otro lado del patio, en efecto, apareció en ese momento un chico de nuestra edad, con ropas deportivas y una pelota de baloncesto en la mano. Ágil y raudo como un alevín de héroe, con un torso de músculos ya bien apuntados, aquel chico aceleraba con su ímpetu los latidos de la tarde. Empezó a tirar desde todos lados a canasta. De gancho, en suspensión,en carrera, de un lado, desde el otro. Canasta. Canasta. Canasta. El tío no fallaba ni una.
  
     Hasta que notó sobre sí la mirada clara de Silvia. Le sobrevino entonces un sudor frío, como si algo invisible le atacase. Empezó a fallarlas todas, tirase como tirase. Ni una sola le entraba. El atleta aquél empezó a ponerse más y más colorado y yo, tras los visillos, me sonreí. Entonces, chasqueando la lengua, Silvia se levantó. Se ajustó con decisión la diadema. “Pásamela, anda”. Dio apenas dos pasos y se paró, sin dejar de mirar la canasta. Y desde allí, desde los siete metros, ella saltó muy alto y enhebró un triple estratosférico, que sublevó con limpieza las mallas a su paso. A Chico tan Mono le temblaron un poco las piernas.
    
     “Te has fijado, ¿no? Pues hazlo tú igual. Y no pienses en mí, bobo, que te pones bien feo.”, le dijo. Le lanzó entonces la pelota al cuerpo, pero Chico tan Mono la atrapó con fuerza esta vez, y enarboló delante de Silvia una sonrisa que ni Burt Lancaster. Yo ví entonces como Silvia le sonreía también y se ponía a tirar canastas a su lado. Chocaban los cuerpos -las manos, las cinturas, la piel- entre sí riéndose, como si se toparan por casualidad. Desolado, cerré los ojos y  dejé caer la frente contra el cristal.  “Silvia, Silvia, por qué siempre os gustan los guapos. Es tan injusto. Dime, por qué, por qué”.  Y un trueno atroz  resquebrajó entonces la bochornosa tarde de aquel verano infausto.        

jueves, 16 de septiembre de 2010

No me molestes, estoy trabajando (los Príncipes y Diógenes en Onda Cero)

     Cuentan las crónicas que hace unos días visitaban los Príncipes de España, en loor de multitudes, claro,  la redacción de Onda Cero. Carlos Herrera, que se declara monárquico, en buena lógica cumplimentó allí con cortesía a tan altas dignidades. Sorprendieron un poco, por su parte, Julia Otero e Isabel Gemio, preclaras contestatarias al Sistema y ácidísimas debeladoras de cuantas crueles injusticias y penosas desigualdades de rango asolan este perro mundo, prestas en esta ocasión  a encaramarse a todas y cada una de las inúmeras fotografías al lado de sus reales altezas. Veíaselas radiantes y desenvueltas en la más corta distancia con los elegidos por los genes como sucesores al Trono. Señalan los cronistas que Julia Otero le demandó incluso una foto dedicada por su mano al Príncipe Borbón. Resultaba, con todo, algo estrafalaria la escena, ese súbito revuelo cortesano en dos de las más notables defensoras que de la verdadera causa del Pueblo puedan hoy nombrarse en España.
     Recordaba un poco la escena de los Príncipes, la alegre expectación general, el triunfal recibimiento, el trajín de la comitiva de directivos y asociados, esos siseos contenidos de admiración como una estela que también les precede, a aquellos gloriosas acogidas que históricamente dispensaban los pueblos a sus queridos emperadores, Alejandro Magno, un suponer, cuando entre sus súbditos se dejaban ver.  
     Bueno, pues como en esos hechos históricos en los que, por acontecer de pronto algo desacostumbrado, quedan fijados para la Historia como un extraordinario relato que de boca en boca se pasa, también en la visita de los Príncipes a Onda Cero saltó la liebre de lo insólito. Y es que al parecer, mientras recorrían las instalaciones, quiso el Principe acercarse a un editor, que se afanaba preparando el próximo informativo. Le dio el Príncipe un toque de saludo en la espalda, y el periodista, sin saber de quién se trataba –si es que hemos de creer a los cronistas- dejó sin acaso quererlo él la frase extraordinaria: “No me molestes, que estoy trabajando”.
     Lo que no refieren ya los relatores del evento es si las mismas Julia e Isabel acudieron presurosas al quite del embarazoso silencio que en buena lógica hubo allí de producirse. Seguro que la proverbial campechanía borbónica hizo a todos superar el trago, y que una colectiva carcajada rubricaría la ocasión para la Historia. Claro que acaso también el curioso incidente trajera al caletre de alguno de los allí suspirantes la conocida y antológica respuesta de Diógenes, aquel gran sabio cínico, en presencia del refulgente Alejandro Magno, cuando le había ofrecido éste cualquier cosa que él pudiera desear: “Apartáos Majestad, me quitáis el sol”.
       

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Nadal en el Open USA: razones mil para quererle


     Con la victoria en el Open USA ha cerrado Rafael Nadal –gane o no el Masters- el círculo mágico de una temporada y una trayectoria de asombro, destinada a perdurar, cuando la perspectiva del tiempo remanse y adense en su verdadera valía la enjundia de sus proezas, entre las más escogidas páginas de la historia del deporte mundial. Y se admira, y más, se quiere a Nadal, y se sufre y se disfruta con él, y se le lleva muy dentro, a pesar de ser para la mayoría sólo el haz fugitivo que rellena una ráfaga de puntos luminosos sobre las pantallas de todo el mundo, por el cúmulo de cálidas significaciones que de su mano atraviesan y traspasan el espejo cóncavo de las televisiones.
     Hubiera perdido Nadal y no por eso le habríamos querido menos, tal es el influjo que la ley de su gracia derrama sobre nosotros. No, no son los dígitos,  ni los récords, o las burdas cifras de sus victorias y trofeos, no es la miseria de lo cuantitativo lo que mejor explica la veneración que hacia Nadal sentimos. Son las emociones positivas y esenciales que en Nadal explotan las que nos contagian y mueven a, sin conocerlo de nada, considerarlo uno de los nuestros.
     Repitámoslas, sin sentir vergüenza alguna al hacerlo, una vez más: su pundonor, su fortaleza, su humildad, su entrega, su esfuerzo, el caudal de esa alegría desbordante como una riada que con él nos llevara por delante, su tenacidad, la capacidad de superación y sacrificio que hasta en el momento más adverso atesora, su caballerosidad, su saber ganar y su saber perder, su novia de siempre, la madurez impropia de su edad, su inquebrantable fuerza mental, la fe indestructible que le pone a su trabajo, la bravura indómita de su batallar, como un piel roja que nunca se rindiera.
     Acaso se halle, en definitiva, en la estela informe y luminosa que toda esta  ringlera fulgurante de asociaciones benéficas que Nadal deja tras de sí, y a las que sin él pretenderlo a todos convoca, mucho más que en el vacuo fetiche de los números del éxito, las “razones” por las que vale la pena mirar y admirar, vivir y convivir con Nadal, a quien somos legión los que estamos para siempre agradecidos por hacer nuestra vida más plena. Cada uno de nosotros, como el anciano del anuncio célebre, con Nadal vibramos, y para nuestro coleto también nos decimos: “Yo soy Nadal”.    
                                                                 

martes, 14 de septiembre de 2010

Soy fan de ti (de ZP,digo, lost in Oslo)

                
  

                                                                                                                                                              Dice ahora ZP, lost in Oslo, que un parado haciendo un cursillo no es un parado, que es alguien trabajando por su país. ¡Grande ZP! ¡Cómo resuenan a su través olvidados ecos kennedianos! Dice también que España, esa nación discutida y discutible, será también, con tanto paro, …”un magnífico laboratorio para las políticas de empleo”. ¡Cráneo privilegiado! Qué reminiscencias en la logorrea zetapeica de la Nueva Frontera de JFK, sólo que con Sonsoles en el puesto de Marilyn. Y paremos ahí, please, los paralelismos familiares.
    
La verdad, al principio las gansadas cósmicas (planetarias, que dijo proféticamente Leyre) del presidente discutido y discutible le incomodaban a uno mucho. Se ponía uno, al escucharlas, en plan cantautor protesta, a propinarle unos cuantos pellizquitos de monja a tamañas estulticias. Pero al adquirir las mismas, con su pasmosa reiteración, la espesura indiscutible de lo real, ese delirio cursilongo una y otra vez espolvoreado como una jungla asfixiante, acabas por entrar en su alucinante meollo y por esperarlas con avidez de morfinómano. El horror, el horror, decía Conrad. El fulgor, el fulgor, musita uno, cada vez que ZP le habla al Viento. Play it again, ZP.  Y como  de si mismo precisó Él al tomar posesión, no nos va nunca a fallar.
    
Lo del laboratorio, en Oslo, tiene su guasa; es innegable. Porque venía ZP, rayo que no cesa,  de darse de bruces en Shangai con Miguelín, ese siniestro bebote de la Expo que lleva hasta en el nombre el sarcasmo de su inquietante desmesura, donde afirmó, tan suelto as usual, que “España tiene un futuro… del tamaño de Miguelín”. Cuando vi a ZP en Shangai, guarecido bajo los colosales brazotes de Miguelín, sin soltar un instante la Copa del Mundo que solo él había ganado, pensé que iba a arrancarse entonces como Ana Torroja y su Shangai-Bombay-es-un-paraíso-que-a-veces-yo-me-monto-en-mi-piso, y poco creo yo que le faltó, pues música de gloria allí se levantó con aquello suyo de que “ojalá juguemos igual de bien el partido de la economía que el del futbol”. Bueno, el Presidente nos aclara ahora que Miguelín ha de pasar ahora por el laboratorio de sus queridos doctoresmontes.
    
Le ha otorgado Ibraimovic a Guardiola, en el momento del adiós, el título supremo de filósofo. Se ve que no ha reparado el sueco en nuestro querido presidente, a cuyo lado Pep sólo es un pelanas. Porque muy sabio sin duda ha de ser uno para prodigarse de esta suerte –esas máximas las suelta quien yo me sé y al día siguiente ha de escapar de la Moncloa en helicóptero- y conformarse sólo con la presidencia de una nación discutida y discutible. El sitio de ZP es el Nobel de Literatura, primero, y la Posteridad después. Mientras tanto, podrían ir adjuntando sus palabras sueltas a los vientos de Oslo a esos videos tan bonitos que entre la UGT y el Chiquilicuatre han preparado para la próxima huelga general… contra el PP.  Sí, ZP, definitivamente, como dice el Corte, soy fan de ti. Nunca nos fallas.  
  

lunes, 13 de septiembre de 2010

Reverendos Pirómanos


Al final las presiones de todo tipo en torno suyo hicieron efecto y el reverendo Jones se riló. Por supuesto que está muy mal quemar Coranes en público. Y cierto es que, cómo diríamos, las trazas que apunta el reverendo Terry Jones resultan atrabiliarias. Ahora bien, que el mismo presidente norteamericano haya buscado a fondo la polémica pública en el asunto resulta como mínimo chocante. Y los argumentos esgrimidos por Obama merecen, a mi jucio, escasa reverencia: “la acción pondría en peligro a nuestras tropas en Irak y Afganistán”. Ese peligro ya existe, y las baladronadas de Jones nada relevante añaden al asunto. Dice también Obama que “servirá para que Al Queda reclute más combatientes”. Pero quizás lo que más contribuya a eso sea la propia deriva de una guerra contra el totalitarismo que se está perdiendo. Cuando Jones sostiene que el Islam posee una voluntad de dominación del mundo no está inventando nada, y que un presidente norteamericano finja ignorarlo sí que es una novedad mayúscula.


Más bien lo que revelan las premisas obamitas son la interiorización en el cerebro del comandante en jefe de Occidente del propio “discurso” victimista que los fanáticos sin cesar propalan, en virtud del cual sus propios crímenes nunca son reprobables, ya que son los mismos sólo la inequívoca demostración de su persecución (¿), y cualquier respuesta a los mismos una bárbara provocación más. Así, las quemas urbi et orbe de los Versos Satánicos, -de la quema de banderas Usa para qué hablar-, la persecución implacable y las sentencias a muerte a quienes osan desde dentro cuestionar el islam nunca cuentan, ni ponen en peligro nada. Sorprende asimismo el rápido placaje de Mr Obama a Jones, en contraste con la prolongadísima melée que en su día mantuvo con el otro célebre reverendo Wright, cuyos incendiarios discursos incitaban a la violencia, maldecían a América y responsabilizaban, claro, a la propia política norteamericana del atentado de las Torres Gemelas.

Y también en esto el gobierno zetapeico ha dado un poco más alta si cabe la nota bochornosa: lo de Jones es “ultraje” y “provocación” por parte de quienes “buscan ofender los sentimientos más profundos de millones de personas”, ha dicho, sin que a Moratinos le temblara el turbante que hace poco sobre el cacumen se plantó. Vamos, que quemar el Corán es lo peor de lo peor, pero cogobernar con quienes llaman en Cataluña a arrancar y quemar en plaza pública las páginas de la Constitución española resulta nunca visto progreso y formidabilísima ampliación del futuro, "tamaño Miguelín", de España. Y es que, claro, el Corán, para nuestros particulares agnósticos dominantes, no es ni discutido ni discutible. Donde esté el reverendo Tardá, -“¡muera el Borbón!”- que se quite Mr Jones.









sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Una mezquita en la Zona Cero? (Nueve años después)


     Nos faltaba por ver nada menos que a todo un presidente de los EE UU, -quiéralo él o no, algo así como el emperador de Occidente-, alentando la construcción de una mezquita en el blanco mismo de la diana del más cruel acto de terrorismo internacional, fruto de la Yihad, del que se guarde memoria. ¿Una mezquita sobre el mismo skyline neoyorquino, Mr Obama? ¿No sería esa, tras el negro agujero que la devastación fundamentalista abrió, la más alucinante postal jamás concebida? Es como si al cesar los bombardeos nazis sobre Londres, hubiera apoyado Churchill la construcción de un centro nacional-socialista alemán sobre la City. Sangre, sudor y… mezquitas, vamos. Es como si sobre los escombros del cuartel de Vich un presidente español promocionara la instauración de una ikastola.


Si el aberrante propósito cuaja –para más inri denominado, ojo al dato, que diría el otro,… ¡Proyecto Córdoba!, que tiene la cosa también califales perendengues-, no es sólo ya que se menosprecie a las víctimas, sino que, acaso por vez primera en la Historia, de alguna forma los tenebrosos delirios de los criminales terroristas acabarían así vindicados sobre el corazón mismo de la metrópoli mundial por antonomasia que ellos convirtieron en matadero. Simbólicamente, ellos y sus mentores –Bin Laden, ese hombre- veríanse así ungidos de sacralidad y elevados a los islámicos altares. El simbólico precipitado del salvaje atentado a las Torres Gemelas vendría al cabo a consistir en que, en el lugar donde antes existía un centro comercial para la próspera convivencia y el esparcimiento pacífico entre las más variadas personas, afianzaríase ahora un germen más –y a la vez tan único- del fanatismo confesional de una fe en expansión, que puja por relevar en todos lados al fantasma del totalitarismo comunista.

El plácet obamita al Proyecto Córdoba sobre Nueva York, tan recientes en el imaginario colectivo la bárbara destrucción y las sangrientas consecuencias -que aun hoy se ventilan y que por mucho tiempo se ventilarán- que la misma acarreó, ilustra a las claras, aunque en sentido inverso, el célebre “fin de la Historia” que Fukuyama hace años diagnóstico. La Historia, entendida como un proceso lógico, asentado sobre premisas y consecuencias razonables mantenidas en el tiempo, parece esfumarse para ser sustituida por un post-moderno sinsentido en el que toda instancia de valor y sensatez se supedita a la momentánea ocurrencia, que mañana puede ser la opuesta, guiada siempre por el más rastrero interés propio.

Tantísimas cosas en la cotidiana experiencia nos recuerdan ya a cada paso estas imbéciles señas de la identidad presente, que Obama ahora eleva a categoría de general paradigma. Por eso se le juzgará, si en el futuro, aunque sea en algún lugar remoto, los que con amor a la verdad recogen los fieles hechos históricos subsisten. Porque en la misma Historia se halla el mentís y la denuncia de esta sinrazón: Obama, con su aquiescencia al Proyecto Córdoba, nos remite a Shakespeare, cuando nos recordaba que era a menudo la vida un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada. Nada bueno, quepa acaso añadir.