martes, 31 de enero de 2012

Paseando a Mr González

     
   Cuánto mejor si en el Acto rubalcabo, delante de aquel auditorio entregado, hubiera Ciudadano González abiértose así de capa:
     “Compañeros y compañeras, voy a hacer una pública declaración de HUmor… TODOS SOMOS CARMEN CHACÓN”
para de inmediato allí mismo desprenderse de la chupa de pana y, cachazudo como sólo él sabe hacerlo, sorprender a todos mostrando sobre el torso  la camiseta con el susodicho logo, en alusión a la penosa reivindicación que protagonizó Chacón  del malogrado Rubianes cuando en términos tan irreproducibles maldijera a la Nación española. 
  
   Aseguraba no hace tanto Ciudadano González hallarse, habiendo sido cuanto él ha sido, cada vez más alejado del Partido y se apresta una vez más a batirse el cobre por una facción, previa declaración de amor a Chacón. A su vez ésta, en el carnaval veneciano que este año se nos adelanta, caracolea ante el amoroso requiebro con una especie de TODOS SOMOS FELIPE, pero el de Suresnes, trazando un paralelismo falso entre ambos en el tiempo: ha sido ella ya casi todo en el Adviento zetapeico. Promete, si gana, contar mucho con Rubalcaba, pero nadie le recuerda las dramáticas amenazas que sobre el patido pendían y que ella misma levantó, con inolvidables ojos aterrados, el día que la obligaron a renunciar a las primarias. Revísese, plis, el teatral discursito de aquella niña cercada por los lobos.
     
   Cuánto no habrá de carnaval anticipado en las lides socialistas que hasta Fernández Aguilar se llevó una guitarra salsera y sandunguera a la última cena que brindó Zapatero a su ejecutiva rumbera… para que luego Madina le pusiera de esa guisa guitarrera en el twitter, demostrando así la aflicción que por la Ruina a todos ellos les invade. Y es que como dijo también en tiempos Ciudadano González, aquí al que se aflige lo aflojan, y al que se afloja lo afligen. Se lo enseñó, según nos dijo, Omar Torrijos, otro ilustre sandunguero de entonces. Faisán blanco o faisán negro, lo que importa es que cace Chacones, que la queremos todos mucho, vamos.

lunes, 30 de enero de 2012

Mimitos de Felipe González para Carmen Chacón


     Entonces, lo de la Chica de Rubalcaba (ver post míos de 24 y 25-11-11) resultó flor de un día, un si-te-he-visto-no-me-acuerdo para salir del paso en la Noche de Autos del Batacazo. Lástima, porque apetecía, y mucho, ver los progresos espirituales de la Chica Rubalcaba, llamada a encarnar por su leticia exuberancia, la regeneración de la rosa socialista. A la hora de la verdad, Maese Rubalcaba recurrió al Padre Padrone del socialismo patrio, al gran Don del partido de los pobres, Guerra dixit, por ver de mantener aún las riendas del Tinglado, que tras el pulso de Chacón amenaza fractura. Lo malo para Rubalcaba es que la abultada sombra de Ciudadano González sobre él revela la clara confesión de su propia debilidad, la constatación de su enclenque figura menguante, que tras la de  FG apenas ya puede verse.
     Podría FG, a imagen y semejanza del recién fallecido Fraga, haberse presentado como candidato a la presidencia de Andalucía. Es casi seguro que, como el león de Perbes, hubiera de calle ganado allí. Da la impresión, sin embargo, que a FG, a la magnitud transoceánica de su Ego, le queda muy pequeño ese mundo. Prefiere entonces propalar la ocurrencia alevosa: “si el PP gana aquí, me retiro a Honolulú”, teniendo Marinaleda tan a mano para en penitencia hacerse allí cartujo del socialismo.
      

   Entonces llegó FG al Acto rubalcabo y para enmascarar la penosa estampa de la deslealtad de un padre hacia su hija –muy zalamera y calculadora a la vez habíase presentado en sociedad Chacón como “la niña de Felipe”- sacóse de la manga –adrede mezclando todos los planos, como en ellos es arte- nada menos que pública y solemne protesta enamorada: “Voy a hacer una declaración de amor… quiero mucho a Carmen Chacón”. Hay amores que matan, podría decirse, pues va implícita en la ocurrente revelación la idea de que la Política –ese torvo conglomerado de intereses y traiciones en el que la simple amistad es imposible- es para todos ellos mucho más importantes que los verdaderos y elementales afectos.
     Y sí, sonaba todo aquello, más que a líneas ideológicas en contraste, a lo del legendario programa de Isabel Gemio, a prebostes socialistas necesitados y sobrados a la vez de toneladas de amor para dar y tomar. ¿No confesaba acaso a su vez Chacón en el documental suyo que… su abuela y su madre estaban en aquellos años enamoradas de Felipe? Cierto que para Amor no existen edades, y que lo de Caballo viejo si potra alazana encuentra y tal, pero qué jaleo de amores suprageneracionales en el partido de Pablo Iglesias.
   Recordemos a este respecto que en plena campaña electoral reciente, en algo penosa estampa, vióse al candidato Rubalcaba en público desolado demandando los quereres chaconianos, que llama ella “mimitos” y que enseguida se aprestó allí mismo a darle a Alfredo, con boca y voz diríase que llena de sopas, en estrambótica ceremonia propia de un desconocido hasta entonces pijosocialismo.
     

   Si le añadimos al amoroso cuadro las insidias que en los mentideros pululan acerca de los vínculos de distinto tipo que en los inicios de su carrera política unieron a Rubalcaba, Chacón y al marido de ésta, Barroso, ex-hombre  de confianza de Zapatero, factótum luego en la Sexta y altísimo ejecutivo hoy en una soberbia consultora, a la postre ambos contendientes ministros de Zapatero –el muñidor de los orgasmos zerolos-, el resultado de la pintura del hispano socialismo en lid vendría a ser un sucedáneo mediocre de El rey Lear, es decir, algo así como Las edades de Lulú … camino de Honolulú.
    


domingo, 29 de enero de 2012

Una rosa de Holanda dibujándome girasoles

    
   Está bien, lector, concédeme un respiro en medio de tanta abstrusa, profusa y difusa Politicorra.  Abramos juntos un paréntesis, una tregua, un compás de tiempo vivo pero en calma. Saboreemos, siquiera un instante, sin movernos de la cama todavía, el precario descanso dominical. Prolonguemos un poco el embozo amable de este tiempo sin premuras, apuremos estos márgenes intangibles que a veces la vida nos concede. Hum, se está bien aquí, removiéndose uno despacito entre las sábanas, como entre las aguas de un mar cálido al que entramos ateridos en la noche. Porque afuera hace frío, crepitan las estalactitas de la escarcha sobre la hierba del parque, la luz tras la ventana es cínica y la habitación no oculta su gélida vestimenta. Pero todo eso transcurre afuera. Aquí, bajo las mantas, en el claustro caldeado que ellas procuran, se está tan bien que no transcurre el tiempo, o lo hace más despacio, se demora en un latido que es caricia y no asechanza, y es la sábana una rosa de Holanda dibujándome girasoles  alrededor del mentón. Sí, cerrar los ojos entonces, paladear con las yemas del sentir la conciencia aún semidormida, recuperar por un instante a los cincuenta la placidez budista del bebé, el arrullo inconcebible de este momento sin relojes, sin espuelas,  lejos de las preocupaciones, lejos de la esclavitud del Deseo, lejos de la exigencia de por encima de todo afirmarse, al contrario, disfrutar del agradable difuminado de los contornos de uno mismo, sumido en esta quietud, una  burbuja de tiempo estancado en la que chapotear en paz, no un cuerpo todavía, ser sólo una sensación plena de paz, una bala de algodón que apenas se da media vuelta, un impulso que es sólo desimpulso del ser, la ataraxia en ámbar del stand by, ese dulcísimo Calisay. Anticipar entonces en la nariz, como en las películas trilladas, el olor del café recién molido, el aroma de una melodía sin estridencia, el olor de tu pelo golpeado por la lluvia de otro enero e imaginar durante un instante fulgurante, fulgurante, sí, que sabré expresar muy bien este raro júbilo tranquilo que ahora exprimo…este tiempo muerto, sonámbulo y  vivo a la vez, aún entre las sábanas, que como agua limpia del río quise yo acercar desde mis mejillas a tus ojos, lector.

sábado, 28 de enero de 2012

Penoso wyoming

 
   Qué grotesco un humorista cuando en serio desde la televisión azuza a sus seguidores contra un simple periodista, qué mal agüero hampón reviste la cara de un desenvolverse así, qué maneras tan sucias y tan alejadas del humor contra el que disiente de uno.
   Pero además, en el programa en el que wyoming instigó a sus fieles contra el twitter de Hermann Tertsch se deslizaron dos perlas antológicas, reveladoras de todo un "feeling" ideológico y mental común a esas clientelas que por lo mismo merecen mínima glosa. 
   
   Se interpeló primero a sí mismo el co-presentador de wyoming a propósito de la ideología de Amnistía Internacional en los siguientes términos: "de izquierdas no son...porque condenan el régimen cubano, pero de derechas tampoco... porque condenan el juicio a Garzón, es decir que son de centro". En torno a esa cenutria disyuntiva pretendidamente humorística se cerraba la cuestión, con el cadáver aún caliente del opositor Wilman Villar. Ser de izquierdas sobre todo es, repitámoslo una vez más, dictarnos a todos cuando debemos ponernos serios y solemnes, y cuando hay que tomarse todo a chacota. 
   
   Peor aún fue después, pues el mismo wyoming, pretendiendo justificar en tono serio un numerito suyo anterior en el que identificaba con la extrema derecha a los partidarios del juicio a Garzón, sentenció nada menos que... "con el juicio a Garzón deja de parecer España una democracia". Esa es la milimétrica cantinela falaz del agit-prop izquierdista que venimos estos días anotando en Fidel Castro-Llamazares-Bardem&asociados-manifestantes anti Camps-y demás compañeros mártires, ahora que hasta los filoetarras del yogur de Amaiur fingen respeto ante la Derecha española.
     
   Curiosa democracia esta desde luego, cabe reflexionar, que de oro y privilegio viste a sus más acerbos adversarios, que encima de graciosos filántropos posan en sus principales pantallas millonarias mientras lanzan a sus furibundos aplaudidores contra el que les lleva la contraria.    
 
     

viernes, 27 de enero de 2012

Uvas de la Ira contra el Jurado que absolvió a Camps

     
   Se comprende bien la hirsuta respuesta de la Izquierda ante la sentencia absolutoria de un JURADO POPULAR sobre el caso Camps. Atenta el fundamento de la misma con gravedad nuclear de herejía imperdonable contra uno de sus dogmas fundacionales: nosotros somos el Pueblo
     Así, de un lado, acontecen divinas manifestaciones pro-Garzón que, por arte de veredicto, tórnanse en iracundas protestas anti-Camps. "La rabia de la muchedumbre se ha disparado" anota a pie de obra pero con dramática grandilocuencia el redactor de EL PAÍS. Rabia, lo dice él. Explotan entonces en las bocas los eslóganes que asimilan al PP con el franquismo... ¡justo como ayer veíamos en boca de los Castrones!, la misma mala película se siempre.
   
   En el frente de la Izquierda institucional no resulta menos desabrida la reacción. Quien por el momento ostenta la portavocía socialista en el Parlamento, Maese Rubalcaba, el mismo que a cuenta de las anunciadas reformas gallardonas asegura que así retrocede España ¡dos siglos!, por una parte emplaza, en macarrónica pose, al PP a recolocar a Camps en la CAM, a la vez que, en muy arriesgada figura, le echa en cara "la ruina" de la misma, como si precisamente hubiera dejado su Vicepresidencia el conjunto de la Nación en la misma abundancia nadando. Para estos numeritos estelares, que a cualquiera llenarían de sonrojo, los prebostes socialistas es que se las pintan. 
     
   Pues, de haber sido un jurado profesional el que a Camps hubiera absuelto, siempre hubiérase podido estirar una vez más el continuo ritornello del congénito derechismo de la Judicatura, esa que Llamazares y Asociados llamaban a gritos el otro día ante el Tribunal Supremo a "depurar". Ahora, que hayan sido unos ciudadanos del común los que por mayoría han declarado inocente a Camps se entiende de sobra que resulte insoportable para el Tinglado de la élite Izquierdista, una de cuyas más acendradas fantasmagorías simbólicamente las identifica como el Pueblo mismo. Por eso la discutible reivindicación del jurado popular como receta izquierdista idónea para la verdadera democratización de la Justicia es una constante programática suya desde la noche de los tiempos. ¡Resulta que un jurado popular dictamina la inocencia de Camps! ¡Vade retro, Camps! 
    
    Es preciso entonces armar mucho alboroto para que no se note el estropicio en el frontispicio progre. De ahí también el que remache el ex-ministro Jáuregui, impávido el ademán en cemento armado, que existe, al margen de la sentencia, -como si fuera ésta lo de menos- "una verdad social muy extendida que dice a las claras lo que la gente piensa de este asunto". ¡No se diga más, entonces! Salvo apuntar que pretenden los jerifaltes socialistas que creamos que de su boca mana, siempre pura y fresca, "la verdad social", inmejorable título, por cierto, para un folletón de los de antes. Diríase al cabo que, a este jurado que absolvió a Camps, se la tienen bien jurada.   

jueves, 26 de enero de 2012

Castrones al ataque

         
   En efecto, el Tiranosaurius Rex seguía allí. No les sirve a los Castrones con aplastar a quienes ofrendan su vida en protesta contra la Dictadura, que dura ya ¡53 años! Tienen además, idénticos en esa obsesión sádica a los filoetarras -humanistas cofrades del  puño-en-alto todos al cabo-, que escupir sobre su tumba y vaciarles por completo de dignidad, esa cualidad que a ellos jamás alcanzará. Lo hicieron con Orlando Zapata y ayer mismo el tiránico Comandante, el Gran Hermano caribeño, despotismo y maldad hasta la sepultura, se ocupó in person de denigrar el cadáver aún caliente de Wilman Villar. Ni en sus últimos estertores conocen los Castrones la piedad. Qué lección, una más, del noble e idealista comunismo.
     
   Aventurábamos ayer la torva envidia con que debían los proCastrones contemplar a los camaras norcoreanos. El artículo fideluno de ayer sólo por esa herida respira: atacar a los gobiernos de Europa y EE UU por las tímidas protestas de éstos ante la muerte anunciada de Wilman Villar. Anotábamos aquí la clamorosa ausencia de Indignados en el paraiso castrón y justamente de eso mismo blasona el Déspota en su artículo, a la misma vez que eleva a calidad de mártires a los Indignados de aquí, lo que tanto tiene de guiño cómplice a estos como de perversa manipulación de la realidad: Cuba es una sórdida mazmorra y los Castrones sus sádicos carceleros...¡desde hace 53 años!
     
   Explica Castro que gobiernan en España ahora... los admiradores de Franco y la derecha fascista. ¿Suena esa música del odio verdad? Tranquilos en eso, que ya mismo Llamazares&Garzón, o al revés, que montan tanto como tanto montan, el uno sobre su reconocido fondo de inversión capitalista, el otro sobre su honda amistad emiliobotiniana, van a apresurarse a recomendarle al Tiranosaurius Rex que, antes de triturar al próximo disidente, mejor se tome la medicación. Vamos a ver muy pronto,  seguro, a la Izquierda española en pleno exigiendo indignada al Déspota respeto al pueblo español y a sus democráticos dirigentes.  

miércoles, 25 de enero de 2012

Willy Toledo, explícame tú esta envidia cochina

         
   Cómo deben envidiar los Castrones la suerte de los camaradas norcoreanos. Se ve que dentro de las monarquías comunistas es que hay siempre clases. Veamos primero la clase A: en la China post-maoísta, el país más poblado del mundo, la oligarquía comunista hace compatible el enriquecerse sin ceder un ápice del Poder con la paulatina incorporación del país a la mundialización de la Economía, esa que al decir progre dictan un puñado de malvados especuladores sin escrúpulos que toda humana resistencia doblegan, excepto, según se ve, la de los mandarines comunistas chinos.
     
   Curiosísima desde luego la peripecia china pues, liberalizándose a marchas forzadas, es decir, integrándose a toda prisa en la inhumana brutalidad capitalista, no se experimenta dentro de la misma la planetaria revuelta de los Indignados, bien se comprende que no deben encontrar motivo los idealistas de allí para lo más mínimo agitarse. Claro que, esa peculiar nota, la clamorosa ausencia de los Indignados brilla asimismo en común tanto en la Cuba Pro-castrona como en la Corea del Norte.

    Cierto que en la Cuba de los Castrones el mínimo germen de indignación -esas heroicas Damas de Blanco- es con saña desde el Régimen reprimido. Así, a pesar de como "gusanos terroristas" ser continuamente desde el Régimen criminalizados, tan "terroristas" resultan estos escasos opositores que a menudo prolongan hasta la propia muerte su protesta contra la tiranía Castrona, que a su vez lleva sólo la friolera -por mucho Caribe que haya el comunismo indefectiblemente trasmina frío- de... ¡53 años! comunistizando al personal. El último muerto/asesinado ha sido Wilman Villar, de 31 años, a quien hasta última hora, tras cincuenta días en huelga de hambre, no se trasladó hasta el hospital. 
   
    Con todo, acabámoslo de ver ante nuestros ojos, la reserva espiritual del comunismo humanista sin duda reside en la Corea del Norte. Murió al fin el Dictador, el Gran Hermano de allí - hasta las juventudes sevillanas de IU llegó el duende del sentimiento, que mucho públicamente se condolieron- y... ¿Primavera norcoreana? ¿utópicos Indignados allí? Tururú bantú, que diría el otro: lágrimas masivas e histeria multitudinaria primero, y colectivas juras de lealtad al Heredero Paquirrín, después.
     Podrá al cabo decirse que tanta diversidad de respuesta ante la alevosa ofensiva Capitalista no se entiende con facilidad. Necesitamos, claro, que la indiscutible Autoridad en la materia competente aplique el bucle de su preclara inteligencia y nos lo explique y engarce todo: Willy Toledo, tío, más que a Rupert te necesitamos.  
           

martes, 24 de enero de 2012

Gregorio Ordóñez siempre, siempre

  
  
  Imposible olvidar a Gregorio Ordóñez, imposible olvidar su arrojo, imposible olvidar todo lo que a él y a los íntimos suyos todos debemos. Aunque de poco sirva mi escritura, aunque no pueda devolvernos nunca la estampa viva de su bravura, tan descomunal y homérica que ni las más certeras palabras podrían jamás apresarla, imposible olvidar al héroe. Le leí hace poco a W Allen una frase acerca de que, más que en el corazón y en el alma de las generaciones venideras, preferiría él vivir en su propio apartamento. Sí, vale, es una broma cínica, que finge desconocer la más elevada dimensión de sacrificio que el valor de un hombre, superior y mejor por ello que el resto, puede arrostrar. Se insiste mucho hoy en la básica igualdad de todos los hombres: ¿y un mismo género constituye a Gregorio y a Txapote? ¿Atesoran acaso idéntica dignidad la plena alegría de vivir libre y el torvo y purulento odio? Permítanme dudarlo, pues hasta repugna escribir juntos esos dos nombres. Qué tiempos estos, centrifugados como vamos todos y a rastras de la epiléptica vomitona incesante de noticias, que lo que sólo hacen es robarnos la memoria y la inteligencia, incapaces de separar el grano de la paja, ciegos y sordos a la semilla y a las más esenciales gestas que nos mantienen en pie.
    
      Soñaba Gregorio con una plaza de toros para su ciudad. Y qué elocuente era ese dorado sueño: como un torero de la libertad, con su flequillo rebelde, a pecho descubierto y sin engaño, armado con la palabra sólo, cuando a todo el mundo le temblaban las canillas, delante de los hocicos del bárbaro Minotauro él mismo se plantó. Hay en el toro una nobleza que las alimañas etarras jamás conocerán y había algo en Gregorio, siendo tan donostiarra,  de radiante maletilla cordobés, intrépido de luz y desparpajo ante los bufidos siniestros de la terrorífica Bestia. Era tan arrolladora y chispeante su figura, que a los mismos tendidos atenazados por el miedo, alcanzaba y contagiaba el rompiente de su ilusión indómita. Qué murallones de terror no derribaba el sólo carisma de su coraje ¿Qué podía hacer un simple joven, diminuto y solo, tan solo, ante el ciclópeo  Monstruo y sus zarpazos de muerte?
    
     Consiguió que fuera una vez la suya, en el más aterrador de los ambientes imaginables,-te quemaban el coche, te amenazaban de muerte, se concentraban ante tu domicilio coreándote encima de ¡asesino!, se mofaban de las víctimas- la lista más votada de la ciudad. Algo que las podridas meninges de los criminales y de otros nacionalistas un poco menos salvajes, no podían literalmente soportar. Por eso le asesinaron mientras comía, por eso destrozaron con saña su tumba muchas veces, como si mil veces quisiese la cobardía afirmarse en su vileza más atroz, como si a las ratas descompusiera el simple recuerdo tanta hombría.
    
      Eligió Gregorio, no de boquilla sino de verdad, no vivir de rodillas en su tierra ante la barbarie. La espita  que su hazaña abrió, todo lo extraordinario que en Gregorio rebosaba, convoca por sí sólo a lo más alto. Soñándolo él nos hizo y nos hace soñar a todos con abrir de par en par el portón de la libertad, con la promesa en él anunciada de un vendaval de libertad en el País Vasco, es decir, en España.
    
     En la Historia de España está, al lado de los mejores de sus mujeres y de sus hombres, en una de sus más conmovedoras  páginas. Si Manrique, si Garcilaso, si Lope, siCervantes, si Quevedo, si Galdós aquí estuvieran, sin duda a Gregorio rendirían el más acabado de sus tributos.  Si todas las naciones dignas de sí celebran y guardan siempre gratitud y admiración a la memoria y a la vida de sus héroes, porque en buena medida prenden y  avivan ellos el fuego y la antorcha perpetuas en que consisten, qué hermoso sueño sería que algún día los corazones de todos los niños españoles, con la misma delicada unción con que los escolares que pintaba Edmundo de Amicis escuchaban las historias de amor a su patria,  palpitaran de  pureza al aprender la gesta de Gregorio, su infinito manantial. 

(Post-post: no soy nada fanático de celebrar en forma especial la onomásticas, la mía la que menos, pero sí me gustaría, lector leal, lector mío, que si a mi se me olvida, el año próximo y los siguientes, si seguimos los dos respirando el aire azul  bajo esta covacha, que me recuerdes tú siempre poner este mismo escrito, que no voy a ser capaz de hacer nunca mejor, que me sirva siempre de perpetua bandera mía –ojalá que tuya también- de muy especial remembranza y agradecimiento, y un hito permanente en mi vida, como un árbol eterno, como una roca milenaria, como una llama inextinguible siempre amigo, que es lo que yo quiero que sea) 

Post/post de hoy: debió este post salir ayer. No me fue posible colocarlo y lo pongo hoy. Es el mismo que escribí hace un año, el único que de manera deliberada, como un jalón que me impida olvidar lo esencial, que quisiera que fuera de la misma naturaleza que un ramo de flores del campo, conmigo mismo me comprometí a dar a la ciberesfera cada año en estas fechas. Es la manera con la que mejor se me ocurre honrar a un gigante, a Gregorio Ordóñez.

domingo, 22 de enero de 2012

Romance de Don Guindos con la Vela, en Olite, claro (Poessía veintiuna)


Olite tuvo que ser
su adarve renombrado
teatro del restregar
tablado del apencar
que al noble Don Guindos vió
con la Vela amachambrado.




Estaba Don Guindos un día
-pese a ser ministro exitoso-
cavilando muy pesaroso
la ruina de la Economía,
que no veía él ni cómo
meterle mano podía. 


En éstas llegó Carmen Vela
de la Ceja ilustre damisela
perita en afrentar facciosos
sabia en las componendas
cuca en cien mil zalemas,
traía pólvora en los ojos.


Qué te ocurre mi Señor,
por qué luces tan sombrío
si debieras cual risueñor
piar al orbe radiante
tu enorme poderío,
borra pues ese semblante...
y aunque parezca desplante
no puedo más aguantarme...
que te encuentro yo muy lindo
venerado Luis de Guindos.


Aparta de tí la aflicción
relaja la compostura
disfruta de tu guapura,
que no te gane la desazón.
Planeemos una escapada
demos al rigor estocada
y con la sana distensión
que la lejanía procura
verás que lo real tan serio
ese crudo ministerio
es en realidad...nada,
dos cuentas y tres bobadas.


Vamos, lindo Don Guindos,
carita de tamarindo 
fuguémonos a la Navarra,
en Olite retomarás la garra.
Me conozco allá unos muros
que endulzan al más duro,
hubo belga alcaldesa
en los lienzos de tal castillo
que por obra de buen pillo
a horcajadas la tigresa
entre ayes y vahídos
al truhán le cató la mayonesa.
Corramos Luis buena farra,
rompámonos las amarras,
alegra esa cara lindo Guindos,
vámonos tú y yo de pingos.


Con tales artes seducido
en Olite, en sus torres capitales,
plantóse lindo Don Guindos
presto a gozar a raudales.
Mas, oh, arcanos ministeriales,
en la hora convenida
para espanto de la querida
seguía el hombre mohíno,
y a los suspiros de melibea
no respondía calisto
tan pugnaz como debiera.


En viendo entonces la Vela
que la suerte de su negocio
-en nada era aquello ocio-
grande peligro corría,
-veíase la Vela a dos velas-
resolvió con fina ciencia
-acabósele la paciencia-
tomar ella la iniciativa.


Estaba Don Guindos mirando
cómo el dorado sol se ponía
y por detrás acometióle la Vela,
con dedos como la seda
con lumbre en la imaginería,
removiendo, retocando,
entrometiendo, entresacando,
oh, artes de hechicería,
los guindos carrillos buscando.


Abrasó a hombre tan serio
fuego amigo en los hemisferios,
cual cera ardiente se derretía
gozar inédito descubría
nuevas geografías del erotismo
sabias manos del hedonismo
candela que anonadaba
pericia que desarbolaba.


No puedo decir ya más
ni debo dar más primicia,
de ese bálsamo de Fierabrás
de aquella trasera caricia
salió Carmen Vela secretario
de la Ceja, del armario
y del guindo ministerio.
...¡Desveló el fuego el misterio!













sábado, 21 de enero de 2012

A vueltas con Schettino, el Capitán Cobarde

 
    Se permite encima Schettino, el Capitán Cobarde, añadir a la vergüenza de su actuación la infamia del chiste macabro: "No huí del Costa Concordia, es que me caí en un bote". Qué sentiran al oirle los deudos de los muertos y desaparecidos. Le sale luego en su dudosa defensa una más que dudosa moldava, a cuyas sinuosas formas muy bien al parecer se amoldaba el Capitán Cobarde. Habíamos intuido ya ese reality.¿Quién, defendiendo a la sociedad,  coge por las solapas a este héroe de nuestro tiempo y le pone de verdad ante la deshonra abyecta de su persona?
     Con el inconcebible sarcasmo de su chiste, apura Schettino de forma inconsciente el lenguaje franco y supremo de estos tiempos: el CINISMO. El idioma universal, la koiné de hoy, el mare nóstrum en el que cada día  nos bañamos es el cinismo. Por eso todos los "media" prolongan con más guasas la cruel parida del cabrón.


Post/post: gracias, por supuesto, a todos los que me animan en este duro trance de la convalecencia de mi ordenata; anuncio ya de paso que he de poner mañana, si no pasa nada, un Romance, a la manera mía fecho, que ha de hacer temblar el misterio. Y no digo más.

viernes, 20 de enero de 2012

Mi ordenaaaata

  
   Pues, sí, se te rompe el ordenata y -cómo podría uno, especimen al cabo de la Galaxia Gutenberg haberlo imaginado- notas al rato espantado que también el propio cerebro cae, que eres incapaz ya de pensar y de hilvanar nada, que también tú necesitas pronta sutura. Te dices entonces: perfecto, aprovecha ahora para escribir a mano, como siempre hacías, sólo que sin las cadenas neuronales de la lógica, escribe lo que salga, sin orden ni concierto. Descubres entonces lo peor: que incluso para escribir a lo salvaje precisas el teclado, que a mano sale ya nada. Soy un mutante en regresión, como ahora se dice, un puto mutante desolado. Me noto como si lo que hubiera dejado arreglándose en la tienda fuera la mía cabeza. Vamos que estoy, pero no soy, o al revés, yo que sé. Sólo me sale, apuntándole al cirujano de ordenadores, el mismo llanto que al Otro: mi ordenaaaata.

jueves, 19 de enero de 2012

Demostración irrefutable de la existencia de la Derecha Boba

      
   El “affaire Vela” demuestra sobre todo el carácter intrínsecamente tontucio de los líderes de la Derecha española. Mira que está habituada la Izquierda en su propaganda a suponerles una astucia retorcida, casi hegeliana, por lo diabólica y refinada de la misma. Hablaban y no paraban los “media” de los haberes curriculares de los nuevos ministros. Parecía que nos iban a gobernar ahora las eminencias mayores del Reino, en severo contraste con la memocracia del dudoso glamour zetapeico. A Don Luis de Guindos en concreto, al frente de los destinos de la Economía, nos lo ponían, bueno, como la cima y hasta la propia guinda del pastel de tantísima sabiduría, un gobierno de cerebritos preparadísimos… para a las primeras de cambio con lenguaje sindicalista subirnos los impuestos y quedar, a costa del “affaire Vela”, corridos cual mentecatos y en el más estrepitoso de los ridículos.
     
   ¿Por que cómo calificar si no la promoción nada menos que al rango de secretaria de Estado de la Ciencia a la impar cejista Carmen Vela? Calumnia que algo queda, reza el dicho popular; calumnia por la Izquierda a la Derecha española que algún chollo seguro te caerá, cabe ya añadir. En modo alguno tiene la señora Vela un perfil científico que la haga indiscutible. Es, por el contrario, su hazaña más renombrada la destacadísima participación en el aquelarre de la PAZ en el Bellas Artes en 2008, sarao en el que la señora Vela con gusto ardió de entusiasmo en la viva denigración de la cavernaria Derechona y de las simples personas que la votan. El más pedreste buceo en Internet deja a las claras el pleno comulgar de Carmen Vela con todos y cada uno de los estereotipados clichés del agit-prop de la Izquierda más ramplona. ¡Si incluso antesdeayer dio su explícito apoyo electoral a Rubalcaba contra el cúmulo de maldades que sobrevendrían al mundo entero de acceder Rajoy al Poder!
     Por supuesto la señora Vela, tales son sus honestísimos principios, encantada aceptó el cargo. Sin duda debió para sí partirse el alma al llegarle la propuesta de Don Guindos. Ni una mísera aclaración le han siquiera a la luminaria Señora demandado. ¿Conoce alguien caso de la manera? Anotemos de paso como son los Comandantes del Mester de Progresía bienpensante: ¿ha criticado uno sólo de ellos la impostura de Carmen Vela? Y anotemos también el insoportable desprecio con que don Guindos ha maltratado a quienes a su partido apoyaron y a la propia Opinión Pública: ni la más remota explicación sobre la sorprendente ascensión de Vela a los altares gubernamentales se ha sentido obligado él a brindar. 
     
   Serán inteligentísimos y lumbreras cum laude, no lo dudo, pero me juego la mano con la que escribo que a Blanco, a Corbacho, a Aído, a Pajín et tutti altrii iletrati, ni borrachos el affaire Vela les hubiese encima sobrevenido.  Podrían, ya puestos los cerebros rampantes de la Derecha española, haber hecho a la Bardem ministra de Cultura. Lo de Vela, la fatal atracción que por ella debió experimentar Don Guindos, únicamente en freudiana clave masoquista puede disculparse.   
    
      

miércoles, 18 de enero de 2012

Capitán Cobarde

     
   He ahí el Hombre. Francesco Schettino, el capitán del Costa Concordia,  de los primeritos en abandonar el buque cuando éste se hundía, ciego, sordo y mudo ante los alaridos de pánico de la tripulación y de los miles de viajeros que transportaba. Capitán Cobarde para siempre. Ha sido detenido, sí, pero ¿ha mostrado algún signo de dolor propio y de arrepentimiento por su infinita vileza? No, que se sepa. ¿No se coagula acaso en este indigno Schettino el putrefacto espíritu de estos tiempos aciagos? 
   Los más incalificables actos se “comprenden” como muy humanos, el Bien es un coñazo, nos repiten, de palabra y de obra, los creadores de opinión y de ficción. No hace tanto, tras hechos así de vergonzosos, conservaba al menos el cobarde un ápice de sentido del honor y se pegaba un tiro volándose los sesos. Ahora dejarán caer sus abogados que si la adicción a drogas, y tal. ¿Es del todo hoy descartable que veamos pronto a Schettino en un reality magreándose con la presentadora?   

martes, 17 de enero de 2012

Asperura de la Política

    
    Volver a rondar los torvos berenjenales de la Politicorra, tras haber deambulado un buen tiempo sobre los celestiales senderos de la Creación –o como quiera que deba llamarse a lo mío- se hace, sí, antipático y cuesta arriba. Llevo mal los cambios de pista, ni hablemos ya de los de cama. Además, en los etéreos lares del arte y ensayo es todo casi siempre comprensión y aleluyas, buenrollismo por encima de las diferentes sensibilidades o gustos. Ponerse a opinar con fundamento –creo- sobre las cuestiones políticas y ver como quienes no piensan como tú tuercen el gesto y de uñas se te indisponen, en cambio,  es todo uno. Siempre te cuesta un puñado amistades el mantener contra viento y marea tu criterio, el tuyo.  
      
    Sin embargo, los hechos están ahí, las corrientes de opinión no se detienen, la hegemonía ideológica de la Izquierda, como el dinosaurio de Monterroso tras el despertar del niño, o de la Niña –diríamos hoy- ahí sigue. Me gustan las Ideas y estudié con aprovechamiento para tratar de conocerlas y dominarlas, y aunque uno es menos que nada, siente a su modo esa responsabilidad intelectual que le lleva a no renunciar a dejar su cuarto a espadas sobre el ecosistema ideológico que se respira en la Nación. La gente de Izquierdas –a quienes respeto, siempre que el mismo pago sea mutuo- le llama a eso abrazar el compromiso, la causa del Pueblo, patatín, patatán. Penosamente las ideas liberales –sin fanatismos, sin hooliganismo de bando- , las que yo considero en conjunto como las menos nocivas para la sociedad, son cualquier cosa menos buenrrollismo.
     Muchas personas que no piensan la Política en los típicos términos de la Izquierda reniegan por eso mismo de participar en el contraste de ideas. No entro en política dicen, como si ese bautismo confiriera un pecado original imposible luego de restañar. Mejor no hablar, la política, los políticos, ya se sabe. Por el contrario, la trouppe izquierdista “naturalmente” habla, respira, se manifiesta y se pronuncia en, por y para la “Política”, no cesa en un ápice su raca-raca, que resulta en ellos cosa espontánea, lógica e irreprimible.
     
     Muchas cosas han ocurrido en el último mes sobre el escenario político. Quizás la más insoportable de todas haya sido el tener que ver a ministros del PP, para justificar la fuerte subida del IRPF, emplear el mismo lenguaje demagógico, retórico, rutinario y cansino de la Izquierda sobre “el necesario esfuerzo a pedir a quienes más tienen, a los sectores más privilegiados en beneficio de los más desfavorecidos, bla, bla, blá”. Les han retrospectivamente cargado de Razón. No podrán nunca más renegar estos prebostes populares de las fórmulas, de los clichés, de los tremendin topics socialistas, cuando vuelvan estos al Poder. Se esperaba, para intentar resolver la Crisis, desde luego, otro paradigma, otras ideas. Otras palabras menos sobeteadas, al menos. Nos toman como a niños a engañar, no como a ciudadanos.
     No es ya sólo que la Niña de Rajoy, como coreaba la grey zapaterina en 2008, haya resultado socialista, es que el propio padre de la criatura, y hasta los padrinos, así de igualitaristas nos salieron. ¡Con razón no entendía su propia letra Rajoy el día de la chica guapa (ver glorioso post mío del 4-2-11)! Y ya comprendo que afirmar esto le convierte directísimamente a uno en un enemigo del Pueblo, que diría Ibsen
      

lunes, 16 de enero de 2012

Amigos para siempre y DIEZ


  
     Bueno, el jodido ciego estaba al fin a salvo. Y yo también. Saqué mi billete, pasé el torno, como cuando los vaqueros del Oeste pasan el río, y… allí, haciendo corro, esperándome, estaban mis cincuentones amigos. “Joder, José Antonio, ya pensábamos  que te había pasado algo”. Y de una forma bien extraña, -puede también que los efluvios del festín al unísono liberados coadyuvaran a ello- fue como si a la vez hubieran cavilado todos que acababa yo de llevar a cabo una heroica gesta (¡), pues, sin excepción, es decir, incluido el propio Soto, se arremolinaron entonces alrededor de mí y todos a la vez me abrazaron. Nos fundimos en un abrazo colectivo, que acaso fuera con todo, y mira que se habían dado en el día paranormales epifenómenos, el más extravagante de la jornada. Qué pensarían cuantos nos vieran. Panda de talluditos lunáticos.
     
    Cuando así estábamos, antes de separarnos y de tomar cada uno la linea correspondiente que nos devolviera a nuestras particulares vidas, formando en aquel pasillo una piña todos -quizás la nostalgia anticipada de la inmediata separación desatara de forma inconsciente el abrazo- en un instante deseé que el organista bisojo de la ida allí mismo entonces compareciera y tocara una vez más, indiferente a todo y a todos, las maestosas notas del adagio de Albinoni, que tan bellas de él  salían, y que con ellas de la cabeza a los pies nos sahumara.
    
    Más tarde, cuando caminaba yo solo, de vuelta a casa por uno de aquellos larguísimos pasillos, comprendí que hubiera sido una innecesaria redundancia, como una postiza moralina de película malorra. Además, que era un guiño culturalista perfectamente estúpido. Tenía en la cabeza, como en una pantalla simultánea, el surtido repertorio de incidentes del día, esa avalancha de Vida que a la mía había alcanzado: sol de noviembre en el rostro-balada agridulce de Jimmy-love story subterráneo-aeronáuticos recuerdos-reencuentro con los camaradas facultativos-el festín de Juan Luis-la lluvia en el rostro-el ciclópeo ciego-la melé de los abrazos-los adioses.
    Ya no estaban conmigo los míticos sabios griegos, mis amigos, arrancados de la película del Pasado para hacerse de carne y hueso ante mis ojos, problemáticos y cómplices al tiempo, como la misma Vida lo es. Les echaba ya mismo de menos. Me sentía de nuevo, como a la ida, a la vez dichoso y apesadumbrado en extremo. Quería y no quería regresar a casa. Pero, ¿querrás saber, lector, cuál era de verdad la canción cuyos compases martilleaban una y otra vez las paredes de mi perola, que tenía yo que reprimirme las ganas de ponerme a saltar y cantarla como loco por entre aquellos laberínticos corredores metropolitanos plagados de conciudadanos míos?  ¡Los Manolos! Ese temazo suyo, los amigos para siempreeeeeh. En fin, sea.

domingo, 15 de enero de 2012

El oráculo de mi impericia NUEVE


    El de Metro, superado por mi súbito trabalenguas, de pronto palideció, arqueó delante de mí las cejas… y estalló en carcajadas. Se tapaba la cara con las manos. Las risas es que le doblaban los riñones. “Pero qué cabrón, ja, ja,já,  qué guasa gasta aquí el intelectual, el desencabronador que le… anda, vamos pallá, tira, salao”  todo eso me dijo, y enfiló, y yo tras él, los más de cien metros que en diagonal casi nos distanciaban del gesticulante ciego. Avanzábamos entre la riada de gente, temiéndome yo lo peor, que algún inocente yaciera ya espachurrado bajo la infernal máquina de los billetes.
     
    En realidad, el hombre, después de arrear un par de derechazos a la máquina, había permanecido allí, aunque con inalterado gesto de iracundo desagrado sobre las pupilas opalescentes, como el funesto oráculo de mi impericia. El de Metro extrajo de su propio monedero el importe, sacó los billetes y se los dio al ciego. “Más tarde recuperaré la guita” farfulló el metrero.
     
    No sé, hubiera querido abrazarme entonces, aunque ni en sueños podría abarcarle en toda su contextura, a aquel coloso que no podía verme, disculparme así por mi torpeza y ofrecerle la reparación de mi olor a vino elitista sobre el suyo guerrillero. Pero elevó él su puño cerrado sobre mi cabeza de chorlito y fue como si más aún  clavara las pupilas blanquecinas, surcadas ahora por tensos afluentes azulados, en las mías. “Gracias, pero me ha hecho usted perder diez minutos preciosos, a ver si la próxima vez nos fijamos un poco más, so huevón ”, masculló el ciego y desapareció tras los tornos. “Habrá quedado con la tronca” me apuntó el sonrosado metrero, encogiendo los hombros con gesto de coña añadido. Le agradecí su vital actuación, y volvió éste sobre sus pasos, tronchándose en un espasmo de risa a  mitad del camino, no sé si acordándose de mi speech desesperado, o de las desaladas trazas mías.
     Bueno, el jodido ciego estaba al fin a salvo. Y yo también. Saqué mi billete, pasé el torno y…CONTINUARÁ

sábado, 14 de enero de 2012

Qué hacer, que decía Lenin OCHO

    
    “Verá, señor, ha habido un desafortunado error, pero no se preocupe, que enseguida voy al encargado de Metro que está ahí mismo y se soluciona todo”. Y, como en los dibujos animados, Correcaminos versus Coyote, con desconocida habilidad en mí -puede que pervivieran un poco más los efectos de los licores del festín- me zafé con soltura de la llave del ciego sobre mi brazo y encaré el amplio vestíbulo.
     
    Le había mentido al ciego, claro. Al de Metro no se le veía por ningún lado. Entraba un reguero tras otro de gente bufando a la estación, con ganas de enganchar el vagón que les llevara a casa. Nadie allí iba a hacerme ni caso. ¿Qué hacer?, que decía Lenin. Me sentía desfallecer. Deambulé medio en coma por allí. Desde lejos me pareció ver ya al ciego aporreando a patadas la máquina de tarjetas. Pregunté a un ambulante andino, que sobre su mismo brazo vendía pulseras de reflectantes colorines. Sin pestañear me indicó con el índice hacia unas puertas grises a su derecha, y… al lado de unas máquinas de bebidas, oh, Manitú, allí estaba la chaqueta roja del hombre del Metro.
    
    Le conté todo muy rápido, no fuera a ser que el ciego anduviera ya con la máquina a cuestas lanzándola a bulto contra el clamor de la gente, que no dejaba de entrar. El de Metro, que además de la chaqueta tenía la jeta roja, como si también él empinara el codo –oh, panetílica tarde- juró en arameas imprecaciones: ej que… ahora mismo, joder, estoy solo, no puedo dejar esto, ya ve todo lo que hay, no tengo la llave, es que ya podía usted haber mirado antes, coño, que ej que también manda huevos… no puedo. Le dije entonces muy solemne, “mire señor, el ciego está encabronado, quién le desencabronará, como no vayamos ahora mismo a desencabronarle, el muy cabrón matará a alguien y luego a usted mismo ALGUIEN le va pero que muy bien a encabronar, ¿me entiende?...”.
CONTINUARÁ

viernes, 13 de enero de 2012

Ensayo sobre la ceguera mío SIETE

   
      No las tenía yo todas conmigo –mi natural, lector, tiende al canguis, puro Curro Romero que uno es ante el miura de la vida- pero, acaso aupado sobre los vapores aún actuantes del festín, y deseoso como estaba por demostrarle a Soto mi innato altruismo hacia la Humanidad, para nada incompatible con mis ideas facciosas, me adelanté a atender el requerimiento del ciego descomunal. “Sí, cómo no, señor, por supuesto, señor”. Tomé de su mano las monedas –me llegó desde el tabardo del ciego cierto aroma a vino muy guerrero-, ni siquiera le pregunté por qué quería dos billetes si estaba allí él sólo, giré sobre mis talones e introduje las monedas por la ranura.
     Me pareció de reojo que una aviesa sonrisa se dibujaba entonces sobre la cara del ciego. Pensé que sería ademán de agradecimiento. Sólo que… qué cojones ocurría allí …que ni las monedas, ni los billetes, venga a pulsar yo todos los botones y a toda leche… y la jodida máquina no me devolvía nada. Transcurrían los segundos, que eran siglos, tocaba yo aquí y allá… y que nada. Empezó el ciego, como los toros en la plaza, a remover impaciente los pies sobre las baldosas. Imploré con la mirada la ayuda de Soto… Pronto se percató él del verdadero intríngulis del asunto: “tío, esta máquina es sólo para tarjetas, joder”. Mastercard de Soto antes y máquina de tarjetas precisamente ahora, subrayado sobre subrayado… en otra situación hubiera dicho yo que degeneraba la cosa en vodevil, que el guionista en las alturas estaba de lo lindo patinando. ¡Mas era toda y nada más que la real realidad!  “¿Qué ocurre, qué pasa con mis billetes?”, bramó el ciego, sólo a un paso ya de mí.
      

    Pensé en dos segundos siete cosas a la vez: ostias, no sé si con los tres euros que me quedan tengo para pagarle al ciego los dos billetes más el mío, ni de coña, la he cagado, o sea, la he cagado pero bien, y si fuera todo esto un truco habitual del ciego para con el panoli de turno y con las prisas sacarse unas monedas, y si el ciego de un puñetazo me estampa contra la máquina de los billetes, por ver si de este antiguo modo le escupe ésta sus monedas,  y si salgo corriendo y paso de todo, y si me detiene la policía por aprovecharme de un pobre invidente, y si... Uff.
     Menos mal que estaba allí Soto. Me dijo: a ver, hombre,  búscate al tío de Metro, que estará por ahí, y que te abra la máquina, que saque las monedas y ya está, joder. Oh, gran Soto, me dije, se necesitan en el mundo personas como tú… Sólo que el muy rojo, en vez de quedarse allí con el ciego mientras hacía yo su mandado, acto seguido y sin encomendarse a Lenin, acaso pensando que era todo ya cosa de nada, sacó su billete de la máquina de al lado y enfiló hacia los tornos. ¡El hijo de la gran URSS!
     Allí que me vi, yo solo frente al gigantesco ciego. “¿Qué demonios ocurre?”, me chilló ya esta vez, tomándome a la vez del brazo y envolviéndome del todo entre su vinoso hálito... CONTINUARA

jueves, 12 de enero de 2012

¿El fin de los cincuentones? SEIS

    
    Yo miraba la mesa redonda, las orlas polícromas de los platos, las espirituosas botellas, los manteles bordados, les miraba a ellos, mis siete (contando conmigo) amigos universitarios, como los míticos sabios griegos,  licenciados y periodistas, bueno esto último Soto sólo. Bebí otro sorbito de agua, respiré jondo, como Camarón en su isla, y me dije… detente bala, no tiene ningún sentido… Nada de lo que puedas aquí decir serviría para nada. El Capitalismo nos está matando, yes.
    Y para absoluto estupor mío ya, cuando ajuntábamos los cuartos todos para pagar el convite –me sobraban, en efecto, tres euros- , sacó Soto de su elegante cartera de cuero una Master Card, tan resplandeciente de argénteo y maléfico brillo, que temí quedáramos allí todos ciegos de repente. ¿Ciegos, he dicho? Apuramos los licores y prometimos solemnes los cincuentones volver a vernos todos dentro de otros treinta años, pues, es de suponer, el comunismo nos mantendría tan bellos y jóvenes como en el presente. Afuera era ya bien negra y fría la noche.

¿Recuerdas, lector, la única noche de este invierno en que sobre los Madriles llovió con ganas? Pues esa misma era la noche novembrina en la que los cincuentones creían poner término a su festín. Habían entrado al mismo,  radiantes infantes, con el sol bajo el brazo, y del mismo salían entre la lluvia, calados ya casi de Amistad, como espejos vetustos que perdieran el azogue. Cierto que las nubes vespertinas habían adelantado al principio la tarjeta de su aviso. Caminábamos hacia el Metro algo friolentos, con las solapas de las zamarras alzadas y sin muchas ganas ya de hablar, en una ciudad a la que la lluvia confería vagos aires portuarios. Personajes de Onetti, vamos.
     Parecía el tiempo atmosférico un correlato demasiado obvio de lo que allí había ocurrido, como el propio de una película mediocre, pero era la  triste verdad. Bueno, siempre en los fiestorros pasa un poco lo mismo, tienen su punto crítico, ese en el que parecemos tocar el cielo con los dedos, a partir del cual resulta imparable el declinar. ¿Es acaso la Vida igual? Dímelo mejor tú, lector mío.
    
    ¿Eso era todo? A esas horas la estación era un hervidero de gente regresando a sus casas, maremágnum espoleado, si cabe, de prisas, y del sacudir de centenares de zapatos contra el suelo por causa de la lluvia. Por puro azar escenográfico -quizás fuera necesidad, necesidad del embromado guionista que desde arriba movía los hilos- me paré a sacar el billete en las máquinas junto a Soto. El resto, como ímprobos funcionarios, poseían el salvoconducto de su abono y se nos adelantaron en el paso de los tornos.
     Estábamos frente a la máquina, buscando en el bolso las monedas de rigor, cuando a nuestra espalda, un ciego de una estatura descomunal –de esos que tienen veladas las pupilas en un blanco opalescente, como aquellas canicas de la remota infancia- nos interpeló a voz en grito: ¿Pueden sacarme dos billetes de ida y vuelta? Miré a mi alrededor y la gente pasaba a la carrera entre medias de nosotros, salpicándonos, sin darse nadie por aludido. Además, que el enorme ciego –su irrupción si que era un subrayado demasiado explícito al brillo maléfico de la MasterCard del festín, la confirmación de que, en efecto, sólo un mediano guionista movía nuestros pasos, salvo que no otra era la poco verosímil, de acuerdo, pero implacable realidad-  nos miraba sólo a nosotros, como si pudiera vernos. Y no era su expresión la de un ciego bondadoso de telefilme de sobremesa, no. Parecía, con su pelo algo alborotado y a medio afeitar, su corpachón considerable y su fiero gesto, que casi nos lo estuviera ordenando. Avanzó un paso hacia nosotros con el brazo extendido...CONTINUARÁ
    
       

miércoles, 11 de enero de 2012

La Comida de los Ilotas CINCO

    
    En ese momento, con cabeza gacha, otro de ellos confesó: “yo soy militante desde hace veinte años del Partido Popular, interesaba para cosas de mi Pueblo y ya está… pero ahora… es que no puedo ni verlos”. Uff, pudo escucharse allí el brinco de aquellos nobles corazones. Le interrogó en primera instancia alguien con verdadera alarma en la voz, para  declamar después consternado: “Armando ¿en serio que eres militante del PP? Tío, me has dejado helado”. “Sí”, continuó éste, y ahora levantó con decisión la testa, “pero ahora me han quitado injustamente del puesto que me correspondía para colocar a un recomendado y pienso denunciarles, así que, Juan Luis, tú entérate en lo tuyo y dime con quien de la UGT tengo que hablar porque voy a muerte contra ellos”, dicho lo cual parecieron retornar las aguas al cauce de la alegre normalidad.
     “Las cosas van a seguir igual que antes”, remachó Juan Luis. “Bueno, es posible, pero habrá que verlo, no son lo mismo cinco millones de parados que cinco millones de empleos”, sólo eso, lo juro por el gran Tomaso Giovanni Albinoni y por su Adagio, se atrevió entonces a sostener el faccioso que en mí habita. Tomé un sorbito de agua del delicado copón que tenía delante. ¡Ostias!  Si hubiera soltado yo allí que era violador o atracador, no habría notado el filo de tantas miradas asesinas convergiendo sobre mi gaznate. 
    
    De pronto se cargó la atmósfera de una  electricidad indignada. No fumábamos allí nadie, claro, pero diríase que nos envolvía ahora una densa y viciada bruma. Creo que hasta las copas vibraron y desprendieron de sí arpegios como de navajas afilándose. Me pareció por el rabillo del ojo ver que Higinio ordenaba a los camareros rondantes que se esfumasen. Él mismo, como en los westerns malos, desapareció tras una puerta.
     Fue Soto, el más preclaro triunfador de los pelagatos allí presentes, claro, el encargado de darme la réplica: “Mira, tío, está claro: el PSOE es la Derecha, y el PP es la Extrema Derecha, él único que defiende aquí la Democracia es Izquier
da Unida, en los países comunistas se vive mucho mejor que aquí, tengo muy claro que es el Capitalismo el que nos está matando. Nos esclaviza, tío”.  
     Yo miraba la mesa redonda, las orlas polícromas de los platos, las espirituosas botellas, los manteles bordados, les miraba a ellos, mis siete (contando conmigo) amigos universitarios, como los míticos sabios griegos,  licenciados y periodistas, bueno esto último Soto sólo. Bebí otro sorbito de agua, respiré jondo, como Camarón en su isla, y ...    CONTINUARÁ

martes, 10 de enero de 2012

Un cincuentón liberado CUATRO


     Una lástima fue el que con tanta sorpresa, que era pasmo, que era extrañeza, que no sé bien ya lo que era, no pudiera yo disfrutar de las viandas como las mismas merecían. ¡Casi me atraganto con una cococha cuando, hablando de esto y de aquello, reveló allí Juan Luis que es que ahora era él, desde hacía seis años… ¡liberado sindical de la Unión General de Trabajadores! Tócate los gabilondos pero que a fondo, o sea. ¡En qué había venido a dar el más ingenuo y noble anarquista de nuestra mejor juventud! Aprovechó entonces para contarnos una maldad de la Pajín, de cómo le habían contado que había ella escalado la piñata del Poder, que mejor será no reproducir aquí, y que a risotadas feroces festejamos.
     “Joder, qué curioso, Juan Luis, cómo la vida, según la forma en que nos va saliendo al paso, nos pone a veces y nos lleva a situaciones que ni por lo más remoto podíamos imaginar, supongo que así es la cosa”, le apunté, cuando me repuse del electroshock, creyendo de verdad lo que le decía. Le tenía al lado en la mesa. “Ya lo creo”, asintió él mirándome, y por un instante el brío indomable de su juventud le reverdeció los ojos tras los cristales de las gafas, desmintiendo la incipiente gravidez de su abdomen. Me dije, sin duda pensando en la imagen que de mi amigo yo atesoraba, entonces no pueden ser tan malotes como dicen los liberados sindicales.
     ¿Y los demás? Pues resúltase que de los otros cinco camaradas facultativos, sólo uno, Soto, ejercía de periodista. Le había ido además muy bien: entró por oposición en Radio Nacional, en deportes, y coincidiendo con la estancia de la Derecha en el Poder, había ascendido a un muy alto cargo de designación allí. Luego, harto del horario que exige el escalafón, nos contó que había dejado el puesto. Trabajaba ahora en un programa de la Dos y tenía un horario cojonudo, nos dijo. Quizás por ser el único en el ejercicio de la profesión en que todos éramos licenciados, pronto las miradas en la mesa fueron desplazándose desde Juan Luis hacia Soto y con las miradas también la soterrada envidia y el informal liderazgo a la hora de pontificar en la mesa. Al menos Soto sí que había llegado.
     Los otros cuatro coincidían –eso ya no me sorprendió tanto- en ocupación: funcionarios por oposición de la CAM. Es decir: un empleo vitalicio, bien pagado, con buenos horarios, derechos laborales, vacaciones y tiempo libre, en fin, la Utopía socialdemócrata hecha en ellos realidad. Por supuesto, buenas personas y gente en la que a ciegas se puede confiar. Me contaron que tenían dos horas al día en el trabajo que podían ellos decidir cuando cumplimentar, si al principio o al final de la jornada. Hablamos de los hijos –pocos-, de los coches, en líneas muy generales de la vida que cada uno llevábamos. Dijo Soto que él vivía en Majadahonda, en una zona de adosados y que su mujer no trabajaba.
     Como quiera que la conversación un poco decaía, como quiera que al fin y al cabo algo de periodistas resonaba por algún lado en los allí presentes y los comicios estaban entonces próximos, hacia los postres dimos en hablar… sí, de Política, esa noble y ardua reflexión sobre la menos dañina manera de organizar la sociedad y sus individuos, que tantas emociones entre la sangre caliente de los españoles siempre levanta.
     Tomó Juan Luis la manija de la charla. “Yo ya lo he puesto hoy en el grupo del feisbuk: al Señor de los Hilillos… que le vayan dando mucho por el culillo.” Le secundamos todos la chunga. Otros tres declararon al punto que naturalmente pensaban ellos como siempre votar a Izquierda Unida, que era, en sus muy escuetos términos, “quien más miraba por la gente de abajo, está claro”. Soto, el de la Dos, remató el balón risueño: “siempre lo he sido desde luego, pero yo, cada día es que soy más rojo, tío”. Como la economía, como la Crisis, como la llama de la Amistad, las risas contagiosas entonces se globalizaron.
     En ese momento, con cabeza gacha, otro de ellos confesó: “yo soy militante desde hace veinte años del Partido Popular...Uff, se escuchó allí el brinco de aquellos nobles corazones...CONTINUARÁ

lunes, 9 de enero de 2012

La grande bouffe (TRES)

     
     Me sorprendió ya al entrar el más que apañado rango del restaurante elegido. No se me había comunicado a mí el presupuesto a escotar para la grandiosa ocasión, y quizás por contigüidad biográfica y porque además íntimamente me apetecía, me había hecho yo a la idea de un sitio más modesto y de un discreto menú del día en los alrededores de los diez-doce euros per cápita, copichuela aparte. Para mayor sorpresa mía, pese a ser día laborable, a pesar de la sempiterna Crisis, el airoso restaurante estaba muy concurrido y, como nuestra mesa estaba de antemano reservada, con diligencia el mismo encargado, de negro impoluto de arriba abajo, nos encaminó a la misma. Una soberbia mesa redonda algo apartada del tráfago de los clientes, y con notable mantelería y servilletas de fino lino vestida, nos esperaba. Joder, ni que fuéramos redactores-jefes de EL PAÍS.
     No ganaba yo para asombros, que eran sustos, o sustos que eran asombros, no sé bien, pues resultó, a tenor de la charla que entre sí se traían, que nuestro líder Juan Luis y el encargado susodicho ya se conocían, y dispensaba éste a aquel esa esmerada profesionalidad cómplice que se debe siempre a un buen y habitual cliente. Como oliéndose esa tostada, nos ofreció a algunos Juan Luis una rauda explicación: “sí, es que éste es el sitio al que venimos habitualmente, cuando tenemos algo que celebrar, o alguna reunión importante, Higinio nos pone siempre en un reservado, nos trata de puta madre y eso, lo que pasa es que hoy sólo les quedaba esta mesa, pero a que está bien, eh, chavales”.
     “Está genial, Juan Luis, sólo que digo que… por cuánto nos va a salir la cosa, no veo yo la carta por aquí, más o menos”, le dije en tono bienhumorado. “¿No te han dicho nada? qué cabrones, verás, nos van a poner, como siempre que venimos, una degustación variada de los platos que tienen… unos cuarenta y dos leuritos por cabeza es lo que acordé con Higinio”. ¡CUARENTA Y DOS EUROS!” chillé como un loco, que creí que hasta el pelo poníaseme rojo, como al otro, sólo que para mis adentros. Pero estos tíos están locos, a qué viene este dispendio, ni que nos fueran a entregar el Pulitzer, no te jode.
     Y rápido, sin perder ni un instante la más british sonrisa en los labios ante mis camaradas facultativos, ya me andaba yo calculando que, descontados los veinte leuros, leuros sí,  que en mi arranque de triste dicha le había largado al organista bisojo del metro…  me debían quedar en el bolsillo… ostia puta, ¡si me sobraban tres euros no me sobraban cuatro!…y aún debía tomar yo el Metro de vuelta a casa.
     “Okey”, le respondí, con despreocupado gesto de marajá de las Indias. A ninguno de aquellos camaradas míos se les ocurrió observación alguna que hacer a tal efecto, de lo que deduje que hallábanse todos muy conformes y partidarios del suntuoso ágape. La verdad sea dicha, la comida no estuvo mal: platos al centro de delgadísimo jamón ibérico, cocochas al no se qué, salmón ahumado con no se ká, cogollitos de tal y cual, marisco a la plancha, meritoria tortilla de callos, y luego un discreto solomillito para cada uno, cafelito y licor de aguardiente al coleto. 
     Sobre todo lo que maravillaba era la deferencia y la solicitud con que nos atendían, que nos servían los vinos blancos y tintos y hasta el agua en las tres copas que cada uno teníamos desde la helada champanera, y ¿les ha gustado la carne a los señores?, ¿falta alguna cosa, señores? ¡Y yo que me pensaba que poco más éramos los camaradas que los célebres pelanas de Lavapiés
 Lástima que... CONTINUARÁ