¡Albricias! Contra pronóstico se hizo realidad el cuento bueno de la lechera que ayer aventamos aquí. ¿Y si…, y si…, y si…? desgranábamos y razonábamos. Pues… sí, sí… y ¡SÍ! Empezó el partido y parecía todo a cámara lenta. Qué les pasa. Los de la francesa, mecidos sobre la soberbia de su superioridad. Los de la española, a pies juntillas siguiendo la estrategia genial de De la Fuente: congelar el partido, adormecerlo, bonsaizarlo, opiarlo, rehuir el cuerpo a cuerpo y el intercambio de golpes con los supersónicos vallistas galos, hacerse con el balón y dominarlo, minimizar los yerros y esperar la ocasión. La picaresca, tan española, de Lamín para fabricarse el penalti. La Gesta de Pedro Porro luego para, en bravo golpe de pared y arrojo, destrozarlo ya todo del todo. Los que se creían los-Colosos-nunca-vistos mordiendo el polvo a manos de unos enclenques chavales de barrio. La maña gana a la fuerza, lo infantil gana a lo metrosexual, con el esférico balón por medio, en ese juego. Mérito cumbre en De la Fuente: el lograrlo, ese espíritu íntegro de equipo, incluso con la mitad de ellos claramente fuera de forma. ¿Y ahora? A la Final del Mundial26, veremos primero contra quien. ¡Bravísimos anoche los de la Española! ¡Gloria y honor para ellos! TE INVITO A LEER.


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