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sábado, 29 de octubre de 2011

Corre, Irene...corre


     
     También en otro octubre de hace ahora veinte años una mujer trabajadora se disponía a llevar a su hija al colegio. Sólo que no se trataba de un bonito spot. Era la mucho más gris realidad cotidiana de María Jesús González. La bomba etarra la despanzurró de golpe sobre el asfalto. La bomba, mejor dicho, los cobardes criminales que la detonaron, cubrió su cara y su cuerpo de mujer trabajadora de sus propias piltrafas ensangrentadas. No, mejor ni ver esas imágenes. Dicen que en esos instantes toda tu vida desfila ante tu mente. Puede que a María Jesús González, sin entender aún lo que le ocurría, envuelta en humo y en el olor acre de la metralla, un pálpito más urgente y angustioso le invadiera entonces toda la voluntad y le golpeara el corazón: el anhelo apremiante e imperioso, como a la señora del bonito spot del PSOE, de dirigirse imaginariamente a su hija, que por allí debía andar y gritarle eso mismo… corre, hija, corre… el vehemente deseo de que al menos a ella no le alcanzara la explosión.
     Quienes hicieron eso a María Jesús González y a su hija, Irene Villa, es seguro que ríen hoy sin parar. El niño del etarra Otegui presenta libros junto a Willy Toledo.  María Jesús González e Irene Villa no caminan resueltas hacia el fondo de ninguna imagen. No pueden, aunque lo quisieran, correr. Caminan, sí, dando pequeños tumbos, pero caminan y nos llaman. No desde un bonito spot, no. Desde la agridulce realidad nos llaman. Y la nada bloguera que yo soy, esta mañana estará junto a ellas. Junto a ellos.