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miércoles, 14 de agosto de 2019

Asquerosamente feliz (Relato)


     



 Volvían juntos en el metro, de ver una exposición de pintura pop que no habían entendido del todo. El convoy, medio vacío, traqueteaba endemoniado por el túnel, ¿recuperando tiempos perdidos?, como si atravesara con urgencia los confines de la misma noche madrileña y fuera a arrojarles de golpe en medio de una estepa siberiana. Iban de pie, recostados contra la pared metálica y tremolante. Él dijo entonces “vaya ful de exposición, este Warhol era un cantamañanas, todo lo resuelve con chorraditas psicodélicas”, resoplando de paso la propia zozobra. Entonces ella, que llevaba un poncho de rombos marrones claros y oscuros muy fino que le quedaba precioso, le abarcó con los brazos más arriba de la cintura y apretó el rostro contra su pecho, lo retiró luego un poco, le sonrió desde allí abajo, y con aquellos ojos panhelénicos u otomanos, según el minuto, de par en par, inmensos y chispeantes, se quedó mirándolo con arrobo, como siempre había visto él, y cómo lo había envidiado, hacer a las mujeres embelesadas en sus hombres queridos. Y se sintió allí, zarandeado un mucho por todo aquello, asquerosamente feliz. Sólo que no se lo dijo, claro.     

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ARGUMENTO
La aventura y el itinerario cotidiano de un soñador irónico, de un sentimental cabal, de un solitario ilusionado, de un fabulador a ras de tierra, a la busca del tiempo ganado, a la búsqueda de los afectos perdidos, afanado a la tarea de como oro en paño anotar, recrear y rescatar lo mejor y más granado de sí y de cuanto le rodea, de ponerlo así a salvo del Tiempo voraz y del rudo Ruido. En círculos concéntricos, más desveladores que dantescos, la singladura irónica y emocionada de ese vivir, de ese sinvivir, de sus pasos y marcas: la amistad, la paternidad, el amor y el desamor, el mordisco de la soledad y los preliminares de la vejez, el mundo de la noche con sus mujeres fatales o magistrales, el deporte y la escritura, su duda y su ternura, el paso y la luz de la estaciones, todo lo que puede aprenderse en los viajes del Metro… la misma vida a chorros y a corros en los más vivos colores registrada. ¿Logrará mantener su lugar al sol?
CONTRA-REEMBOLSO, 15 E
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2 comentarios:

© Lucía Conde Parmés dijo...

Las cosas buenas siempre hay que decirlas, amigo...

Un beso grandote.

José Antonio del Pozo dijo...

Es verdad. Gracias, Lucía. Otro enorme.