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viernes, 17 de enero de 2020

Tras algo así, o Dios, o tarumba




 Hace unas noches me asomé a un concierto que daban por la tele. ¡Guau! Tan mastodóntico, electrizante y apoteósico que, sin ser demasiado fan del cantante y compositor de marras, a pesar incluso de transcurrir sobre una pantalla y retransmitirse grabado, resultaba IMPOSIBLE sustraerse a aquel inmenso éxtasis colectivo. Miles y miles de ALMAS atiborraban el monumental estadio, por completo entregadas a su ARTISTA. Se conocían de principio a fin, y exaltadas le cantaban y bailoteaban, cada palabra, cada nota de sus canciones. Cada cosita que él entre tema y tema les soltaba, se la celebraban y jaleaban enardecidos, presas aquellas mesopotámicas multitudes de una adoración más que religiosa, por voraz y omnímoda, brutal, TOTAL. La banda que para él tocaba, más que arropándole, a su arte doblegada, era tan numerosa y completa como virtuosa en cada uno de sus músicos. Además, a cada rato, entre el consiguiente estallido de JÚBILO del inmenso gentío, sobre el escenario comparecían otros grandísimos intérpretes, que en público proclamaban el inmenso honor y placer que para ellos era marcarse un “DUETO” junto al artista principal, de cuyas enormes cualidades artísticas y humanas ellos rajaban y no paraban. Con él cantaban una de sus canciones, y a él en frontal abrazo se fundían al terminarla. Otro luego, y luego otro. Dos horas y medias largas así, sin que la multitudinaria “DELIQUIO” por un instante decayera, te lo juro. La moderna tecnología de las retransmisiones, con sus trepidantes planos de conjunto –aquella ingente muchedumbre eufórica-, pero también de detalle –sólo ahora los arrobados ojos de una joven- permitía dar cuenta cabal y vivísima de todo aquel Superespectacular Acontecer. También de que el sonido por cada rincón del Estadio rayara la perfección. Sé que CONCIERTAZOS como este de que te hablo, protagonizados por otros tantos músicos, son bastante frecuentes ahora. Cuando pude más tarde tomar un mínimo de distancia ante todas aquellas abrumadoras imágenes, que eran bien reales, pensando en ese Grandioso ARTISTA tan así venerado, me dije… uff, lo dificílismo que debe ser, después de una EXPERIENCIA así, el no creerte un DIOS... o el no volverte rematadamente TARUMBA.

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