Decíamos ayer… de la granhermanización
de la sociedad y de la política (post 26-3-15) (“Eminentes sociólogos cada vez más
asemejan la liza política a las características de la competición en el Gran
Hermano, el infecto reallity que va en España por la enésima edición con
amplísimo eco entre el Pueblo: unos que entran, otros que salen, el Triunfo y
el Fracaso, la implacable eliminación progresiva de los candidatos a manos de
un público masificado y embrutecido, los nominados, los descarnados golpes
bajos, el sucio cinismo como lenguaje de curso predominante, la más grosera
teatralización de la vida privada, la súbita e inexplicada variación del fervor
popular, la importancia crucial del, más allá de cualquier contenido, dar juego
en pantalla para la propia supervivencia, en fin, los rastreros pactos contra
natura entre los candidatos para destruir a un tercero, el continuo montaje que
el Súper –o las Teles del Sistema- brinda de la realidad como carnaza para una
masiva audiencia de homo gañanis. Si es –y resultará difícil negarlo- el de los
reallity shows el relato dominante de esta Época, es normal que sus hegemónicas
maneras contaminen el resto de los lenguajes sociales.) y vienen acto seguido
las noticias a corroborar, creo, a este pobre bloguero a quien apenas cuatro
gatos siguen e impulsan.
Resúltase que la Princesota del Pueblo, en la Gala
Final del Gran Hermano VIP –esa penosa estilización de la Mugre-, que reunió a
más de 5 Millones de espectadores, a bombo y pestiño anunció que donaba los
100.000 E del Premio a… Sor Lucía Caram,
al Padre Ángel, a Cáritas y al hijo de una compañera, que
tiene parálisis cerebral. ¿No resulta el calculado y público gesto –con aromas a markéting puro y duro por parte de la cadena y de su criatura- una nítida demostración de la
corriente que a unos y otros enlaza en el convoluto bruto de la Era de las
Celebrities en continuo Reallity? Entre Celebrities
anda el juego, salta a la vista, entre Celebrities
se entienden, cabe lógicamente decir. Las heroínas mugrientas de la
Telebasura han sustituido a las vetustas marquesonas, y los Televisivos Religiosos a lo pogre a las
anónimas madres de la caridad de antaño, en lote anudados ellos todos.
No conocemos noticia alguna de que, Sor
Lucía Caram (tan rebelde separatista como arriscada antisistema ella) o el Padre Ángel, se debatan en hondos
dilemas morales a la hora de aceptar para lo suyo el vil metal de la cadena
berluscona. Más allá de los hedores a tongo
del reallity en cuestión, ¿es lícito aceptar el dinero procedente de un
programa infecto que promociona transparentemente los más antisociales valores,
empezando por los de la codicia, el descarnado egoísmo y la falsedad? ¿No
resultan infectados los receptores de esos mismos anti-valores el aceptar la farisaica donación? ¿Y dónde queda la
archisobeteada Dignidad?
¿No es verdaderamente asombroso que ni el más mínimo debate alrededor de
esta grosera impostura se produzca? Con la graciosa
donación de la Princesota del Pueblo se
levanta a la vez acta, creo, de cómo la
Telebasura, desde su hegemonía simbólica, a su manera ordena y contamina la
sociedad al tiempo que busca su legitimación bondadosa. En las sociedades de la Telebasura entre Celebrities al instante se entienden, ya
lo creo. Nos falta el selfie del trío
el día de la entrega de la pasta.
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones
del mundo” (Pessoa)

