Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Premios Ondas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Premios Ondas. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de marzo de 2013

Y encima le dan un Ondas


     
     Su nombre entró también en aquel edificante numerito que presenciamos en la nunca bien ponderada TVE zetapeica cuando, habiendo ya ganado el PP las elecciones, decidieron los Directivos de la misma –el por qué ellos lo sabrán- el subirles hasta las nubes el Sueldazo a las estarlettes de la casa. Presenta a diario el programa de la 2 Saber y ganar desde hace mil años. No habrase visto Señor con estilo más cargante desde los tiempos de Lauren Postigo.
     
    Al menos de vez en vez declamaba éste algo bueno. Hurtado es una máquina cotorra que levanta olas de migraña entre quienes a su incontenible tabarra se exponen, qué castigo. Se aprovecha, claro, de que no se puede seguir el programa con volumen a cero. Qué bárbaro, qué mareo sin tregua de palabras huecas y sonajeras, qué jerigonza inacabable de parlanchina verborrea. Qué fábrica de provocar jaquecas a distancia. Ni respirar les deja casi a los asfixiados concursantes, cuanto más decir algo de ellos. Días hay en los que una de las colaboradoras del programa, Pilar Vázquez, la mujer más inutilizada de la TVE ,y de la TV mundial, es que ni mu puede decir, ni se estrena hablando, no hay manera, no la deja meter baza, tal es la atorrante omnipresencia crotora de Hurtado.
      
    ¡En veinte años ni una afonía el hombre, ni una baja, ni un solo día ha privado a la audiencia de su estentórea matraca! Pensé, a ver si con el Ondas, en loor de multitudes, el Señorito Hablador se retira. Ni de Blas. ¡Al contrario, le han ampliado el programa a sábados y domingos, y para mí que los ofrece él gratis a la tve, así de desenfrenada es su pasión cháchara. Yo, porque no soy el Rey de España, que si no, con gusto le hubiera soltado lo mismo que su Majestad aquella vez: Jordi, tío, ¿por qué no te callas? 






LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS (Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

domingo, 5 de diciembre de 2010

A la atención de Jorge Javier Vázquez, presentador de Sálvame

    
 Estimado Jorge Javier:
                                             Estoy seguro que en cuanto llegue a tu conocimiento esta carta, en cuanto veas el video que la acompaña, con ambos abrirás encantado tu popular programa. Y que luego durante largo rato encomiaréis ahí el heroísmo anónimo de ese señor que jugándose el pellejo, sin conocer de nada a ese otro que, encogido y semiinconsciente entre las vías esperaba sólo la muerte, le salvó la vida. No me cabe la más mínima duda que al instante comprenderás lo necesitada que está la sociedad de ejemplos así, y al servicio de esa causa al menos el próximo programa tuyo casi en su integridad entregarás. Son hechos como éste, como bien sabes, los que sin duda constituyen y salvaguardan la urdimbre esencial y última de la Humanidad. Mientras queden personas así, no estaremos del todo perdidos Sé que lo harás, pues no en vano tu programa se llama Sálvame, y que el profundo sentido ético que adorna tu profesionalidad –y el de los directivos que sobre ti mandan- , como demuestra el Premio Ondas que posees, en esta ocasión brillará muy alto.
    
     Un hombre, con toda probabilidad bajo el influjo de sustancias espirituosas, se tambalea de espaldas y al mismo borde de un andén vacío del Metro. Es posible que vocee o canturree, o que maldiga algo. Enfrente una decena escasa de transeúntes, mientras esperan el suburbano, entre vagamente alarmados y curiosos, le observan de reojo. De pronto el hombre da un traspié y se precipita de espaldas por el hueco de la vía. Queda sobre los raíles tirado en mitad de la estación. Los de enfrente se sobresaltan y se remueven entonces, alterados de golpe por la estrepitosa caída. Agitan los brazos, señalan, accionan, corren hacia atrás, se disparan inquietos hacia uno y otro lado, en creciente ebullición de ansiedad. El caído recoge como puede sus piernas hacia el interior de los raíles, quizás creyéndose así fuera de los mismos. No puede, muy dolorido, moverse ya. Fatalmente, debe escucharse en ese mismo instante el silbido y el traqueteo fuertes que anteceden al convoy que viene apuntando hacia el lugar en que se encuentra el cuerpo yacente. Tres o cuatro mujeres, escalonadas una de otra, con bolsas de compras en las manos, sobre el saliente mismo del andén suyo, mueven hacia arriba y abajo las manos libres, acelerándolas, con gran susto metido ya en el  gesto, dirigido a avisar al convoy que a gran velocidad desde la oscuridad del túnel acude inminente.
    
     Es entonces cuando desde ese mismo andén otro hombre, que desde pasillos interiores ha escuchado los gritos, salta a las vías y se dirige hacia el cuerpo caído. Pero el convoy debe estar a punto de entrar. No va a tener tiempo para detenerse y el atropello es inminente. Se vé en la angustia espantosa con que las dos primeras mujeres de forma inconsciente se apartan y se giran hasta el mismo muro de su andén cuando el convoy irrumpe con estrépito, llenando el cuadro. Una de ellas, que lleva un abrigo blanco, se cubre los ojos con la mano, horripilada. La otra, también contra el muro, guarda aún arrestos para girar la cabeza. Tras ellas, enfrente justo del cuerpo caído, en el límite del andén, como petrificados, hay una pareja que contempla todo, aunque con el convoy ya a su nivel, no pueden evitar un paso atrás. Casi puede oírse el pitido del convoy como el escalofrío definitivo.
    
     Y sólo décimas de segundo le sobran al hombre que saltó a las vías, que tiene medio cuerpo dentro de los raíles sobre los que circula el convoy que tiene ya encima,   para de un tirón levantar el cuerpo tendido y apartarse los dos, antes que la maquinaria colosal se les lleve a ambos por delante, porque no puede ésta detenerse a su altura. El hombre fuerte entrega a los de arriba el cuerpo del accidentado. La decena de testigos se arremolina al fin en el andén, atravesada de honda conmoción, alrededor del caído y del anónimo héroe que, por simple instinto para el Bien, exponiendo la suya ha salvado esa vida. Nos enteramos luego que el salvador se llama Ángel, y que todo esto ocurrió en la estación de la Puerta del Ángel. Que es él nada más que un policía en prácticas… Ha pasado un ángel, ya lo creo.  
     Eso fue todo, Jorge Javier. Saludos cordiales.