Tú mira a los de la Española: parecen una pandilla de chavales de barrio. Hasta en los nombres se les ve. Con las mañas propias del fútbol de barrio: el toque rápido y medido, el regate inverosímil en espacios pequeñísimos, el juego en equipo. Mira ahora a los de la Francesa: un equipo de finalistas olímpicos del 110 vallas parecen todos, altotes, superatléticos, cuadrados, todo físico, con velocidad supersónica de estampida en ellos como a toque de alarma nuclear. A priori, francamente, deberían ganar los francos. Nos tienen ganan, además, por recientes victorias nuestras a su costa. Pero… ¿y si los de la Española tienen el día inspirado, imponen una circulación rápida y certera al balón, dominan el juego, reducen al mínimo los yerros y las pérdidas y revientan los pronósticos? ¿Y si el cántaro de este cuento de le lechera buena no se nos rompe? ¿Y si el Destino del esférico balón nos es hoy propicio? ¿Y por qué no? Por soñarlo, por escribirlo aquí para ti y para mí, que no quede. Y aunque pierda, por lo ya hecho, ¡arriba la Española! TE INVITO A LEER.












