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miércoles, 1 de abril de 2020

Saltarnos el confinamiento (Relato, Día 18)




   Me moría de ganas por volver a verla, por tenerla cerca de nuevo, por conversar con ella, por mirarle los ojos a un palmo, por  tener su mano entre las mías, por todo eso, sí, sí, sí, pero en medio del severísimo confinamiento –tan largo ya, al que no veíamos fin- impuesto por causa del virus asesino, que no cesaba de cobrarse víctimas el muy cabrón, qué hacer, cómo hacer. Los controles policiales aumentaban, las multas eran también terroríficas, el miedo de sólo salir a la calle vaciada, y sin querer tocarte con vete a saber quién, nada despreciable. Pese a todo, ¿sería por la pesadilla de fin del mundo que la epidemia suscitaba?, ¿por nuestra triste historia en común?, ¿por la exacerbación sentimental que la clausura me estaba provocando?, la pura verdad es que yo suspiraba por estar con ella. Aunque tuviera que saltarme la drástica prohibición, aunque corriera riesgos, aunque sobre mí cayera el universo inmenso. No sabía tampoco por dónde podría salirme ella. Más de un año sin hablarnos.  ¿Plantarme en su casa? Ni hablar. Puede que me mandara al cuerno desde el mismo portero automático, amén de los vecinos, que andan miroteándolo todo ahora, que puede que alguno, asustado por todo y por nada, llamara a la policía y con los móviles y todo eso se montara allí por mi culpa un numerito que “pa qué”. Así es que, zasca, me limité a escribirle en el guasap… “¿te atreverías a saltarte el confinamiento y vernos un ratito?”. CONTINUARÁ MAÑANA

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