Es lo que tiene el merodeo del folleteo, que, como el rascar, lleva una cosa a la otra, se activan la imaginación y la memoria del Deseo, se enerva el Eros ya desatado, y al final, de aquellos polvos estos lodos: volvemos a reencontrarnos y a degustar los míticos orgasmos zerolos. Acaso forme todo un engrudo único, el aire viciado de una época: telebasura de la Esteban-niñas que quieren ponerse tetas de Bibi Aído-desdichadas criaturas de G Sinde-mentiras y gordas- sucia lengua de Bebe-panorgasmos Zerolos (porque del dudoso sobrino de Chaves mejor será no hablar).
Pocas veces hábrase visto una más depurada copulación de sexualidad y política, esto es, una más descarada incitación a remover en la audiencia juntas las turbias aguas de la pulsión sexual con la de la voluntad de Poder. Cabe no olvidar que analizamos un discurso electoral, es decir, un mensaje político eyectado por un dirigente cooptado por el propio Presidente en el que se demanda el voto, que aquí se asocia a la pluscumaperfecta felicidad sexual en su vertiente más estrictamente cuantitativa: votos como orgasmos. Un mundo feliz, pues, que sustituyera el “soma” de Huxley por el voto en la urna a Zapatero. ¡Poder afrodisíaco y erotómano por excelencia! Poder dador de Placer, si se nos permite la expresión. Podría desde luego Rubalcaba –al decir de sus fieles- resultar sexy, mas sólo una pálida sombra al lado del Gran Metrosexual Presidente aquí evocado:
“¡Cuánta felicidad nos ha traído Zapatero en esta legislatura!... (ahí está, la felicitá, que no es la misión del gobierno tanto la buena administración de las cuentas públicas, cuanto, a la manera más populista, la consecución de la plena Dicha, “traida” ésta directamente y en persona, como corresponde a un mesías, por el Líder, y enfáticamente anunciada por su profeta, casi a punto de licuefacción, tal es su arrobo) …si es que algunos no hemos terminado de tener un orgasmo detrás de otro, un orgasmo detrás de otro… (nótese con que alegre desenvoltura se desliza ya la identificación entre felicidad y orgasmo, en fantástica metonimia, y es de ver también la perfecta sincronía entre el desmelenado tono del orador, diríase que en pleno goce, saltito incluido, y el simétrico bracear arriba y abajo de los brazos del orador, como si masajeara entre los mismos el cuerno de la abundancia presidencial, más la expresa repetición del bien claro objeto del deseo orgasmo-detrás-de-otro-orgasmo, es decir, la felicidad reducida a sexualidad, resumida a su vez ésta en su más contable registro) …¡nunca había tenido yo tantos orgasmos! (anótese el paso del plural genérico a la primerísima persona, focalizando y ejemplificando en el dirigente mismo, que así se propone como demostración del lúbrico efecto –nueva repetición del fetiche/tabú “orgasmo”-, viva prueba del “efecto Zapatero”, a toda cosa incomparable, pues jamás conocióse tiempo que diera cosecha tanta –de nuevo lo cuantitativo- …primero los que me da mi marido (sorprende un poco el papel meramente receptor que a sí mismo en la liasson se da el orador, como si nada de toma-y-daca-de-pan-con-tumaca hubiera en esta peculiar relación, sólo el tumaca, y enternece el sentimentalismo pequeñoburgués, pero falso en el global del mensaje, que antepone los orgasmos maritales a los del Otro, que ya vienen) y luego los que me da Zapatero (ahí está, perfectamente singularizado el Gran Macho Presidente, que si como gallito cubridor tutelaba el posado de las ministras en pieles del Vogue, talante sobrante queda en Él para directamente dar pan-con-tumaca a los afines socialistas a Zerolo, por tanto ya Él mucho más que bienamado líder de la Verdad del Socialismo guerrista, Señor Orgasmador de la grey gay ahora, que nunca vióse soberano con semejante Poder de pernada) …¡orgasmos democráticos! ¡orgasmos democráticos! … (le voilá biseada la genial fórmula zerola que fusiona lo íntimo y lo colectivo, lo púbico y lo público, la sexualidad y la política, que en el socialista way of life sólo puede ser, claro, democrática, trascendental novedad ésta en los dominios de la ciencia sexual e inequívoca censura de los supuestos “orgasmos antidemocráticos”, arrebatos estos quizás merecedores de represión) …después de conseguir leyes que reconocen la dignidad de tantas mujeres y de tantos hombres en este país.” (voltereta última que nos devuelve al ámbito político, en la que se vincula la promulgación de leyes, discutibles como todas, al reconocimiento de la dignidad, excipiente ésta última, se supone, de tantos y tantos orgasmos democráticos)
Y es tan ajustada al mensaje la proclama y la actuación de Zerolo (nunca mejor dicha que aquí la máxima aquella de Mac Luhan por la que “el mensaje es el masaje”) que debió la derrochona Ministra de Cultura (derroche democrático, el suyo, por supuesto, que del Orden del Placer seguimos hablando) imponer su presencia entre el elenco de su célebre “Mentiras y gordas”, ya que beben ambos muy similares vientos… a los que también bebe ahora la gran Bebe.




