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lunes, 1 de septiembre de 2014

Degollando y "Seven"




   Algo en la imagen atroz, adrede grabada y difundida, esa claridad cegadora que más aún contrasta la nitidez brutal de los colores, el naranja tan crudo que anticipa la sangre, ese negro abismal que tan bien le viene al matarife, el lustre del cuero en bandolera, el brillo maléfico de su arma carnívora, la inmensa desolación que desprende esa tierra calcinada, la bruma gris que hace palidecer el firmamento, toda esa espantosa oquedad, el rostro sin rostro alanceado por el sol de la víctima, su terrible soledad humillada, maniatado y de rodillas al lado del embozado Señor de horca y cuchillo, nos remite a la similar escena de “Seven”, aquella tremebunda película hecha ahora realidad. 
     
   La despiadada decapitación del periodista norteamericano ante la cámara pareciera un tétrico fotograma más que la bárbara Yihad le arrojara a Obama a la cara. Incluso el naranja del uniforme remite al similar de los presos en Guantánamo. Más que nunca es la guerra ahora icónica: minimalismo dantesco y tarantino de la Yihad, frente a las imágenes aéreas y computerizadas de EE UU. No olvidemos que, insólitamente, el propio Obama –con Hillary Clinton y demás- asistió desde el Despacho Oval a la caza y captura final de Bin Laden... a través de las pantallas.
     
   Por supuesto, no se propone aquí ninguna equidistancia entre ambos bandos. El día, próximo ya, en que definitivamente el Ejército de EE UU –a menudo garante, pese a errores y horrores, que se pueden investigar y sancionar, de la Libertad y de la Civilización- se “aggiorne” y se limite a defender sus fronteras, comprobaremos el humanísimo mundo y la sinfónica Alianza de Civilizaciones que se abrirá ante nosotros. Al proporcionar y exhibir ante el Mundo con fría minucia de gourmet ese asesinato tan feroz –rebanarle el pescuezo para que toda la sangre del cuerpo allí mismo le chorree y entre terribles convulsiones muera, cortarle luego la cabeza y ponérsela sobre el cadáver, que de cerca lo veamos- nos regalan los yihadistas el emblema de su barbarie.
     
   Puede entenderse, en la locura que la guerra desata, la súbita aniquilación del soldado enemigo. Pero ese calculado horror… ¿contra un periodista, es decir, contra el símbolo vivo de la libertad de expresión y del testimonio de la verdad? Esta escena tan macabra –tan en consonancia por otra parte con los gustos del Reinado de la Mugre en que vivimos- lo que quintaesencia es todo un programa político diáfano: la Barbarie. La Yihad no te dice trato o truco, no, la Yihad te grita: islam o muerte.
        
   Al final de Seven el magnífico Morgan Freeman cita a Hemingway en Por quién doblan las campanas: “El mundo es un bello sitio por el que vale la pena luchar”. Yo estoy de acuerdo con la segunda parte, concluye Freeman (el hombre libre). Concluimos muchos también así, sí.


(Terminó agosto, lector. ¿Te gustó la melodía que, cual músico ambulante de la Ciberesfera, desenvolví para ti en este mes? ¿Me crees entonces por ello merecedor de que me pidas tú mi libro? Gracias de corazón al puñado de valientes que así lo habéis hecho, por, sin conocerme en persona, valorar e impulsar mi trabajo y mi escritura, tan importante para mí.)

jueves, 4 de julio de 2013

Milagros de Obama, el Big Brother Superstar

   


  “Empieza una nueva era”, titulaba literalmente a toda plana El Mundo tras su elección. A Obama, ¿recuerdan?, la extrema derecha yanqui lo iba muy pronto a matar. El mester de progresía con anticipación nos lloraba ya su asesinato. Luego resultó que quien ordenó la liquidación física de Osama Bin Laden (en directo ordenada y presenciada junto a Hillary Clinton y cía desde el Despacho Oval) e incluso la desaparición del cadáver del libertador de los Pueblos oprimidos en el fondo del mar, matarile-rile-rile, fue Obama. Oh, vamos.
    
   Prosiguieron luego, como siempre, las guerras, los bombardeos, la dudosa “Obamastroika” desde el Magreb a Oriente Medio. Sabemos ahora que la Administración Obama ha espiado, con perdón, a todo dios: a periodistas críticos, a movimientos opositores internos, a países y regímenes enemigos, a países y regímenes amigos, a casi todos los ciudadanos del mundo, incluidos los propios, beban cerveza, té o vodka. Es una clamorosa práctica antidemocrática, claro, común a más países, y que se puede sancionar y enmendar, desde luego, siempre que hablemos de regímenes democráticos, como el de los EE UU.
     
   Cabe imaginarse fácilmente como hervirían de denuestos y maldiciones las redes sociales y los media, es decir, la opinión pública, de haber sido el gobierno de un presidente republicano el que hubiera llevado a cabo semejantes abusos. El milagro que ha conseguido Obama es el estruendoso silencio de los pertinaces movimientos antinorteamericanos del mundo entero ante esos abusos, como si a Él le hubieran concedido una especial bula nunca vista. 
    
   Se deduce de ello una consecuencia bien relevante para enjuiciar los vaivenes de las Opiniones Públicas –y su influencia- en la comunidad internacional: contra lo que creíamos, el anti-norteamericanismo, lejos de ser una pulsión primaria y visceral, a la mínima excusa incontenible dentro de las tripas de millones y millones de ciudadanos del mundo, es en realidad un arma propagandística perfectamente consciente, calculada, meditada, contenida e instrumental, cuyos mentores “ordenan” desatar sólo cuando a sus intereses conviene, y que entonces sí, es pavlovianamente seguida por millones de ciudadanos de un lugar llamado Mundo.
   
   Brindemos entonces con San Miguel, o con lo que sea, por este en verdad extraordinario milagro Obama. Saluditos, Barack, de un bobo, sí, mas con ínfulas orlado.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)









   

viernes, 20 de mayo de 2011

Torrente, a muerte con Los Indignados, te lo juro por el Ché

       
     Anoche, que no se diga que no es uno idealista y utópico, tuve yo también un sueño: los del 15-M acampaban delante de la sede de Bildu y de todas las Herriko Tabernas y de los balcones de los Etarras Cantarines del Jo-Ta-Ké clamando por la democracia y la libertad en el País Vasco, por los asesinados, por los malheridos, por los extorsionados, por todos los que han tenido que largarse, por los que necesitan escolta para sobrevivir allí de rodillas. Cuando desperté, Willy Toledo y Torrente, esos dinosaurios, seguían  en  la Puerta del Sol.
       Ya el que Willy Toledo, el heroico defensor de la tiranía de los Castrones, esa democracia más que real, el que personalmente se pidió escupir sobre el cadáver aún caliente de Orlando Zapata en las mazmorras castristas,  dejárase ver tan campante en la movida de la Puerta del Sol habría por sí mismo debido bastar para pisparse todos de qué va la vaina del Indignaos. Pero que nada menos que el bárbaro creador de Torrente 1-2-3, más el impresionante y aún contante y sonante Torrente 4, aterrizara in person y en loor de multitudes sobre la Plaza de Cataluña para con su galana  presencia refrendar la protesta es ya  para torrentear y no echar gota. Pretendiéndolo o no, al ser con tal entusiasmo acogido, ha contaminado Segura de la propia bazofia constitutiva de su genio la protesta del Pueblo llamada a redimir al mundo. La Spanish Revolution, que dicen por ahí, tócate los gabilondos hondos pero que a fondo. Sólo faltan Paquirrín y Juan José Millás, con su Planeta a cuestas. Que pruebe Alfonso Ussía a asomar el bigote. Periodistas de Telemadrid, de Efe, de Libertad Digital, de Intereconomía, mileuristas traidores ellos, claro, hubieron en cambio de escapar de allí por patas. Se los querían comer, creo.
     
     Nunca dejará uno de maravillarse lo suficiente de la impudicia y del mínimo atisbo de decoro que se gastan los más sonados prohombres de la Progresía. La verdad, manejan a la peña como les sale de los mismísimos: ¿qué se hizo del masivo y ensordecedor idealismo utópico del NO A LA GUERRA, con Libia, Afganistán y hasta el fiambre de Bin Laden en el fondo del mar matarile-rile-rile tan a la vista? ¿Era sincero o fabricado, era abnegado o ultrasectario ese aparentemente incontenible idealismo? ¿Siente uno solo de aquellos chavalotes masivamente acarreados entonces, un atisbo siquiera de mala conciencia? Callan como progres.  Ahora toca transbordo en Sol, y qué Sol más oportunísimo, y qué fue de Marisol, bueno, está para eso ahora la Espe.
        Ahí está, mírale, ese cráneo en verdad privilegiado, todo un forretis disfrazado casi de clochard, santificando -“aquí, con estos chavalotes, je, je, jé,”-  de torrentiana aura la más noble Causa ciudadana. Dice la airada proclama de los 15-M que “no somos mercancía”. Ya. ¿Y qué otro modelo de espectador-consumidor propone Torrente con cada uno de sus groseros divertimentos fílmicos? ¿Qué elevadas regiones del alma espectadora con denuedo creador se esfuerza hasta el desgarro íntimo Segura una y otra vez en cultivar?
    
     Es que es de traca torrentera, vamos. Dicen los del 15-M que están en contra de los banqueros, de los políticos, de este podrido y deshumanizado Sistema, en suma. ¡Pero si es Torrente en su fealdad cósmica la más acabada y privilegiada criatura del mismo! ¡No por otro motivo decoraba su gran película con la efigie de los más significados Triunfadores del Sistema! ¿Repasamos la particular lista de Schlinder del Torrente-4? Es que ni dos meses hace que se estrenaba Torrente 4: un millón de espectadores sólo en el primer fin de semana, 8,2 milloncetes-je-je-jé de euros recaudados sólo en esos días, 668 cines, 910 pantallas, la película más taquillera del cine español, le voilá sólo las últimas cifras –por no hablar de los Goya- en que se mueve Segura. ¿Creen de verdad esos “chavalotes-je-je-jé” que no hay una trouppe de plutócratas banqueros sosteniendo el fenómeno de Torrente, y éste a su vez a ellos, claro, o sólo lo fingen?
     Ahí le tienen, posando de guay; la Mugre entronizada incluso entre las más idealistas manifestaciones ciudadanas. Decía entonces Segura que triunfaba él “porque en España tenemos mucho sentido del humor”, y es que debe ser cosa de mucha risa, claro, el pretendido Apocalipsis de hambre y desesperación que nos quieren vender este tropel de muy estratégicos Indignados. ¿Qué clase de humanista autoconciencia demuestran estos promotores al bendecir así a Segura? ¿Cómo sostener ya la mínima seriedad de sus reivindicaciones que tan alto claman por OTRO MUNDO DIFERENTE? ¿Va a ser acaso Torrente su particular Moisés? No fotis, nen.
    
     Debe ser que con aquella desolada confesión twitera, coincidente con el incesante tintineo metalífero que el estreno aún en sus bolsillos repiqueteaba, -“mi vida personal es una puta mierda”- no ha tenido bastante Segura para enmascarar delante del Pueblo la magnitud de su élite. Hacía falta un gesto personal y presencial, que la fe sin obras no salva en el santoral laico de la Humanité fetén, of course. “Santiago Segura, como uno más, acampado por el movimiento 15-M”, rezan rendiditos y sagaces los titulares del Intenné. Además, listo y hábil como siempre, incluso se ha adelantado por la mano a Sabina, que nos había jurado el de Úbeda por todos los santos progresistas en “Público” pisar pero que mucho y de una jodida vez la calle. Tranqui, Torrente/Segura, ya estás tú salvado. También tú eres “moooy bueno”. Ya puedes ir preparando el Torrente que sigue al Cuatro, y que tus fans vayan ahorrando, y a los demás, jodidos fachas, que por ahí nos vayan dando. Porque OTRO MUNDO no lo sé, pero OTRO TORRENTE es más que posible.  
    

viernes, 13 de mayo de 2011

Antonia Sánchez, una madre en Lorca

    
     En ese impulso espontáneo, natural y no razonado que lleva a las madres a proteger a ciegas con el propio cuerpo el de sus hijos cuando todo alrededor cruje y se derrumba de golpe, y se precipitan con estruendo enloquecedor los muros sobre la cabeza de todos, descansa nada menos que la más fundada y emocionante esperanza en la preservación de la vida y de la especie humana. Lo hemos leído, una vez más, a propósito de los terremotos de Lorca: en ese gesto ciego de protección hacia los menores propios se halla la llamada última y básica a no sentir vergüenza de lo humano.
    
     Han trasmitido las crónicas desde Lorca sucesos en lo más hondo desgarradores para todo aquel que no tenga obturada por completo la espita de los sentimientos que a todos en el fondo nos mantienen en pie y nos hacen mínimamente dignos. Quiero entre todos ellos, dejar en mi modesta covacha, noticia y encomio de uno de ellos:
     Antonia Sánchez, de treinta y siete años, murió aplastada por el derrumbe de un edificio de tres plantas sobre ella. Cuando llegaron los bomberos, algunos vecinos se afanaban ya removiendo entre la pila de escombros. Tomaron ellos las riendas de la urgencia. “Mi casa se ha venido abajo”, se lamentaba de forma inconexa una mujer con un brazo ensangrentado. Encontraron, después de apartar cuantiosos cascotes, el cadáver de Antonia. “Esto no es posible, acababa de verla viva” murmuraba incrédulo un vecino. “Iba con sus hijos hacia los jardines, para ponerse a salvo”, exclamó. Sus hijos. Voces, gritos, ayes. Reclamaron los bomberos a todos silencio, para poder bien escuchar. Minutos después, muy cerca, claro, de donde se hallaba el cuerpo de la madre, encontraron al hijo pequeño, de tres años. Poco después al mayor, de seis. Magullados, cubiertos de polvo, conmocionados, pero salvos, fueron sacados de allí en volandas por los sanitarios hacia el hospital. Ellos sí habían sobrevivido. Su madre les había guarecido con su cuerpo, había sido ella el escudo humano que salvó sus vidas. Todo lo contrario a lo que al parecer Bin Laden hizo en vano el otro día. Las lágrimas afloraron entonces, al comprender de golpe también los hechos, en los rostros de muchos de los allí presentes. Antonia Sánchez, lo que yo siento en mi mísera covacha que tú hoy iluminas con la lumbre sagrada de tu ofrenda, es sólo que merecerías algún día volver a encontrarlos, volver a abrazarlos, volver a envolver a tus dos hijos bajo el arrullo interminable de tu amor, tan natural y tan limpio y a favor de la vida que nos reconcilia un poco a todos con el género humano. Bendita tú seas.  
    
    

miércoles, 11 de mayo de 2011

Bildu, el Testamento político de Zetapé

    
     Los héroes etarras, por el contrario, a la perfección dominan el imperativo socrático. De sobra se conocen ellos a sí mismos, ni por un segundo dudan de su pura y nítida identidad: Infatigables Luchadores por la Independencia y el Socialismo. Ahí están, diáfanas y relucientes, sus conciencias más limpias y puras que la patena de Setién. En Cuba ayer los sayones de los Castrones, esos otros infatigables luchadores por el Socialismo, liquidaban a golpes a un disidente. Se ve que se oponía el pedazo de animal un poco al Socialismo. Llamazares, factótum rojo, invitaba también ayer a café a cuantos pululaban por las cunetas del Hemiciclo a cuenta de la legalización de los filoetarras. Sí, de maravilla les reconocemos.
     ¿Indignaos dices, Sampedro? Está bien, te compraremos un rato la rancia mercancía  de tu exitoso panfletucho -¿cuántos millones van ya vendidos?-, para que no digas que sólo el rencor de fracasati nos mueve. Si ese etarra tuviera enfrente, como ocurrió durante el milagro de Ermua, a miles de ciudadanos atronándole los oídos con el santo y seña de su verdadera condición, la de ¡ASESINO!, no luciría tan flamenco y sandunguero delante mismo de los servidores a cuyos compañeros contribuyó a despedazar.
    
     Si conocerán de sobra los abnegados etarras, esos humanistas filósofos del socialismo, la índole pusilánime y acomplejada y a menudo colaboracionista de lo que tienen enfrente –“gorrinos” les llaman a los del PSOE en la jerga de sus cartas internas- que ni un pelo se cortan, al minuto mismo siguiente al más aparatoso y público enjuague que les permita financiación, en chotearse en la misma cara de quienes se lo procuraron, y dejar así expuestos al más bochornoso de los ridículos a estos que tantísimo hacen por “comprenderles”.  Les humillan, nos humillan, y silbamos todos tan basagoitis.
     Me ha recordado la simpática foto del etarra aquel glorioso día en que aventó Zetapé –en pleno Proceso- lo bien que con él marchaba lo del terrorismo, y que el próximo año mucho mejor aún nos iría, y en menos de horas veinticuatro, ZAS, la voladura de la T-4, los dos inmigrantes allí asesinados, el canguis escénico del Presidente, que sólo al cabo de varios días fue capaz murmurar, indigno Presidente, sobre cuánto sentía él aquel “accidente”.
    
     Mira que se habrá esforzado el Vicetodo Rubalcaba, a la vez que con muy severos gestos de contrición antibatasuna doblada le metía una vez más al infeliz PP la trola, en apretarles las tuercas a los del Constitucional, dejando por el camino las elementales normas democráticas más que prostituidas, hasta conseguir la sentencia querida por el cesante Zetapé para la legalización del entorno filoetarra. Lo que en el Estatut llevó cuatro años la maña rubalcaba ahora lo ha conseguido en cuatro horas. Cualquier parecido entre Bildu y Batasuna es pura coincidencia, le obligaron con guantanameras presiones a sentenciar al Constitucional, retorciéndole el pescuezo a la vez al sentido común, a los informes policiales y hasta a la propia función del Tribunal. Y todo para que ¡al día siguiente! salga el matarife de turno puño en alto… ¡pidiendo el voto para Bildu!  Ni en las más siniestras pesadillas ocurren barbaridades semejantes, señor Sampedro, ampárenos Vos, déle usted que puede y sabe a la maquinita de hacer panfletos.
     Reconocía el otro día en la COPE una desolada víctima del terrorismo su estupor por no comprender nada: ¿cómo puede ser –decía- que Patxi López, a quien hace poco la banda esa de Idealistas Luchadores por el Socialismo –así deberíamos llamarles siempre- habría planeado matar, muestre tanta comprensión hacia los filoetarras?  Es que esa odiosa paranoia es difícilmente desde la Razón de la gente sencilla  explicable. ¿Cree Basagoiti que por mantener al jefazo socialista en el poder a cambio de nada se librará de ser motejado como la EXTREMA DERECHA y como el traficante electoral máximo de la lucha antiterrorista?
    
     Porque, en efecto, presenta todas las trazas la infame sentencia del Constitucional –Día de la Infamia, habría que señalarla ya y para siempre así esa jornada en el calendario, y con mayor motivo si le añadimos ahora la fotito del etarra bilduino- de conformar una especie de testamento político que Zetapé quisiera dejarnos, la esencia de su leitmotiv, ese todo desatado y bien desatado en la nación discutida y discutible que es el cañamazo básico de su gobernanza, y que con sus faisanescos modos el albacea Rubalcaba le hubiera en ofrenda brindado en la despedida a cambio de una de las llaves del Poder.
     No olvidemos que sólo hace escasos días, después de cuanto ha llovido y para sorpresa y espeluzno de cualquier persona no cegada del todo a la consideración fiel de los hechos, otorgó el Presidente del Gobierno de España público espaldarazo a Txusito Eguiguren, maltratador de féminas según sentencia, legitimando de paso una vez más todos los compadreos y la benevolencia y el buen rollo que siempre el presidente de los socialistas vascos demostró hacia el mundo batasuno y etarra, un continuum de fanatismo y cobardía criminales, en el que aún se ignora que pesa más en el mismo si el uno o la otra. Y es que en realidad estaba entonces Zetapé a sí mismo reafirmándose, renovando el hondo impulso que por encima y por debajo de la peripecia ocasional le mueve, el que le lleva a hablar de los “hombres de Paz”, de la “izquierda abertzale” (mientras el PP es, claro, la extrema derecha) y a la defensa de De Juana Chaos, que es que está el pobre en el Proceso. ¿No es esto para indignarse un poco, señor Sampedro?
    
     Sí, lo estoy, qué pasa. Si fuera uno hábil y tuviera contactos, como el chavalote ese yanqui que a las tres horas de lo de Bin Laden tenía ya preparadas miles de camisetas con la imagen del fiambre terrorista, y que se ha ganado con ellas unos cuantos miles de dólares, confeccionaría uno con la foto del etarra bilduino miles de bonitas postales y las repartiría gratis et amore entre los humildes blogueros del Mundo para que se las enviáramos todos a los domicilios de los altísimos y excelentísimos magistrados del Constitucional que han autentificado, con la legalización bilduitarra, al lado de la del Estatut del Tinell, el testamento político de Zetapé: todo desatado y bien desatado. Al servicio de la Humanidad, eso sí.  
         

lunes, 9 de mayo de 2011

Obama-Zetapé-Osama... Sócrates

    
     Conócete a ti mismo, nos recomendó Sócrates, el filósofo griego, no el capitoste luso ahora intervenido por la cicuta merkeliana, esa amarga miel. Claro, antes de ordenar a la basca a lo loco indignarse, como en el imperativo panfletucho de Hessel y Sampedro se nos exige, aconseja la prudencia elemental la básica indagación sobre la propia esencia. ¿Sobre qué peana levantar la Indignación? Esa sincera y pública autointerrogación, que dejara las cosas muy claras en el momento mismo de arribar al Poder, fue realizada por nuestro impar Presidente, sin el que, de verdad,  no sé que va a ser de nosotros, los blogueros fachas, I mean. Y en tres tajantes asertos como tres inapelables sentencias  cifró entonces Zetapé el meollo último de su cogollo: “El Poder no me va a cambiar”. “No os voy a fallar”. “Soy rojo”.  Es decir, estoy al servicio de la Humanidad. Bravo. La Tierra, el Viento, los Ricos Botines  y los pobres, ya sabemos.
     Arribó luego Obama al Poder Sumo y dijo… yes, we can. ¿O acaso dijo, yes we Kant, y con Kant su célebre imperativo categórico para conducirse en el vasto territorio moral que ante él se presentaba? ¿Can o Kant? Camps, que le diría Rajoy a su amiguita rubia del Sálvame. Los apologetas de Zetapé mucho se esforzaron aquí en trazar las estrechas similitudes que al parecer adornaban sendas biografías de los dos ilustres hombres. Vidas tan paralelas que, en inaudita estampa, a ambos más tarde veríase rezar juntos y fervorosos el Deuteronomio en un sarao de la extrema derecha yanqui. Vino luego la foto de familia, aquel gótico posado, mejor no comentar. En fin, con ambos dos a los mandos de la nave global del Planeta Tierra no faltaron pajinianos augures, ministros hoy, que entrevieron hasta planetarios prodigios. La liquidación de Bin Laden, con aplauso zetapeico incluido, el último.
    
     No es sólo que Zetapé, sin que nadie se lo pidiera, alardeara de “rojo”. Le dio sin parar cuerda al carrete de la memoria histórica. Pactó con los independentistas esquérricos. Publicitó a los hampones de la que él llamaba la “izquierda abertzale”. Promovió el famoso homenaje paragubernamental a Carrillo. Item más: en la famosa entrevista en EL PAIS con Millás –planetario escritor rojo también donde los haya, que se embauló los cien kilos del Premio Planeta… para luego llamar a la lucha armada contra el Capital, que es que hay que indignarse y hasta tocarse los gabilondos hasta el fondo- quedó para la posteridad impreso este muy socrático diálogo:
     -hablando de su hermano, con el que repartía propaganda, creo que tanto él como su padre estaban más a la izquierda que usted.
     -mi hermano era del PC, y muy activo, y mi padre había colaborado con el PC en la clandestinidad.
     Vamos, que, casi hasta sin quererlo había mamado en casa Zetapé, y desde los referentes humanos para él más próximos y fundamentales, los muy pragmáticos ideales comunistas al servicio de la Humanidad.
      
      En 2010 con las cuentas públicas en bancarrota –por la culpa de Aznar, of course- hubo Zetapé de probar antes que el luso Sócrates la dichosa cicuta merkeliana, a la que telefónicamente añadiría también Obama su exigente dosis: congelación de las pensiones, endurecimiento de sus requisitos, rebaja de los sueldos, parados por millones bajo su mandato. Según confesó después, tal era su aflicción, pasaba entonces las noches en blanco. Intentó continuar,  que fuera todo al servicio de la Humanidad, pero los jefazos federales del Partido, que olían su cadáver, no se lo permitieron.
     Incluso ahora, en el tiempo de la basura zetapeica, a cuenta de la liquidación de Bin Laden, no ha perdido Zetapé la ocasión de reforzar su simbólica identificación con Mr Obama. Viéndoles justificar esa liquidación –antes vino, a lo Reagan, la de un hijo de Gadaffi- le recordaban a uno a un par de bailarines de claqué –mucho más suelto uno que otro, la verdad-, aquellos Sammy Davis jr y Dean Martin de hace mil años resbalando sobre las tablas de su propio desquicie. Veamos: puso Bush el pasquín de wanted al más criminal terrorista de la Historia, que no otro era Laden. Y añadió con tétrico gusto tejano: vivo o muerto. Cuando le tuvo Obama al fin en la mirilla –antes Felipe González le daba vueltas aquí a lo que debería o no haber hecho él con los jefes etarras cuando a tiro los tuvo- decidió: muerto.
     Es curioso, porque al acceder Obama al Poder el inagotable repertorio de la propaganda progre susurraba por las esquinas que muy pronto los Eternos Amos del Sistema iban a ordenar el asesinato de Obama. (Un día me llegó mi hijo todo cariacontecido y pesaroso del Instituto, “papá, papá,… es que me han dicho en el patio… que a Obama le van a matar). Dios y la lucha de clases no lo quieran, por supuesto. Lo que si es irrefutable de momento es que en su día estuvieron en un tris de matar a Reagan, a Juan Pablo II, a la Thatcher… a Aznar, aunque  como tantas veces, en nada mengüe esa verdad la perenne huella de la machacona propaganda progre sobre las conciencias.
     Y para más inri se dejó fotografiar Obama en grupo –como un tramposo repartiendo, él un poco al margen, entre todos el Pecado; ah, ese delicado gesto de horror, la mano en la boca de Hillary Clinton, esa femenina sensibilidad- siguiendo desde el Despacho Oval la acción, la misma que luego ordenó ocultar él al mundo entero. “Se ha hecho justicia”, sentenció además Obama así la Operación Jerónimo, con resonancias del Far West. Pero es que también ordenó Obama… ¡lanzar el cadáver de Bin Laden al mar!… ¡lo mismo que hacían los siniestros militares argentinos en sus vuelos de la muerte! Mamma mía, si tal llega a hacer Bush, la que arman los Cejateros del mundo.
    
     Bueno, pues aquí, su rendido admirador Zetapé, el adalid de la Alianza de las Civilizaciones y de la más escrupulosa “legalidad internacional”, esa conciencia malherida ante las semillas de la violencia en el mundo, el mismo que sostiene que hasta los niños chinos dicen paz en español, tuvo arrestos para espetarle en el Parlamento a Llamazares, repito, a Llamazares, el emblema de los comunistas españoles, que el de Bin Laden “es un destino buscado por él mismo”, que él se lo buscó, vamos, que sonaba en sus labios a la inadmisible chulería del acusica de la clase que se esconde tras el más fuerte mientras, nunca mejor dicho, da lanzadas a moro muerto.
     Y es que mucho parecía dolerle a Llamazares la muerte de Bin Laden, pues por mucho que el comunismo considere la religión como el opio del pueblo, -y resulta el fundamentalismo islámico crudísimo veneno mortal-  mucho más opiáceo les resulta siempre el Capitalismo y los EEUU, y el explotar a la vez cuanta causa anti-occidental pulule por el mundo pro domo sua. También que, en increíble carambola,  el FBI obamita había por error en su momento en sus carteles identificado a Bin Laden bajo el rostro del ínclito Llamazares (¡), por lo que acaso sintiera éste en el propio cuerpo a la misma vez que Mr Bin los disparos que a miles de kilómetros acababan con la perra vida del terrorista. Debió quizás reconvenirle al Presidente en que, como se entere el nuevo Obama de que Zetapé en día no tan lejano no se levantó ante la bandera norteamericana, un muy negro futuro en León puede de parte de su endiosado Obama esperarle.
      Así es que al fin, a la vista del claqué zetapeico, no pudo Llamazares –acaso también hablaban entonces a su través los ecos activos y clandestinos de las voces familiares- sino concluir apesadumbradísimo y del todo derrotado el hombre: “Señor Presidente… no le reconozco”. Y de esta forma el imperativo socrático, y los inciertos flujos de la identidad voluble y móbile, y en política ya ni te cuento, sobrevolaron la siestorra de sus augustas señorías. 
    
         

martes, 3 de mayo de 2011

Bin Laden, el que avisa es Richard Ford

    
     La realidad imita al Arte. Oscar Wilde vive. A Bin Laden le “mueren”. Obama,  Nobel de la Paz, el hombre que alumbraba una Nueva Era, alardea de haber ordenado la liquidación del Superterrorista. ¿Qué dirá de ese renglón torcido la sacrosanta legalidad internacional? Según la versión del gobierno norteamericano, en el crítico momento del asalto, Bin Laden, ese hombre, utilizó a una de sus esposas como escudo humano ante el tiroteo. Si así fue, estuvo en ese momento Bin Laden a la altura de la leyenda que le adorna: la de ser un malvadísimo de cómic, retorcido y abyecto como sólo éstos lo pueden ser, pues efectivamente, se desenvuelven en los cómics cuando los negocios se les complican los malos malísimos con tan aterradora maldad.
   
     No hace tanto (24-2-11, Rimas y Leyendas del 23-F) nos hacíamos eco aquí de un antiguo relato de Richard Ford en el que, ante una situación parecida, un hombre, de forma instintiva, utiliza de idéntica manera a su esposa para defenderse de un desequilibrado armado que siembra el pánico en un centro comercial. Aquella mujer deduce del incidente con suma tristeza, cuando esa misma noche regresan en el coche a casa, lo poco que realmente la ama su marido. No  hubiera en otro caso antepuesto su cuerpo para intentar así salvarse él. La súbita reacción deja también sin palabras al propio hombre, no menos apenado, que no se explica nada, como abrumado por la verdad que parecen descubrir los tercos hechos. El incidente, que dura escasos segundos y que se salda sin un sólo rasguño físico, es capaz de destrozar un matrimonio que instantes antes parecía tan sólido y firme como todos, como todos los que funcionan, quiero decir.
    
     ¿Revelaba esa reacción meramente instintiva una verdad oculta acerca del carácter esencial de ese hombre, del fondo genuino de sus sentimientos hacia su mujer? ¿Cuándo somos más nosotros mismos, más auténticos y verdaderos, durante las situaciones límite, en las que desaparecen las convenciones y las máscaras y el teatrillo de lo social, sí, pero también en las que a menudo reaccionamos gobernados por los automatismos y por las pulsiones primarias que zarandean nuestra psique, o en el día a día, es decir, durante el destilado racional que es la normalidad de la vida cotidiana que con nuestras elecciones conscientes nos hemos construido? ¿Puede disculparse o entenderse una reacción como la que ese hombre, llevado también por el pánico, tuvo? ¿Esa acción invalidaba de pleno todo el anterior pasado compartido? ¿Es la misma reparable?
    
     Ni Bin Laden ni su malhadada esposa -una de las cuatro que tenía, creo, la que en ese momento el Destino y la orden de Obama pusieron allí-  podrán ya plantearse estas interrogantes. Por las trazas que le conocíamos, la verdad, no parece tampoco que a Mr Bin en grande medida le preocuparan. Puede que ande ya él morando su Edén particular, revolcándose de lo lindo con la cohorte de bellísimas huríes, chapoteando con ellas en los caudalosos ríos de miel que tanto les prometía él a todos los fanáticos a los que enviaba a inmolarse. Bueno, Richard Ford, avant la lettre, un poco le retrató.
     Y su recuerdo me sirve a mi vez, caro lector mío, para anunciarte ahora que mañana –o pasado, a todo lo más, que no sé si reuniré hoy decisión suficiente para transcribir lo que te he de contar- pondré un texto aquí que ha de llevarme en volandas, ya sí que sí, al Olimpo de la Fama Editorial y al Millón de los Seguidores que persigo: ¿acaso no abundan también en él, y bien copiosas,  situaciones límite, huríes, mieles, ásperas cosas del día, instintos atados y por desatar, oscuros incidentes, en fin, el galope encabritado de la vida misma? Pues eso, que see you tomorrow. No te digo ná.