Como en el tardofranquismo de Marisol, Zampo y yo, las Niñas prodigio florecen sin cesar. Veamos: teníamos a la Niña de Rajoy, importada a su vez de los discursos de la célebre Niña de Obama, quien tenía en realidad niñas dos; vino luego la Niña Chacón, que a sí misma en política sociedad se presentó como la Niña de Felipe, que a su vez declaróle su amor… aunque más amor político prestara a Rubalcaba, de cuya prodigiosa Niña de la Noche de Autos quedé yo prendado (mío post del 6-2-12); en verdad podría considerarse a Chacón más como la Niña de Zapatero, a cuyos pechos dio ella el estirón, por más que fuere éste en realidad padre de dos inolvidables Niñas.
Éramos pocos y tórnose De la Vega también en flamante Niña de los Peines quirúrgicos. No sé si la próxima en ese infantil reverdecer no habrá de ser la Niña de Guindos, tan dada ella a las bárbaras metamorfosis.
Éramos pocos y tórnose De la Vega también en flamante Niña de los Peines quirúrgicos. No sé si la próxima en ese infantil reverdecer no habrá de ser la Niña de Guindos, tan dada ella a las bárbaras metamorfosis.
En este camarote de los hermanos Marx de las Niñas prodigiosas una nueva nos pide pista: la Niña de Garzón ahora. De ellas será, desde luego, el reino de los cielos; de ellas es ya mismo el reino de estos hielos. Qué floración de púberes canéforas, que le leí una vez yo a Umbral.
Y nada, que a cuenta de la inhabilitación por UNANIMIDAD de su padre como juez, la Niña de Garzón ha escrito una muy estupenda carta. Son, por supuesto, de aplaudir, en estos tiempos revueltos, tanto ese depurado amor filial como la propia práctica de la venerable costumbre de la misiva, que no ha de ser todo tweet va y tweet viene en esta era estreñida del hola y adiós.
Mejor mañana, que no quiero ya castigar más por hoy tu paciencia, lector mío, pasaremos revista a Carta tan impresionante. Brindo yo por contar mañana con tu compañía, aquí.




