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jueves, 11 de mayo de 2017

¿Bogart en Casablanca? ¡Pérez-Reverte en Casa Lucio! Pasen y lean

    



   Es el puro Amo. Cómo maneja el académico Pérez Reverte la barca hedionda de las redes, que a su verita las lleva, ay. Tiene novela en candelabro. Y la Feria del Libro ahí, a la vuelta de la esquina. Ergo, en medio de la regresión cultural presente, hay que remover el zurullo, eso es. Sabe de sobra que conviene ahora, y de tanto en tanto, hacerse un rato el homo gañanis, que eso reporta hoy seguidores, compradores, mantenimiento del caché.
     A tal fin se marca un testiculero artículo de los suyos en el XLSemanal (7-5-2017) “Cristina Hendricks y nosotros”, con buscados vulgarismos de machote para epatar un poco al personal. Que estaba él con los colegas en Casa Lucio, dándole a las cocochas y a los solomillos, cuando se les aparece la tal Hendricks. En fino pintor, con brocha gorda al punto la retrata: “pelirroja de tetas grandes”. Se autohomenajea ya mismo el trazo, “reconozcan que la definición es breve y eficaz a tope”.  Iníciase allí el bramido de la cofradía de los sietemachos. Que si el marido de la tal “no tiene ni media ostia”. Que si “esa gringa no puede escaparse viva”, tócala otra vez, Art,  que si decide él que será Jabois, “el guapo, el cachas… nuestro semental de concurso”, quien ha de entrarla… y pedirle foto. Que ella pasa del semental, elemental. Que “el marido no tiene media hostia… menudo gilipollas… deberíamos romperle el morro… en Sinaloa le daríamos plomo”. La naranja del Reverte mecánico, eso parece, el cártel de don Arturo y sus cuates, pero qué memeces.

   ¿Y at the end? Jabois, “que se deprime un huevo”, y, of course,  “las ganas que le tenemos” al legítimo. ¿Y? Nada, que “con las orejas gachas… nos alejamos en la noche”. Voilá, expirada, la cena de los machotes. ¿Bogart en “Casablanca”? Quiá: Pérez Reverte en Casa Lucio. Vale, tío, o sea, pero qué articulazo, pero qué relatazo.  Voy a que me firme pero ya su último libro. El puro Amo.  

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domingo, 9 de agosto de 2015

Romance de Pérez Reverte y Olvido Hormigos en Olite (poessía 91)





Vacilaba el Escritor
a través del internete
por ponerla en un brete
a la del Dedo Turbador.

El Corte unió sus obras
empalmadas en mostrador
que si arriba que si abajo
quiso subirle la color.

Mas la ardiente estarlette
que en Deseo sabe latín
para sus adentros rióse
va a flipar el malandrín.

En almenas de Olite
le citó un día a solas
sobre aquel gran castillo
aclararían sus trolas.

Y es que Olite es imán
disparador de la pasión
aquel cielo su hermosura
incita a dos a fusión.

Hormigos púsose bella
verla Reverte… y tembló
De toda su estratagema
el Escritor se olvidó.

Para sumar más turbación
“andaba loca por verte
Arturo Pérez Reverte”
eso mismo le susurró.

Al oír su nombre en labios
de rubia tan voluptuosa
notóse el buen Alatriste
creciente la sinuosa.

Le encimó allí Hormigos
acaricióle el pelo
le desnudó de las gafas
levantóle siete velos.

Con susurros y gemidos
le puso cara a Toledo…
Cuando respiró Reverte
¡adentro sintió su Dedo!

Allí le ensartó la rubia
en el Castillo de Olite
en aquella preciosidad
halló Olvido desquite.

Mas al verle atribulado
tan vulnerable el escritor
Vista de cerca tan pura
en ternuras ella un primor…

¡Aquellos dos corazones
contagiáronse de Amor!
Pronto celebrarán boda
en el Corte Inglés Ressort
la afamada estarlette
y el espadachín autor,
que espero que conviden
a este torpe trovador.



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jueves, 6 de agosto de 2015

Olvido Hormigos, que se codea con Pérez Reverte

    


   Y con editorial de multinacional postín, oiga. La ex –concejal del Progreso yebení –y quién se acuerda de ello ya, si la condición de la vida postmoderna sobre todo en el olvido consiste-, nominada Celebridad por los dedos de un adúltero video escabroso -dedos que aprovechó ella para sentar plaza y hacer pasta en las Telebasuras de muy progresistas televisiones- de su lomo ha escrito –o le han escrito, tanto monta que remonta tanto-, tras la estela del porno light del tal Grey, un tomo de más que calculado título, El abrazo infiel.
      Si ya la Princesa del Pueblo, entre delirantes colas de admiradores pero que locos por hacerse con su libro, pegó el pelotazo con el suyo, por qué no intentarlo con la Concejala del Pueblo, habrán cavilado los cerebros de la editorial. Pasa luego lo que pasa en el Reinado de la Mugre, que todo se mezcla con todo en sus mejores escaparates, en totum revolutum, y que acaban por contaminar los pest-sellers a los best-sellers. Así en el Corte Inglés, qué corte, qué ingles, Olvido Hormigos y Pérez Reverte, Pérez Reverte y Olvidos Hormigos, juntitos en sus alacenas, como los Reyes librescos de muy principales Cortes.
      Claro, el gran escritor, con un algo de enfant terrible sobrevenido, que sabe que mantenerse en el candelabro exige hoy de vez en cuando liarla con algún chafarrinón en las redes, le olfateó la ocasión y los bajos a la Hormigos:
   -El corte Inglés me ha puesto al lado a Olvido Hormigos. Les agradeceré que no me la pongan encima.
     Era, creo, más que una queja (con que el Escritor hubiera llamado a su Editorial, o con que hubiera escrito en serio uno de sus sensacionales artículos, habría quedado resuelto el asunto) un guiño cómplice a la ex –concejala, una broma, un tácito “esto, bien llevado, rubia, nos puede beneficiar a los dos, dame carrete, anda, maja”.
   Claro, que llore del estado presente de las cosas editoriales un autor a quien ni en su casa, por falta de oportunidades, conocen, –menda, para qué más lejos ir- tendría un pase; que vía Twitter lo haga Pérez Reverte, en fin, suena más a pulla de postureo, a querer okupar él todos los planos de la discusión, también el de víctima, a coña marinera, ya digo, que a otra cosa. Miles de retuits de inmediato extendieron el touché de Pérez Reverte. Sólo que, ay,  la concejala del Pueblo no pilló la pobre el guiño de Alatriste y le retrucó descompuesta y exabrupta: “Hasta las mismas narices de la gente que se cree mejor que los demás” “Buenas noches y a los que les joda que se aguanten”.
     Y para cuando dos días después la Rubia del Dedo Turbador, acaso asesorada por alguien, entendió el juego y tuiteó “También es verdad que me lo podría haber tomado con humor y haber pensado en @perezreverte encima de mí para una próxima novela”, como diría Sabina, era ya demasiado tarde Princesa, y andaba ya Alatriste en otros lances, en otros ámbitos. A buenas horas, Dedos Verdes, que verdes las han segao, acaso se dijera el escritor espadachín. Muchas ventas, le deseamos nosotros a Olvido, muchos dedos.




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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Bibiana Aido, la Reina del Sur




      
     Le debe Pérez Reverte, el Galdós de nuestros días, una novela de las suyas a Bibiana Aído. Sí, porque lo de Bibiana, su fulgurante ascenso, el misterio que envuelve su súbita y tiernísima escalada al estrellato del Poder, la yerma simpleza de su desenvolverse en el mismo, el chafarrinón de sus ocurrencias ministeriales, el enigma de su posterior “recolocación” en un muy señero puesto de Naciones Unidas -recompensa esta “comprada” con suculentas donaciones gubernamentales previas-, en suma, todo lo que en ella reluce  como clamorosa negación de la meritocracia constituye sin duda todo un Episodio Nacional en sí mismo, un hermético arcano además que convendría, para la paz anímica de España, que alguien con dotes narrativas fuera capaz de desentrañar.
     Y si intrigante y temeraria resulta la peripecia vital de Teresa Mendoza, la heroína que con singular destreza pinta y cuenta Pérez Reverte en su novela, no menos cautivadora, a poco que se indague en ella, habrá de ser la de Bibiana Aído, con la ventaja que proporciona a efectos de la emoción lectora, quiérase o no,  el ser esta una heroína de carne y hueso, de todos nosotros bien conocida, aspirándose todavía por aquí la fragancia única de la flor de su secreto, ese puño cerrado en alto que lo guardara en los tórridos veranos de Rodiezmo.     
     A falta de dotes narrativas, contentémonos con señalar los bastos trazos  de la parábola bibiana: hija del alcalde de Alcalá de los Gazules (Cádiz), licenciada en Dirección de Empresas, tres meses en Unicaja, diez meses en Iturri S.A., tres meses en Caja San Fernando, nueve meses en el Observatorio de Emprendedores de la Universidad de Cádiz, delegada de Cultura de la Junta en Cádiz, dieciocho meses como Directora de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Y stop aquí, que necesariamente debió ser aquí donde se le contagiaran a Bibiana el embrujo y el “ángel”, el arte necesario -por más que sea el mismo todo un secreto inédito al gran público- para catapultarse hasta lo más alto del firmamento del Poder.
     El 12 de abril de 2008 fue nombrada Ministra de Igualdad por el Presidente Zapatero, que hablaba en la intimidad entonces de andar buscando ministras con glamour. Algún talento, difícil de explicar a simple vista aunque enormemente valioso, atisbaría en ella el Presidente desde luego,  que decidió meteóricamente propulsarla al Consejo de Ministros, sin mayores títulos habilitantes para ello, en menosprecio de otras mujeres con más trabajadas trayectorias, es decir, en caprichosa desigualdad, fruto del discrecional poder del Presidente a ese efecto.
     Convirtió así Zapatero a Bibiana en detentadora de una histórica plusmarca: la de ser la ministra más joven, a sus 31 abriles, de la y de los ministros que se tenga memoria en los Anales del Poder en los tres mil años de existencia de España. Estuvo su desempeño marcado por una mezcla de radicalismo ideológico y de “ostentóreas” sandeces en la que mucho brillaron joyas suyas como miembras-niñas que quieren ponerse tetas-fetos no humanos-teléfonos para maltratadores, entre otras insignes aportaciones bibianas.
       Que con todo el raudal de sus deméritos a cuestas, se empeñara personalmente el Presidente en encontrarle a Bibiana –se registraron donaciones gubernamentales por valor de 100 millones de euros allí destinadas- un privilegiado cargo como asesora especial de Bachelet, Directora ejecutiva de ONU Mujeres, acrecienta hasta el cenit el misterio    que tras sí esconde Aído, la rara esencia de ese Bibiana´s secret, la envergadura de su interrogante, sólo al alcance, ya digo, de un narrador de raza, lector, ay, que no es el muá.   
      
    
       

viernes, 29 de octubre de 2010

Ken Follet, Pérez-Reverte, yo mismo


     
     Sabemos que Ken Follet, con lo vivo que es y con lo bien que se le ve de color y tal al señor, tiene ya estatua en Vitoria. Cualquier día de éstos habrá que levantar otra, tan alta como la de Ken, a Arturo Pérez-Reverte. Que pongan una enfrente de la otra, como las de las Torres Kío. Los dos colosos frente a frente (el de Rodas y el de Halicarnaso, pongamos por caso). Vende, como aquel, libros a patadas. Se hacen inmediatas películas de sus obras. Es un tío de éxito y es un nombrado académico a la vez. Desaparecidos Cela y Umbral (con el que Arturo, acaso cuña de la misma madera, se las tuvo tiesas), como la Naturaleza tiene horror al vacío, estaba disponible el carpetovetónico escaño.
    
     A raíz de las furtivas lágrimas moratinas, que con tanta finura glosé aquí yo (si no me lo digo yo mismo, lector mío, quién, dime, habría de alabármelo, si mis pobres abuelas yacen  años ha bajo tierra), el triunfante escritor  háse visto obligado a propinar algunas coces a moro muerto, a moratinos políticamente yerto, cabría mejor decir. Escuchemos, como decían hace mil años en el Un, dos, tres, la voz del Superescritor: “Moratinos es un perfecto mierda… a la política se va llorado de casa… Ni para irse tuvo huevos”. Y el estruendoso colofón, lo mejor: “Si lo sé, lo insulto antes”.
    
     Veamos: mierda, huevos, insulto. ¿Y qué motivos moverían a escritor tan exitoso a pronunciarse sobre un ministro de Exteriores en términos tan escatológicos, tan de tasca morroska? Suena el evento a ajuste de cuentas entre macarras, a puntillero rastrero con el toro en las últimas, más bien, quizás por causa de alguna representación exterior que al prolífico Reverte no alcanzó, mientras que a otros escribanos, más en la cuerda ideológica moratina, tan vituperable por cierto, llenó los bolsillos. Puede tener sus razones, Reverte, pero no las ha explicado. Lo que es difícil perdonarle a un escritor que se quiere serio es esa apelación, tan burda, a los más bajos instintos del público. Qué exiemplo tan romo.
    
     Dirá Reverte que si Quevedo, que si Torres Villarroel, que si la picaresca, que si la tradición del insulto en la literatura hispana. No. Si le hubiera puesto ingenio a la cosa, si hubiera elaborado algo perspicaz contra Moratinos, lo sabes lector mío, con gusto se lo hubiera yo celebrado. Esas apelaciones testicularias son bochornosas en persona tan leída. Pareciera que el éxito mismo le hubiera trastocado un poco el seso, e igual que algunos zumbados se creen Napoleón, acaso Reverte se cree D´Artagnan, sólo que en bruto. Y sin embargo, signo de los tiempos de la Mugre, observa, lector mío, los efectos de la sal gorda revertiana: subidón de popularidad en las redes sociales, dos mil seguidores nuevos en 24 horas, para un total de 38000 seguidores en el twitter, el escritor español más seguido ya en el internete.
    
     Cómo evitar entonces, aunque sólo sea en esta covacha que apenas cuatro gatos conocen, -y a los cuatro, uno a uno les amo, les amo-, que por lúgubre que sea esta zahúrda no impide que mida yo en ella mi resentimiento con el mundo entero, cómo evitar, digo, el  derramar otras furtivas lágrimas moratinas por uno mismo, las naturales que brotan al comparar los treinta y ocho mil de Reverte con los treinta y uno míos, los todos sus libros publicados y  los todos míos rechazados, que a lo mejor es que son ellos muy pésimos, que a lo peor es que no tienen padrino,  y sobre todo, el comprobar lo al alza que cotizan hoy las coces y todo lo que aplasta y conspira contra la sensibilidad y la delicadeza, que son, por si no había quedado claro en todavía, las únicas armas que al penoso pavo irreal que yo soy hoy le adornan.
    
     Decía Larra que escribir en España es llorar. Pérez-Reverte, que busca estatua, no llora. Ken Follet tampoco. ¿Y entonces, don Mariano José, escribir en el internete… qué cosa es lo que eso será? No, no me deje la pistola, en todavía.