La Batalla lo llaman. Ya es revelador el lenguaje, como siempre. Acerca de la competitividad, una pregunta: siendo por lo común esas producciones tan refractarias a la ley de la oferta y la demanda, a la “egoísta e inhumana lógica de la competencia capitalista” –que acostumbran a decir sus creadores- , ASOMBRA precisamente la proliferación de implacables CONCURSOS Y PREMIOS entre ellas, que acarrean sobre todo el Cielo Millonario para unos y el Infierno del chasco carrasco para los más. ¿Han de competir las obras de la cultura, de muy distintos géneros además, entre sí? (Algo así dijo también –uno, en su nada, lo tiene escrito hace años ya- esta glamourosa noche una de las premiadas… Pero entonces, ¿qué hacía allí, encantada tras la estatuilla y el relampagueo de flashes sobre ella?) ¿No deberían en todo caso los productos culturales, más que competir, mutuamente reconocerse y reflexionarse en una ceremonia mucho más sencilla: ah, tú has hecho esto, pues yo hice esto, quise reflejar y recrear... choca, colega, pues nada, que sigamos creando y tal pascual?


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