Arrancaba el programa con una entrevista antigua a Zapatero, que hablaba de su hija mayor, tan lista ella ya a los diez: “me dice... entonces, papá, los de izquierdas somos los que nos preocupamos por los demás, mientras que los de derechas son los que sólo se preocupan de sí mismos, ¿no?... Así es, hija, así es, le dije”. Ahí, en esa sencillísima ecuación demagógica, millones de veces repetida en su simplona y facilona autoguisada superioridad moral, por lo mismo tan difícil de discutir, se cifra la ascendencia hegemónica de la izquierda en las conciencias y en la inconsciencias colectivas. Tal es la fuerza bárbara de ese elemental talismán, de esa Joyita, que casi del todo borra y hace olvidar los formidables escándalos de latrocinio, injusticia y desigualdad que, en los actos concretos de la realidad, tantísimas personas de izquierdas –iguales en esto a los de “derechas”, pues la adscripción a unos principios de ninguna manera extiende una bula sobre esa persona, cuya bondad o maldad se deducirá de la compleja suma de sus actos reales- perpetran. Muchas veces la propagación de ese mantra justamente es lo que permite el perfecto encubrimiento del medro personal de esos líderes. Añádase a la ecuación que, por fuerza, en toda sociedad son más los que menos tienen, y que las gentes de izquierdas entre sí suelen ayudarse, y los del mundillo liberal-conservador apenas, y se tendrá la explicación… SIGUE en pg 14 del mío libro “POR QUÉ LA IZQUIERDA JUEGA CON VENTAJA EN LAS ELECCIONES”, ¿TE INTERESA? (que algo de las Meninas averiadas, de las Virtudes sin gracia, palpita en esa imagen, no sé).


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