No, no son las victorias ni los éxitos, su número y palmarés, siendo
cuantiosos y principales los que Alberto
Contador reúne, los que nos descubren al genuino Campeón. No importa tanto
el ganar-y-ganar-y-volver-a-ganar-y-ganar-y-volver-a-ganar, cuanto el ser
valiente para dar la batalla siempre, el atesorar y desplegar sin cálculo
egoísta esa bravura, ese coraje, esa voluntad, épicas por descomunales, entre
montañas ciclópeas y en proeza desenvueltas, a cielo azul y a tumba abierta
sobre la bicicleta descubiertas. Sin necesidad alguna, pues ya todo lo tenía
ganado, en el más dorado culmen para su carrera que pudiera imaginarse, ha brindado Alberto Contador en su postrera Vuelta a España una gesta inolvidable,
con arrojo, combatividad y genio a raudales y titánicos compuesta. Como nos
gusta a los escritores –incluso a los sin Nombre- decir, ha escrito Contador una página gloriosa y ejemplar para la Historia
del deporte español y mundial. Quizás por eso, día tras día, aficionados
humildes, al borde de las carreteras que él a golpe de pedal sobrevolaba, en
menestrales pancartas por ellos mismos hechas, por eso mismo más valiosas, sin
duda nacidas del corazón, con emoción daban las GRACIAS por TANTO que a su vez les/nos había él dado, a este
verdadero CAMPEÓN, ALBERTO CONTADOR.
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domingo, 10 de septiembre de 2017
Loor a Contador
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martes, 29 de noviembre de 2011
Míos haikus en honor de Alberto Contador
Oro en párpados
Onda roja de tus labios
Sol de noviembre.
As en la cima
Pionero en tu alma
Miel con el viento.
Ave que rueda
Rossa peonza del pavés
Soplas mi maglia.
Alto el podium
Bajen las misses rubias
Llega mi niña.
Roma de fondo
Bendición de tus ojos
Luz eterna mía.
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lunes, 28 de noviembre de 2011
Alberto Contador, un gesto revolucionario
Sí, porque a despecho de una sociedad supuestamente en costumbres avanzadísima y de una postmodernidad tan líquida que todo lo sustancial lo diluye en el fangoso chapoteo de la telebasura -menos el escrupuloso pastizal que a brazo partido se pelea en las separaciones-, en asuntos de Amor diríamos que retrocedemos hacia una sociedad estamental. Todo ahora, lógica secuela de una legislación en apariencia protectora, es recelo, cálculo de haberes y deberes, suspicacia y celo extremo del vil metal. ¿Qué se hizo de aquel romántico sentimiento por el que un rico yogurín perdía la cabeza por una sirvienta, y a ella, contra todo, ligaba su vida, o por el que una chica de la alta sociedad se fugaba, jugándose en el envite el más dorado destino, con el trompetista pelagatos que se le cruzó en un antro?
Cada oveja con su pareja ahora, vamos, cada cual con el de su rango. Se piensa así, se entiende así, se comprende así que a un galáctico corresponde por propio derecho… una galáctica. Cuántos chicos normales, con un don especial que les catapulta al estrellato y a los estratosféricos ingresos, abandonan a su novia de siempre, por creerse con pleno derecho ya, en su nuevo status, a lucir a su lado a una de esas aparatosas top-model, a juego con la mansión y el cochazo que ahora gastan. Igual ocurre con las chicas “famosas” de la noche a la mañana, dónde van a ir ahora, en su nueva y glamourosa existencia, con el modesto chaval de barrio que antes tanto llenaba sus ilusiones. No me pegas ya, lo siento. El sentimiento más elevado y noble es entonces sólo un lastre que debe diluirse por el desaguadero de las apariencias.
Hace unos meses el internacional futbolero Piqué dejó a su novia –que la pobre había escrito un libro sólo unos meses antes en el que el defensa había estampado pública y escrita huella del hondísimo, y diríase que indestructible, Amor que a ella le ligaba- por mor de la galáctica Shakira y el waka-waka de sus caderas. ¿Qué harías tú?, te regurgita a la cara el populacho, envidiando y participando a la vez la plebe de esta nueva religión de los brillantosos escaparates, si censuras tú la desaparición de lo de Platón y lo de los trovadores perdidos en limpios amores.
Por eso, cuando con tres Tour de Francia y muchos títulos más en la saca, más el multimillonario contrato que los mismos acarrean, el propio de lo que viene a ser un Amo del Universo en esta universal hoguera de las vanidades, que Alberto Contador haya decidido unir su vida a la de su novia de siempre, que se llama Macarena –que tiene ella un novio que se llama Contador-, que es una chica normal, normal para todos menos para él, claro, tras más de diez años de relación en los que siempre estuvieron unidos, que hayan celebrado sus esponsales en la iglesia de su Pinto natal, con medio pueblo acompañándoles a la salida, que van, del todo enamorados, camino de Roma (amor al revés, ya sabes) en luna de miel, es de esas cosas, los vestigios de un mundo que ante nuestros ojos se deshace- que a esta nada interblogera le llenan de un raro júbilo, el mismo que le lleva a brindar en mi covacha por ellos, y a desearles a ambos, Alberto y Macarena, Macarena y Alberto, la más completa y eterna felicidad.
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miércoles, 15 de diciembre de 2010
Marta Domínguez y su Cervantes (ahora sí)
Ayer tarde le dábamos mi hijo y yo un repasito a la poesía de los juglares medievales, la misma sobre la que hoy debía él examinarse en su cuarto curso de…eso, de la ESO. Reparé en un verso que en el texto como ilustración venía y mucho llamé la atención de mi hijo por que él reparara en la extraordinaria belleza del mismo:
“Me duele el frío que se os clava, hechicera”.
Se me puso -y perdónenme si entre mis millones de seguidores alguien se siente ahora concernido, que no hay en mí afán de burla sino de penoso notario- hasta el habla como tomado de argentina caricatura sólo por el puro estremecimiento: ¿Tú viste, nene, pero viste qué lindo, pero andá, repítelo vos, repítetelo muy dentro de la chola por tres veces, y es hermoso el verso, ¿no es cierto? Ocurrió que mi hijo tenía mucho temario pendiente por estudiar –para variar- como para detenerse en los delirios climatéricos del quilombo de su padre. Así es que con los hombros y con un bufido al alimón díjome él algo parecido a “pero,viejo, sos un boludo pelotudo del carajo, dejáme ya en paz”, o traducido al español macárrónico que mi joven prenda gasta, algo como “me estás rayando que te pasas, tío, o sea, ábrete de aquí pero ya mismo”.
Así es que siguió él a lo suyo y quedéme yo con ese “me duele el frío que se os clava, hechicera”, que parecía habérsele clavado al muá como una estaca en el corazón draculesco. Pensé: dolor, frío, invierno, clavar, hechicera. Claro: Marta Domínguez, el oro de su sonrisa franca ahora mismo mellado, arrastrado por embarrados páramos de muy angustiosas hondonadas, su diadema furcia en vez de fucsia en la galopada hechicera de la final recta, como si de golpe hubiéramos descubierto que fuera el raudal de su rubia alegría también de bote, es decir, de pega, y no natural. Cuánto deseé entonces que resultaran a la postre infundadas las torvas acusaciones policiales, y que saliera de su cenagoso embarazo de verdad radiante una niña del todo rubia e inocente como una simple barra de pan nueva.
Y luego, pasado el efluvio delicuescente, que parecía yo un Presidente/poetastro en horas bajas, me ganó de nuevo el pobre sarcasmo que a veces también me distingue: esperemos que al menos no comparezca Marta Domínguez en La Noria, como en su día hizo Contador para contarnos la fantástica historia de Un solomillo en mal estado. Casi con eso uno se conforma. Y también con que alguno de los muy renombrados periodistas, en vez de montar numeritos circenses, reclame, en nombre de la opinión pública y del derecho a la información, el definitivo esclarecimiento de los hechos, la ruptura de la mafiosa ley del silencio y la puesta en escena de una serena reflexión sobre el alcance y la naturaleza del doping en el espectacular deporte moderno.
¿Es preciso recordar que el affaire Contador era hace más de un mes –según repicaban todos los medios- de inmediata e inaplazable resolución, y que un negro telón parece haber caído sobre el mismo, tras el cual diríase que algo -¿y quién?- estuviérase “negociando”? ¿Dónde está el sano empuje de una Opinión Pública ciudadana que reclame verdad y no simple divertimento?
Sorprende el constatar a cada paso y en las más distintas esferas una común predisposición psíquica, el verdadero espíritu en todos los órdenes de estos tiempos aciagos: el ganar como sea. Nunca como ahora tuvo peor prensa y se hizo mayor burla del prestigio del perdedor, nunca nadie estuvo tan en vilo, que incluso literalmente roba el sueño a sus más preclaras mentes, y tan dispuestos a jugárselo todo y a todo lo bueno que en ellos creció arrojarlo por la borda para y por encima de todo… conseguir hacer realidad virtual la letanía esa de Luis Aragonés, sabio de Hortaleza, que no voy a reproducir de nuevo aquí.
Pero el triunfo más verdadero y arrasador del espíritu de estos tiempos escóndese para mí en que hasta traspasa los propios sentires de los naturalmente fracasados, haciéndoles creerse muy divinos encima y muy dispuestos ellos también a ganarlo todo, poniéndose así en el mismo bando, igualándose a ellos de paso aunque sea sólo psicológicamente, es decir, de forma figurada, de los más maquiavélicos –pobre Nicolás de- Hipertriunfadores, de los más Insaciables Acaparadores de Éxitos. Con lo saludable y humana que bien llevada es la desordenada orden de los fracasati.
Y en éstas llegó la carne de mi carne, o sea, mío hijo, y me arreó una colleja tras la nuca, “toma, como Mouriño a Guardiola, so Bocaccio”, y escapó a la carrera por el pasillo el muy tunante, como Messi que llevara el diábolo.
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miércoles, 13 de octubre de 2010
Contador y un camarero que era marido de la Princesa del Pueblo
Admiro muchísimo a Alberto Contador. Su férreo coraje le ha llevado a protagonizar sobre la bicicleta, y contra las más empinadas rampas, extraordinarias proezas sobrehumanas sólo al alcance de los elegidos por los dioses. Brotó el escándalo de su dopaje. Ofreció aquella rueda de prensa. Creí en él a ciegas. Y sin embargo, cuando la otra noche le vi aparecer en La Noria, el más celebrado de los lujosos escaparates de la Mugre, algo dentro de mí me susurró: no, no, no… NO.
A los pocos días, como un medicamento homeopático, el más elevado gesto imaginable, que nadie –que yo sepa- ha ponderado en lo que verdaderamente tiene de irreprochable lección ética a tanto “bienpensante caviar”, a todos esos líderes de opinión que por la pasta untan en la perola mugrienta pringándose los dedos sin cortarse un pelo, a la misma vez que claman contra “esta podrida sociedad”. Vino de la mano el alto ejemplo de un chiquilicuatre de verdad –como el del anónimo redactor de Onda Cero en la real visita que ya comentamos aquí; habrá que ir pensando, como chamarileros de la Virtud ignorada, en reunir cosas así, rosas de verdad en medio del desierto, y hacer con ellas un libro, sólo para que los mandamases de las editoriales lo tiren asqueados y horrorizados al cubo de la basura- : Fran Álvarez, sólo un camarero, nada más, pero nada menos, ha rechazado QUINIENTOS MIL euros que le puso en los morros Antena 3 por contar sus intimidades con la llamada Princesa del Pueblo. Lo hizo público Fran sin cobrar nada en Sálvame de Luxe, también otro de los más aparatosos de los chorreantes mostradores de la Mugre entronizada.
Ni siquiera los jefazos de Antena 3 se han molestado en desmentir la inmoral propuesta, que tanto dice en sí misma del estado de las cosas. Qué parábola, lectores míos, si fuese uno un evangelista verdadero y supiese contarla bien, y abrirle así los ojos primero a mil, que la contarían después a otros diez mil, y que acabarían llevándola luego éstos a los oídos de un millón: todo un señero medio de comunicación social, plagado de respetabilísimos ejecutivos, atiborrados todos de premios y dignidades, pugnando oro en mano por envilecer la conciencia de su millonaria audiencia, a través de una muy diabólica tentación, de esas que-no-podrás-rechazar, a un simple camarero. ¡Y va éste y les manda a los insignes mercaderes de la basura y a todo su dinero sucio a la misma playa!
Piensen, lectores míos, en todo ese pastón tintineando delante de los ojos del chaval. Está por demostrar que Fran Alvarez, un camarero nada más, pero nada menos, haya cobrado algo de Tele 5. En el fondo estamos deseando todos que se demuestre que también él ha arrebañado su parte en la rebatiña del mefítico perol. Nos quedaríamos mucho más tranquilos todos. Y es que el rechazo del golosísimo pastizal por parte de un simple camarero atenta con gravedad máxima contra el supremo mandamiento que todos compartimos en estos tiempos: todo por la pasta. Si me lo ofrecen a mí, vamos, es que le dan por… no otra cosa es lo que espontáneamente expelemos todos al escuchar la noticia, con ese tonillo petulante que da por segura la complicidad del que tienes delante. Necesitamos, como sea, que Fran Álvarez sea un impostor.
Pues bien, Antisistemas del mundo, Liberadísimos sindicalistas, Intelectuales tan anticapitalistas, Chiquilicuatres de Cinco estrellas, supuestos aborrecedores del Sistema todos: Fran Álvarez, he ahí el Hombre. Fran Álvarez, Juan Nadie. Seguidle. ¿O acaso el meollo de su gesto también os desnuda a vosotros?
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