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domingo, 25 de octubre de 2015

Amancio Ortega, el más Rico: ¡Abran fuego, Señoes!

   


   Lo dice la revista esa en primera plana. Amancio Ortega es hoy, a sólo meses de cumplir los ochenta años, el hombre más rico del mundo. ¿Y? No tresspasing, que decía Welles. Quién sabe, qué sabe nadie. Lo veo, dada la propia abstracción que el dinero es, dado su propio y blindado hermetismo personal, sobre todo como una silueta en negro sobre la que cualquiera se creerá con derecho a arrojar sus ideas,  es decir, sus propios prejuicios la más de las veces.
     Si nos cuenta la fábula de la maravillosa democracia estadounidense que allí cualquiera puede llegar a Presidente, la historia de Amancio Ortega es aún más prodigiosa e increíble, sólo que real. Sin estudios, un español, gallego para más señas, partiendo de la más humilde extracción como dependiente desde su infancia, a base de trabajo, visión empresarial, audacia y prudencia a la vez, y más y más trabajo y reinversión, sin conexión con poder político alguno, sin hacer ostentación pública de su inmensas riquezas, ha conseguido crear y mantener un fenomenal entramado de empresas en un sector productivo no especulativo, abrirse paso entre todas las habitualmente consideradas como mafiosas multinacionales del sector, hasta alcanzar, sin vender sus empresas, la misma cima del Mundo.
     Ya, ya sabemos que según la Biblia, jamás entrará Amancio Ortega en el Reino de los Cielos, reservado sólo a los buenos y mansos de corazón. Sabemos también que muchos, no del todo bien nacidos, celebrarán en público el día en el que su muerte acontezca, como ya hicieron a la muerte de su esposa. ¿Cree acaso  el Papa que es sencillo, y sólo propio de un ser desalmado implacable, alcanzar los logros que Amancio Ortega consiguió? ¿Finge acaso desconocer los inmensos beneficios sociales de todo tipo que esa extraordinaria creación suya ha supuesto? ¿Cuánto les duraría a los abnegados Indignados ese pastelito puesto en sus manos?

     Imposible traspasar, ya digo, la férrea coraza tras la que Amancio Ortega se guarece. A este mísero bloguero faccioso le gusta imaginárselo como a los grandes toreros, mirando un instante hacia atrás y diciéndose para sus adentros… ahí queda eso.




     Y estoy convencido también de que, si te gusta escribir, aunque sea sin mayores pretensiones, mis HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS te servirán de inspiración y te aportarán ideas, modelos, motivos, recursos  y maneras concretas para que también tú –o a quien pudieras regalarle mi obra- te atrevas a emprender la aventura de escribir un libro.
10 E por correo ordinario. Personalmente dedicadas. Solicítamelas en  josemp1961@yahoo.es