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jueves, 20 de junio de 2013

¿Le llegarán también a José Breton desmayadas cartas de amor?

   



Todas las cartas de amor son ridículas. Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor sí que son ridículas, que decía Pessoa. Qué decirle a una persona enamorada, si sólo está ella atenta al violento TUM-TUM de su corazón. Recordé esa cita el otro día, al leer en ABC la nueva –no tan nueva como sabemos ya por muchos otros criminales- de que Carcaño, condenado por el asesinato de Marta del Castillo, recibe a diario, y en abundancia, cartas de sus admiradoras. Mucho más que lo de la tele de plasma, la videoconsola y la piscina olímpicas de que al parecer disfruta el prenda, le impresionó a uno conocer el detalle de las cartas. Le escribirán a la cárcel esas chicas ahí sus –grandes o pequeñas- cosas íntimas, lo requebrarán sin duda, le enviarán sus ánimos, sus mejores abrazos. Puede que incluso besen esas hojas antes de enviárselas, que las impregnen del aroma de su colonia, de su misma carne. Le envían dinero, añadía la nota. Envidié, sólo en eso, a Carcaño, sí. Si le diera por escribir algo, no le faltarían ni editores ni compradores.
    
   ¿Y a Bretón? ¿Le ocurrirá otro tanto? ¿Le llegarán a él también cartas extrañas de esas? Sin gozar Bretón de la apostura a lo joven Brando de Carcaño, apuesto a que también tendrá él (descontadas las periodistas que así emboscadas traten de sonsacarle algo) su ración de secretas admiradoras, de temblorosas followers que le hagan llegar a prisión la viva vela de sus más íntimos anhelos en cartas. Es el signo de los tiempos. Los media nos escupen, deteniéndolo, su atormentado rostro a diario, tatuado con el sortilegio de un aparente enigma terrible, y cómo evitar que entre tantas personas perdidas no haya quién sienta que sólo a ellas entre todas las está en realidad él mirando y hablando. Como en la oscuridad del cine, igual.
    
   ¿Enamorarse de un bruto asesino al que de nada se conoce? Qué extraño es todo. Qué curioso cuándo ya apenas nadie escribe cartas, que esta intimísima pulsión de cercanía y de cálido afecto sobreviva intacta y culminante en estos márgenes terribles de la sociedad. En una carta sólo pueden hoy contarse, es decir, confiarse, cosas muy hondas, muy verdaderas para quien pone su alma en ellas. Qué hermético arcano también el que en plena marejada de mujeres asesinadas a manos de hombres, se apresten a la vez otras mujeres a dejarles por escrito lo mejor de sí, enamorándose con ellos, precisamente a machos criminales de mujeres. ¿Ocurre algo parecido con las asesinas? ¿Reciben ellas cartas de amor de chicos admiradores desde la sombra? ¿Es la morbosa fascinación por el Mal, tan exprimida por toda la creación artística desde las vanguardias para acá, explicación parcial a este sindiós?

    
   Pessoa pensaba, creo, en personas normales. A la vuelta de las vanguardias, de tanta banalización del Mal, de tanta rendida admiración del Arte y de los media por los psicópatas de turno, quién es ya el normal. Hoy, encogido de hombros y perplejo, un punto amargo, quizás diría Pessoa que también hay estúpidas criaturas que escriben muy estúpidas cartas de amor.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

viernes, 10 de mayo de 2013

Carcaño, versión séptima



   
    Como en el más macabro cante por sevillanas que jamás tuviera fin, Carcaño va ya por la séptima. No importa, como si quiere cantar otras siete versiones más. Nadie quiere mirar a Carcaño cara a cara, descuida. A la de los padres de Marta, tampoco. Creo que ya ha superado él de largo el vacile que se traía Hannibal Lecter con Clarence Starling en aquella de los corderos. Sólo que Carcaño y sus cómplices, sobre el remoto cadáver de Marta del Castillo, de quien siguen mofándose es de toda la sociedad. Y a quién le importa, y qué más da.
        
     ¿Por qué entonces no insistir un poco? Mira que se habrán escrito novelas y filmado películas (glorioso cine negro) sobre los tenebrosos y omnímodos poderes que el Estado, ese Monstruo frío, posee para quebrantar la voluntad de los individuos, incluso de las más criminales organizaciones de delincuentes. Pero la desnuda verdad del caso Marta delCastillo revela que tres pelanas y un menor han ridiculizado y han burlado cuanto les ha venido en gana todo el supuesto aparato represor e inquisidor con que cuenta el “terrible” Sistema: policías, fiscales, jueces, abogados, investigadores, periodistas, pedagogos, psicólogos, educadores, criminalistas. De todos ellos se han cachondeado con creces.
      
     Vimos desenvolverse a los acusados en las sesiones del juicio, pasados ya años del horrible crimen. ¿Cómo ha obrado el paso de la Justicia, de los valores que la inspiran, sobre ellos? Cabría pensar que algún humano sentimiento de culpa, de contrición, de piedad al menos, se deslizaría entre alguno de ellos ante la barbarie por ellos protagonizada. Ni por asomo: actuaron y actúan los criminales como resabiados figurantes de un reallity. ¿No debería un verdadero sistema de elemental justicia como mínimo ponerles enfrente de lo que hicieron?
     
    En el súmmum del desquicie, el entonces ministro de Justicia se preocupó en su momento de establecer que… ¡el asesino tenía todo el derecho del mundo a mentir! ¿Era necesario recordarlo? ¿Alguien de toda esa legión interminable de responsables públicos ha mostrado su vergüenza, su pesar al menos, por el bochorno sufrido? ¿Alguien ha sentido removida en un mínimo pellizco su conciencia para pedir perdón a esos padres, para al menos presentar su dimisión? Pregúnteles a todos estos expertos por el asesinato. Todos le dirán: la culpa es… del Sistema. Y a correr.
     
    Qué pensar, entonces, a la vista de este incalificable caso, cuando desde el Poder nos aseguran que muy curtidos etarras de plano cantan en los simples interrogatorios. Acabamos de verlo: Carcaño anuncia una nueva versión: culpa a su hermano ahora. Revuelo de portadas en los media. Se vuelve a poner en marcha la costosísima maquinaria de nuevo… en vano. El Juez masculla improperios sobre la Policía, por dar pábulo al nuevo cante. El hermano anuncia una querella criminal contra Carcaño.  Al fondo los deudos de Marta del Castillo, un poco más rotos. Las sevillanas siniestras de Carcaño, que no terminan.




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen de la obra en post del 27-1-2013 y 1-2-2013)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)