Verás lo que pasó: un buen día, siguiéndole la corriente, le comenté yo un tuit a la Gran
Escritora del Progreso, ex de El País, Premio Planeta y Premio Nadal, ahí es ná, eso es progresar-, en el que atizaba
ella de lo lindo a Juan Luis Cebrían,
añadiéndole si acaso yo allí el pellizco de una ironía que envolvía a Cebrián y a Julio Iglesias bajo el ¡Oh,
es él!, aquel mordaz título del libro que sobre Yulio ella escribiera. No sé, algo de gracia debí hacerle a Maruja Torres, pues fue el caso que,
sin más mediar, se hizo al momento ella seguidora mía, de mi TW quiero decir,
noble gesto suyo al que uno, siempre siendo una nada agradecida, correspondió
en parte haciéndose seguidor suyo, ea.
Bueno, no tuvimos ya Maruja y yo
más intercambio cibernético que ese simple ronroneo virtual del yo-te-follow-ah-pues-yo-a-ti-mucho-también-te-follow.
Fue, pues, un mutuo followeo sin
palabras, de Escritora a… escritor. Luego, las tomas de posición públicas de Maruja Torres, sus brutos exabruptos y
su estelar alineamiento con los socialdemócratas
de Podemos, fueron motivo para que un poco le atizara ahora a ella yo, con un
par artículos en el mío blog que también tuiteé, aunque como sospecho que ni
los olió, –y es lógico, cómo va a andar una Escritora pendiente de un…
escritor, con todos los mundos que tiene ella que arreglar- en nada se modificó
nuestro mutuo followeo virtual. En
ese limbo de desigual conocimiento permanecíamos la Escritora y el… escritor
ligados. Hasta la otra tarde.
Todo empezó cuando le leí el retuit que había dado ella a una magna
frase de Manuela Carmena, con la que, ahora que lo
pienso, no sabría del todo decir si, además del paralelismo ideológico, no la
une también un pasmoso parecido físico. Carmena
-170.000 seguidores en Tw- dixit:
“Vamos a trabajar con la política
de los cuidados. Hay paridad, pero además en este gobierno tendrá gran peso la
cultura de las mujeres”.
No, aún no había saltado la
zapatiesta del Brutus Zapata cachondeándose de Marta del Castillo y de Irene Villa, pero aquello de la política de los cuidados y de la cultura de las mujeres… qué sutiles
categorías terminológicas, qué finas herramientas conceptuales eran esas.
¿Merecía eso un retuit? Maruja Torres –más
de 90.000 followers en su cuenta- se
lo dio… y allá que acudió el muá –pocos más de 6000 seguidores, la mitad
falsos, fijo-, al retruque:
-“¡Pedazo de frase! Para enmarcar. Ni Rajoy la supera.”
Pasó un instante. Noté que me picaba de repente un brazo, que sonaba un
claxonazo tras los cristales, que un mal aire me tironeaba los pelos. Bueno,
pues, igual que al inicio de nuestro internético ayuntamiento, sin mediar palabra, descubrí de pronto en el
ordenador que Maruja Torres me había
unfolloweado, que ya no me seguía,
que me había dejado de ella a oscuras, sin la estela de su radiante Planeta, a
las tinieblas de dos velas arrojado. Sólo que… en mi cerrada desolación aún conservé un hilo
de voz para como ella entonces exclamar… ¡Oh,
es ella! … y yaque … unfollowearla a ella yo también, qué se cree
la Escritora, que este… escritor no tiene Dignidad, ¿eh? La otra tarde fue, sí.
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