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lunes, 30 de septiembre de 2013

El Rey sigue ya la actualidad, ¿de verdad?

     


   Desde luego las portadas (algunas) las carga el Diablo, que a pesar de ser real Príncipe de las Tinieblas gasta a veces trazas de muy sardónico republicano. Dime tú si no, lector. Informaba el titular del diario de la oportuna visita del Presidente del gobierno a nuestro monarca, de la cadera operada muy convaleciente él. Daba cuenta a la prensa el Presidente de cómo le había encontrado:
    
   “El Rey está animado y sigue los temas de actualidad”.
  
   Vaya, don Juan Carlos entonado, estupendo, y enganchado ya y todo a la red informativa de la candente actualidad, fenomenal, decíase uno. Añadía el presidente que el Rey mucho le había preguntado al respecto. ¿Al respecto … de la actualidad, has dicho? Y es que justo debajo de la susodicha noticia, con simétrico espacio y cuerpo tipográficos, con su sola presencia salpicando, de sorna, de guasa, de chunga, de todo eso junto la anterior buena nueva, el titular palpitante de otra:
    
   “La Infanta desvió dinero alquilándose a sí misma el palacete de Pedralbes. Casi 31.000 euros”.

     
   Seguía luego ya esta noticia desarrollando en el interior los penosos antecedentes del caso que a Infanta infecta. El efecto conjunto de las solas dos noticias yuxtapuestas, sin que el periodista añadiera de su cosecha ni un solo calificativo, resultaba, claro hilarante y demoledor. Como si de nuevo aquel maldito elefante, con el afilado marfil de sus colmillos retorcidos y todo, de nuevo le persiguiese. Triste de sí, sí.  Ya digo, como si a veces las portadas las cargara el mismísimo Lucifer




LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

miércoles, 29 de febrero de 2012

Tercera Proposición para salvar la Monarquía de Juan Carlos I



   Confieso sin embargo que nada complacería mejor las ansias estetizantes de este discreto escribano si, entre los murmullos de expectación de la muchedumbre allegada, sobre la rampa de los Tribunales Baleares de improviso se abriera paso un misterioso personaje, en oscuros ropajes embozado y oculto el rostro además tras una negra máscara.
    Que con andares rencos, los propios de una salud en extremo quebrantada, con lentitud enervante descendiera las inclinadas losas de ese estrecho corredor que parece el mismo de la Muerte. Que así ataviado posara también por un rato frente a los flashes fusiladores de la boquiabierta canallesca.
    
 Que penetrara luego en la ancha sala donde el juicio estáse ventilando. Que todos aquellos rictus de pasmo en los letrados, incrédulos y temblorosos por igual ante su irrupción, paladeara él tras la máscara. ¿Anonymous, los Indignados, la propia Muerte, qué carnavalada es esta, eso podría hasta en el aire allí leerse. Que lanzara entonces contra todos allí mismo una fenomenal risa sarcástica, como el trueno de una venganza imaginaria. Que dejara caer desde una negra escarcela sobre el estrado del Juez tantas relucientes monedas de oro como las necesarias para de su escote sufragar las sisadas palmarenas del Duque y los intereses por las mismas devengados.
   Que buscara luego tras la careta los azules ojos agradecidos y llorosos del Duque palmareno, como un perrillo a quien acababa él de salvarle la vida. Que  escupiera entonces a sus pies, en señal de claro menoscabo. Que con desdén dijérale entonces… ¡vaya, con el Duque guapo! Que se quitara entonces la máscara… para descubrirle al mundo entero, entre vocales  de general admiración en todas las bocas, el rostro torturado por la amargura, triunfante en este lapso sólo, del grande Duque de Lugo, don Jaime de Marichalar por propio nombre a cuestas.
   
    Que embozado en su capa legendaria, por completo paralizados, entre el horror y las fascinación, los presentes, con sus demediados andares abandonara entonces la Sala, que lentamente subiera luego la rampa y dejara atrás aquel infausto cul-de-sac, y en medio del silencio también de la muchedumbre, al cabo ya por los gacelliteros la misma de cuanto adentro había ocurrido, se perdiera él algo solemne hacia el fondo del cuadro, buscando con las narices muy altas el olor salvaje del Mediterráneo.

martes, 28 de febrero de 2012

Proposición Segunda para salvar la Monarquía de Juan Carlos I


      
    Claro que también podría, llegado el caso, y quizás en mejor forma y soltura que su Señor padre, envuelto en el uniforme mismo que luciera con motivo de la gran Ocasión de la Barcelona del 92, estampa que con sólo representárnosla en las mientes tantas espontáneas evocaciones de superación y éxito entre la ciudadanía nos despierta, hacerse Príncipe Felipe ante los Tribunales Baleares presente, movido él desde luego en la más recta intención por Princesa Leticia, que de sobra es conocida entre el vulgo la ascendencia que sobre el heredero de la Corona de España guarda su muy progresista Señora esposa, y después de recriminar con tan cruda aspereza en el mirar al Duque de Palmarena y a la sombra de sus mangancias que palabras ya no hicieran falta,  a continuación, igual que en la gran Ocasión barcelonesa, ya digo, espléndida la sonrisa luminosa,  abanderado ahora de la Justicia, descubrirse del blanco sombrero de panamá y con el mismo en alto saludar a la concurrencia y después él mismo de su propio monedero aflojar y subvenir la cuenta de los desfalcos palmarenos, con los réditos de la mora acrecentados, claro, y aquí paz y después gloria, gloria y glorioso exiemplo para tantos corrutos cagarrutos como abundan sobre la faz de estos desdichados Reynos.
    
   Pues ha de saber, Príncipe Felipe, símbolo hecho carne en un mañana de la permanencia y unidad de la Nación española, pues así lo dice nuestra Ley de leyes, que es costumbre entre los españoles más humildes socorrerse los unos a los otros, sobre todo cuando laten por medio los hondos lazos y afectos que siguen al vínculo del parentesco. Y si mil veces se ha dicho que, en tiempos de pobreza acuciante como los que ahora nos afligen, es precisamente la Familia la más noble y notable institución que precisamente permite el sobrellevarla y suavizar la espuela de su rigor, y así a diario demuestran con los hechos los comunes ciudadanos en cuánto el valor de la familia estiman, no se comprendería entonces que entre la Principal Familia española no se cumpliera esa sagrada solidaridad entre HERMANOS, ejemplo que de moral cívica en esta crucial ocasión haría rebosar el alma alicaída de los españoles. Sea entonces, Señor.   

Post/post: reconocerás, lector, que la inacabable serpiente de una única frase como la que desenvuelve este primer párrafo, para bien o para mal, no está al alcance de cualquier escritor a la moda y su inusual envergadura y tostón por si mismos explican, además del mérito respiratorio y espiritual que a ti que me soportas te alcanza, el completo horror de cuanto editor se acerque a ella, a mayor gloria de mi fracaso, claro, en el que sólo mando yo, o sea, como tú y yo  sabemos, Nadie. Que no nos pase ná, fiel amigo.

lunes, 27 de febrero de 2012

Una proposición para salvar la Monarquía de Juan Carlos I


       
 ¿Y si mañana mismo, en este otro febrero estelar, con la campechanía arrolladora que es timbre de su leyenda, como en un happy end propio de las obras del Siglo de Oro, se presentara Rey Juan Carlos, en el uniforme de general de todos los ejércitos embutido, en la sede de los tribunales baleares arrastrando por las orejas al estirado Duque de Palmarena? ¿Y si en nombre de la Familia Real, con sincero arrepentimiento en el gesto y en el ánimo, el mismo Rey Juan Carlos pidiera el perdón a los españoles por los gravísimos percances de corrupción que en su derredor gravitan? ¿Y si, puesto ya a asombrar a la Nación y hasta al mundo entero, en bien revolucionario y original acto, desembolsara de su propio bolso delante de todos el importe de las corruptelas palmarenas, con los correspondientes intereses de demora gravados, claro, señalando con su Alto ejemplo la clara senda a seguir a tantos y tantos ilustres corrutos cagarrutos del nuestro Reyno?
      
   Pues, Señor, si cierto es que al Rey (a la Monarquía constitucional, hoy) vida y hacienda se han de dar, no lo es menos que, como escribieron los grandiosos Lope y Calderón mucho antes que el muá, el honor es patrimonio del alma, y la recta dignidad (que no consiste ella sino en el honor pasado por el túrmix de la Democracia) de la Nación quizás exigiría ya un Acto así de grande como el que yo (Juan Nadie) hoy os propongo, antes de que los adversarios de la Institución que en Vos se encarna proclamen su anhelado ¡Monarchia Urdanga est!, y más perdamos todos entonces, con la destrucción de uno de los pocos símbolos que por encima de las querellas partidistas concilian a los españoles todos.