Cantó Zapatero en su Cena feliz que a su manera también a él le duele España. Cuentan las agencias que emplazó a sus fieles en su discurso último a defender, la primera de todas ahora, la cuarta de las siglas de su partido, la E de español. Pareció algo así como su mensaje último y definitivo en la política, antes de seguir retozando en la hamaca e inventándole formas a las nubes.
Recuerda algo este postrero impulso zetapeico al último viraje españolista que en vida asaltara a Sabino Arana, ese otro cráneo privilegiado. Jamás dejarán de sorprendernos los lindos señoritingos del socialismo. Manda gabilondos que quien se estrenó como presidente español con el inolvidable España-concepto-discutido-y-discutible, el mismo que impulsó in person un Estatut de claros tintes bilaterales, el que antepuso el diktat del Parlament a la soberanía Parlamento español, el que se encamó en el poder con los partidos separatistas, el que impulsó el pacto del Tinell para condenar a las tinieblas del cordón sanitario al segundo partido español, el que con fruición reabrió las querellas cainitas del pasado, el que auspició la legalización de los filoetarras, el desestabilizador sumo de los consensos básicos precisamente sea quien pida ahora patrióticas cautelas.
En fin, si una vez se atrevió Zapatero a rezar la Biblia al lado de Obama, puede que le sea aquí de aplicación el pasaje bíblico que enseña que “hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”. Pero si quiere Zapatero que le tomemos en serio, haga pública confesión de sus yerros, golpéese con verdad tres veces el pecho después de hacer footing en mallas y denuncie a las claras la peligrosísima deriva pro-secesionista de su partido –y de la nación española- en el presente. Pelee esa crucial batalla y todos a una le seguiremos y le consideraremos. A diferencia de Sabino Arana es él un pipiolo y tiene media vida por delante para a sí mismo desmentirse y luchar de verdad por la E. De lo contrario, casi mejor que siga en la hamaca entre las nubes.


