En estas llega el alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón, ay, qué dolón, y a cinco días de los comicios va y monta su estropicio. Convoca en el salón de plenos a unos jubilados censados, unos dos mil, para entregarles por tandas, personalmente y delante de las cámaras, la “paguica”, un cheque navideño de trescientos euros a los que no excedan los 16.773 euros anuales de pensión. Se viene otorgando al parecer la “paguica” desde 1996, sostiene Dolón, qué dolón, pensando así defenderse y consiguiendo sólo incrementar el asco engominado que desprende su estampa.
Es una imagen de una vileza extrema, humillante y nauseabunda como pocas. Para montar estos números pornográficos que sigan mejor en el machito del Poder los socialistas for ever and ever. Los saben hacer ellos mucho mejor. La escena es de una abyección suma, ya digo, merecedora de todo el vitriolo de un Solana o un Buñuel –pintores de la España más negra- que lo inmortalizara: “enhorabuena y que lo disfrute”, se le oye encima felicitar al caciquil y cernícalo regidor, flanqueado por una edecana, a una endomingada y recia vecina, a la vez que le da el sobre y un apretón de manos, como si de un millonario premio de las loterías se tratara.
Turno luego para una señora impedida, asistida en su carrito de ruedas por un humilde paisano en pantalón de chándal, acaso un familiar. Tienen que acercarle el papel, claro, en el que la señora, delante del tribunal tras su fichero fiscalizador pertrechado, delante de todos, estampe la firma de la aceptación. Tarda un poco en hacerlo, lógico, y son terribles esos segundos bajo la mirada de las funcionarias, así que al Señorito alcalde le sobra tiempo para mirar a otra parte y preparar ya la sonrisita galana a la impedida señora dedicada. “Gracias, pase por allí” (¡), le dicen sin mirarla ahora. Es la señora quien mira, un poco hacia arriba desde su altura, a su dadivoso benefactor que se inclina sonriente ya hacia ella y le entrega el sobre, el sobre y el denigrante sello de su formulita adherida: “enhorabuena y que lo disfrute… venga”, y le señala la edecana con el brazo la salida. Debe el familiar retranquear antes un poco el carrito de ruedas.
Abre la cámara el plano y se divisa entonces la pequeña cola de los modestos agraciados, sentados y silentes el resto, como en la sala de espera del médico, acaso rumiando para sí la ruindad de la mascarada, como una actualizada Corte de los Milagros. Y siente el observador en ese momento ilusión sólo porque alguno de ellos le vomite hasta arriba la celeste corbata al cachorro y peripuesto alcalde.
¿Es esa la concepción que de la dignidad de las personas tienen los rampantes mandamases del PP? Estos pestilentes tinglados, ya digo, que mejor los monten Bono, Chaves&Guerra, tienen en ello más arte y ensayo. Consiguen que lo suyo parezca Justicia. Más que reflejos decimonónicos, son estas feudales humillaciones. Ay, Dolón, pero qué pedazo de dolón.

