Qué grotesco un humorista cuando en serio desde la televisión azuza a sus seguidores contra un simple periodista, qué mal agüero hampón reviste la cara de un desenvolverse así, qué maneras tan sucias y tan alejadas del humor contra el que disiente de uno.
Pero además, en el programa en el que wyoming instigó a sus fieles contra el twitter de Hermann Tertsch se deslizaron dos perlas antológicas, reveladoras de todo un "feeling" ideológico y mental común a esas clientelas que por lo mismo merecen mínima glosa.
Se interpeló primero a sí mismo el co-presentador de wyoming a propósito de la ideología de Amnistía Internacional en los siguientes términos: "de izquierdas no son...porque condenan el régimen cubano, pero de derechas tampoco... porque condenan el juicio a Garzón, es decir que son de centro". En torno a esa cenutria disyuntiva pretendidamente humorística se cerraba la cuestión, con el cadáver aún caliente del opositor Wilman Villar. Ser de izquierdas sobre todo es, repitámoslo una vez más, dictarnos a todos cuando debemos ponernos serios y solemnes, y cuando hay que tomarse todo a chacota.
Peor aún fue después, pues el mismo wyoming, pretendiendo justificar en tono serio un numerito suyo anterior en el que identificaba con la extrema derecha a los partidarios del juicio a Garzón, sentenció nada menos que... "con el juicio a Garzón deja de parecer España una democracia". Esa es la milimétrica cantinela falaz del agit-prop izquierdista que venimos estos días anotando en Fidel Castro-Llamazares-Bardem&asociados-manifestantes anti Camps-y demás compañeros mártires, ahora que hasta los filoetarras del yogur de Amaiur fingen respeto ante la Derecha española.
Curiosa democracia esta desde luego, cabe reflexionar, que de oro y privilegio viste a sus más acerbos adversarios, que encima de graciosos filántropos posan en sus principales pantallas millonarias mientras lanzan a sus furibundos aplaudidores contra el que les lleva la contraria.


