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domingo, 9 de enero de 2011

Los malos humos de Zp

   
     Desde aquel no tan lejano día en que cifró Zp la esencia de la Izquierdidad –si se me permite el palabro- en no beber alcohol y en no fumar hasta ahora, en que de forma administrativa se amenazan con sanciones de hasta 600.000 euros a los locales que lo permitan, a la misma vez que se alienta desde el Poder la delación de tan nefandos actos, hemos tenido todos cumplida demostración de la verdadera naturaleza déspota que escondía el famoso Talante que arribó al Poder. Mira que archisabido es que engendró Zp el infausto Estatut fuma-que-te-fuma con Mas durante una noche del inolvidable verano del cordón sanitario. Ahora dice que no era él partidario de prohibir los toros en Cataluña, y mañana por sus niñas jurará que tampoco lo era de esta prohibición de los bares de fumadores, como a la impoluta conciencia izquierdista conviene siempre contra la verdad mantener. ¿No clama al más elemental sentido de la decencia el que después de haberles exigido a muchos locales costosas reformas habilitadoras se le aseste ahora mismo, en medio de una crisis rampante, la puntilla a una simple forma de sobrevivir? ¿Cómo es siquiera concebible que pueda un gobierno despacharse así, a la vez que con la otra mano recauda millonarias cantidades del sector al que busca, contra toda justicia, asfixiar? ¿Tiene derecho una terrorista confesa a ser inseminada y no un fumador a reunirse bajo un bar para “piojosos” como él?
    
     Ponían el otro día por la tele a dos inspectoras, armadas además de odioso celo fiscal ante el cabizbajo dueño, escrutando colillas por entre las mesas y hasta los mingitorios y excusados de un bar de barrio barcelonés, y el olor de los mismos retretes es que traspasaba la escena y la pantalla. Era vomitivo, sí, el ver aquello. ¿Se imaginan si la despótica prohibición del público fumeteo  hubiérala dispuesto un gobierno “facha”, (tal y como Bardem airado, oh tempos, gritaba)? ¿Podemos siquiera figurarnos los alegres numeritos denunciatorios que los prohombres de la Ceja Nostra hubieran orbi et orbe aventado? Es seguro que Almodóvar habría difundido la alarma desde Bollywood hasta Hollywood, que Bardem y la Pé hubiéranse mojado con ganas en la cosa, en fin, impepinable es que Sabina valiente habríale arrojado humo de cigarro bogartiano a la cara de la Aguirre cuando lo de su valsecito en los salones de la CAM por el Premio. Cuántos públicos actos incriminatorios de cívica resistencia y desobediencia a la tiranía no habrían ellos pergeñado hasta hacer inaplicable la ley, cuánto no habrían avergonzado ellos como represoras y estrechas y puritanas las conciencias de todos los que esa norma hubieran defendido, cuántos floridos manifiestos de abajofirmantes no nos habrían a todos por las napias pasado.
    
     La sucesión de fotogramas es que es fascinante: atiforran con gabelas impuestas a todos la buchaca de los capitostes de la Sgae, suben los impuestos hasta al apuntador, también los del tabaco, suben la electricidad, militarizan el tráfico aéreo, alargan las jubilaciones, facilitan la muerte dulce y el aborto express, nos vacilan de tanto en tanto con la legalización de las drogas más duras pero eso sí, contra la más primordial prudencia, se tritura ahora la libertad de los fumadores a juntarse en un bar y se les cruje y se  empuja a la miseria a miles de bares de fumadores.
    
     ¿Es algo más que una anécdota o es todo un síntoma de la anormalidad reinante el hecho de que en cárceles y en psiquiátricos sí se va a permitir el público fumeteo? ¿Acaso no importa al gobierno la salud de los fumadores pasivos de la población reclusa o psiquiatrizada?
     Por eso, el hombre que el otro día ante las cámaras aporreaba con su maza una máquina de tabaco delante de la puerta de su medio de vida en peligro hubiera, en mi opinión, redondeado el gesto de haberlo hecho en la mismas puertas de la Moncloa, y de haber dejado luego toda esa chatarra por allí tirada, a ver si también Zp y Mas se la fumaban.