La otra tarde –que en los madriles, entre los añiles labios de sus luces saxoneaba ya la primavera- asistí a una buena conferencia sobre un pintor, Francisco Soto Mesa, que allí además en persona estaba, toda su larga y fecunda trayectoria artística ahí expuesta: su búsqueda, sus claves, su rigor creativo, el franciscanismo de Francisco, dijeron. Fue un acto precioso. Era muy bonito todo eso, el verle allí querido, comprendido, alentado por quienes de verdad siguen y aprecian su trabajo. Así lo corroboraron la asistencia y los aplausos, sinceros y hondos, a su obra y a su persona al terminar. Al salir me di de bruces con la noche.










