Páginas vistas en total

sábado, 31 de diciembre de 2011

Las uvas, la suerte, contigo (Poessía diecinueve)


Cuando llegue la hora propicia
y por sorpresa, sí, házlo,
vélame los ojos con tus besos
ciégalos de tu ternura,
así inerme, vendado,
házme respirar sólo
la desnuda penumbra de tu aura,
que te adivine yo
presente como nunca.

Deja entonces de tu mano
una a una
y sólo muy  lentamente
sobre el magma de mi boca
en la brasa viva de la lengua
las uvas y mi suerte,
el racimo de tus yemas
que a la vez embadurno,
rebozo y bebo,
confundidos los frutos
las salivas enredadas
el jugo de tus dedos
con las moras de tu pecho
más la selva de tu pelo.


Que en ese silencio ardiente
en esta íntima liturgia
de uvas prendidas en amores,
de rituales no del todo escarchados,
oh, discreto júbilo de néctares,
la prima hora del año nuevo
para mi suerte
a ti y a mi nos encuentre.





  

viernes, 30 de diciembre de 2011

Móviles de Rubalcaba y la Derecha Boba


     
     “Me dice nuestra informadora en el Ayuntamiento de Madrid que Gallardón va a Defensa”, le voilá el soplo en la pantalla del móvil con que fue descubierto el Big Faisán durante la investidura de Rajoy. ¿Sabremos alguna vez si la publicación del soplo obligó a Rajoy a un penúltimo regate ministerial? ¿Qué habríamos pensado de haberse conocido el soplo con posterioridad al efectivo nombramiento de Gallardón en Defensa? ¿Un Faisangate?
      Téngase en cuenta que hasta hace sólo unos meses era Rubalcaba, maniatado y silenciado por él mismo el nominal Presidente, el Vicepresidente plenipotenciario del gobierno y que contaba por tanto con todos los resortes del Poder en las manos. Sin embargo, en el momento de recibir este queo, derrotado en las elecciones, era ya Rubalcaba oficialmente nada, a pesar de lo que continuó oficiando, como se ve, de destinatario de la más privilegiada información sobre el partido de la oposición.
     Recuerda además el asunto a numerosísimos antecedentes en los que se revelaron en poder del PSOE la posesión de muy estratégica información reservada acerca del principal partido opositor: desde los lejanos tiempos en que chuleábase Guerra en público de tener los discursos que iba más tarde Fraga a largar, pasando por el “caso de las escuchas a los partidos”, las otras escuchas al propio Rey y a destacadas figuras sociales del CESID de Serra, las filtraciones de los textos de Barea en la Oficina presupuestaria de Moncloa, los indicios de controlar información de primera mano, por delante de la que recibía el mismo gobierno, durante las terribles jornadas de los atentados del 15-M, entre otros.   
     No se olvide que el mismo Luis Roldán, socialista ex-director de la Guardia Civil, aportó, en los tiempos en que amagaba con tirar de la manta, la sobresaliente declaración de que tenía el PSOE miembros “durmientes”, es decir, espías e informadores secretos, incrustados en las principales instituciones de nuestro país. Podrá alegarse, como siempre, que el PP hace lo mismo, salvo que no se conocen, que yo sepa, casos así. Y si así fuese, no por ello dejaría de ser motivo de general censura. ¿Quién es esa “nuestra informadora”, esa garganta profunda –oh, Mónica Lewinsky again- que le pasa claves datos a quien a su vez telefonea a Rubalcaba?
     Por eso resulta del todo punto insólita la nula reacción pública del PP ante el soplo que tanto les deja en evidencia. ¿No deberían al menos haber pedido una explicación? ¡Ha consistido la idiota reacción, vía Celia Villalobos, en amenazar a los fotógrafos del Congreso, como si lo revelado fuera una comunicación de la intimidad rubalcaba!
     Por no hablar, con el historial rubalcabo a cuestas, con las ostentosas mentiras a los ciudadanos acerca de la negociación etarra, con el vergonzoso chivatazo del caso Faisán en los tribunales, -recientísima la exclusiva de la nocturna visita de Garzón a Moncloa horas antes del mismo- con las despreciables acusaciones de connivencia con la EXTREMA DERECHA con que Rubalcaba una y otra vez apuñaló simbólicamente a la Derecha,  del alucinante elogio que en la toma de posesión de Interior a la concurrencia espetó Fernández Díaz: “Se ha hecho un trabajo ejemplar, que lo sepa todo el mundo”. Nada menos.
     Sí, sí, sí, que lo sepa todo el mundo: se va el Faisán, se va el Faisán… y llega el Badulaque.  
  

jueves, 29 de diciembre de 2011

María Antonia Iglesias, visitadora de Otegui:quid pro quo


     
  La ex-directora de los Informativos felipistas, esa hermanita de la Caridad trotaconventos en cuyas manos con ritual de perfecto petimetre abreva Gallardón, acudió en estos días a visitar en presidio al ex-etarra Otegui, el Buen abertzale. ¿Cantaríale la devota Iglesias el “Noche de Paz” que corresponde al zetapeico Hombre de Paz?
    Al trascender la visita declaró la Iglesias que es que era la misma de carácter “personal”, lo que más aún desató las especulaciones, las guasonas y las otras. ¿Qué encargo llevaría consigo la prestigiosísima periodista al montuno batasuno? Ahí es nada: la señora que abría los informativos desde la celda de los dirigentes del Gal… ¡en pomada ahora con el sedicente separatista!, tócate las feromonas, Little Carmona. Bien se ve ahí el sagrado valor que los principios tienen para una y para otro, y el que acciones de ese corte deben estar en el fondo del destacado relieve que en la vida pública, esa selección de las especies mejores, ambos detentan.
     Me imaginaba yo a la delicada y progresista María Antonia taconeando por los pasillos de la cárcel, dejando al paso entre los reclusos la estela de su más íntima fragancia, hasta llegar a la presencia del doctor Otegui, temblorosa y a la vez fascinada la Doña, como Clarice Starling ante el cautivador  Hannibal Lecter:
     -“Quid pro quo, María Antonia, quid pro quo, yo le digo cosas y usted me dice cosas… Y bueno, María Antonia, dime, ¿los corderos han dejado de gritar? (vale decir, el cuarenta por ciento de los crímenes etarras sin castigo, la memoria y el dolor de tantas víctimas despanzurradas, algunas de la misma iglesia a la que tanto contribuye la Iglesias)… ¿sabes, María Antonia, qué aspecto tienes con ese bolso bueno y esos zapatos baratos? Usted usa crema hidratante L´air du temps… sé que era usted una presa fácil para los chicos…”  y luego de Arnaldo hacia su visitadora ese saliveo aspirado de placer sobre los dientes, dientes en éxtasis de goce caníbal como el que a Lecter hizo famoso.
     Filtró la navideña visitación el propio Otegui a través del twitter, dejando un poco en evidencia a la Iglesias, aunque en absoluto avergonzara eso en lo mínimo a la heroica Iglesias, menuda es nuestra estrella,  y acaso haya de verse en ello cierta jugarreta del batasuno ex-etarra a la periodista, al modo en que en la película jugueteaba Lecter con la intrépida Starling.
     Puede en ese caso también que, a diferencia del petimetre besamanos de Gallardón, como en el filme, Arnaldo se despidiera de la heroína rozando sus dedos con ella entre los barrotes al entregarle cualquier nota. Sí, de sobra me imagino al doctor Otegui declarándole a la Iglesias con arrobo aquello de “el mundo es más interesante contigo dentro, María Antonia”.
       

miércoles, 28 de diciembre de 2011

A la busca de los Wikileaks perdidos, oh, Mónica Lewinsky


     
      En el día de las Inocentadas se me ocurre rememorar las gansadas, vistas en la distancia reales faisanadas, que sobre los líderes españoles cableó sólo hace un año aquel cernícalo embajador a Washington y que quizás ahora mismo, lector, con las mismas palabras esté atribuyendo a los ahora comandantes del PP para privilegiada información de Hillary Clinton. (Hablando de Inocentes y de valiosísima información, qué habrá sido de Mónica Lewinsky, aquella carnal muñequita con su mítico vestido azul maculado, en qué rincón de Museo de Cera yanqui, recubierta del polvo de la Historia parará ahora ella, que con tantas ganas bebió hasta saciarse de las fuentes mismas del Poder)
     Volvamos a los estultos wikileaks de marras y paladeémoslos como merecen: “¿Zapatero? Un astuto felino en la jungla”. Poor Zetapé, mutado hoy en escaldado gatito zoquete de Somosaguas. Astuto-felino-en-jungla hoy, Rajoy, claro. “¿Bono? Un sabueso mediático”. Poor Bono, averiado potranco, del todo y de todos ahora desplazado. Hoy ese sabueso mediático es, por supuesto, Faraón Gallardón, por mayordomos atalajado. “¿Rubalcaba? Muy capaz, serio, encantador, impactante, inteligente”. Poor Rubalcaba, senecta ave de corral desplumada ahora, presta para caer en la cazuela de los que vengan, plomo en los párpados, más táctica que estratega ave. Ese alud ditirámbico los heredará en cables hoy González Pons. “¿Chacón? Lista, con el típico orgullo español”. Poor Chacón, enredada en los mimitos pijines de sus laberintos secesionistas, en el eco de las barricadas de sus nanas. Esos títulos wikileros se los arrampló ya la niña de Rajoy, la Viceniña que de golpe se hizo mujer. “¿Moratinos? Bienintencionado, idealista”. Poor Moratinos, tan idealista que no dejaba de llorar el día del cese, tanto, que quiso desde la FAO acabar con el hambre en el Mundo y ni eso le salió, en las trincheras de los manifiestos precongresuales hoy atrapado. Ese cable recae hoy sobre su Margallo sucesor.
     Pareciera que hubiera pasado un siglo desde aquellos wikileaks, oh Tiempos, cuán mudables y tornadizos los designios de la Fortuna, encriptados entonces por un embajador cernícalo. (Signo otro de la devaluación de los Tiempos: de la Inocencia vulnerable de la voluptuosa Marylin Monroe cuando JF Kennedy, a la Inocencia calculada de la becaria Mónica Lewinky, en el Oval embebida en los orgasmos zerolos de Bill, qué lío, poor Mónica también, tan bonita ella)      

martes, 27 de diciembre de 2011

Punset enreda también a los Príncipes


     
      Se ve que no podía el hombre aguantárselo. Leí hace unos días que de motu propio reveló Punset… que al Príncipe y a Leticia también “les gusta Redes”. Me pregunto qué necesidad, si no es la de una elefantiásica vanidad de vanidades en perpetuo síndrome de abstinencia puede llevar a alguien, que lo es ya Todo, a revelar a sus años cosas así. Que tal hiciera un pelanas, tendría un pase. Qué se yo: que me escribiera Princesa Leticia diciéndome que alucina en colorines con mi blog, que por lo mismo me convida al próximo besamanos con Editores y tal, y vamos, es que al punto me revolcaba yo en éxtasis por los charcos de mi barrio. Normal. Pero que así, como un Honor que se aparenta a la vez desdeñar y ostentar, lo haga el archipublicitado Punset parece desde luego asunto de tomo de psiquiatría.
     Será que todos los halagos le son pocos: miembro del jurado de los Príncipes de Asturias, es decir, establishment en estado puro y arengador de las santas masas Indignadas en Vetusta al tiempo, todas las caras le son pocas a Punset, dotado de una versatilidad prodigiosa, a imagen y semejanza del pan de molde multinacional que publicita el Señor rodeado entre las chicas. ¡Aún recuerdo sobrecogido cuando en la reciente e histórica jornada del 15-O a través de las redes sociales hizo saber al mundo entero Punset que también lanzábase él ese día a las calles en pro de OTRO MUNDO posible. ¡Y a fe que lo es!
     Envidia rastrera de Punset, desde luego: tiene uno cuatro seguidores y a diario se disgustan dos conmigo, y veneran a Punset por igual Príncipes y plebeyos, Borbones y Pueblo, los prototipos de la Realeza y los viscerales antisitema de este perro mundo, sujetos todos por igual en la red de su devoción. Seguro que a Urdangarín también le gusta Punset, pero no sé si esto lo va éste a revelar.
   

sábado, 24 de diciembre de 2011

Lo que Rajoy dijo y no dijo a Ana Oramas (yo estuve allí)

     
      Gracias, gracias, …ehhhh…verásh, Ana, que, ahora que ya controlo yo todo, je jé, puesh nada, que anda por ahí un bloguero faccioso dándome a todas horas la lata en el twitter ese con que tengo yo que presentártele, vamos, que arreglarle un encuentro a solas contigo, como si no tuviera otra cosa yo que hacer, imagínate, que parece que está muy prendao de ti el pobre, que le tiene muy impresionao tu porte bacalliano dice, ya sabesh,  qué se habrán pensao estas buenas gentes, qué idea se harán de cómo son estas cossass,  ya le he dicho… milagros No, que eso a Lourdes, pero nada,  el tío bloguero puñetero dale que te pego, que me la tienes que presentar, Mariano, me insiste por tierra-mar-y-aire el tío,  que es muy devoto tuyo, está enajenao yo creo, no veash la de lisonjass que te dedica, que si tus ojos, que si tu pelo, que si el dulce silbo de tu voz,  que si también tiene él un hijo de dieciséis, bueno, no te digo más… ¡que  hassta te mete en una aventura con él en el Museo de Cera con Urdangarín y que no se qué de que también yo te quiero mi amor, sí, shí, lo que oyess… yo creo que está tronao el tío, y duro, que me la presentes y eso, y venga, y ya le he dicho, qué perra, oiga, ¿y qué paso se supone que tengo yo que dar?, escríbala a su grupo, yo que sé, oiga, que por mucho que usted me haya votado, yo a usted no le debo nada, vale…eeehhh…qué másh le digo Ana Oramas, sabes que la política es así, llena de insidias y cosas pequeñas,  díle tu algo, anda, me tiene frito… (…joder, qué guapa es esta tía, hum, el tacto de su mano blanca y tan fina, ¿y tengo que soltársela ya?,  pero qué pequeñita es, es su mirar bella insidia, desde luego, qué divina criatura, vive Diosss,  con gusto la alzaría bien alta entre mis brazos por los aires, la elevaría y la lanzaría un poco en vilo hacia los techos, como un dorado trofeo de la Victoria, King Kong y la rubia en el Empire de San Jerónimo, pero qué estoy pensando, ¿y no podría este abrazo durar un poco más? ¿estrecharse algo más al menos? hum, hueles a brisa del mar prufundo, Oramas,  que acabo de ganar los comicios, que todo esto dentro de muy poco será nada,  joder, ahora mismo anegaría a bessos esta boca y este cuello, le tomaría el pelo entre las manos, qué ojo tiene este cabrón, ¿le pareceré ahora a Ana guapo y todo eso? altísimo desde luego, a las mujeres les gustan muy altos, qué cabrón ese jodido bloguero puñetero de cuyo nombre no quiero acordarme, y qué fermosa dama ess, el muy cabronazo) 

viernes, 23 de diciembre de 2011

Milagros del Comunismo


      
     Diríase que, pese a reclamarse las satrapías comunistas ateas e hijas del materialismo filosófico y radicales perseguidoras, como tales, de lo religioso, los Milagros que acaecen en sus feudos resultan de todo orden incomparables a cualesquiera otros: cómo, si no es por sobrenatural prodigio, se consiguen ¡en 2011! estas multitudinarias e inconsolables lloreras de masas a la misma vez que la casi generalizada hambruna de la población, anda, dínos algo Kim Jong-il, al tiempo que no se priva el Régimen carcelario de poseer la bomba atómica y la preservación de una ineluctable línea hereditaria en el Poder –una suerte de Monarquías comunistas- sin que apenas un solo intelectual de guardia y de vanguardia proclame aquí un mísero Manifiesto aunque fuera.
       A falta de intelectuales patrios abajofirmantes, el órgano de expresión de los del dientes, dientes de la Serpiente, el Gara, homenajeó con esquela y todo el Milagro del Tirano, que la izquierda abertzale, tras la piel de borrego, así las gasta. Bueno, y la Cuba de los Castrones, siempre atenta al Progreso en marcha de los Pueblos, hizóse también eco del Portento y decretó tres días de luto oficiales en honor del grandísimo hijo de Kim-il-Sung.
       Qué gustazo ser un Líder así: medalla de Héroe, medalla de Héroe del Trabajo, medalla de la República Democrática Popular de Corea –que todo se lo dicen ellos- y muchas otras que el Ejército le concedió “en reconocimiento a sus grandes hazañas”. Insistía ayer la televisión oficial que Kim de la Norcorea “sigue rigiendo los destinos de Corea desde el más allá”. ¿Es o no un completo Milagro el comunismo norcoreano?
        Advertíanos Rajoy el otro día de que no esperáramos de su gobernación milagros, siempre tan saborío él. Deje el inglish pitinglish y aprenda del Régimen norcoreano: qué desbordados ríos de desoladas lágrimas, qué llantinas sin final, qué convulsiones de inmenso dolor entre las masas ante el hecho biológico del Bienamado Líder asesino. ¡Y sobre todo públicas lloradías por Uno a cargo de innumerables Mujeres norcoreanas, desgarradas tonadilleras colectivas y viudas todas de su venerado Matador! Ni rastro allí de Santas Indignaciones ni de Spanish Revolutions contra el capitalismo genocida. Alabado sea el comunista Kim-Jong-ísimo.
      

jueves, 22 de diciembre de 2011

La Lotería y los Indignados

    
     Deberían las huestes hibernantes de la Santa Indignación anticapitalista, con Hessel-Sampedro-Santiago Segura-Peces Barba-Punset, -más Antonio Gala calentando en la banda- esa mítica delantera, al frente, si la estricta coherencia y el hondo sentido moral guiara sus actos, ocupar y alborotar de lo lindo esta mañana los salones en que se celebra el Sorteo hasta paralizarlo y detener así uno de los más preclaros símbolos y rituales de la glorificación del Poderoso Caballero. Incluso desde el punto de vista mediático, tan caro a estas idealistas gentes, darían ellos una muy revolucionaria Campanada que por todo el universo aún más extendería el trending topic de la Spanish Revolution. ¡Pocas ocasiones como esta, que mejor unan de una tacada teoría y praxis revolucionarias! ¡Gritarles delante de todas las cámaras a los bombos y a los niños de San Ildefonso su eurovisiva cantata del que-no-que-no-que-no-nos representan-que-no!
    
   
     

     
     DETÉNGANSE AQUÍ QUIENES PRISAS LLEVEN, -aunque desespero, lector, porque a la noche vuelvas conmigo, y a que les digas a tus amigos los tesoros que encontraste en este blog- pues aviso ya que a continuación desgrano pesadísima Teoría mía sobre la Lotería, la CLAVE y la LLAVE de su misterio, que algunos ya conocen y que –oportunista que uno es- no pienso perder la ocasión de en el día de hoy desenrollar, incluso luciendo palmito… y hasta literario estilito, si de ello soy capaz. Valga para el muá como disculpa que el Internet a todos nos está pulverizando la memoria, con lo que es preciso repetir mil veces las cosas para que al menos una quede. Va sin más mi plastísima Teoría:



 
    
    
     Es bien sabido que a la postre resulta la Lotería de Navidad –emblema sumo de todas las loterías- un notable instrumento anti-igualitario, ya que viene a consistir el misterio y la ilusión desmedidos que la misma cada año concita en quitar un poco de dinero a todos para acumular un mucho del vil metal sobre la cabeza de sólo  unos pocos, sin que éstos, por otra parte, hayan hecho mayor cosa para merecerlo. Vendría la lotería a funcionar entonces como curioso mecanismo redistributivo de rentas, salvo que de carácter regresivo, claro, por el que al final del sorteo son los pobres (en su mayoría) un poco más pobres y los ricos (de origen o sobrevenidos de golpe por el soplo de la diosa Fortuna) un mucho más ricos.
     Los modernos Estados del Bienestar, que con tanto afán pregonan buscar la más equitativa y progresiva redistribución de ingresos para los ciudadanos –recordemos el famoso Discurso del Viento zetapeico, montado todo él sobre la aversión a los ricos y la pasión por los pobres… de Somosaguas- deberían, si fueran coherentes no sólo proscribir las loterías, sino perseguirlas, por ser tan contrarias a los fines que dicen buscar.
    
     El fortísimo arraigo emocional que la lotería, al socaire de tanta plática  socialdemócrata, consigo mantiene entre la gente radica a mi juicio en el sencillo paralelismo que guarda con la Vida misma, tan azarosa y contingente, tan expuesta a mil y una circunstancias o avatares, a veces también súbitos y fuera de todo cálculo racional, que complican o facilitan de forma extraordinaria, -y en la lotería el meollo intrínseco es que el mazazo ese puede ser sólo superbenéfico, en principio- la existencia de los hombres. Parecería así que los hombres hubiesen acordado establecer un artificio para imitar con el azar de un sorteo lo que los escritores de los folletones decimonónicos llamarían los vuelcos maravillosos de la existencia para unos pocos.
   
      Se me dirá: al fin y al cabo quien era pobre antes, no mucho más pobre seguirá después, si no atrajo hacia sí el Maná. Sólo que no sabemos exactamente a qué gastos más esenciales desplaza la cuantía destinada a tentar la suerte. Traigamos el asunto a terrenos propios de letraheridos: cuántas veces no decimos cómo tal libro nos cambió la vida (o tal cursillo, o tal pequeña inversión), justo el que ahora no compramos por adquirir el billete de marras… que sólo más billetes nos puede traer, a despecho además de cuanto decimos en principio aborrecer al poderoso caballero.  
     Bien se ve, no obstante, que la promesa que en sí encierra la lotería no es tanto la puramente material como la ilusión condensada al máximo de transformar radicalmente (con una suerte de varita mágica) y de un plumazo el orden pautado de nuestros días (una Revolución estrictamente individualista y hacia arriba) y lanzarnos a una vida que imaginamos más plena… que es justo la que nos proporcionan bien baratitos los mejores…. (iba a poner blogs, fíjate, lector)… los mejores libros, quiero decir. 
     Como toda pulsión extraordinariamente egoísta, (la de ser Uno y nada más que Uno inmensamente Ricos, para darse más tarde el festín inconcebible de ser también inmensamente generoso…con los nuestros, claro, que es impensable el reparto total) una vez formulada y puesta en sociedad necesita, para hacerse tolerable, el ser en alguna medida maquillada. Así, con voz piadosa y acento algo fariseo lanzamos al vuelo esas dulces psicofonías de que “ojalá caiga entre los más necesitados, entre quienes menos tienen, y yo me alegro por ellos y tal y tal”.
          Pero el magnetismo atávico que la Lotería año tras año atesora estriba sobre todo en recrear en nuestro interior la simple suposición, el paladear la dulcísima textura de una sencilla promesa, la de que por qué no habríamos de ser nosotros esta vez –a pesar de las infinitesimales probabilidades de que ello acontezca- los elegidos de los dioses. Es en el fondo un sueño, que está de una forma o de otra, inscrito en la propia naturaleza imaginativa de los hombres que les faculta para ir más allá de su ordinaria vivencia. Es como cuando en la oscuridad de la sala del cine –fábrica de los sueños, se la ha llamado- juraríamos que sólo y nada más que a nosotros la Actriz o el Actor de divina hermosura es a quien está mirando, y que si por casualidad a fondo nos conociera, irremisiblemente de nosotros  acabaría enamorado.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Las Noches de Zetapé

     
    Antes de que los montunos batasunos nos enseñaran los dientes, dientes de la Serpiente, tenía yo pensado contrastar la Noche de Autos Rajoyesca con las Noches de las Victorias Zetapeicas y establecer así, a mi juicio, la diferencia entre una aproximación cauta  y otra mesiánica ante la misma realidad del Poder democrático. Si la una presupone realismo y prudencia, la otra propone, tanto en el emisor como en el receptor del discurso, un ideal mistificador que confunde palabra y realidad. En síntesis: del “No va a haber milagros” de Rajoy del 2011 al “gobernaré para hacer realidad las aspiraciones de las mujeres” de Zapatero en 2008.  
     En su primera Noche de Autos, el general dolor por el recientísimo atentado del 11-M (el más grande en la Historia de Europa) obligó a Zapatero a circunscribir su discurso en esencia a la repulsa del mismo, sin poder dar por ello rienda suelta a la desbocada logomaquia que suele adornar a la Izquierda. A pesar del drama colectivo que se vivía, no dejó Zapatero, sobre un rótulo propio que como ZP le nombraba,  de precisar en su discurso que “lo primero que debemos celebrar es esa victoria del Pueblo español y de la Democracia; hoy han hablado los españoles y han dicho que quieren un gobierno de cambio” mezclando con destreza la fiesta de la democracia que las elecciones siempre suponen y la propia victoria, por más que la misma fuera por un estrecho margen.
     Continuó luego con unas frases que, leídas ahora y conociendo la negociación en marcha tras las bambalinas, mueven sólo al sarcasmo: “…mi prioridad más inmediata es combatir todas las formas del terrorismo… el Terror debe saber que nos encontrará a todos enfrente”. Sólo al final dejó sobrevolando una frase grandiosa, destinada a hacer fortuna: “Os aseguro que el Poder no me va a cambiar”, sorprendente y naif aseveración, a todas luces impropia de un diputado que llevaba por entonces ocho años en el escaño, y que por fuerza de primera mano debía conocer el venenoso tósigo que sin excepción el Poder acarrea para el cuerpo y la mente de quien lo prueba. 
     Y fue en la Noche de Autos de la victoria de 2008, cuando un eufórico Zapatero pudo ya explayarse en su pleno sentir acerca de lo que a los ciudadanos anunciaba. Discurso éste, que contemplado hoy, con la muy amarga realidad de esa segunda legislatura como un tétrico legado por muchos años inolvidable para los españoles, suscita en el observador el más absoluto de los pasmos, de los pasmos “pasmaos” que diría Predicador Guerra.
     Apuntó entonces Zapatero, sobre un estrado que guardaba la mayúscula forma de una Z, “hace cuatro años me dijisteis aquí mismo que no os fallara. No lo he olvidado un solo día”. Balanceándose sobre ese trampolín de la memoria se lanzó de lleno a las más grandiosas proclamaciones:
     “Los españoles han hablado con claridad… Gobernaré para todos, pero pensando antes que nadie en los que no tienen de todo… ¡gobernaré para hacer realidad las aspiraciones de las mujeres! ¡gobernaré para que se cumplan las esperanzas de los jóvenes! ¡gobernaré para que los mayores encuentren el apoyo y la asistencia que se han ganado a lo largo de toda una vida!”. ¡Anunciábase pues la inminente materialización de los célebres orgasmos zerolos, que no por casualidad aplaudía Zerolo a rabiar cerca del Presidente! Obsérvese además el carácter inevitable con el que, ya no en la campaña electoral, se dan como indiscutibles realidades esas absolutísimas utopías, que al simple paso de la palabra presidencial –o de la futura promulgación de una ley- fueran automáticamente cumpliéndose.
     Si al menos sirviera el ricino de hoy como antídoto duradero contra el tráfico y envenenamiento de tanta palabrería demagógica nos daríamos por satisfechos. Pero ni eso, porque esa música tramposa tendrá casi siempre el aplauso garantizado entre un público mayoritario, muy partidario en política de ensoñaciones así, siendo como es la realidad siempre cosa muy cruda.  
           

martes, 20 de diciembre de 2011

Los dientes de la Serpiente

       
     Cuenta la canallesca que los batasunos del imperativo etarra, en el momento mismo de conocer el rechazo legal a su pretensión de constituir grupo parlamentario, como quiera que pululaban por allí los reporteros y que ahora cógensela los independentistas con papel de fumar del Gara en aras de las leyes del merchandising publicitario –neocapitalismo duro y puro- que puede llevarles a ganar los próximos comicios vascos, oyóse como unos a otros pasábanse la consigna urgente sobre la pose obligada a guardar ante las cámaras: dientes, dientes.
     Dientes, dientes, la máxima de la célebre tonadillera pillada en apuros que los batasunos hacían entonces suya. En ese homenaje involuntario a la España racial han venido a dar los cachulis y las folklóricas del abertzalismo de la berza y la serpiente, qué siete magníficos.
     El estupefaciente suceso me hizo recordar los versos de aquella vetusta canción progre –vergonzoso elogio del criminal Muro de Berlín comunista- en la que la muralla de la sociedad se abría y se cerraba según y como quien llamaba a su puerta. Sí, dabuten colega, al diente de la serpiente… cierra la Muralla. Que se la cante Ana Belén esta Nochevieja. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Lo peor y lo mejor de Rajoy en la Noche de Autos


     
      Acostumbran los líderes políticos en las noches de la Victoria electoral a dejarse mecer en la oleada de una suerte de omnipotencia divina que, como un maná providencial, con el Triunfo sobre la crisma les hubiera sobrevenido y suéltanse así, embargados de honesta emoción, a prometernos el oro y el moro a los ciudadanos, como si su sola palabra bastara para hacer realidad los mejores sueños colectivos. En realidad, los Discursos de la Victoria suelen ser el punto crítico de saturación de la Política demagógica, entendida ésta como la pretensión total de ignorar y aun despreciar la realidad, necesariamente compleja y conflictiva, inacabada y problemática siempre, en aras de una Utopía total de imposible cumplimiento.
     Pues bien, a este respecto,  a esta nada interbloguera le sorprendió gratamente en la noche del 20-N el discurso escrito con que Rajoy se dirigió a la nación, antes de asomarse a la balconada genovesa. Me pareció un texto bien medido y realista, de contenido vuelo y con aplomo interpretado,  sin dejarse embriagar por el aroma de las tentaciones mesiánicas y milenaristas que en esas ocasiones embeben, hasta hacerlo levitar, las narices del Vencedor. ¡Es que gran parte de los males de la Política arrancan, a mi juicio, de ahí, de pedirle a ésta lo que es imposible de toda imposibilidad que pueda jamás dar!
     Es un lugar común, y casi una obligada convención, el que exprese entonces el vencedor su propósito de ser el Presidente de todos y con todos y para todos. Vale, está en el guión, algo así como devolver el saludo a quien te saluda. Registró bien Rajoy la delicada situación sobre la que habrá de gobernar y a pesar de su moderación propositiva no pudo evitar deslizarse entre las arenas movedizas del populismo, y tras nombrar a los parados, autónomos quebrados, pensionistas pobres, y “a quienes sufren cualquier forma de infortunio, a todos ellos digo, que nadie dude que TODO lo que HUMANAMENTE se pueda hacer por mejorar su situación, lo vamos a hacer, y que pensaremos en ellos antes que en nadie a la hora de tomar decisiones”. Eso es demasiado decir, creo.
     Pero ese resbalón sentimental de tan difícil cumplimiento no emborrona  el global contenido del discurso que resultó a mi juicio sensato, moderado y cabal. Así lo sintetizó expresamente Rajoy hacia el final de su discurso: “No va a haber milagros. No los hemos prometido. Pero ya hemos visto otras veces que cuando se hacen bien las cosas, los resultados llegan”. Nada más, pero nada menos. Queden los milagros, a pesar de guardar fama como descreídos en asuntos de religión,  para otros.    

sábado, 17 de diciembre de 2011

Misterioso asesinato en el Museo de Cera



     
      Pues nada, que me escribió Ana (Ana Oramas, naturalmente) y con la amabilidad que en ella es categoría plena de su Ser me agradeció el post que le había yo confeccionado. Que se había reído mucho y eso, que muchas gracias y mieles tales. ¿Gracias? Las tuyas, Ana, las tuyas, fue lo único que se me ocurrió entonces atropelladamente por escrito responderle, bobo de mí. ¡Me volvió a escribir a los dos minutos! Pensé, es que eres un merluzo, tío, la has liado buena, seguro que, airada Ana por tu gracieta, te mandará ahora a Parla con el remite de burdo machista en la frente del correo electrónico. ¡Me citaba a las diez de la noche en la Plaza de Colón! Que allí me explicaría ella todo. Bueno, excuso decir que casi sufro una lipotimia frente al ordenador.
     ¿Qué podía hacer esta nada interbloguera sino plantarse en la madrileña plaza quince minutos antes de la fecha señalada? Las ramas de los altos árboles de la calle Génova lucían primorosos collares navideños prendidos en intenso azul. No sentía el cuchillo del airón decembrino en el rostro, claro. Pensé que podía tratarse de una broma pesada, que quizás alguien quería sólo cachondearse un rato del muá. Un minuto antes de las diez alguien tocó mi espalda y… allí estaban los ojitos azules de Ana (Ana Oramas, naturalmente) otorgándole calidad de suntuosa gala a la noche. Llevaba puesta una gabardina bogartiana que en ella quedaba muy glamourosa, sí. Me tendió la mano y, como solo a ella le sale eso, me sonrió por un instante. Bajo la estatua del Descubridor, me temblaron entonces las piernas, lo noté.
     
      No tenemos tiempo que perder, dijo ella, electrizando de urgencias la noche. Que tenía ella privilegiada información de un horrible crimen que en el Museo de Cera iba próximamente a tener lugar, y que era preciso adelantarse y evitarlo. Pe, pe, pero yo, yo soy sólo un jodido bloguero, yo, yo, no no tengo ni media leche, Ana. ¡Jose Antonio del Pozo!, bramó ella contra mi rostro, avergonzándome ya sólo con la mirada. Por el amor de Dios, ¿vas a dejar tirada a tu heroína, vas a ser capaz de hacer eso?, añadió.
    Suficiente el dulce silbo de su voz para armarme ahí mismo de valor. Está bien, Ana, va… sólo dime por qué yo, Ana, por qué el muá. Se apartó un mechón de la cara y suspiró: por increíble que te parezca, la política es así,   … sólo puedo ahora confiar en ti, José Antonio… no podemos perder un segundo más… o los batasunos nos ganarán por la mano, ya te contaré, vamos.
     Seguí sus pasos, cortos y apresurados, taconeantes sobre las baldosas de los bajos de la Plaza. A veinte metros unos raperos ensayaban sus gimnásticas contorsiones, atentos sólo a su pericia. No me pregunten el modo en que Ana lo hizo, pues iba yo del todo alucinado por la situación, que claramente me sobrepasaba, pero, como si con con algo parecido a una ganzúa fuera forzando ella cuantas compuertas del Museo de Cera nos salían al paso, como si conociera las claves que desactivaban las alarmas –tecleó Ana rauda una combinación en su blackberry- en un periquete estábamos dentro de aquellos sombríos y solitarios corredores. ¡Todas aquellas horripilantes estatuas en la oscuridad, aquel cúmulo de pomposas celebridades reducidas a cerumen que parecían salirnos al encuentro, qué canguis!
     
     Atravesamos salas, recorrimos galerías, bajamos escaleras, - la antorcha de los cabellos de Ana, que me precedía- nos adentramos en lóbregos sótanos iluminados sólo por mínimos pilotitos de emergencias con la respiración en vilo. De pronto, a la vuelta de un recodo, una figura amenazante pareció abalanzarse sobre nosotros faca en alto. Ana dio un respingo y sin pensarlo se apretó con vehemencia contra mí. Las curvas de su cuerpo menudo pero incitante encajonándose un instante contra el mío, el goce fugaz de ese súbito acoplarse de órganos cóncavos y convexos. Un instante sólo. Aun detrás de Ana, lancé una patada hacia quien fuera aquel oscuro coloso desafiante. Ni se movió. ¡Como que era la estatua de Marichalar, con la que de bruces por puro azar nos habíamos topado!
     Extrajo Ana una linternita de la gabardina, se la enfocó a la cara y… allí estaba don Jaime, con expresión encarnizadamente burlona. Verle y saltársenos a ambos también la risa, fue todo uno. Oye, Ana, plis, dime qué carallo estamos haciendo en el Museo de Cera a las tantas y de furtivos, le inquirí al cabo a mi heroína canaria. Verás, José Antonio…, me susurró ella –sus labios rozando los míos en la noche del museo, rodeados por aquel monstruoso estatuario, que me pareció entonces que me guiñaba un ojo en lontananza Elvis- …los batasunos pretenden dar un golpe de efecto mundial en la investidura de Rajoy, plantificando por sorpresa en el estrado la figura de Urdangarín bajo una guillotina, y rebanarle el pescuezo en efigie,  proclamar luego a voces ¡el Delenda Monarchia est!  …imagínatelo, chico, la que se va a armar, y necesitan robar para eso la estatua de aquí, en cualquier momento llegarán, tenemos que impedírselo, Jose.
     Me dio la risa. Ana Oramas, tú no estás bien, quiero decir, que estás muy bien… pero, vamos a ver,  qué me estás contando. Quise reirme con audacia de galán, hacerme el duro. Psschh, me tapó de golpe la boca con su mano ella. Se escuchaban en el piso de arriba violentas pisadas acechantes. Ostias, pensé yo, y tragué saliva. ¡Los batasunos! ¡Vamos!, susurró Ana. Sí, vale, pero hacia adónde. Interrogamos con angustia el céreo rostro descacharrado de Marichalar. Reparamos en que su mano izquierda tenía el dedo corazón extendido hacia el más oscuro rincón del sótano.
     
      ¡Albricias! Allí estaba Urdangarín, su estatua en cera quiero decir, vestida de calle ya y, curioso, pareciera que a la expresión de la cara se le hubiera subido una roja vergüenza inconsolable. No pudo evitar Ana al verla –Ana Oramas, naturalmente-, abofetear la efigie y lanzarle por lo bajini un insulto inimaginable a su dulzura. Pero acto seguido, sacó un diminuto serrucho del magín de su gabardina y con formidable energía en un pis pas maniobró y me dijo, vamos, chico, cógele tú de los pies. Oíamos cada vez más cerca y más estridentes las pisadas. Por ahí, y me señaló Ana una puerta de emergencia.
     Subimos con el Duque de Palmarena a cuestas las escalerillas que nos llevaban de nuevo a la Plaza. Lo que pesaba aquel olímpico Ducado, la mare deu. Nos faltaba el resuello. Ana, ajigolada, los cabellos rubios revueltos, estaba aún más guapa. Los raperos seguían practicando sus contorsiones. En un tris decidimos agregarnos a su corro, sosteniendo a nuestro Duque en pie entre nosotros dos. Jaleamos a los raperos, que nos miraron extrañados un segundo, se sonrieron luego aceptando nuestra presencia… para seguir enseguida a lo suyo. Sonaron los ecos lejanos de una sirena policial. De reojo vimos escapar del Museo, por las mismas escaleras nuestras pero hacia el Prado, a los batasunos, contrariados y lanzando euskalherríacas imprecaciones. Bueno, les habíamos chaflado el plan.   
       Estábamos los tres en la Plaza de Colón, que parecía haber ganado en el interim de nuestra aventura un mayor aspecto navideño. El run rún del tráfico parecía el rumor musical de un río muy poderoso. Ana marcó algo en su móvil. Miré hacia arriba y el Descubridor parecía apuntarnos. Le dije, mira, Ana, Colón nos señala. Entonces ella, con la confitura envolvente de su voz al oido me dijo: y ahora tú, chico, vas a cerrar los ojos y vas a contar hasta cuarenta, y piensa,  Jose Antonio, que la política es así,  que fue maravilloso conocerte, y que es eso lo que cuenta. Aunque tenía ganas de llorar, cerré los ojos y empecé a contar. Lo hice sólo porque pensé que Ana –Ana Oramas, naturalmente- besaría al menos mis labios antes de desaparecer. Hacia los veinte escuché el frenar de un cochazo. Abrí al llegar a cuarenta los ojos y, naturalmente, nada, ni del Duque ni de ella, había ya por allí. Increpé –pobre, qué culpa tendría él- al Descubridor al estilo Mou: ¿pur qué? Pero, tan arriba, con tanto coche, no podía él escucharme. Vuelta a casa. Y que this is the end.   
       
     
 
   
    

viernes, 16 de diciembre de 2011

Lo que Ana Oramas dijo al Rey


      
     Mucho me malicio que con el hermoso porte bacalliano que en ella se atesora, más la dulzura inigualable de su son, mi soñada Ana Oramas al mismo Rey de España así le habló:
   
      Majestad, aunque Usted y yo no hayamos compartido momentos difíciles, aunque no sé si con su ojo a la virulé puede Usted a su vez mirar a los ojos de los españoles, ni a los de su padre, que en Gloria esté, que no lo vimos ayer a Usted del todo muy orgulloso de sus hijas, …y yo en su despacho una vez, porque yo tengo una hija de 16 años, y usted tiene dos, pero más mayores, y dos yernos, vaya tela, vaya gofio,  y que los demás un poco se rían si quieren… pero yo creo, Majestad, que los trabajos en la política más duros que hay en este país son ser alcalde y Rey de España, porque se es alcalde y Rey 24 horas al día y siete días a la semana, y en temas que afectan a los ciudadanos, y se queda la familia y muchas cosas por el camino (ya te digo)… y seguro que no recuerda la primera y última conversación con usted y yo hablando de nuestras hijas, pues tantísimos son los afanes, Majestad, que a Usted desvelan, y yo le decía lo que significó para mí que mi hija con ocho años me dijera “mamá, quién es más importante, el Ayuntamiento o yo”, yo le dije... yo te quiero mi amor, me dice, no te estoy preguntando eso, …pero yo sí recuerdo perfectamente, Majestad, lo que Usted entonces me confió,  que también su hija mayor un día se le plantó, y que le dijo, Padre, quién es más importante la Corona o yo, ¿No soy acaso yo la primogénita? ¿Es menos una mujer que un hombre?, y que le dijo Usted ahí lo mismitoo que yo… pero yo te quiero mi amor, y que ella igual, no te estoy preguntando eso, Padre… y la niña con ocho años tenía razón, los niños, ya se sabe …Usted y yo (bueno, y Jose Luis) nos perdimos muchas cosas de las vidas de nuestros hijos… pero Majestad, la Vida que le viene ahora tiene un montón de momentos, y agárrelos fuertemente, Majestad, y lo va a disfrutar y se lo merece, se lo merece a nivel humano y a nivel personal… y le digo una cosa, Usted no es infalible, ¿eh?... pero Usted puede mirar a los ojos a todos los españoles… porque ha trabajado por ellos y también por los canarios, muchas gracias y… sólo una cosa, y por una vez escúcheme, Majestad, présteme atención … pille la Harley que cabalga en su leyenda, cuélguese una guitarra en bandolera y el antifaz mismo del Zorro, sortee ahora de verdad a los cientos de guardaespaldas, ábrala el gas, acelérela a tope, atraviese como un nublado de incógnito la capital del Reino, piérdase por cualquier andurrial secundario de Entrepeñas, deje que el Viento de Jose Luis le azote en libertad el rostro y los cabellos que le quedan, atropelle el asfalto, ábrale los brazos a los rayos del sol que en invierno son caricias de oro,  grítele su júbilo bribón a los álamos del río y a las aves cantoras de los bosques, enviéle el sms a Condoleezza Rice, voy de vuelo, paloma, y mándeles entonces a todos, pero a todos, mándeles a Parla, Majestad, hágame caso, sólo tiene que perder las cadenas y ganar a cambio la Libertad para los años que le quedan, Majestad.

     Oh, lector, si pudieras saber  cuánto en ese trance envidié yo al Rey de España, y sólo porque esas lisuras al oído mío Ana Oramas derramara.
     

jueves, 15 de diciembre de 2011

A propósito del Madrid-Barca: periodistas y hooligans


     
  Qué grotescos esos periodistas deportivos tan en la cresta de la ola directamente enfundados en la camiseta del equipo de sus amores, envueltos además en extraviados ademanes, los propios de los más arriscados hooligans. Qué denuestos de burdel, qué aspavientos de prehomínidos del zoo, qué invectivas de arrabal televisivo se escupen los unos a los otros en sus laureados programas. Bebemugres estos “periodistas” también. ¿Qué espacio dejan entonces para los fanáticos, copiando y promocionando sus rupestres maneras? ¿Acaso no legitiman su sinrazón? ¿A qué barbaridad con su propio ejemplo les abocan?
      O se es periodista o se es hincha. Periodismo es cultura y amplitud de miras, el hooliganismo es empequeñecer el mundo y verlo sólo a través de los rácanos códigos binarios del ganar o perder…como sea.  Todo el descalabro ético y estético de la profesión en ellos culmina, en el penoso circo que con ellos se agita y grita como poseso de qué exito. La función mediadora y el criterio profesional que el periodista debe desarrollar entre la Información y la sociedad a la que sirven hecha trizas con ellos en pro de un espectáculo ínfimo, que sirve sólo para aherrojar a los individuos menos preparados que les siguen en sus burdos prejuicios.
     Ni son periodistas, pues traicionan la cívica misión que encomienda la sociedad a los profesionales de la información, para la que les forman, ni son deportivos, pues lejos de difundir el más noble espíritu de respeto y sana admiración que el deporte comporta, bajo los focos se enzarzan en tabernarias reyertas que nada en claro, salvo el trabajo de las pulsiones más bajas en la audiencia, aportan. Negación del deporte, negación del periodismo, negación del diálogo. Lógico entonces su éxito, en pleno Reinado de la Mugre.    
    

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Bibiana Aido, la Reina del Sur




      
     Le debe Pérez Reverte, el Galdós de nuestros días, una novela de las suyas a Bibiana Aído. Sí, porque lo de Bibiana, su fulgurante ascenso, el misterio que envuelve su súbita y tiernísima escalada al estrellato del Poder, la yerma simpleza de su desenvolverse en el mismo, el chafarrinón de sus ocurrencias ministeriales, el enigma de su posterior “recolocación” en un muy señero puesto de Naciones Unidas -recompensa esta “comprada” con suculentas donaciones gubernamentales previas-, en suma, todo lo que en ella reluce  como clamorosa negación de la meritocracia constituye sin duda todo un Episodio Nacional en sí mismo, un hermético arcano además que convendría, para la paz anímica de España, que alguien con dotes narrativas fuera capaz de desentrañar.
     Y si intrigante y temeraria resulta la peripecia vital de Teresa Mendoza, la heroína que con singular destreza pinta y cuenta Pérez Reverte en su novela, no menos cautivadora, a poco que se indague en ella, habrá de ser la de Bibiana Aído, con la ventaja que proporciona a efectos de la emoción lectora, quiérase o no,  el ser esta una heroína de carne y hueso, de todos nosotros bien conocida, aspirándose todavía por aquí la fragancia única de la flor de su secreto, ese puño cerrado en alto que lo guardara en los tórridos veranos de Rodiezmo.     
     A falta de dotes narrativas, contentémonos con señalar los bastos trazos  de la parábola bibiana: hija del alcalde de Alcalá de los Gazules (Cádiz), licenciada en Dirección de Empresas, tres meses en Unicaja, diez meses en Iturri S.A., tres meses en Caja San Fernando, nueve meses en el Observatorio de Emprendedores de la Universidad de Cádiz, delegada de Cultura de la Junta en Cádiz, dieciocho meses como Directora de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Y stop aquí, que necesariamente debió ser aquí donde se le contagiaran a Bibiana el embrujo y el “ángel”, el arte necesario -por más que sea el mismo todo un secreto inédito al gran público- para catapultarse hasta lo más alto del firmamento del Poder.
     El 12 de abril de 2008 fue nombrada Ministra de Igualdad por el Presidente Zapatero, que hablaba en la intimidad entonces de andar buscando ministras con glamour. Algún talento, difícil de explicar a simple vista aunque enormemente valioso, atisbaría en ella el Presidente desde luego,  que decidió meteóricamente propulsarla al Consejo de Ministros, sin mayores títulos habilitantes para ello, en menosprecio de otras mujeres con más trabajadas trayectorias, es decir, en caprichosa desigualdad, fruto del discrecional poder del Presidente a ese efecto.
     Convirtió así Zapatero a Bibiana en detentadora de una histórica plusmarca: la de ser la ministra más joven, a sus 31 abriles, de la y de los ministros que se tenga memoria en los Anales del Poder en los tres mil años de existencia de España. Estuvo su desempeño marcado por una mezcla de radicalismo ideológico y de “ostentóreas” sandeces en la que mucho brillaron joyas suyas como miembras-niñas que quieren ponerse tetas-fetos no humanos-teléfonos para maltratadores, entre otras insignes aportaciones bibianas.
       Que con todo el raudal de sus deméritos a cuestas, se empeñara personalmente el Presidente en encontrarle a Bibiana –se registraron donaciones gubernamentales por valor de 100 millones de euros allí destinadas- un privilegiado cargo como asesora especial de Bachelet, Directora ejecutiva de ONU Mujeres, acrecienta hasta el cenit el misterio    que tras sí esconde Aído, la rara esencia de ese Bibiana´s secret, la envergadura de su interrogante, sólo al alcance, ya digo, de un narrador de raza, lector, ay, que no es el muá.   
      
    
       

martes, 13 de diciembre de 2011

Los orgasmos zerolos (Erótica y Poder en la Era zetapeica)

     
      Es lo que tiene el merodeo del folleteo, que, como el rascar, lleva una cosa a la otra, se activan la imaginación y la memoria del Deseo, se enerva el Eros ya desatado, y al final, de aquellos polvos estos lodos: volvemos a reencontrarnos y a degustar los míticos orgasmos zerolos. Acaso forme todo un engrudo único, el aire viciado de una época: telebasura de la Esteban-niñas que quieren ponerse tetas de Bibi Aído-desdichadas criaturas de G Sinde-mentiras y gordas- sucia lengua de Bebe-panorgasmos Zerolos (porque del dudoso sobrino de Chaves mejor será no hablar).
     Pocas veces hábrase visto una más depurada copulación de sexualidad y política, esto es, una más descarada incitación a remover en la audiencia juntas las turbias aguas de la pulsión sexual con la de la voluntad de Poder. Cabe no olvidar que analizamos un discurso electoral, es decir, un mensaje político eyectado por un dirigente cooptado por el propio Presidente en el que se demanda el voto, que aquí se asocia a la pluscumaperfecta felicidad sexual en su vertiente más estrictamente cuantitativa: votos como orgasmos. Un mundo feliz, pues, que sustituyera el “soma” de Huxley por el voto en la urna a Zapatero. ¡Poder afrodisíaco y erotómano por excelencia! Poder dador de Placer, si se nos permite la expresión. Podría desde luego Rubalcaba –al decir de sus fieles- resultar sexy, mas sólo una pálida sombra al lado del Gran  Metrosexual Presidente aquí evocado: 
     
      “¡Cuánta felicidad nos ha traído Zapatero en esta legislatura!... (ahí está, la felicitá, que no es la misión del gobierno tanto la buena administración de las cuentas públicas, cuanto, a la manera más populista, la consecución de la plena Dicha, “traida” ésta directamente y en persona, como corresponde a un mesías, por el Líder,  y enfáticamente anunciada por su profeta, casi a punto de licuefacción, tal es su arrobo) …si es que algunos no hemos terminado de tener un orgasmo detrás de otro, un orgasmo detrás de otro… (nótese con que alegre desenvoltura se desliza ya la identificación entre felicidad y orgasmo, en fantástica metonimia, y es de ver también la perfecta sincronía entre el desmelenado tono del orador, diríase que en pleno goce, saltito incluido, y el simétrico bracear arriba y abajo de los brazos del orador, como si masajeara entre los mismos el cuerno de la abundancia presidencial, más la expresa repetición del bien claro objeto del deseo orgasmo-detrás-de-otro-orgasmo, es decir, la felicidad reducida a sexualidad, resumida a su vez ésta en su más contable  registro) …¡nunca había tenido yo tantos orgasmos! (anótese el paso del plural genérico a la primerísima persona, focalizando y ejemplificando en el dirigente mismo, que así se propone como demostración del lúbrico efecto –nueva repetición del fetiche/tabú “orgasmo”-, viva prueba del “efecto Zapatero”,  a toda cosa incomparable, pues jamás conocióse tiempo que diera cosecha tanta –de nuevo lo cuantitativo-  …primero los que me da mi marido (sorprende un poco el papel meramente receptor que a sí mismo en la liasson se da el orador, como si nada de toma-y-daca-de-pan-con-tumaca hubiera en esta peculiar relación, sólo el tumaca, y enternece el sentimentalismo pequeñoburgués, pero falso en el global del mensaje, que antepone los orgasmos maritales a los del Otro, que ya vienen) y luego los que me da Zapatero (ahí está, perfectamente singularizado el Gran Macho Presidente, que si como gallito cubridor tutelaba el posado de las ministras en pieles del Vogue, talante sobrante queda en Él para directamente dar pan-con-tumaca a los afines socialistas a Zerolo, por tanto ya Él mucho más que bienamado líder de la Verdad del Socialismo guerrista, Señor Orgasmador de la grey gay ahora, que nunca vióse soberano con semejante Poder de pernada)  …¡orgasmos democráticos! ¡orgasmos democráticos! … (le voilá biseada la genial fórmula zerola que fusiona lo íntimo y lo colectivo, lo púbico y lo público, la sexualidad y la política, que en el socialista way of life sólo puede ser, claro, democrática, trascendental novedad ésta en los dominios de la ciencia sexual e inequívoca censura de los supuestos “orgasmos antidemocráticos”, arrebatos estos quizás merecedores de represión) …después de conseguir leyes que reconocen la dignidad de tantas mujeres y de tantos hombres en este país.” (voltereta última que nos devuelve al ámbito político, en la que se vincula la promulgación de leyes, discutibles como todas, al reconocimiento de la dignidad, excipiente ésta última, se supone, de tantos y tantos orgasmos democráticos)  
      
     Y es tan ajustada al mensaje la proclama y la actuación de Zerolo (nunca mejor dicha que aquí la máxima aquella de Mac Luhan por la que “el mensaje es el masaje”) que debió la derrochona Ministra de Cultura (derroche democrático, el suyo, por supuesto, que del Orden del Placer seguimos hablando) imponer su presencia entre el elenco de su célebre “Mentiras y gordas”, ya que beben ambos muy similares vientos… a los que también bebe ahora la gran Bebe.