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jueves, 5 de abril de 2018

¡Ahhh, El resplandor en la Catedral!


   



  Uff, la tremebunda escena, a la vez real y Real, hiperreal pues, pareció adquirir por momentos en síntesis los contornos de una película de terror. Veamos: de fondo el escenario siempre intimidante y fantasmal que todo Palacio para sus moradores -no digamos ya si en el mismo advenedizos son- implica: ese aislamiento, esa agresiva claustrofobia que casi siempre sus inmensas galerías y protocolos desencadenan. Añádanle, como en un raro cuento gótico, que una joven progre se casa con el Rey, que se convierte ella así en Reina, es decir, que se embarca en una Vida diametralmente opuesta a la que su preparación y carácter le pedían. Más la cosa, clásica y universal entre personas y animales, de marcar territorio. En fin, érase el Domingo de Resurrección en la Catedral, y a la salida de la Santa misa, en presencia de mitrados, guardaespaldas y gentes monárquicas, comparecía la Familia Real. En estas que la Reina Emérita, presa de a saber qué prurito, con inusitada brusquedad engancha a las nietas por los hombros y pide foto. La Reina entonces, madre de las infantas, como espectral y ceñuda presencia, se cruza y se cruza adrede, para romperle a la Suegra el Cuadro. Que encima de pronto se acerca a la Princesa de Asturias, para con dedos repeinarla el peinadísimo pelo. La Emérita, que quiere apartarle esa mano. La Reina que no cede. Enfrentadas. Palabras como puñales entre ellas. Conversación en la Catedral, sí. Unos instantes grotescos sobrevienen ahora, en la soterrada pero palmaria pugna entrambas, durante los que la Reina Emérita, para driblar a lo Ronaldo la maligna silueta, arrastra consigo, primero hacia un lado y luego hacia el otro, a las infantitas por los flancos enganchadas, en busca aún de la foto perdida. Se bambolean, todos allí como títeres se bambolean. Pobres niñas, diríamos. Una apenas pestañea, pobre, sí. Pero, ante el vahído general, la otra, Princesa de Asturias ya, de forma inopinada y un poco a lo Carrie,  de un formidable manotazo aleja de sí el brazo de su Abuela, que, profesional,  insiste con disimulo en pasarle de nuevo el brazo por el cuello. ¡Vuelve a su vez la Niña en público, mientras la Madre hace nada, a repetirle el asco a su abuela Real! Rayos, truenos y centellas. Bueno, majo, para qué quieres más. Qué contenidísima altatensión, por Dios. Ni con el cuchillo de El resplandor podría cortarse tanta. Suerte que, como en los cuentos felices,  llega el Rey Soberano, el Padre también, a poner paz… Bueno,  a poner algo de paz en… el horror, el horror… Tras ellos, a un lado escorado, el legendario Rey Emérito, el motor de la Democracia, el Abuelo, que fue picador, yes, que observa impotente la tremenda escenita. Que tuvo después incluso terrible secuela, pues quiso luego en la explanada la Abuela, quizás para borrar la hiel derramada, besarle el pelo a la brusca Princesita, que, dulce esta vez, ni se movió… ¡Más allá que se llegó de nuevo la Madre… y pareció, oh, my God, pasándole la mano sobre la misma parte besada en la cabeza a su Hija, querer así disolver, centrifugar, anular ese beso. Anótese asimismo, signo de los Tiempos, el ocaso real y simbólico de la Figura Paterna en el quilombo. Y la moraleja: ¡Suerte, valiente Felipe VI, Rey de España! Que la vais por tantas cosas, Señor, creo yo, que soy nadie, a necesitar.  


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miércoles, 28 de febrero de 2018

Por qué la Reina Letizia debió ir al World Mobile y qué decirle allí a Ada Colau


   



   Sobresalió la estricta soledad del Rey en Barcelona durante la Feria de los móviles. ¿No pudo acudir Reina Leticia al evento, o es que, a propósito del golpismo separatista y su cacerolada inquina, es diferente su real pensar? De haber ido, interponiéndose y ahorrándole al Rey el desgaste simbólico, algo podría haberle dicho ella a la alcaldesa Ada, que, no contenta con el feo protocolario al Monarca, con la serie de morrudas malascaras que aquí y allá ante los focos le puso, incluso momento buscó para pretender abroncarle… ¡y correr encima a contárselo luego a la Prensa!
    Malo el que quisiera, totalitariamente, esta hada funesta interpretar a todos los catalanes, como si fueran estos, contra los inapelables datos electorales, de un Único Pensamiento, el Supremacista, pero… ¡reprochar Ada Colau empatía a alguien! ¿Habráse visto alguna vez más desenvuelto cinismo? Si alguien ha construido su carrera política montada sobre la ola de un lenguaje virulento y fanático, azuzador de masas, esa ha sido ella. ¡Si lo primero que ella antes de nada en el Poder Municipal  ordenó, entre las risitas de sus edecanes ante las cámaras, fue retirar y meter en una caja un busto del Rey de España! Lo segundo fue “colokar”, pero que bien colocado, en el Presupuesto público a su compañero sentimental. Pedir ella empatía… ¡que vino torcidamente a acusar al PP, a cuenta del Ébola, de provocar un EXTERMINIO ENCUBIERTO! Qué decir ya de la poco disimulada complacencia ante los batasunos.  En fin, Ada Colau… no haré más preguntas, Señoría.  


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lunes, 27 de julio de 2015

Sentido y peligrosidad de Ada

   


   Si P Ig se contentara por el momento con encasquetarle al Rey los videos de una serie plagada de decapitaciones y sodomizaciones,  deliberadamente ha querido así Ada, con esa simbólica defenestración con las elecciones todas a la vista, encender la mecha –seguida en ecos por similares gestos podemitas en otros lares- que dispare la traca que a su vez haga estallar el modelo constitucional. A eso aspiran, a que como en 1931, una victoria –que no ha sido tal- en algunas grandes ciudades en las municipales dinamite el Régimen Constitucional. ¡Es el PSOE quien, aupándoles a esos Tronos, les ha prestado y arrimado el barril de gasolina a la pirómana antorcha que los de la izquierda ultra portaban! Del PSOE es la responsabilidad histórica de lo que se avecina.

   
   ¿Creéis en las hadas?, les preguntaba el autor de Peter Pan a los niños en las representaciones teatrales de la obra, para que, con el SÍ estruendoso de los pequeños pudiera allí Campanilla ante ellos, batiendo alas, mágicamente resucitar. No podemos, en cambio, creer en esta malévola Ada que tan groseramente juega sus extremistas y desestabilizadoras artes. Sólo dos personas pueden en parte detener las oscura tretas de esta Ada: Pedro Sánchez, Líder del PSOE, decisivo en esta radical encrucijada de Ada&Mas, que servirá para poner luz de verdad sobre la sinceridad de su pasión por la descomunal bandera de España con la que, tras aupar a los extremistas independentistas al Poder, hace poco se publicitaba. Y la Reina de España, Doña Leticia, quien por, como es sabido, compartir no pocas afinidades electivas con aquestas tropas Indignadas y directamente verse ahora interpelada, algo sonoro y efectivo sin duda sí que en público podría desde luego decirles. 




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martes, 3 de junio de 2014

¿Monarquía o República para España, AHORA ?


   Claro que el Rey de España, símbolo de la unidad y permanencia de la Nación española, debe sajar y atajar del todo cuanta sombra de corrupción pueda también a él y a su Casa alcanzarle. Y por supuesto que debe su actuación resultar ejemplar y útil a los ojos de los ciudadanos. Rex eris si recta facies, si non facies non eris, que decía el clásico que estudiábamos allá en el rancho grande. Que de no ser así, su suerte estará más que echada. Pero tampoco debe ocultársele a nadie, a ninguna persona avisada y responsable, que todo el que deteste el caos para su nación puede ignorar que el establecimiento de una República ahora, dada la cultura política en nuestro país dominante, dada la hondura y la gravedad de las querellas de todo tipo que a nuestra nación asolan, sólo podría ser el principio del dramático precipicio por el que a tumba abierta todos de hoz y coz nos arrojaríamos.
   
   Primero que quién.  Y luego que, pasados tres meses, los unos, los otros, Maroto y el de la moto, más el resto de los hunos, que diría Unamuno, lo habríamos convertido en un inútil pelele. Todos los diques institucionales de autocontención y de una mínima unión, los mínimos lugares de un precario punto de encuentro, estarían ya del todo arrumbados. Sería imposible después –cualquier observador imparcial y templado debería preverlo- volver a tapar esa caja de violencia, con todos los males como locos ya desatados. Que al menos también en este infeliz blog, en el que caben todo y nada, quede escrito.

Más aquestas notas, lector, a pie de post:

-la Abdicación no hace sino aumentar más y más el vértigo socialdemócrata de que ayer hablábamos. Parece evidente que la suerte de Felipe VI, de Leticia Ortiz, de la Monarquía se halla, una vez más, en manos de la decisión del PSOE.

-Es de ver, con lo que el Rey ha alabado siempre a las Fuerzas del Progreso, cómo muchos de ellos se lo pagan, los muy ingratos.

-Será importante, claro, dada la ascendencia que sobre el futuro Rey guarda, la personal actitud y decisión que doña Leticia Ortiz en estos momentos adopte.

-¡Si hasta el propio Carrillo, y con él todo el PCE, alabaron al Rey hasta la extenuación!

-Al mismísimo Señor de ERC no tuvo el Rey reparos en recibirle y soltarle aquello de... hablando se entiende la gente

-Cuánto no ensalzaría pública e insólitamente el Rey a ZP (Hermano Mayor espiritual de los Indignados) que éste vióse obligado a reconocer que es que don Juan Carlos era un rey... ¡muy republicano!

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domingo, 10 de noviembre de 2013

Dos Princesas que se dan la mano



   Cantaba Sabina, desgarrado cronista suburbano, que “las niñas ya no quieren ser princesas”. Pues no, don Joaquín, esa estampa resultó falsa. Ahí al fin las tenemos, frente a frente, Princesa de Asturias y Princesa de la Telebasura, princesas del Pueblo las dos, agarradas con firmeza a su respectivo principado, venidas ambas desde los confines del Pueblo llano, -qué astrólogo alguna vez hubiera podido aventurarles su fabuloso Destino- mutuamente reconociéndose en su principal esplendor, fuerzas vivas del Hoy que se besan reoperadas, con un Príncipe de sangre very blue y todo por complaciente testigo.
     
   Está, pues, atiborrado de simbolismo el Encuentro de las Princesas. Anótese que, en astucia escenográfica que al mismo Hegel hubiera dejado turulato, tuvo lugar la confluencia en los alegóricos dominios de la Razón: en efecto, celebrábase el XV aniversario del diario La Razón. Pero es que además son ambas dos criaturas por excelencia del verdadero artilugio conferidor de poder social hoy: la televisión. Es como si ante la crucial influencia de los media todas las tradicionales jerarquías se inclinasen, como si a lo sumo tratasen de incorporárselas, aunque más bien son los rancios linajes los que sirven ya sólo de aderezo a las nuevas fuerzas sociales triunfantes.
    
   Cuentan que iba la Princesa de la Telebasura ataviada en un soberbio vestido de cóctel negro con preciosas incrustaciones a juego. Que, como corresponde a su real primacía y a los relatos canónicos en los media hoy, había la Esteban toda la tarde ido retransmitiendo el previo en su popularísimo programa. Que fue la Princesa de Asturias (y de los telediarios) la que, adelantándose,  sorprendió a la escatológica Princesa del Pueblo: “Hola, Belén, cómo estás”. Que se dieron ellas las manos entonces. Que, con buen tino (¿de Letizia?) no pudo Belén ya prodigarle la cortesana reverencia prometida, que hubiera saturado, rozando de sarcasmo, el soberano encuentro.

    
   Pero sobre todo lo que significa la chisporroteante irrupción de Belén Esteban en la conmemoración de todo un sesudo periódico y su fulgurante presentación y reconocimiento de tú a tú ante la de facto Primera Magistratura de la Nación es la ascensión, legitimación y entronización de la Telebasura ante las principales instancias sociales. Le voilá el matiz.



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jueves, 1 de agosto de 2013

Romance del Abuelo taxista que a Princesa Leticia avergonzaba (Poessía cincuenta)



Que por mayo era por mayo
cuando Leticia se casó
con el Príncipe Felipe
heredero del gran Borbón.
Buenas nupcias eran esas
pues hacíanle Princesa
a una chica de la tele
y a su boquita de fresa.

Una nube sólo turba
el sueño de Leticia Ortiz
que su abuelo tarambanas
en la boda haga un desliz,
que le vigile manda a su primo
un panoli meretriz.

Llegó el día señalado
al fin llegó la Ocasión
Palacio Real de Gala
Europea Realeza en flor
Hannoveres, Windsords,
Grimaldis, Liechtensteines, Albertitos,
aristocracia en surtidor.
El banquete bien regado,
los manjares aún mejor.
Vino luego el fino baile, ay,
ahí la cosa se torció.

Baronesas, duquesas y vizcondesas
empingorotadas de alcanfor
estiradas, genuflexas, architiesas
sus trapitos en primor
miriñaques, pelucones, los encajes…
se aburren con discreción.

Irrumpe ahora en la pista
-en ojos de Leticia horror-
aflojado de corbata mixta
a la mierda el pasador
evadido de su guardián
oh, impar truhán,
el Abuelo trabajador,
si es su profesión taxista
qué de malo en ello, holgazanes,
si no conocéis el sudor,
que viendo aquello tan soso
quiere, siendo él rumboso,
al casorio de la nieta guapa
darle más humano calor.

Mas como anda achispado
por tantos caldos jaleado
viendo allí tantas hembras
al parecer placenteras,
no es la edad frontera
que a él detenerle pueda
y por el deseo encabritado
bailotea el taxista lanzado.

Pide a la orquesta rumba
y con zascandil disimulo
a una condesa austro-húngara
ya le va tocando el culo.
Empalmado en la carrera
a una princesa eslava
con la excusa de una salsa
es que a poco se la clava.
Oh, qué picarón tan diestro,
si a marquesa teutona
¡qué mujer!
a la vuelta de una jota
por las risas ella rota
le ha palpado a placer
¡muy bien hecho!
temblorosos los sus pechos.

Ya se llega aquí Leticia
con sonrisa de novicia
ya con todos se excusaba
-si pudiera lo mataba-
por su abuelo el achuchón
oh, principesco sofocón,
que su primo, el lechuguino,
pronto cobraría lección.
Ni una de esas archiduquesas
le reconocen su emoción
que hallaron secreto goce
con el Abuelo cachondón.

Se le lleva el primo preso,
va el abuelo cabizbajo
amargo, meditabundo
no comprende él este mundo
de pronto se siente bajo
qué trastada él ha hecho
ni que fuera un pequeñajo,
todo lo más a una nórdica
arrimarle bien badajo,
ya deja el Baile el abuelo
el más noble del atajo.

¡Viva ese Abuelo plebeyo
borrachín y garañón
que si el gran Víctor Manuel
cantó una vez al suyo
minero y picador,
a este de la Princesa,
taxista y picoteador,
humilde trabajador,
fue un gusto supremo,
de fracasati trovador,

el poder cantarle yo!




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miércoles, 31 de julio de 2013

Historia del Abuelo chisposo que a Princesa Leticia abochornaba



   Es una escena deliciosa. La cuenta en su libro el primo felón, y si non e vera, como pocas merece ser pero que bien trovata. Ocurrió en Palacio, en el Palacio Real por todo lo alto engalanado, con ocasión de las nupcias que al Príncipe Felipe y a Leticia Ortiz en real matrimonio unieron. Presentes allí, de un lado, las egregias criaturas de todas las dinastías reinantes europeas, incluso de las no reinantes, el Gotha de la rococó Aristocracia universal en tiros largos, esa merdé del abolengo y de la sangre azul envuelta en el frufrú de sus carísimas sedas y afeites, y del otro, el menestral puñado de los Ortiz Rocasolano, qué pasa.
   
   Preocupaba al parecer mucho a Princesa Leticia, delante de tan refinadas y principales presencias, un derrape protocolario de alguno de los suyos, por qué. Con femenina intuición centraba la Princesa su inquietud en el abuelo Paco, taxista de noble profesión -pues no hay título en la vida que más alta dignidad conceda al hombre que el recto y perseverante trabajo-, hombre afable y rumboso, inclinado, eso sí, con ocasión de los ágapes, y de las bebidas espirituosas que a los mismos se asocian, a la naturales expansiones a que la franca bonhomía del pueblo llano y trabajador en esas situaciones propende, sólo que… ¡ante tanta vizcondesa!
  
   Aleccionó Leticia al abuelo. Prometió éste a su nieta, con algo de tristeza asomada ya al noble y entrecano rostro plebeyo, que nada de él debería temer. Encargó además Leticia, que no debía ni así tenerlas todas consigo, a su primo, ese palomino luego traidor, que estrechamente vigilara en el convite al abuelo Paco.
     
   La ropa de estreno, la luz deslumbrante de esas arañas palaciegas, la alegría que todo casamiento disipa, no digamos si se trata el de la propia nieta tan querida, las viandas soberbias e innúmeras del real banquete, la calidad afrutada de los vinos tan variados, la obsequiosidad maliciosa de los camareros reales venga a llenarte la copa, todo eso junto a la altura de los postres hizo inútil el ideal propósito de autodominio en el abuelo Paco. Además, el primo palomino, como en un anticipo de su traición, puede que secretamente regodeándose el muy, rehusó su encomendada misión de celador y dejó al abuelo Paco al pairo de sus efluvios vitivinícolas.
  
   Lo bueno habría de venir al son de la música y con la liberación que el baile procura, cómo no. El abuelo Paco, aflojado ya un punto el corbatón, sólo un poco achispado, lanzóse raudo a la pista de baile. Es fácil imaginarle las trazas berlanguianas, a lo López Vázquez, como un Quique Camoiras desmelenado, natural producto del pueblo trabajador español, las piernas algo arqueadas por tanta patada echada, su frenesí entre aquella pléyade de ociosas y aburridas marquesonas, repintadas como monas de diseño, emperifolladas como rosas de pitiminí y plexiglás.
  
   In vino véritas, se dirá, y la verdad, en viendo todas aquellas ricashembras tan a la mano, puede que al abuelo Paco, es natural también, otros apetitos verdaderos se le encabritaran. Sugiere el primo lechuguino que a cuantas condesas, baronesas y vizcondesas allí lucían título y palmito, a todas el abuelo Paco piropeaba y casi pellizcaba, a todas los tejos con gracejo les lanzaba.
     
   Y asombroso fue que la natural espontaneidad del abuelo Paco a muchas de aquellas marquesonas encantara, y que con su picardía verbenera del bobo amuermamiento las arrancara. Pues foránea princesa una al menos hubo, al decir del primo traidor, que de lo lindo con el abuelo Paco bailoteó, anotando, meticuloso el primo, el libidinoso impulso con que en el lance el abuelo, si con una mano bien contra su cuerpo por donde la espalda termina a la princesa ceñía, por el frente con arrojo le arrimaba la propia yesca a los principescos bajos.
     
   En éstas llegó Princesa Leticia para, con diplomática y televisiva sonrisa en los ojos, al primo por lo bajini susurrarle horrorizada su orden y su enojo, “Tienes que parar esto. Llévate al abuelo a dormir. ¡Ya!”, pues mucho al parecer el despendole que en la pista de baile acontecía a ella abochornaba. Cumplió órdenes el pérfido primo y, mientras el Gran Baile proseguía es fácil también imaginar la pesadumbre y el demudado abatimiento culpable, como de niño castigado en mitad de la fiesta por haber hecho gran trastada, del brazo del primo preso, con que abandonaba cabizbajo el abuelo Paco, con seguridad el más noble ejemplar de todos los allí presentes, las reales estancias en día tan señalado.



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martes, 27 de diciembre de 2011

Punset enreda también a los Príncipes


     
      Se ve que no podía el hombre aguantárselo. Leí hace unos días que de motu propio reveló Punset… que al Príncipe y a Leticia también “les gusta Redes”. Me pregunto qué necesidad, si no es la de una elefantiásica vanidad de vanidades en perpetuo síndrome de abstinencia puede llevar a alguien, que lo es ya Todo, a revelar a sus años cosas así. Que tal hiciera un pelanas, tendría un pase. Qué se yo: que me escribiera Princesa Leticia diciéndome que alucina en colorines con mi blog, que por lo mismo me convida al próximo besamanos con Editores y tal, y vamos, es que al punto me revolcaba yo en éxtasis por los charcos de mi barrio. Normal. Pero que así, como un Honor que se aparenta a la vez desdeñar y ostentar, lo haga el archipublicitado Punset parece desde luego asunto de tomo de psiquiatría.
     Será que todos los halagos le son pocos: miembro del jurado de los Príncipes de Asturias, es decir, establishment en estado puro y arengador de las santas masas Indignadas en Vetusta al tiempo, todas las caras le son pocas a Punset, dotado de una versatilidad prodigiosa, a imagen y semejanza del pan de molde multinacional que publicita el Señor rodeado entre las chicas. ¡Aún recuerdo sobrecogido cuando en la reciente e histórica jornada del 15-O a través de las redes sociales hizo saber al mundo entero Punset que también lanzábase él ese día a las calles en pro de OTRO MUNDO posible. ¡Y a fe que lo es!
     Envidia rastrera de Punset, desde luego: tiene uno cuatro seguidores y a diario se disgustan dos conmigo, y veneran a Punset por igual Príncipes y plebeyos, Borbones y Pueblo, los prototipos de la Realeza y los viscerales antisitema de este perro mundo, sujetos todos por igual en la red de su devoción. Seguro que a Urdangarín también le gusta Punset, pero no sé si esto lo va éste a revelar.
   

domingo, 6 de marzo de 2011

Párate con un cualquiera, princesa mía

    
     Cuenta la leyenda reciente que propala la canallesca que hallábanse sus Altezas Reales –me parece que así debo decir- en pleno besamanos coruñés. (Qué bonita palabra, besamanos, que gusta sólo el tenerla ya en la boca, qué hermoso el gesto que en sí denota, qué mejor ocasión aún. Ya daría uno –apenas un buhonero bloguero- media vida por encontrarse con cada una de las seguidoras de este penoso blog y poder agradecerles así la ley que me guardan, besando suave y en calma la extensión entera de sus manos. Beso tus manos, puedo solo decirte aquí. A los chicos, tan sólo se la estrecharía, claro es.)  Estaba, dice la leyenda por mi culpa interrumpida, en amable conversa Príncipe Felipe con el concejal de fiestas coruñés. ¿Y de qué demonios se hablará en esos casos?, pensaba siempre uno cuando veía esas imágenes, consumado ignorante como uno es de los usos protocolarios del alto copete y asombrado a la vez del grave énfasis con que se les vé entregados a ese minué a quienes participan de los mismos. Ni que resolvieran, cual Heideggeres besamaníacos, la esencia misma del Ser y de la Nada en el Tiempo.
      ¡Claro, se habla del Tiempo atmosférico, ¿de qué si no?, que así lo ha revelado el concejal coruñés, Carlos González Garcés. Confiábale al parecer Principe Felipe que habíase él aviado con ropajes de especial abrigo en esa ocasión para mejor llevar el rigor del clima reinante, je, jé. Así transcurría el espíritu del amable besamanos, como un minuetto festivo de Boccherini ilustrado con muy reverenciales gestos y palabras casi inaudibles.
     En éstas, tronó el látigo de una voz, atravesada de disgusto, tras ellos. Era Princesa Leticia, al parecer también infartada entonces de premura. ¡Si te paras con cualquiera, no vamos a acabar nunca!, bramó entrambos la que un día se sentará sobre el más alto Trono de nuestra nación, si es que hemos de creer el testimonio del contrito edil. Es seguro que Príncipe Felipe debió sonreirse y mirar luego en todo caso enarcando las cejas al concejal, demandando su comprensión y dando así por concluido el principesco coloquio.
    
     Naturalmente en nada escandaliza a uno la sinceridad en casos tales, que lo rococó empalaga sobremanera, - así también comprendo yo a quien de mi blog huya lanzando pestes- ni la peculiar liasson psicológica que, tal como despréndese del suceso, sus Altezas Reales entre sí mantienen, por ser esas cosas muy particulares y suyas, que sólo a ellos atañen. Sí, subleva un poco, en cambio, el contenido clasista del reproche. Primero, por lo explícito del mismo, pues ya deberían haber convenido entre sí sus Altezas, como hacen todas las parejas enamoradas, un gesto cómplice que tal significara y que ahorrara el exabrupto algo bruto de la Princesa. Y segundo, por ese “pararte con cualquiera”, que igual que a un trapo debió hacerle sentirse al pobre edil, hasta tal punto apenado por el desdichado lance que…  -y aquí, lector mío, toma aires valleinclanescos el lance de la leyenda volandera que trae la canallesca-  no pudo reprimirse él de contarlo todo en un evento… ¡de la Asociación de Viudas Coruñesas!, tócate los gabilondos. Imagino uno bien la dramática escena: la desolada confesión del edil ante el concierto de todas esas señoras desconsoladas por el feo Real al concejal de su alma, y con lo prontas a la lágrima que sin duda han de resultar esas asociadas, la llantina desbordada y general que debió montarse en la Asociación,  es que se te quiebra  el pulso.
    
      Pero es que revela además el acre sucedido que desconoce del todo Princesa Leticia a los más ilustres ciudadanos sobre quienes habrá Ella un día de reinar, por ser Carlos González Garcés toda cosa menos un “cualquiera”, ya que amén de concejal, profesor de Historia, importante preboste socialista y relevante animador cultural en la ciudad desde tiempo inmemorial, hijo de un gran poeta y escritor, es persona de estupendo sentido del humor bien dotada, tan estupendo que le llevó el mismo en inolvidable ocasión a la mediática celebridad que abajo, para solaz ahora de mis seguidores, recuerdo. En fin, qué hubiérase oido de labios de la Princesa, que admira tanto al gran Sabina que le invitó a Palacio a cenar, si a  Príncipe Felipe le llega a dar por departir con un anónimo bloguero, éste si que sí, un cualquiera. Le echa los perros.
     Párate tú pues, princesa mía, a ti ahora te digo, aquí, en esta mi covacha ruin, detente un momento conmigo, extiende ante mí tus manos claras, permite que las bese yo, un cualquiera, que blogs blancos no ofenden, princesa.