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lunes, 18 de junio de 2012

¿Adónde volaron las amapolas?


      
    John Ford, la memoria de sus secuencias más líricas, tan frescas a pesar de ser ya bien antiguas, me inspiraron de nuevo – en esa especie de sesión continua, a despecho de la posmoderna existencia, que se rompe en mil fugaces instantes sin sentido ni concierto, que uno en vano le busca a la vida- un apremiante deseo por volver a contemplar las amapolas del descampado de mi barrio que a mi modo te canté (post mío de 21-5-12), el clamor de su color arrebatado. Llegué al semáforo, que estaba en verde.
   Era igual, pues a esas horas tempranas por allí nadie circula. Detuve el coche. Busqué ilusionado el punto de fuga que ellas el otro día llenaban… Ni rastro de ellas ahora. Me bajé entonces, como si de un alto de la Diligencia me apeara, inspeccioné ese suelo, pateé ese edén imaginario, esperando al menos descubrir las corolas por allí desparramadas, como finísimos rubíes entre la maleza… Nada. Esfumadas las amapolas, desaparecidas, por completo disipadas. El hueco intolerable de su ausencia. También los hierbajos verdes que las daban soporte raleaban y aparecían agostados ya en junio. Un erial en fragmento ante mis ojos fordianos.
    
   Será normal, será que es todo así de fugitivo y gaseoso, pero no dejó la novedad de contrariarme. El sesudo analista político que en mí habita encontró en el matinal desencanto toda una alegoría de mucho mayor calado. Fue él quien me sermoneó entonces: “Sí, miré los muros de la Patria mía, si un tiempo fuertes …ya de las amapolas abandonados… Frau Merkel, España está lista para ser intervenida”.
   Sólo el dudoso poetastro que también a veces me recorre puso a salvo mi desconcierto. Como un ángel no esperado, me susurró él bajo la bóveda soberbia de la mañana estival: no han desaparecido tus jodidas amapolas, so bobo… Como las aves, es sólo que han volado ellas en busca de más suaves climas, allá donde puedan, como bailarinas encarnadas, en toda su plenitud deslumbrarse y deslumbrar. Y si te hubieras levantado justo al despuntar del día, bloguero camastrón, hubieras podido ver, atravesando los cielos aurorales, el vuelo en bandadas de los cálices emprendiendo su viaje de supervivencia, ese remonte de purpurados pétalos pintando a trallazos de rojo la amanecida y los horizontes, y hubieras tenido delante de ti entonces, indolente bloguero, muy abundante acopio de belleza, a tu alcance  para tus contumaces poessías,  y así podrías...       
    Le interrumpí yo entonces al ángel, ¡vale-ya!, que para eso habría que ser John Ford. Y eso son ya palabras mayores.



Post/post: gracias a Shikilla, a Mónica, a Winnie0, a MAMUMA, a NVBallesteros por su gentileza en johnfordear conmigo incluso en domingo, por bloggear ayer a mi lado, GRACIAS.
    

1 comentario:

Monica dijo...

Muchos son los que he visto emprender sus viajes de supervivencia, dejando tristeza a su alrededor. Saludos