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viernes, 28 de agosto de 2015

La joven de Vox y Tardá ERC, el yin... y el gañán

     



   El convoluto grotesco de la realidad nos los sirve juntos, por más que representen lo opuesto, una antítesis de improbable síntesis, pues nunca la brutalidad –incluso retórica- puede amoldarse con la inocencia.
      Del lado de la luz, Inma, dieciocho años, candidata de Vox en Cuenca, apalizada al grito de ¡fascista! a las ocho de la mañana al salir de la casa de sus padres. Decía Churchill que democracia es que, cuando llamen a tu puerta temprano en la mañana, sea el lechero. A Inma le gritaron ¡fascista! y le arrearon una paliza. No faltaron en las redes nobles idealistas que encima se chotearon de ella. En el terrible contexto existente de la violencia contra las mujeres, ¿reacción de las Feministas Oficiales ante el ataque a Inma? Cero. Muy majas. Ya dejó sentado el otro día una mandamasa del PSOE que el PP es “un partido peligroso para las mujeres”, sin que éste se inmutara. Como si se dejara, vamos.
      
   Del lado tenebroso, con esas trazas de Ogro gazaparullo que gasta, Tardá y su habitual y hedionda mascletá. Desde la tribuna de oradores del Congreso, desde el por excelencia lugar para la Palabra, sus regüeldos de cabestro, la baja estofa del muladar de su imaginería: “Vamos a darles una patada en el culo políticamente”. ¡Así se habla, con dos pujoles! El homo gañanis también en las Cortes, ¿lo vemos? Una paliza a una chica de dieciocho y una retórica patada en el culo: el yin y el gañán. Es lo que hay.

    



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martes, 29 de julio de 2014

¿Y Albert Rivera? ¿Y Santi Abascal?



   Resulta más que chocante el escandaloso vacío simbólico y escénico que los partidos nuevos, y sus jóvenes líderes, no contaminados por tanto con el chapapote corruto que la funesta sombra de la Casta arroja sobre los partidos tradicionales, guardan tras las elecciones europeas. Ese clamoroso “silencio” aún más chirría por contraste con la omnipresente logorrea de los Líderes Sumos de los Filochavistas en sus cadenas favoritas de televisión, siempre a la mínima dispuestos, Iglesias y Monedero, Monedero e Iglesias, a encasquetarte el furioso mitin de campaña, que para eso de corrido se lo saben.
   
   Es como sí, Rivera, Abascal, Toni Cantó, la misma Rosa Díez, decepcionados con la pasada electoral que los Podemos les arrearon a la hora de recoger el descontento ciudadano, permaneciesen aletargados, patidifusos, hechizados ante el fantasma hiperlocuaz de Pablo Iglesias. Sólo que esa ausencia puede serles fatal, habida cuenta de la inmediata cercanía de los próximos comicios.
     
   Esa incomparecencia en el escenario público implica, por decirlo en términos futbolísticos, no sólo concederles el centro del campo para que a sus anchas campen los demagogos del indignado discurso facilongo, sino regalarles el balón –todos los balones de la actualidad- para que sean ellos sólos quienes uno tras otro se apunten todos los goles ante la parroquia indecisa. Pablo Iglesias no es que marque goles, es que a menudo recuerda al goleador uruguayo fichado por el Barsa, Luis Suárez, el mismo que en el lance es que muerde.
      
   Si precisamente una de las claves del éxito de los Podemos reside en su destreza a la hora de explotar el medio televisivo –que misteriosamente les ha mimado-, no se comprende bien como Rivera o Abascal  apenas aparecen en las decisivas pantallas, medio y canal crucial hoy en día, defendiendo con coraje sus propuestas y su limpia trayectoria. El propio Iglesias, experto en comunicación política, se ha hartado a explicar mil veces la formidable multiplicación que la influencia del discurso experimenta cuando a través de la televisión y con continuidad es transmitido.  

    
   Es en las pantallas, y en las redes sociales anexas a las mismas, que aseguran grandes audiencias en esta Era Icónica en que vivimos, donde sobre todo se libra la principal batalla ideológica, donde se obtienen el respaldo y la aprobación de los tele-espectadores. ¡Si el propio Albert Rivera así lo había demostrado en los primeros tiempos de su original irrupción en la escena política! Se me dirá, es que las teles no les llaman. ¡Tienen que saber cómo reclamar sobre sí la atención de los medios! Entonces, ¿a qué viene esta estruendosa desaparición de los jóvenes líderes, de la esperanza que también ellos representan, ante el debate político? ¡Lo que no sale en la tele, lamentablemente, no existe!  




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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

viernes, 6 de junio de 2014

A la att de Santi Abascal (o de otro joven conocido y no izquierdista)




   Éste es también su momento. Nada tiene que perder y es casi seguro el Éxito. El guión de la Sociedad del espectáculo que vivimos pide a voces un antagonista en la Función, la contrafigura que dé la réplica escenográfica al Pablo Iglesias triunfante. También por el propio Principio de Arquímedes, sobre el que paso de abundar ahora.
     
   Buena parte de la fama y los apoyos por éste alcanzados,  además de en ser, muy misteriosamente, mimada criatura de las televisiones, en su inusual destreza retórica e iconográfica delante las mismas y en su mensaje flamígero, estriba sobre todo, ante unos apolillados políticos, en la novedad radical de su figura, que concita por sí sola el alud de esperanzas que el aura de pureza de todo prometedor actor joven y agraciado sobre las tablas luciéndose despierta. No está él, en medio de la crisis pavorosa, gastado por ningún pasado previo, excepto por sus rancias ideas, pero éstas… qué importan hoy.
     
   Es obligado el consumado dominio de la pantalla y de la retórica, claro, y aunque también con el tiempo eso se perfecciona, es ineludible machaconamente adiestrarse y embeberse en ese arduo aprendizaje. No es imprescindible “copietear” el modelo pabloiglesiano, esa automática retahíla imparable de los lugares comunes y las extremas demagogias características de la izquierda dura, más propias desde luego de un decidido agitador profesional que del escepticismo, la mesura y la continua duda que se le suponen a un profesor universitario. Incluso puede que escenográficamente sea más eficaz, como en las películas, un estilo contrapuesto, austero, mesurado y sobrio, pero necesariamente dotado, para que resulte el mismo atrayente, de indesmayable aplomo, de hondas resonancias emocionales y de ricas connotaciones simbólicas para aquellos a quienes ese mensaje vaya destinado.
     
   No queda otra, a la inversa que en el prototipo “pabloiglesiano”, que aprehenderse y aprenderse los clásicos motivos anti-izquierdistas, machacarse de memoria los datos reales que continuamente los hacen buenos, y con determinación y brillantez una y otra vez exponerlos. A menudo en los debates, obsérvese, además de acreditar haberse preparado bien el asunto, más que rebatir un punto lo que hace sobre todo Pablo Iglesias es como sea colocar su sensacionalista disertación… previamente muy pensada y entrenada.
      
   Prepárese y emplácele al público debate. Por mucho que las difíciles situaciones a que la crisis económica aboca a miles de personas sean la ola tramposa sobre la que él a favor cabalga, mírele confiado a los ojos y afróntele: “a mí no puedes darme tú lecciones de sufrimiento, tres generaciones de mi familia venimos siendo amenazados de muerte por esos heroicos luchadores a los que tú tanto admiras, han pintarrajeado y destruido mi comercio y el de mi familia varias veces, me han enviado gatos muertos a casa, me han telefoneado su odio en medio de la noche, han pintado dianas de muerte sobre mi caballo, me han insultado, han gritado a coro deseando mi muerte, me han acosado a mí y a los míos, he visto a mis amigos morir asesinados como perros por la espalda durante años y años, nos han hecho vivir en un gulag durante decenios… a mí no puede usted, lindo profesor, darme lecciones de nada”.

       
   Dígale que bajo el disfraz de utópicas palabras, los resultados de las políticas que predica son siempre los mismos: miseria, opresión e indignidad para todos, excepto para la NOMENKLATURA, esa CASTA mortífera y monolítica que sus esquemas llevan implícitos. Llénese de coraje y de serenidad a la vez, hágalo y verá como una mayoría social, que no es okupa, que sabe sólo trabajar y ser responsable de sus actos, que construye y no destruye, hallará silenciosamente en usted la brújula y la referencia que consciente o inconscientemente en este momento difícil de España anhelan.  




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