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miércoles, 15 de junio de 2011

Quieren la cabeza de Carlos García

     



      
     Era su turno para hablar. Carlos tomó aire. Resopló. Carraspeó con debilidad, a medias para coger fuerzas, a medias para, muy a su pesar, descubrir su azoramiento. De qué le valía ahora haber pasado buena parte de la noche ensayando. No podía dominar el repicar del pie izquierdo. Durante un instante, como cuando se mira sin ver, atisbó su alrededor. Todo aquello que resollaba a su alrededor. Arrancó por fin: “Quiero… recordar aquí y ahora… a Miguel Ángel Blanco… a Isaías Carrasco… a Ignacio Uría, asesinados por ETA”. No pudo ya continuar, claro. Los silbidos e imprecaciones, contra él arrojados como una borrasca preparada, se lo impidieron. ¡Español! ¡Fascista! ¡Puñetero! ¡Hijo de puta! , los dicterios más ásperos atronaban en sus oídos. Se lo esperaba, sí, estaba en teoría preparado. Ya. Pero no es lo mismo. ¿Aguantaría sin inmutarse, controlaría sin pestañear el latido desbocado de la caja de su pecho, el vértigo sin fondo, el convulso aturdimiento  que le invadía? Los abucheos, ululantes como un mal viento, arreciaban.
        Aquella masa bufante y desgañitada que desbordaba el salón de plenos, con erguido puño en alto, como hacen los fascistas, -eso debe ser- púsose entonces por todo lo alto a cantar. No, no perseguían los cantores precisamente las dulces armonías vocálicas del canto, esas que esparciéndose purifican de sosiego una estancia. Al contrario, era como si quisieran abroncarle con las mismas notas borrokas del Eusko Gudariak, un canto convertido en piedra de lija que le tiraban a la cara. Son, ya se sabe, los Zorroklokos de la izquierda abertzale, que como sostuvo el hermano humorista del ex-ministro López Aguilar, creen que al presidente de la AVT le tocó la lotería el mismo día que la ETA asesinó a su hermano y a sus sobrinas. Ese es el humus en que se desarrolla una parte de la población, no se nos olvide. Son el Acorazado Peckinpah d´ajourdhui.  Notó Carlos entonces como si de golpe el techo del consistorio descendiera un metro contra él, a un palmo escaso de su cabeza.
     Y luego, al abandonar Carlos el Ayuntamiento de Elorrio, uno de esos pueblos poseedores de una belleza tan bucólica que parece irreal, hubo de ser escoltado, preso de nuevo  del violento vendaval de gritos e insultos de antes, contra él de nuevo proferidos. Incluso después de atender a la prensa, un grupo de hoscos abertzales volvieron a injuriarle con saña. “Una mujer me ha golpeado en la cabeza”, contaría más tarde Carlos, que presentaría luego denuncia por amenaza y coacciones. Puede que al hacerlo, para sus adentros Carlos se acordara de su conmilitón de Murcia, el consejero popular salvajemente ahostiado, de cuya investigación, como de la fuga de Troitiño, ese ángel de película de Sam Peckinpah, nunca más se supo.
    A unos pocos kilómetros mientras tanto,  en Lizarza, donde manda ahora la izquierda abertzale, la Autoridad competente, militar por supuesto, llegó.  En primorosa escena de, esta sí que sí, democracia real y directísima, la Bilduitarra Autoritas impedía ella solita la entrada de la prensa al salón de los plenos. La Autoridad era un tal “Txiqui”, tan de la izquierda abertzale y tan autorizado él que a la sazón resulta ser un etarra, en firme condenado como tal, título autorizante ahora donde los haya, a  lo que se ve. “Como sigas con la cámara, ya sabes lo que va a pasar”, cuentan los cronistas que dejó el prenda del menda allí resbalar. De manera que, helos ahí, Carlos García y “Txiqui”, el fascista hijode y el chiquilicuatre izquierdista y abertzale venido a más, el explotador y el libertador, el yin y el yang, le voilá, madames e messies, el mayor espectáculo del mundo.
     No, al ilustrísimo señor Sala, presidente del Constitucional, no es esto lo que le pone en púas su delicada piel, cual gallina ciega. A Hessel, a Sampedro, a Peces Barba, a Punset, no les he leido yo tampoco ni un mísero indignado artículo siquiera sobre estas  sabrosas anécdotas. Otros muchos ediles en toda España, que, elegidos mayoritariamente por sus vecinos, accedían por vez primera a la responsabilidad de la alcaldía, hubieron de ser protegidos tras ser injuriados y físicamente perseguidos. Dice ahora el grandioso Serrat, que ayer mismo hacíale cejitas al País de la Alegría de Zetapé, ese jardín donde quiere mi mami que vaya a ver si me sale la novia más bonita de España, investido también ayer honoris causa por la Pompeu i Fabra, que el 15-M ha sido… “un soplo de aire fresco”. Claro, gran Señor, como que la Tierra pertenece sólo al Viento, en cuyo seno de cuando en cuando se remueve una brisa bondadosa de paz y amor celestiales para los pobres del mundo. ¿Y el exiemplo del infante Carlos García, su Spanish Revolution en Elorrio, Don Juan Manuel? ¿Acaso no merece canción? 
     Pasando: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Eso, pasar. Caminante Carlos García: no hay camino. Quieren tu cabeza. Que lo sepas.



      

viernes, 3 de junio de 2011

Carlos García y la Spanish Revolution


    
     “No paréis”, imperábales a los Indignados el otro día Don Punset, que “tiene la Suerte cada año” él de repostar “en los premios… Príncipe de Asturias, creo que se llaman”, acunado por los suspiros de rubias de ensueño y por los castos besos de morenas en flor. No pares, tú, Carlos García, único concejal popular en Elorrio, te suplico yo, que no puedes ni siquiera saber de mí, desde esta humilde covacha en la que ni puedo comentarle a los cuatro blogs amigos que me siguen. Dice Punset que lleva él –y otros tantos mosqueteros ilustrísimos como él- manteniendo con sus exitosos libros bien alta desde hace muchos años la Esperanza. Digo yo, que menos que nada soy, que sólo este blog maltrecho poseo, que ni por milagro encuentro editor para el hatajo de mis románticos relatos, que sois cuatro como tú, Carlos García, –populares y socialistas constitucionalistas- quienes, sin presumir de ello, soportáis, con el valor de vuestro gesto cotidiano, la llama que alimenta la memoria sagrada de cuantos murieron –o fueron malheridos, secuestrados, extorsionados, obligados a dejar su tierra- por defender la libertad y la democracia en los lugares en que más amenazadas se encuentran en nuestra nación, donde hasta la vida se ha de ofrendar en su defensa.  
      
     No votéis al PP ni al PSOE, clamaban en las estratégicas vísperas electorales las almas puras de la Spanish Revolution, por todas las plazas de nuestro país acampadas. ¿Por todas? Con los datos en la mano han de saber los Indignados, esas autoconciencias del Bien inmaculado, que fue en el País Vasco donde más eco halló su revolucionaria proclama. Allí recibieron PP y PSOE un revolcón memorable, sin que ni IU ni UP y D cosecharan ni uno de esos apoyos, que fuéronse hacia Bildu. Ya aventó un notorio dirigente de Bildu las “similitudes importantes” que guardan, refiriéndose a los Indignados, ambos movimientos.  
     Si Aralar, crítico con la ETA, pero que defiende la independencia, obtuvo 42 concejales, qué monstruo del inconsciente colectivo incita entre los abertzales, además de a los etarras ex-carcelados, a votar a Bildu, hasta hacerle obtener 1138 concejales. Como todo el mundo puede ver, con el descalabro constitucionalista, un beatífico panorama de libertad anticapitalista se abre allí. Si en algún sitio era y es imperiosa la exigencia de una democracia “real” era y es en el País Vasco. Sí, allí si que se necesita de verdad una Spanish Revolution, de la que el espíritu de Ermua fue un hermoso precedente, en el que sólo durante unos días los acogotados, los avasallados, los perseguidos se sacudieron el yugo proetarra, y al  que el pacto del PNV con la ETA dejó en agua de borrajas. ¿Acamparán allí los Indignados sus bonitos cartelitos, tan imaginativos, tan cool, revueltos a la vez con sus groseros denuestos de siempre?  
    
     Por si acaso los Indignados y su sentido común no acaban de llegar, ahí está Carlos García, como Kevin Costner en Bailando con lobos. ¿Es un facha, no? Por supuesto, es un puro facha. Pero los fachas, como los androides de la Odisea 2001, también tienen sueños. Y se van a cuerpo limpio a uno de aquellos preciosos pueblos a tratar de hacerlos realidad, a hacer campaña en solitario. Tiene 33 años. Dice que su apellido es el más vasco de todos, García, el más extendido. Hasta el 22-M en Elorrio gobernaban los nacionalistas más extremos. Ahora son seis de Bildu, seis del PNV… y él. ¿Podemos imaginarnos lo que ha de ser hacer política allí? ¿Las caras que le pondrán, las miradas que le atravesarán, las llamadas que le llegarán, los anónimos que le escribirán, los torvos bisbiseos que le precederán, que le envolverán, que le perseguirán?
     Se metió en política a los 21, en el mismo año en que asesinaron a Miguel Angel Blanco, otro facha, porque la brutalidad de aquel crimen a cámara lenta sublevó su elemental sentido de la justicia. Dos escoltas le acompañan desde entonces. En su programa, junto al resto de las medidas propuestas, se podía leer ETA NO. Está por escribir la historia de Carlos García y las de quienes como él se juegan el tipo por defender la convivencia y las libertades, que son las de todos.
    
     Dice Don Punset a los Indignados que no están ellos solos, que mucha gente se acuerda de ellos. Te digo yo, tan sólo un fracasati, Carlos García, que estás tú más solo que la una. Con todo,  gracias, Carlos García, aun cuando ni siquiera puedas saber de este avinagrado bloguero, aunque sea sólo como dárselas al Viento, a ver si hay de una vez una pizca de punsetiana suerte y volando las lleva él en sus aéreas redes hasta Elorrio.