Era su turno para hablar. Carlos tomó aire. Resopló. Carraspeó con debilidad, a medias para coger fuerzas, a medias para, muy a su pesar, descubrir su azoramiento. De qué le valía ahora haber pasado buena parte de la noche ensayando. No podía dominar el repicar del pie izquierdo. Durante un instante, como cuando se mira sin ver, atisbó su alrededor. Todo aquello que resollaba a su alrededor. Arrancó por fin: “Quiero… recordar aquí y ahora… a Miguel Ángel Blanco… a Isaías Carrasco… a Ignacio Uría, asesinados por ETA”. No pudo ya continuar, claro. Los silbidos e imprecaciones, contra él arrojados como una borrasca preparada, se lo impidieron. ¡Español! ¡Fascista! ¡Puñetero! ¡Hijo de puta! , los dicterios más ásperos atronaban en sus oídos. Se lo esperaba, sí, estaba en teoría preparado. Ya. Pero no es lo mismo. ¿Aguantaría sin inmutarse, controlaría sin pestañear el latido desbocado de la caja de su pecho, el vértigo sin fondo, el convulso aturdimiento que le invadía? Los abucheos, ululantes como un mal viento, arreciaban.
Aquella masa bufante y desgañitada que desbordaba el salón de plenos, con erguido puño en alto, como hacen los fascistas, -eso debe ser- púsose entonces por todo lo alto a cantar. No, no perseguían los cantores precisamente las dulces armonías vocálicas del canto, esas que esparciéndose purifican de sosiego una estancia. Al contrario, era como si quisieran abroncarle con las mismas notas borrokas del Eusko Gudariak, un canto convertido en piedra de lija que le tiraban a la cara. Son, ya se sabe, los Zorroklokos de la izquierda abertzale, que como sostuvo el hermano humorista del ex-ministro López Aguilar, creen que al presidente de la AVT le tocó la lotería el mismo día que la ETA asesinó a su hermano y a sus sobrinas. Ese es el humus en que se desarrolla una parte de la población, no se nos olvide. Son el Acorazado Peckinpah d´ajourdhui. Notó Carlos entonces como si de golpe el techo del consistorio descendiera un metro contra él, a un palmo escaso de su cabeza.
Y luego, al abandonar Carlos el Ayuntamiento de Elorrio, uno de esos pueblos poseedores de una belleza tan bucólica que parece irreal, hubo de ser escoltado, preso de nuevo del violento vendaval de gritos e insultos de antes, contra él de nuevo proferidos. Incluso después de atender a la prensa, un grupo de hoscos abertzales volvieron a injuriarle con saña. “Una mujer me ha golpeado en la cabeza”, contaría más tarde Carlos, que presentaría luego denuncia por amenaza y coacciones. Puede que al hacerlo, para sus adentros Carlos se acordara de su conmilitón de Murcia, el consejero popular salvajemente ahostiado, de cuya investigación, como de la fuga de Troitiño, ese ángel de película de Sam Peckinpah, nunca más se supo.
A unos pocos kilómetros mientras tanto, en Lizarza, donde manda ahora la izquierda abertzale, la Autoridad competente, militar por supuesto, llegó. En primorosa escena de, esta sí que sí, democracia real y directísima, la Bilduitarra Autoritas impedía ella solita la entrada de la prensa al salón de los plenos. La Autoridad era un tal “Txiqui”, tan de la izquierda abertzale y tan autorizado él que a la sazón resulta ser un etarra, en firme condenado como tal, título autorizante ahora donde los haya, a lo que se ve. “Como sigas con la cámara, ya sabes lo que va a pasar”, cuentan los cronistas que dejó el prenda del menda allí resbalar. De manera que, helos ahí, Carlos García y “Txiqui”, el fascista hijode y el chiquilicuatre izquierdista y abertzale venido a más, el explotador y el libertador, el yin y el yang, le voilá, madames e messies, el mayor espectáculo del mundo.
No, al ilustrísimo señor Sala, presidente del Constitucional, no es esto lo que le pone en púas su delicada piel, cual gallina ciega. A Hessel, a Sampedro, a Peces Barba, a Punset, no les he leido yo tampoco ni un mísero indignado artículo siquiera sobre estas sabrosas anécdotas. Otros muchos ediles en toda España, que, elegidos mayoritariamente por sus vecinos, accedían por vez primera a la responsabilidad de la alcaldía, hubieron de ser protegidos tras ser injuriados y físicamente perseguidos. Dice ahora el grandioso Serrat, que ayer mismo hacíale cejitas al País de la Alegría de Zetapé, ese jardín donde quiere mi mami que vaya a ver si me sale la novia más bonita de España, investido también ayer honoris causa por la Pompeu i Fabra, que el 15-M ha sido… “un soplo de aire fresco”. Claro, gran Señor, como que la Tierra pertenece sólo al Viento, en cuyo seno de cuando en cuando se remueve una brisa bondadosa de paz y amor celestiales para los pobres del mundo. ¿Y el exiemplo del infante Carlos García, su Spanish Revolution en Elorrio, Don Juan Manuel? ¿Acaso no merece canción?
Pasando: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Eso, pasar. Caminante Carlos García: no hay camino. Quieren tu cabeza. Que lo sepas.






