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domingo, 3 de junio de 2018

En las redes sociales, como en la vida misma




   En el Facebook por norma se empieza pidiendo amistad, que es bien bonito eso, de forma que, en principio, cuantos navegamos sus aguas azules, somos unos de otros amigos todos.  En el Twitter somos seguidores de todos todos. Resulta luego ese impulso inicial un poco falso, claro. En las redes sociales, como en la vida misma, hay personas –no es preciso para ello pensar igual en todo- con las que intuitiva y naturalmente conectas, esto es, te entiendes, te aprecias, te comunicas y mutuamente así con ellos te enriqueces, nunca te cueces. Y hay otras que… en fin, que te dices eso, con “amigos” como éste para qué quiero de los otros. Y aunque la cinta continua y supersónica de pantallitas en que las redes consisten amenace con desintegrarnos la perspectiva y la memoria propias, también como en la misma vida, aún no las hemos perdido del todo. Que nos acordamos, vamos. Que el misterio y el milagro de la comunicación, pese a la distancia, así es.  





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viernes, 28 de julio de 2017

Al-go-rit-mo





    No, queridos, me temo que la poesía –la misma prosa incluso- es ya un arma cargada de… pasado. Es ahora el algoritmo de la nariz de Mr Zuckerberg y cía el arma cargada de futuro que decían  Celaya, León Felipe y tales cuales. Al mundo, ay, no lo mueve hoy una canción; a sus casquivanas redes, que nos enlazan y descosen, lo agitan ahora la enrevesada ley del algoritmo feisbukero, que nos quiere predecibles y clónicos en tribus compactas. Pueden interesarte muchísimo los post de tal persona que, si piensas diferente a ella, el algoritmo te los ocultará. Qué extraños me son el ritmo y el biorritmo de los algoritmos, en apariencia caprichosos, en realidad alevosos. Y cuánto mejores y más bellos la melodía consonante de un verso, la armonía del murmullo agazapado tras un beso asonante.    

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viernes, 10 de enero de 2014

Sirenas del Facebook



   Te internas por el planeta Facebook -no vaya tampoco a decirse de mí, ya que a ningún palacio subí, que a todas las cabañas no bajé,  y como dijera el Otro, en todas dejé memoria amarga del muá, buaaá- … a lo que iba, que enseguida me salgo yo por los cerros del Fiasco, que te adentras de a poquis en los mares del Facebook, como un bañista novato, paliducho y friolero, y antes que cualquier otra cosa… arriba a la derecha, es decir, a la natural salida de la mirada, ahí que están ya las Sirenas, como a porta gayola esperándote y cantándote, tan contentas. Se te van directísimos los ojos, irresponsables y primitivos, primero que nada hacia ellas, claro. O hacia sus inflamados glóbulos, no sabría precisar bien.
   
   Unas señoras del todo voluptuosas, exuberantes de muy insurgentes carnes, en incitativas posturas y a medias de vestir además, te aseguran, mirándote desde una sonrisa franca… que quieren quedar contigo… ¡y ser además tus amigas!  ¡Haz click aquí!, no sabes ya si te arrullan u ordenan.
   
   No engañan a nadie, está claro. No es preciso amarrarse a ningún mástil, no. No te dejan indiferente, eso también. Sobre todo porque justo después reparas en el cuadradito que las aguas del Facebook reservan para ti, para que palmotees allí un rato, para que  gratis et amore hagas para ti y para tus seguidores un numerito si se tercia, a la entrada del cual precisamente con fiscal audacia, como divisa existencialista, muy crudamente de oficio te interpelan: ¿Qué estás pensando?

      
   ¿Pensar, dices, en estos tiempos tan hiperhedonistas? Al lado, las concupiscientes sirenas medio en bolas, que quieren conocerte encima, acá este directísimo ¿qué estás pensando? ¿Que qué estoy pensando, planeta Facebook? ¿De verdad lo quieres saber? En la Muerte, claro. 



LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
154 pgs, formato de 210x150 mm, cubiertas a color brillo, con solapas. Precio del libro: 15 Euros. Gastos de envío por correo certificado incluidos en España. Los interesados en adquirirlo escribidme por favor a josemp1961@yahoo.es
“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

martes, 9 de noviembre de 2010

Ciudadano Facebook (Comentario acerca de "La red social")


      
      Aborda la película la historia del creador del Facebook, y la de su socio, dos de los más precoces multimillonarios de la Historia. Cuéntase la crónica de ese invento, a partir de un genial friki de los ordenadores y de los algoritmos, al que la chica que pretende, harta de su “frikura”, manda a hacer gárgaras. Esas amargas gárgaras de despecho serán las semillas del artefacto que le hará prontísimamente –prodigios de la supersónica aldea global, de mísero estudiante a una especie de Ciudadano Kane en apenas dos años- de Oro. Es el reflejo y el relato de una portentosa visión empresarial asociada a la extraordinaria inventiva cibernética.
    
     Si la película arranca con un íntimo intríngulis –chico vése rechazado por chica-, al final, a pesar de las toneladas de dinero y de los millones de personas que el Einstein consigue vincular a su creación en tan corto espacio de tiempo, después de los problemas judiciales a los que ha de hacer frente –acusado de robar la idea, primero, enfrentado por desavenencias y celos profesionales a su socio y amigo del primer momento, después-la película apunta en el desenlace a que,  en apariencia íntimamente “tocado”, sigue el cerebrito preso de su carencia afectiva primera y primordial: teclea sobre su ordenador su invento, demandando una y otra vez cibernética amistad con la chica primera, aunque el rótulo final nos recuerda los muchísimos milmillones que atesora en la actualidad el colega, como desmintiendo a la vez de plano cualquier  romántica motivación decisiva.
      
     Y si Ciudadano Kane era toda una laboriosa pesquisa en torno a la íntima verdad –Rosebud, el trineo infantil, la infancia desdichada- que a través de la vida entera ocultaba el rostro del gran magnate, La red social renuncia a esa indagación, y lo hace en parte a la fuerza, por cuanto sucede ahora todo a una velocidad tan vertiginosa que no hay forma de encontrarle el sentido a nada. Renuncia pues la película al intento de explorar los móviles que en el fondo mueven al figura del Facebook, que es sólo una máscara impenetrable de ambición en abstracto por su juguetito, en cuya defensa demuestra muy acerada perspicacia, pero en quien nunca vemos una reflexión,  un humano interrogarse por la trascendencia de lo que tiene entre las manos, un libro, una amistad verdadera, nada. Resulta al cabo el jovencísimo artista un enigma dentro de un misterio envuelto en un arcano. Da que pensar realmente que el creador de toda una gigantesca malla para acercar y relacionar a las personas –epidérmicamente, por supuesto- resulte un tipo aislado, incapaz de un vínculo real con cualquier cosa.
    
     Y como la película rechaza explorar ese crucial interrogante, se entretiene, a cambio,  con brillantez y con habilidad narrativa sumas –es notable como consigue hacer entendible una temática tan extremadamente prolija- en contarnos, a través de diálogos acerados y de una sabia dosificación dramática de los argumentos, con riqueza expresiva y plástica, las peripecias judiciales del fenomenal embrollo. Tampoco vemos desarrollado y ahondado el que sería el verdadero asunto de la película: el del significado de la amistad, el de cómo la ambición y el éxito pueden destruir ésta y todos los valores humanísticos de paso.
    
     Y no lo hace, porque es que tampoco tenemos la sensación al principio de que sean los dos socios verdaderamente amigos, el haz de significaciones que esa palabra encierra, quiero decir, como si fuera la discreta levedad del ser, la acomodaticia adaptación a la momentánea exigencia del momento, la verdadera cifra de estos tiempos postmodernos, (hasta el punto de que la más reconociblemente humana en la película es una joven enamorada y engañada, que significativamente juega un muy secundario rol en la movida) en los que como digo, transcurre todo a una tan endiablada velocidad –véase el caso paradigmático de Susan Boyle, de anónima y amargada solterona, a quienes hasta los perros ladraban a su paso, a rutilante star del mediático universo discográfico sin solución de continuidad- que en el mismo parpadeo se diluye lo que hasta ahora creíamos específicamente humano, la lealtad, la memoria, la trayectoria y un cierto bagaje de universales sentimientos.
    
     En la pérdida de esa solución de continuidad –no deja de ser “solución” sinónimo de pegamento- se desvanece todo sentido de la acción humana. Sólo hay ruido y furia instantáneas, eso sí, bien conectados ambos en todo momento a la Red. Es, claro, la insoportable levedad del interné.