Dice, hablando en un mitin de su adversario popular el número dos del PSOE por Jaén, aceitunero desde luego que no, pero altivo y cafre un rato el tío, que es que es… “para matarlo a hostias”. ¿Qué clase de energúmeno venido a más se oculta tras ese esputo malamente vocalizado? ¿Qué orientación básica ante la vida revelan esos dicterios? ¿De qué está repleta esa perola que así percute? ¿ Y le aplaudiría mucho la concurrencia después de pronunciarlas? Ya le llovieron, por cierto, en el contexto de varias algaradas teledirigidas personalmente por los jerifaltes socialistas murcianos, unas cuantas bien reales hostias al consejero popular de Murcia, de cuyos autores, a pesar de las aparatosas promesas rubalcabas, nunca más se supo. No lo mataron, eso es verdad. Matarlo a hostias, que se dice pronto la barbaridad. Matar. Como diría Obama, éste tío tan trajeado y principal debería hacérselo mirar. Le habrán mandado a Siberia inmediatamente, claro, o a Lorca, a arriñonarse levantando cascotes entre la gente desolada, como los Príncipes cuando el Prestige. ¿Se acuerda ya alguien del alcalde socialista de Fago, el que apioló de dos tiros a su adversario del PP? Seguro que el PSOE y su farándula parásita tan guay no explotarían hasta la saciedad incidentes así. A los batasunos no les dedican, desde luego, lindezas tales.
En su día, oh tiempos, ya el histórico Guillermo Galeote, airadísimo, en la misma sede de la soberanía nacional, a cuenta del escándalo Flick, después de espetarle aquello de “nazi corrupto” a Verstringe –en la izquierda comunista hoy éste, tomemos nota del nota- dejó caer a voces con aires de sheriff entre sus señorías la inapelable urgencia de empezar a “repartir por aquí unas cuantas hostias”. Se ve que son a los socialistas las hostias gabilondas –que Gabilondo dixit repartir a tutti plén entre sus hermanos de pequeño- lo que las magdalenas a Proust, el dulce objeto añorado en perenne evocación. Que los niños chinos dirán PAZ en cuanto en español se sueltan, según nos informó Zetapé, pero a los socialistas españoles son las hostias lo que primero a las mientes se les vienen cuando de arrancar votos se trata.
Claro, cuando los responsables públicos –por no hablar del lenguaje prostibulario de las celebrities progres- se despachan de esa guisa, -esplendor del Reinado y Política de la Mugre, you know, y en parecido saco meto yo al candidato ese del PP que en el feisbu mandó a Zapatero a Auschwitz, aunque se ha disculpado luego, o el de IU que deseó la muerte a Esperanza Aguirre, y que luego dimitió, salvo que el pieza de Jaén ni de Blas, ha dicho además que no piensa disculparse, y encima, la alcaldesa de Jaén incluso le ha “comprendido” y hablamos aquí, no de una lejano lider opuesto, sino de tu directo competidor, con quien luego deberás a diario hablar, convenir, discrepar- es cuando más, creo yo, que las hormiguitas blogueras debemos esforzarnos por huir de los exabruptos. Aunque para muy poco sirva.
No somos como ellos. Eso es todo. Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, decía Wittgenstein. Sería tan edificante que les dieran lecciones de ser y de estar en el mundo las hormigas, las hormiguitas bellacas, a los buitres carroñeros de los altos vuelos del Poder disfrazados siempre de filántropos. Que fueran las menestrales hormiguitas blogueras las que tuvieran que recordarle a los capitostes socialistas, precisamente a ellos, la frase de Marx según la que el lenguaje revela la cultura y los valores de una sociedad, de su clase dominante, de esa Casta, y lo que dejó escrito Freud sobre el lenguaje y la proyección a su través de las más reprimidas pulsiones reptilianas. Y en éstas llegó Peces Barba, tan gentil él, repartiendo de las suyas,… para comérselo mañana mismo a besos, vamos.