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jueves, 30 de agosto de 2018

Populismos de derechas y de izquierdas extremas, el huevo y la serpiente


   


   Los populistas de extrema izquierda llevan, toda la vida de Marx y aún antes, insultando, elogiando y llamando a la violencia de las masas, muy especialmente contra las gentes de la derecha moderada. Pero, ay, cuando, en parte como reflejo, en parte como reacción –Principio de Arquímedes-, en parte como fruto también de un tiempo bruto en el que la Política gira sobre la remoción sistemática de las emociones más rastreras, en parte como efecto no deseado de la globalización, brotan frente a ellos, similares pero en dirección contraria, los populismos de extrema derecha, muchos de ellos juegan entonces a asustarse. El buenismo es a menudo el disfraz con el que ganarse a una buena legión de tan tontos como útiles compañeros de viaje hacia la conquista del Poder, la careta guay que oculta el verdadero fin, que es la personal instalación de esas élites (“vanguardia revolucionaria”) en el Poder, como buenos dictadores totalitarios que, sus ideas lo cantan, son. Los populistas de extrema izquierda, en fin, recogen lo que siembran. Con su sistemático y constitutivo ODIO –más que teorizado doctrinalmente desde los mismos Marx Lenin hasta el Ché Guevara por muchísimos de sus ideólogos- empujan al fanatismo a personas que no lo son.

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martes, 28 de octubre de 2014

Y Pablo Iglesias llamó a la violencia

   

    Les bastaría a los Líderes Sumos de Podemos de aquí a las elecciones con no hablar para, sólo con el diario desgranarse de los Telediarios, y las toneladas de estructurales corrutos que los mismos traen, -la mejor campaña electoral imaginable- apropiarse de ese cielo del Poder que tanto ansían. Ya se comprende que pedirle eso a los verborreicos radicales izquierdistas, para quienes la administración de las Palabras es la clave y la llave de su negocio, resulta un imposible contradiós. Así les pasa, que se explican, se les ven las ideas… y pueden palmar así.
     
      “El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto”
     
   Decía Pablo Iglesias desde el estrado que querían “abrirse a la centralidad”, se esmeró en que no hubieran a la vista banderas rojas, ni hoces trabadas con martillos, ni el cante de la Internacional, ni Chés, ni Chávez en pósters, y aunque a la salida vendían a la parroquia las Obras Completas de Lenin, sobre todo concluyó con esa tronante y anti-democrática andanada –palabras de Marx a estas harturas- la triunfal Asamblea de Podemos. Ahí está, como la Puerta de Alcalá, bien explícita la genuina amenaza totalitaria: la clamorosa impugnación del acuerdo y de la conciliación –esencia de la democracia- y la furiosa reivindicación de la embestida, es decir, de la violencia. Yo creo que ni siquiera el batasuno Otegui ha usado alguna vez un expreso vocabulario tan virulento referido al Poder, nada menos que llamar a tomarlo al asalto.
       
   Asomó ahí de golpe otro síntoma inequívoco de lo totalitario: lo suyo no es una mejora parcial, un pequeño avance sobre lo que hay, un mínimo progresar, no, es lo suyo instituir el Cielo en la Tierra. Y ello por más que inexorablemente la Historia nos haya enseñado hasta la saciedad que todos los que prometen el Cielo, acaban por traer muy real un infierno… a menudo con cartilla de racionamiento incluida. Y puertas adentro, al rechazar el consenso, por lo que Iglesias a las claras abogaba era por la imposición de su propio núcleo duro, en torno a él como solitario Gran Timonel.
    
   Pero es que la llamada a la toma del Poder por asalto resulta particularmente tenebrosa e inquietante si la ponemos en relación con un partido que alardea en su Círculo Podemos de Miembros de las Fuerzas Armadas de contar con 3600 seguidores en Facebook y sobre todo con las afirmaciones del número 2 Monedero, quien, explicándose hace poco ante sus fieles, les anunció: “Se van a llevar un susto. No sabéis cuánta gente de las Fuerzas Armadas está con nosotros… Si ganamos, una parte importante del Ejército va a garantizar el triunfo de Podemos, y una parte de la Policía va a garantizar el triunfo de Podemos. Ahí no somos ingenuos”. ¿De qué asalto, de qué susto hablan Iglesias&Monedero?
      
   A modo de eco y de redoble de la andanada con que acababa Iglesias su solemne Discurso, añadió después -y han pasado para los afamados analistas desapercibidas, creo- las consabidas consignas imperativas, las murgas propias de la batukada chavista-comunista: ¡LUCHAR! ¡CREAR! ¡PODER POPULAR!  Alzó por unos instantes el puño cerrado en alto ante el enfervorizado auditorio… y luego lo bajó. Se aplaudieron entonces mucho todos a todos, como si casi tocasen ya el cielo con las manos. Ese cielo que quieren al asalto, sí. 
      

    


LAS HISTORIAS DE UN BOBO CON ÍNFULAS
(Resumen y análisis de la obra en estos enlaces)
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“No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo van todas las ilusiones del mundo” (Pessoa)

lunes, 16 de mayo de 2011

Una más de hostias gabilondas


    
     Dice, hablando en un mitin de su adversario popular el número dos del PSOE por Jaén, aceitunero desde luego que no, pero altivo y cafre un rato el tío, que es que es… “para matarlo a hostias”. ¿Qué clase de energúmeno venido a más se oculta tras ese esputo malamente vocalizado? ¿Qué orientación básica ante la vida revelan esos dicterios? ¿De qué está repleta esa perola que así percute? ¿ Y le aplaudiría mucho la concurrencia después de pronunciarlas? Ya le llovieron, por cierto, en el contexto de varias algaradas teledirigidas personalmente por los jerifaltes socialistas murcianos, unas cuantas bien reales hostias al consejero popular de Murcia, de cuyos autores, a pesar de las aparatosas promesas rubalcabas, nunca más se supo. No lo mataron, eso es verdad. Matarlo a hostias, que se dice pronto la barbaridad. Matar. Como diría Obama, éste tío tan trajeado y principal debería hacérselo mirar. Le habrán mandado a Siberia inmediatamente, claro, o a Lorca, a arriñonarse levantando cascotes entre la gente desolada, como los Príncipes cuando el Prestige. ¿Se acuerda ya alguien del alcalde socialista de Fago, el que apioló de dos tiros a su adversario del PP? Seguro que el PSOE y su farándula parásita tan guay no explotarían hasta la saciedad incidentes así. A los batasunos no les dedican, desde luego, lindezas tales.
    
     En su día, oh tiempos, ya el histórico Guillermo Galeote, airadísimo, en la misma sede de la soberanía nacional, a cuenta del escándalo Flick, después de espetarle aquello de “nazi corrupto” a Verstringe –en la izquierda comunista hoy éste, tomemos nota del nota- dejó caer a voces con aires de sheriff entre sus señorías la inapelable urgencia de empezar a “repartir por aquí unas cuantas hostias”. Se ve que son a los socialistas las hostias gabilondas –que Gabilondo dixit repartir a tutti plén entre sus hermanos de pequeño- lo que las magdalenas a Proust, el dulce objeto añorado en perenne evocación. Que los niños chinos dirán PAZ en cuanto en español se sueltan, según nos informó Zetapé,  pero a los socialistas españoles son las hostias lo que primero a las mientes se les vienen cuando de arrancar votos se trata.
    
     Claro, cuando los responsables públicos –por no hablar del lenguaje prostibulario de las celebrities progres- se despachan de esa guisa, -esplendor del Reinado y Política de la Mugre, you know, y en parecido saco meto yo al candidato ese del PP que en el feisbu mandó a Zapatero a Auschwitz, aunque se ha disculpado luego, o el de IU que deseó la muerte a Esperanza Aguirre, y que luego dimitió, salvo que el pieza de Jaén ni de Blas, ha dicho además que no piensa disculparse, y encima, la alcaldesa de Jaén incluso le ha “comprendido” y hablamos aquí, no de una lejano lider opuesto,  sino de tu directo competidor, con quien luego deberás a diario hablar, convenir, discrepar- es cuando más, creo yo, que las hormiguitas blogueras debemos esforzarnos por huir de los exabruptos. Aunque para muy poco sirva.    
    
     No somos como ellos. Eso es todo. Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, decía Wittgenstein. Sería tan edificante que les dieran lecciones de ser y de estar en el mundo las hormigas, las hormiguitas bellacas, a los buitres carroñeros de los altos vuelos del Poder disfrazados siempre de filántropos. Que fueran las menestrales hormiguitas blogueras las que tuvieran que recordarle a los capitostes socialistas, precisamente a ellos, la frase de Marx según la que el lenguaje revela la cultura y los valores de una sociedad, de su clase dominante, de esa Casta, y lo que dejó escrito Freud sobre el lenguaje y la proyección a su través de las más reprimidas pulsiones reptilianas. Y en éstas llegó Peces Barba, tan gentil él, repartiendo de las suyas,… para comérselo mañana mismo a besos, vamos.

viernes, 29 de abril de 2011

¿"¡Indignaos!"? No, gracias

      
    
    La Progresía está indignada. ¿Qué tendrá la Progresía? No se encuentra. No se halla. Se forran con el Capitalismo pero tienen mala conciencia. Viven como reyes –y hasta como reinonas-, mas anhelan ellos disfrazarse de hombres justos y humildes.  Nos dan órdenes ahora. ¡Indignaos! Tiran de imperativos militares. Nos lanzan a las hormiguitas a las barricadas mientras continúan ellos llevándoselo crudo. 
     Decía Kant en su imperativo categórico: obra de tal modo que la máxima de tu acción pueda servir de ley universal de comportamiento. Imperativos, los progres lo son un rato, que no dejan un instante ellos de decretarnos todo lo que por nuestro bien debemos hacer, ahora, en eso de acompañar a las palabras con los actos, hermano mío, eso ya es harina de otro costal menos categórico. ¿No posee acaso sus bienes, Almodóvar, un poco el Papa de todo ellos, bajo el cielo protector de una SICAV?
    
     Hacen circular los pósters, eso sí: al del Ché, al de Ho-Chi-Minh, al de Marx, al de Gadaffi, al del subcomandante Marcos, al del gran Saramago, añaden ahora uno nuevo para la cole: el de Stéphane Hessel. ¡Indignaos!, nos sermonea colérico ya desde la montaña del título el anciano –un saramago parisién, oh-la-lá- y nuevo gurú. Diríase que la izquierda prueba ahora con  su Jomeini particular. Le bastan a Hessel apenas treinta páginas de airadísimo “panfleto” –desvergonzadamente reivindicada con esa palabra su propaganda, alejada pues ya desde la misma entrada la compleja deliberación en pro de la directa agitación- para “arrasar”,  –así lo jalean las mismas editoriales que por todas partes lo mercadean- en el Top de los Best-Sellers: más de UN MILLÓN Y MEDIO de ejemplares vendidos en Francia en sólo tres meses, mundial y millonario lanzamiento de la “obra”, en fin, planetario acontecimiento que a unos cuantos hará de oro, claro. Arrasa, pues, Hessel, como un Ken Follet más, qué digo Follet, como si fuese él la Lady Gaga de la Izquierda gagá.
     ¡Hombre, para tratarse de un panfleto de severísima denuncia sobre cómo “ahora TODO está dominado por medios de comunicación que proponen a nuestra juventud el horizonte del CONSUMO MASIVO, el desprecio a los débiles y a la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza” no puede decirse que no esté bien explotada la sahumada promoción que de tanto gozo ha colmado los prístinos corazones de las más bellas almas del mundo, sedientas, claro, de justicia.
    
     Y sin embargo, algo chirría en el merchandaising del panfleto. Necesita con urgencia la imagen de Hessel de algún exótico aditamento para el póster, aunque sea el archisobado foulard de un parisino clochard al cuello. Las juventudes progres del mundo no van a lanzarse a las sublevación tras un señor que gasta tan impecable terno. Mejor encajaría en el póster principal su prologuista español, Jose Luis Sampedro, de más sugerentes aires “ayatólicos”. Dice Sampedro en “Público” (chiringuito, junto a la Sexta, propiedad de ese pobre de solemnidad trotskista llamado Roures) que el del PSOE zetapeico “es un gobierno capitalista, y que el PP se regodeará encima apretando los tornillos de la explotación”. Esa sádica presuposición en el competidor sí que es una “fatwa” jomeinista en toda regla, que por sí misma legitimaría la inmediata ilegalización del PP. Claro que, hablando de amnesia generalizada y de justa memoria histórica, mejor será no recordarle al mullah Sampedro ni la guerra civil (ojalá que no fuera algún amigo suyo de entonces el que diera matarile al abuelo de Zetapé) ni sus principales puestos durante el franquismo criminal.
     No hace tanto, por cierto, eran las señoronas franquistas las que bramaban todo el día “¡indignadas!” con el devenir desbocado que tomaban las cosas del mundo. Les gastaban muchas coñas a cuenta de esos arrechuchos apocalípticos los pequeños wyomings patrios, tan felices ellos con la Movida y con el País de la Alegría que iluminaría luego para su exlusivo boato Zetapé. Se ve que el rasgarse las vestiduras por barrios va, vista la inflamada cólera con que los santones progres nos exhortan ahora a la batalla.
    
     ¿Y cuál es para el exitoso panfletito de Hessel la más crucial de las batallas? “La dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia… Nunca el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta”. Y aunque pueda uno estar en algún aspecto de acuerdo con los abusos de las grandes corporaciones y de la necesaria lucha ciudadana contra los mismos, y aunque conozca uno de sobra injusticias ante las que plantarse, no debe ese cebo hesseliano hacernos morder el anzuelo de lo que tras él nos quiere Hessel hacer tragar. La Culpa de lo que al mundo le pasa la tiene, para el Panfleto,… Bush, of course, y el Estado de Israel, por supuesto, es decir, acabáramos, el capitalismo criminal.
    
     Entendámonos: se deben criticar los errores y las carencias de las sociedades liberales, es decir, de las sociedades abiertas, las únicas que admiten en su seno la crítica y la reforma (incluso, como se ve, hasta el punto de hacer de oro a quienes aspiran a enterrarlas). Pero hacer residir en ellas, en las únicas que precisamente son democráticas, la principal amenaza a la Paz y a la Democracia mundiales, mientras se ignoran cómo las tiranías más abyectas, los fundamentalismos más fanáticos y el peculiar modelo cuasi-esclavista chino campan a sus anchas por la mayoría del Planeta, sólo puede ser la inconfesada expresión de la profunda aversión que en la sedicente progresía anida y siempre anidará hacia las propias sociedades occidentales y democráticas.
     El panfletito de Hessel rezuma ese secular aborrecimiento de la Progresía a las sociedades basadas en la iniciativa individual, gustosa encima de convertirse en banderín de enganche y boba compañera de viaje de las más implacables organizaciones de la extrema izquierda, como puede verse en los principales apoyos mediáticos que el libelo hasseliano ha encontrado. El propio Hessel aseguraba algo apesadumbrado en un Informe Semanal no muy lejano que “desde la caida del Muro de Berlín se descartó completamente un pensamiento social ambicioso como era el de los países del Este, pernicioso en muchos aspectos, pero ambicioso”. Y en ese último “pero”, que minimiza lo pernicioso para engradecer lo ambicioso (y no deja de resultar insólito que lo que más valore Hessel del pensamiento comunista sea precisamente la enorme medida de la AMBICIÓN que el mismo albergaba, qué poco kantiano de nuevo) no deja de traslucirse la impronunciable nostalgia que en él y en sus seguidores late por el Muro Comunista, hoy ya en el basurero de la Historia y necesitado por tanto de mutarse y de montarse sobre un nuevo soporte, sea el que sea, que haga posible destruir las sociedades que mayores cotas de prosperidad y de libertades de todas las conocidas históricamente han conseguido establecer.    
     La dictadura castrista (los Castrones), por sólo poner un ejemplo, lleva cincuenta y dos años aplastando bajo la miseria los derechos humanos más fundamentales, pero ni un miserable renglón merece a los indignados ojos hesselianos. Hasta tal punto se halla la Izquierda perdida y ayuna de un claro modelo alternativo, que tiene que utilizar todos y cada uno de los remiendos que al paso le van saliendo: ecologismos, animismos, femininismos, indigenismos, animalismos, pansexualismos… todo les vale para su convento anti-liberal. El propio Hessel apunta en unas muy elocuentes lineas de su panfleto este ciego leit-motiv: “Deseo que halléis un motivo de indignación (¡) Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible”.
     Y como en una burlona añagaza del destino resultó que tras el panfleto los finlandeses se indignaron y mira tú en las últimas elecciones lo que salió. Pero incluso esa indignación finlandesa a Hessel, creo yo, en el fondo no le disgusta del todo. A mí, que soy nada, sí.